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Iliberalismo marca ACME: al Gobierno polaco le estalla en la cara su asalto a los medios
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POLONIA ELIGE DESVENTURA

Iliberalismo marca ACME: al Gobierno polaco le estalla en la cara su asalto a los medios

La crisis del Gobierno polaco se ha llevado por delante la coalición, pero no ha evitado la aprobación de la última ley polémica del PiS, contra los medios de comunicación

Foto: Protesta contra la última ley del Gobierno polaco en Poznan. (Reuters)
Protesta contra la última ley del Gobierno polaco en Poznan. (Reuters)

En pocos días, el Gobierno polaco se las ha ingeniado para perder la mayoría absoluta, romper la coalición con la que gobernaba, provocar otra oleada de manifestaciones en su contra en todo el país, enturbiar aún más sus ya difíciles relaciones con Bruselas e Israel e incluso enfadar a Estados Unidos. Como al Coyote de los Looney Toones, la dinamita ACME ha acabado estallándole en la cara a Mateusz Morawiecki.

Tras cesar a su vicepresidente y precipitar la ruptura de la alianza conservadora que le daba la mayoría absoluta, quedando a merced de pactos puntuales con partidos extremistas para el resto de la legislatura, el Gobierno polaco siguió apretando a fondo el acelerador por una autopista llena de advertencias de peligro y llevó al parlamento dos polémicos proyectos legislativos de los que ha hecho bandera sin tener asegurado el respaldo suficiente para aprobarlos.

Foto: Protestas contra la nueva ley de medios polaca en Varsovia. (EFE)

Se trataba de una reforma de la ley de medios audiovisuales, la llamada 'ley anti TVN', y de una modificación de la ley sobre restitución de propiedades a víctimas de expropiaciones en la Segunda Guerra Mundial y el período comunista. La primera ley restringirá las licencias para operar en Polonia a los medios cuyos dueños no residan en un país del espacio económico europeo. Una floritura legal diseñada para afectar, exclusivamente, al canal propiedad del grupo norteamericano Discovery TVN, muy crítico con el Gobierno conservador polaco. La segunda ley, que eliminará todas las solicitudes de indemnizaciones por expropiaciones forzosas anteriores a los últimos 30 años, dejará sin posibilidad de reclamación tanto a las víctimas judías polacas de la Segunda Guerra Mundial como a los que fueron desposeídos de bienes durante el régimen comunista.

El Gobierno polaco lleva tiempo defendiendo a capa y espada ambas leyes y ha terminado haciendo de ellas una especie de cuestión de honor, y la votación de ambos proyectos se perfilaba como una especie de prueba del poder para el partido gobernante, el PiS. Perder las votaciones podría haber precipitado un adelanto de elecciones, y ganarlas provocaría un aluvión de críticas internas e internacionales. Así las cosas, solo había una opción aún peor: aprobar las leyes en una sesión parlamentaria llena de irregularidades, interrupciones, aplazamientos, sospechosos cambios en los votos de varios diputados, ausencias sin justificar de otros y la convocatoria, al filo de la noche y tras un circo de gritos, pataleos e insultos de una segunda votación para finalmente aprobar la controvertida ley de medios de comunicación de una manera que enfadó a todo el mundo. Y eso es lo que ocurrió.

Foto: Banderas polacas en Varsovia. (EFE)

Los disturbios a la puerta del parlamento, agresión a un diputado incluida, eran solo un adelanto de lo que estaba a punto de desencadenarse: esa misma noche, el secretario de Estado norteamericano, Anthony Blinken, criticaba ambas leyes, diciendo que la primera de ellas amenazaba "la libertad de los medios de comunicación" y puede dañar el clima de inversión en Polonia, y tachando de injusta “con los supervivientes del Holocausto y (…) la era comunista” a la ley de restitución.

La oposición ya ha anunciado que presentará una moción de cese contra la presidenta del Congreso por su dudosa interpretación del reglamento, que sólo contempla repetición de votaciones en caso de detectarse irregularidades manifiestas, y la empresa Discovery ha hecho lo propio y ha dicho que pondrá en marcha procedimientos legales contra Polonia por discriminación contra su canal.

La respuesta a estas palabras del premier Morawiecki, “nuestros amigos americanos no tienen nada que temer”, tuvo un eco menos sutil en las declaraciones de un vicepresidente de Exteriores, que tachó de “emocional, incluso un poco histérica” la amenaza de la empresa estadounidense. En cuanto al calificativo de “ofensa para la memoria de las víctimas del holocausto y para el propio pueblo polaco” que lanzó un ministro israelí, quedo sin respuesta, como otros calificativos despectivos que el ejecutivo polaco ha recibido en el pasado desde Jerusalén.

Foto: Dacian Ciolos, líder de Renovar Europa en el Parlamento Europeo. (Fotografía cedida)

Por otro lado, la polémica ley de medios audiovisuales, cuya intención, según el Gobierno, es cerrar la puerta a empresas o estados hostiles a Polonia —léase Rusia— para que no puedan hacerse con el control de radios o televisiones que siembren “la desinformación o amenazas híbridas” en “la escena informativa polaca”, según dio el viceministro de Exteriores. La forma legal elegida dice que "solo se podrá conceder una licencia a entidades extranjeras cuya sede o residencia permanente se encuentre en un Estado miembro del espacio económico europeo", lo que incluye a todos los países de la Unión Europea, Noruega, Islandia y Liechtenstein.

Se da la circunstancia de que el único medio afectado sería el canal privado TVN, que en las encuestas suele aparecer como uno de los que gozan de mayor credibilidad y audiencia en Polonia. TVN se ha distinguido por sus reportajes de investigación, a menudo incómodos para el PiS, como aquel en el que un reportero se infiltró en una reunión donde decenas de neo nazis, entre ellos el asistente personal de un parlamentario del PiS, celebraban en un bosque el cumpleaños de Hitler. Las esvásticas en llamas, exaltadas lecturas del 'Mein Kampf' y las alabanzas al genocida alemán (“nunca hizo daño a un niño”) fueron difundidas en TVN, y poco después el cámara que grabó las imágenes debió enfrentarse a un juicio iniciado por la Fiscalía del Estado por “difundir odio”. En otra ocasión, el canal recibió la mayor sanción económica en la historia de Polonia: 330.000 euros por “promover comportamientos violentos” al emitir un vídeo con protestas ciudadanas frente al Parlamento.

Foto: Una estatua de Juan Pablo II luchando contra "los enemigos de la Iglesia", una instalación artística de Jerzy Kalina. (Reuters)

La afirmación del Gobierno, en boca de su viceministro de Exteriores, de que la llamada 'ley anti TVN' “no discrimina a nadie” y que “cada Estado soberano determina por sí mismo cómo aplica su sistema legal”, que en este caso no es más que “un endurecimiento de las reglas, no un cambio”, ha convencido a pocos, y la ley está siendo criticada incluso dentro del propio PiS.

Por si todo esto fuera poco, a finales de mes deberá reunirse —también después de varios retrasos nunca anunciados ni justificados—, el Tribunal Constitucional polaco para dirimir sobre una cuestión explosiva: ¿está la Constitución polaca por encima de la legislación europea? De nuevo, no hay respuesta —o sentencia, en este caso—, que conduzca a una página con final feliz para todos. En la sinfonía europea siempre ha habido sitio para versiones, improvisaciones y variaciones, muchas notas discordantes e incluso una fuga. Pero el Gobierno polaco parece tener su propia partitura e insistir, con su enésimo solo de trombón, en imponer una inquietante cacofonía que le está dejando sin público.

En pocos días, el Gobierno polaco se las ha ingeniado para perder la mayoría absoluta, romper la coalición con la que gobernaba, provocar otra oleada de manifestaciones en su contra en todo el país, enturbiar aún más sus ya difíciles relaciones con Bruselas e Israel e incluso enfadar a Estados Unidos. Como al Coyote de los Looney Toones, la dinamita ACME ha acabado estallándole en la cara a Mateusz Morawiecki.

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