Al padre Marcelo lo quieren matar: el cura que lleva años desafiando al narco mexicano
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una parroquia en una tierra sin ley

Al padre Marcelo lo quieren matar: el cura que lleva años desafiando al narco mexicano

El religioso cristiano e indígena está amenazado de muerte, pero no renuncia a movilizar pacíficamente al pueblo. Cada mañana sale de su parroquia de Simojovel y patrulla orando una tierra pobre y cruel

Foto: Imagen del padre Marcelo. (J.B.)
Imagen del padre Marcelo. (J.B.)

Al padre Marcelo lo quieren matar. Como lo querían matar en 2015, cuando le conocimos en su parroquia de Simojovel, en Los Altos de Chiapas, México, y él llevaba miles de personas detrás en procesión tras su cruz por las carreteras de la región para acabar con los narcopolíticos; y como lo querían matar en 2020, cuando un sicario del Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG) le mandó un mensaje de amenaza de muerte a su teléfono por 'metiche'.

Él lo sabe. Cada mañana sale de su parroquia de Simojovel y patrulla orando una tierra pobre y cruel sabiendo que quieren asesinarle. Cruel por los hombres que entre la miseria siembran odio, y drogas, y muertes… Entonces él, que denuncia toda esa injusticia con nombres y apellidos, mira por su espejo retrovisor y nota que le siguen. De vez en cuando ve una motocicleta o un coche desconocido detrás de su vehículo y duda de si ya será el momento en el que decidieron acabar con él.

Foto: El parabrisas de un vehículo, acribillado a tiros en un enfrentamiento entre bandas. (EFE)

¿Por qué quieren matar al padre Marcelo? Porque el religioso, un indígena que reza al Dios cristiano, se dedica a intervenir en los entuertos de sus comunidades sabedor de que en La Tierra hay un presente cabrón que requiere algo más que plegarias. Los narcos, y el inmenso poder político corrupto de un lugar enfermo de todo, saben que aquel sacerdote es una amenaza y las amenazas, allí, se entierran.

placeholder El padre Marcelo durante una de sus marchas. (J.B.)
El padre Marcelo durante una de sus marchas. (J.B.)

"Por supuesto que sé que hay personas que me quieren matar. Yo he optado por dar mi vida por la paz. La paz es más importante que mi vida". ¿Tiene medidas de protección? "Solo tengo medidas cautelares. No acepté tener guardaespaldas porque eso va en contra de mis principios de lucha pacífica. No querría que mataran a nadie por defenderme a mí", explica en una llamada telefónica el padre Marcelo que sabe que tras el asesinato el pasado 10 de agosto del fiscal de Justicia Indígena, Gregorio Pérez, en San Cristóbal de las Casas, el siguiente de la macabra lista puede ser él. "El presidente municipal electo de Pantelhó me responsabiliza directamente de haber montado las autodefensas", dice, y eso, en una tierra sin ley, es poner una diana en su pecho.

Una tierra sin ley

En la localidad de Pantelhó volvió a estallar todo este polvorín de gentes que luchan por sobrevivir. La localidad está en medio de una tierra "maldita" por pobreza y violencia. Los Altos de Chiapas son una de las zonas de México más abandonadas. La corrupción política, la total ausencia de estado de derecho, las laderas perdidas en montañas donde hacer rentables sembrados de droga, una enorme población indígena con muy bajo desarrollo, conflictos civiles arraigados entre comunidades con matanzas históricas, el zapatismo, el militarismo, los narcos, miles de desplazados que viven periódicamente escondidos entre las montañas sin agua ni luz cuando la mecha vuelve a prender… Hay pocos lugares en el planeta donde se junten tantas desigualdades e injusticias como en Pantelhó y toda esa inmensa tierra que son aquellas montañas.

A principios de julio pasado los medios mexicanos colocaban a Los Altos de Chiapas de nuevo en los noticieros. Grupos armados de sicarios, relacionados con el poder político local, volvían a tomar las carreteras, a balear personas, tomar casas, y provocaban la huida de cientos de familias a los montes. Esto es recurrente, en 2018 pudimos sortear los controles de estos mismos grupos armados y entrar en el vecino municipio de Chenalhó donde decenas de familias de indígenas tsotsiles vivían bajo lonas de plástico en las montañas en absoluta pobreza. El péndulo es constante y otra vez narcopolíticos y sicarios volvían a exhibir su poder para amedrentar a la población. "Ha habido más de 200 asesinatos en los últimos años", señala el padre Marcelo.

Foto: Diego Luna, el actor que da vida a Miguel Ángel Félix Gallardo en Narcos (Netflix)

Sin embargo, esta vez la muerte del líder de la arraigada sociedad civil Las Abejas, Simón Pedro Pérez, por parte de sicarios el pasado 5 de julio, hizo que integrantes de estas comunidades decidieran organizarse y armarse. El 7 de julio, el denominado grupo de autodefensas Los Machetes decidió enfrentarse a Los Herrera, facción del CJNG, y matar a decenas de sus enemigos. Hay cerca de 20 desaparecidos entre las filas de los supuestos narcos. Las autodefensas catearon cada casa y encontraron en la vivienda de los presuntos responsables de la muerte de Simón Pedro bombas de alta potencia. "Yo estaba allí con las autoridades. Ni siquiera el Ejército fue capaz de desactivarlas y hubo que explotarlas. Nunca habíamos visto hasta ahora esas bombas aquí", señala el cura.

Algunos medios locales tacharon la intervención de Los Machetes como racista. Se actuó en viviendas de personas mestizas a las que fácilmente se identificaba con integrantes de los grupos narcos. Los responsables de las comunidades, que han abierto una mesa de diálogo y paz que tiene pocas opciones de alcanzar resultados estables, niegan ese componente racial. "Damos a conocer que por medio de la circulación de informaciones falsas en redes sociales y en personas particulares de diferentes medios de comunicación y lugares, afirmamos que entramos a tomar la cabecera municipal solamente a catear las casas de las personas reconocidas del pueblo como parte de la organización criminal de los sicarios. Aclaramos que nuestra lucha es en contra de los sicarios, de los narcotraficantes que han secuestrado Pantelhó durante mucho tiempo, que han asesinado a nuestros hermanos indígenas. No venimos a violentar a la gente mestiza o indígenas inocentes", dijeron en un comunicado público las autodefensas.

Foto: Eduardo Arellano Félix, en una imagen de archivo. (EFE)

—Acusan a las autodefensas de identificar y atacar a las personas con rasgos mestizos, ¿no es eso racista?

—No es una lucha contra mestizos. Hay sicarios indígenas y mestizos. Un domingo yo mismo me reuní con 500 mestizos que viven allí que me dijeron que estaban en contra de los sicarios, pero que por miedo no podían hablar, responde el padre Marcelo.

—¿Usted que es un hombre de paz, de una religión que dice que se debe poner la otra mejilla, avala la lucha armada?

—Yo sigo convencido de que la construcción de la paz debe ser pacífica. Respeto los que han optado por la lucha armada, pero no lo respaldo. Yo creo en acciones como las que hicimos en Simojovel (miles de personas caminaron en 2015 hasta la capital de Chiapas, Tuxtla Gutiérrez, tras la cruz del padre Marcelo para exigir justicia). Creo en movilizar pacíficamente al pueblo, pero la Iglesia en Pantelhó estuvo callada y no organizó al pueblo.

—¿Por qué calló la Iglesia en Pantelhó?

—No es fácil ofrecer la vida por una lucha. El miedo paraliza. En Simojovel el miedo nos hizo tener valentía —explica el religioso que ahora es de nuevo uno de los líderes que intenta mediar en este nuevo conflicto en sus montañas.

Foto: Las muertes violentas no dejan de crecer en México (Reuters/Luis Cortes)

A Pantelhó, tras la dura lucha encabezada por Los Machetes, regresaron ahora miles de desplazados que han vuelto a sus casas bajo el paraguas de las autodefensas. Pero el problema está muy lejos de terminar. El gobierno mexicano no hace nada, "nos tienen abandonados y se han desentendido", señala el cura, y la violencia difícilmente se acaba con solo más violencia. Todo es una espiral. Los narcos, con mucho poder, con el control político, se están rearmando. El contraataque puede ser furibundo. Las autodefensas, muy extendidas por todo México, son por otro lado un experimento que suele acabar mal. Sin violencia parece complicado cambiar nada, con violencia parece imposible no perpetuar el problema. ¿Qué se puede hacer? "Hay que hablar, dialogar. Los sicarios deben arrepentirse. Debemos seguir los ejemplos de Gandi, de Jesús, que dieron su vida por la paz", explica el religioso convertido en líder de una paz casi imposible sin una intervención decidida y profunda de las autoridades federales.

Padre Marcelo, ¿cómo están las cosas ahora en Pantelhó?

—Hay una tensa calma. Sabemos que pueden volver. Las gentes me piden que tome precauciones. Yo veo a un niño o a un anciano y me lleno de fuerzas para conseguir esa paz, pero sé que pueden matarme, que pueden venir a por mí, responde él.

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