Bolsonaro no sale del hoyo: investigado, enfermo y con Brasil devastado por el virus
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Bolsonaro no sale del hoyo: investigado, enfermo y con Brasil devastado por el virus

Bolsonaro ha iniciado una campaña contra el voto electrónico de cara a las elecciones de 2022 mientras la policía lo investiga por la compra de vacunas y cae en los sondeos

placeholder Foto: Protesta contra Jair Bolsonaro en Sao Paulo. (Reuters)
Protesta contra Jair Bolsonaro en Sao Paulo. (Reuters)

Desde hace varios domingos, algunas de las principales ciudades de Brasil ven desfilar por sus calles las ‘motociatas’, un neologismo inventado por la prensa brasileña para definir los desfiles de motociclistas que, al son de estridentes bocinazos, demuestran su apoyo al presidente Jair Bolsonaro. La liturgia de estos actos políticos, en los que invariablemente el mandatario del país más grande de América Latina invoca a Dios, casi siempre es la misma: Bolsonaro sobrevuela el área que va a recorrer en helicóptero, después aterriza y a bordo de una moto atraviesa el centro de la ciudad en caravana, aclamado por millares de fans ataviados con banderas verde-amarillas.

En Río de Janeiro la 'motociata' fue especialmente concurrida y culminó con un escrache contra un reportero del canal CNN Brasil, algo por cierto cada vez más común en las manifestaciones a favor del presidente de ultraderecha. La prensa, al igual que para Donald Trump, es considerada el principal enemigo de Bolsonaro y su familia. Las agresiones contra periodistas son tan frecuentes que recientemente la Orden de Abogados de Brasil le ha denunciado ante la ONU por atacar de forma sistemática la libertad de expresión.

Fortalecido por estos desfiles multitudinarios, que los medios locales comparan a los cortejos en moto del ‘duce’ Benito Mussolini por su estética, Bolsonaro ha empezado una campaña de difamación del sistema electoral para poder impugnar los resultados de los comicios presidenciales de 2022. Con un discurso cada vez más radicalizado, está preparando el terreno en el caso de que el año que viene no consiga alzarse con la deseada victoria, algo que parece cada vez más probable según muestran los sondeos. Para complicar aún más si situación, el presidente brasileño tuvo que detener su agenda por un ataque de hipo y dolores abdominales que lo han llevado al hospital, donde ya ha sido dado de alta. De momento, ha evitado la cirugía con un tratamiento para desobstruir el intestino y "evoluciona" favorablemente. Pero su imagen postrado en la cama de un hospital es una buena estampa del momento de su presidencia.

Foto: El presidente brasileño Jair Bolsonaro. (EFE)

El rechazo a su gestión ha crecido seis puntos en las últimas semanas: hoy, el 51% de los brasileños considera su gestión mala o pésima, según la encuesta Datafolha. La reacción de Bolsonaro ha sido endurecer su retórica. “Las elecciones del año que viene serán limpias. O hacemos elecciones limpias en Brasil o no tendremos elecciones”, anunció con énfasis el 8 de julio. La respuesta del presidente del Tribunal Superior Electoral, Luís Roberto Barroso, fue inmediata: “Cualquier actuación en el sentido de impedir la realización de las elecciones viola principios constitucionales y equivale a un crimen de responsabilidad”, afirmó.

¿Pre-fraude electoral?

Desde 1996, Brasil cuenta con un moderno sistema de urnas electrónicas, que permite realizar el escrutinio en tiempo real en un país de proporciones continentales. Ya en 2018, Bolsonaro denunció que este procedimiento es más susceptible de fraudes y llegó a afirmar en varias ocasiones que con el voto impreso habría ganado en la primera vuelta. Sin embargo, nunca ha aportado pruebas, algo que ahora le exige el Tribunal Superior Electoral ante la intensificación de su ofensiva. En teoría, si no lo hace, Bolsonaro podría ser inhabilitado políticamente e impedido de participar en las elecciones de 2022.

Actualmente no hay un consenso para reintroducir el voto impreso, considerado por muchos políticos un retroceso. A principio de julio, la Cámara se negó a aprobar una propuesta de enmienda constitucional para cambiar el sistema electoral. Una de las razones es que no daría tiempo a implementarlo hasta octubre de 2022.

Foto: Lula da Silva y Dilma Rousseff, en un mitin el 22 de noviembre. (Reuters)

La campaña de Bolsonaro a favor del voto impreso y auditable es interpretada por muchos observadores como una señal de desespero ante la escalada del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva en la intención de voto para las presidenciales de 2022. En una hipotética segunda vuelta, Lula ganaría con un 54% de los votos y Bolsonaro de quedaría en un 33%, según datos de Quaest Consultoria e Pesquisa.

De hecho, el mandatario lanzó su enésimo mensaje antidemocrático en un momento en que las acusaciones de corrupción se multiplican y su popularidad se pulveriza. La primera bomba contra la integridad del político que llegó al poder prometiendo luchar contra la corrupción fue lanzada dentro de la Comisión de Investigación del Senado sobre la pandemia. En un 'show' mediático transmitido en directo todos los días como si de un ‘Gran Hermano’ se tratara, un grupo de senadores intenta concluir desde el pasado mes de mayo si Bolsonaro y su Gobierno tienen responsabilidad directa en las más de 530.000 muertes por el coronavirus y si se pudo hacer más para evitarlas.

A finales de junio, un funcionario del Ministerio de Sanidad y su hermano diputado denunciaron ante el Senado irregularidades en la compra de 20 millones de dosis de la vacuna india Covaxin, a un precio 1.000% superior al que fue presupuestado inicialmente. El parlamentario Luis Carlos Miranda declaró que llegó a reunirse con Bolsonaro para alertarle sobre una posible trama de desvío de dinero público y que el presidente prometió investigar el caso, algo que nunca ocurrió. Según la ley brasileña, Bolsonaro habría cometido un crimen de prevaricación, es decir, prefirió hacerse la vista gorda y no actuar. Por esta razón, la Corte Suprema ha autorizado la apertura de una investigación oficial sobre el caso. La Policía Federal brasileña ha comenzado sus pesquisas contra el presidente y, una vez termine la indagación, la Fiscalía deberá decidir si lleva a Bolsonaro ante la justicia.

Foto: Una multitud se reúne en la playa de Río de Janeiro. (Reuters)

Pocos días después, el empresario y policía Luiz Paulo Dominguetti, representante de Davati Medical Supply, reconoció durante un interrogatorio de la Comisión de la Pandemia que en febrero recibió una oferta de soborno por parte de un representante del Gobierno. El director de Logística del Ministerio de Salud, Roberto Ferreira Dias, habría exigido un dólar por cada dosis de la vacuna da AstraZeneca: una suma millonaria si tenemos en cuenta que el ministerio estaba negociando con la empresa Davati la compra de 400 millones de dosis.

Los senadores enseguida convocaron a Ferreira Dias para escuchar su versión. La comparecencia, sin embargo, tuvo un epílogo inesperado. El presidente de la Comisión Parlamentaria, Omar Aziz, dictó una orden de prisión alegando que Ferreira Dias mintió durante todo el interrogatorio. El episodio causó una gran conmoción en Brasil, pero no tuvo grandes consecuencias, ya que el director de Logística del Ministerio de Salud pagó una fianza de 1.100 reales (178 euros) y se libró de la cárcel.

A la sombra del impeachment

En medio de este escenario turbulento, el 30 de junio 45 representantes de partidos de la oposición y de asociaciones civiles presentaron ante la Cámara una petición colectiva de 'impeachment' contra Bolsonaro. Cabe destacar que el Parlamento acumula más de 120 solicitudes de destitución, pero hasta ahora el presidente del Parlamento ha alegado que la popularidad del presidente es demasiado alta para iniciar este proceso. De hecho, la tasa de aprobación de la expresidenta Dilma Rousseff se había desplomado hasta un paupérrimo 9% cuando fue aprobado su 'impeachment' en 2016.

Foto: Bolsonaro en una rueda de prensa. (Reuters)

Pero la coyuntura política podría cambiar en los próximos meses. Los recientes escándalos que envuelven al Ejecutivo están minando la confianza de los brasileños. Hoy solo el 24% de la población considera que el Gobierno de Bolsonaro es bueno o excelente, según Datafolha. Además, el 70% de los encuestados cree que sí hay corrupción en el equipo gubernamental.

La destitución del actual mandatario es un escenario posible, pero poco probable, considera Vitor Marchetti, profesor de la Universidad Federal del ABC de São Paulo. “Ya se acumulan muchos crímenes de responsabilidad y denuncias de corrupción contra Bolsonaro. Desde el punto de vista jurídico, hay suficientes elementos para ponerlo en marcha. Pero, políticamente, Bolsonaro todavía controla el bloque de centro y un número grande de parlamentares a través de los recursos públicos que les ha destinado en estos años”, explica este politólogo a este periódico.

El 60% de los electores brasileños se informan a través del WhatsApp, un medio que Bolsonaro y sus hijos controlan

En su opinión, el 20% de los electores brasileños va a seguir con Bolsonaro hasta la muerte. “Son personas blancas, heterosexuales, de unos 40 años, que están desencantadas con la política, no creen en los derechos humanos, ni en la democracia… Bolsonaro conoce muy bien este sector del electorado. Además, sus herramientas de comunicación son muy poderosas. El 60% de los electores brasileños se informan a través del WhatsApp, un medio que Bolsonaro y sus hijos controlan y donde consiguen construir la narrativa que quieren. Ellos consiguen incluso negar la realidad”, agrega Marchetti.

La imagen de Bolsonaro se ha visto aún más comprometida tras la publicación de una serie de reportajes que intentan demostrar con audios de parientes directos que el presidente de Brasil comandaba una red de malversación desde hace tres décadas, es decir, desde el inicio de su carrera política como diputado federal. El esquema de desvío de dinero público consistiría en contratar a empleados fantasma y exigir la devolución del 90% del sueldo.

Foto: Jair Bolsonaro. (Reuters)

En uno de los audios del pódcast, la excuñada del presidente revela que su hermano fue apartado de la organización porque estaba devolviendo una parte de su sueldo bastante inferior a la pactada, lo que enfureció a Bolsonaro. La autora de la investigación, Juliana Dal Piva, asegura que el presidente y su exesposa compraron varios inmuebles por un valor de tres millones de reales (486.000 de euros), muchos de ellos pagados al contado.

Esta trama de corrupción salió a flote en diciembre de 2018, un mes antes de la investidura de Bolsonaro. Inicialmente salpicaba solo a Flávio Bolsonaro, el hijo senador del mandatario. Ahora la publicación de los pódcast del portal Uol pretende probar que el propio presidente era el 'deus ex machina' de esta práctica delictiva. De momento, Bolsonaro y sus hijos han optado por mantener el silencio, pero el abogado del presidente, Frederick Wassef, ha amenazado a Dal Piva en un mensaje de WhatsApp. “Intenta hacer en China lo que has hecho aquí en tu trabajo para comprobar qué haría contigo el maravilloso sistema político que tanto amas. Allá en China desaparecerías y ni siquiera encontrarían tu cuerpo”, escribió Wassef en un mensaje delirante, en el que pregunta a la periodista si es socialista o comunista.

Solo Dios me sacará de Brasilia

Acorralado y amedrentado, Bolsonaro se muestra cada día más agresivo y radical. Precisamente para evitar unos comicios extremadamente polarizados en 2022, son cada vez más numerosas las voces del mundo empresarial que auguran el 'impeachment' para poder fabricar una candidatura de derecha más moderada y, de esta forma, alejar el “peligro socialista” que encarna Lula.

Foto: Felipe Neto, el 'youtuber' que disputa con Bolsonaro el título de más influyente de Brasil.

A pesar del desgaste, varios politólogos insisten en que todavía no se ha creado el ambiente político para la destitución. Leonardo Barreto, doctor en Ciencias Políticas por la Universidad de Brasil, alega tres razones. “La primera es que a día de hoy existe gobernabilidad. El Congreso está funcionando y las reformas económicas están siendo discutidas. Entonces, en este momento, es difícil construir un consenso, especialmente entre los empresarios, de que vale la pena interrumpir el mandato”, explica. “En segundo lugar, el Gobierno ha mantenido su ligación con las fuerzas políticas, no escatima esfuerzos para atender a su base, con un presupuesto casi enteramente dedicado a liberar fondos públicos para sus aliados. Y, en tercer lugar, este año hay una expectativa de crecimiento económico cerca del 5%. Muchos formadores de opinión creen que un 'impeachment' en este momento podría comprometer la recuperación económica”, añade Barreto.

"Muchos formadores de opinión creen que un 'impeachment' en este momento podría comprometer la recuperación económica"

Mientras, aumentan los rumores de un posible golpe. Tanto políticos como analistas han expresado públicamente el temor de que Bolsonaro no acepte pacíficamente un fracaso electoral en 2022 y que podría repetirse una escena al estilo Capitolio de Washington, con amagos de motines callejeros. Bolsonaro tiene mucha influencia entre los policías militares, a los que recientemente ha prometido un programa de 100 millones de reales (16 millones de euros) para financiar la compra de pisos.

Hay precedentes preocupantes que corroboran estas tesis. El año pasado en el Estado de Ceará, en plena pandemia, unos policías en huelga (algo a lo que técnicamente no tienen derecho por ser militares) sembraron el terror en las calles de Fortaleza y dispararon en el pecho al alcalde de una ciudad pequeña, que es hermano de Ciro Gomes, uno de los candidatos de izquierdas en la carrera presidencial de 2018.

Foto: Jair Bolsonaro en la marcha de Jesús el año pasado. (EFE)

Otro indicio que fortalece esta teoría es la entrevista que un comandante de la Aeronáutica, el brigadero Carlos Almeida Baptista Junior, concedió al diario 'O Globo' el 9 de julio. Almeida lanza amenazas veladas contra el presidente de la Comisión Parlamentaria de la Pandemia, Omar Aziz, quien criticó públicamente la actuación de algunos militares en la supuesta trama de corrupción de las vacunas. Detalle: el Gobierno de Bolsonaro ha nombrado a más de 6.000 para puestos ejecutivos en la Administración pública. Es una cifra incluso más alta a la que se registró durante la dictadura militar.

En busca de más fidelidad y tal vez incondicionalidad, Bolsonaro cambió toda la cúpula militar y al ministro de Defensa a finales de marzo. Ante los ataques de la oposición, sus recados son cada vez más tajantes. “No sirve provocar, inventar, querernos calumniar, porque no lo conseguirán. Solo una cosa me saca de Brasilia: Dios”, dijo a sus seguidores tras una 'motociata' en la ciudad de Chapecó a finales de junio. El tiempo dirá si es el grito desesperado de un líder arrinconado o una amenaza real a la democracia, que incluso preocupa al otro lado del océano.

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