Un nuevo dilema para el Gobierno español: dejar, o no, a la flota rusa repostar en Ceuta
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Un nuevo dilema para el Gobierno español: dejar, o no, a la flota rusa repostar en Ceuta

Moscú solicita que su Armada atraque en la ciudad autónoma como ya sucedió hasta que en 2016 la OTAN se quejó ante España

placeholder Foto: Submarino K-549 Knyaz Vladimir antes del Día de la Marina en Rusia. (Reuters)
Submarino K-549 Knyaz Vladimir antes del Día de la Marina en Rusia. (Reuters)

Rusia ha solicitado que su flota vuelva a repostar en Ceuta, como lo hizo durante cinco años en la década pasada, y el Gobierno español sopesa qué contestación darle, según indican fuentes del Ejecutivo. Este será uno de los primeros asuntos que el nuevo ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, deberá despachar con el presidente Pedro Sánchez. Un dilema complicado, donde el Ejecutivo debe elegir entre darle un balón de oxígeno a la economía de la ciudad autónoma a costa de estrechar lazos con Moscú, cuyas relaciones con la OTAN, Washington y Bruselas pasan por un momento crítico.

Entre 2011 y 2016 más de medio centenar de buques de guerra rusos, desde destructores hasta fragatas pasando por submarinos y cruceros antimisiles, atracaban en Ceuta para repostar combustible y también alimentos, al tiempo que oficiales y marinería consumían durante dos o tres días en los establecimientos de la ciudad. Los permisos concedidos por España eran comunicados a la OTAN y también a Rabat.

Foto: José Manuel Albares, secretario general de Asuntos Internacionales de la Moncloa, junto a Pedro Sánchez. (EFE)

La diplomacia española se inclina, por un lado, por dar el visto bueno a Rusia para tratar de reactivar la maltrecha economía de Ceuta (85.000 habitantes), asfixiada por Marruecos, que en octubre de 2019 suprimió de un plumazo el vital contrabando entre Ceuta y Marruecos. Cinco meses después se cerró, por motivos sanitarios, la frontera terrestre entre Ceuta y Castillejos. El Gobierno español propuso el verano pasado a las autoridades marroquíes reabrir parcialmente esa frontera, pero Rabat declinó el ofrecimiento. La ciudad está además traumatizada por el aluvión migratorio de cerca de 12.000 marroquíes que entraron a nado entre el 17 y el 19 de mayo.

Pero, por otro lado, Madrid acogerá el año próximo una cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de OTAN a la que tiene previsto acudir el presidente Joe Biden. Permitir la escala de la Armada rusa puede indisponer a la Alianza Atlántica. Aunque el presupuesto de Defensa español se situó en el 1,16% del PIB, lejos de 2% requerido por la OTAN, España es un socio activo en la organización. Participa en siete de las ocho misiones de la Alianza y solo se ha quedado al margen de la que se desarrolla en Kosovo porque no reconoce la independencia de ese país.

Foto: Iván Redondo comparece para informar del desarrollo del Sistema de Seguridad Nacional. (EFE)

Fuera del paraguas de la OTAN

Ceuta y Melilla no están bajo el paraguas de la OTAN porque así lo quiso el Gobierno de Felipe González cuando en 1982 incorporó a España a la Alianza Atlántica. Por eso, la flota rusa pudo recalar en sus puertos durante ese lustro y, puntualmente, en una ocasión más en noviembre de 2018.

Sin embargo, el secretario de la OTAN, Jens Stoltenberg, manifestó su preocupación cuando, en octubre de 2016, la flotilla que acompañaba al portaaviones Almirante Kuznetsov se disponía a hacer escala en Ceuta en su ruta hacia el Mediterráneo oriental. Temía que fuera a intervenir en la guerra que se desarrollaba entonces en Siria, en apoyo del régimen de Bachar el Assad. Algunas ONG también expresaron su inquietud por esta colaboración española con Rusia. Stoltenberg intervino entonces a petición de EEUU y el Reino Unido, que desde Gibraltar vigila de cerca los movimientos de la flota rusa.

Foto: Vladimir Putin, en una imagen de archivo. (Reuters)
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El Ministerio de Asuntos Exteriores español puso entonces en revisión los permisos concedidos y preguntó a Moscú si esos buques, que se disponían a atracar en Ceuta, participarían en acciones bélicas contra civiles en la guerra de Siria. No hubo respuesta ni tampoco más escalas.

La relación hispano-rusa no es cordial. Prueba de ello es que el pasado 8 de julio, Pedro Sánchez se vio obligado a interrumpir la rueda de prensa que daba con el presidente de Lituania, Gitanas Nausea, en la base de Siauliai a causa de una alerta aérea. Dos aviones rusos de ataque supersónico Sukhoi Su-24 bordearon el espacio aéreo lituano, sin plan de vuelo y con el transpondedor apagado. Dos Eurofighters españoles despegaron de inmediato para interceptarlos. El Ejército del aire dispone de seis aviones de este modelo en Lituania en el marco de una operación de la OTAN.

Esa incursión aérea rusa en plena conferencia de prensa, retransmitida en directo, no fue una casualidad en opinión de la diplomacia española. La inteligencia española también tiene la sospecha de que el ciberataque que padeció en marzo el Servicio Público de Empleo Estatal fue efectuado por unos 'hackers' rusos que actuaron, probablemente, por encargo del FBS, el principal servicio secreto de Rusia. Para no ser detectado por los únicos que poseen la tecnología para hacerlo, la National Security Agency de EEUU, suele actuar a través de intermediarios.

Rusia ha solicitado que su flota vuelva a repostar en Ceuta, como lo hizo durante cinco años en la década pasada, y el Gobierno español sopesa qué contestación darle, según indican fuentes del Ejecutivo. Este será uno de los primeros asuntos que el nuevo ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, deberá despachar con el presidente Pedro Sánchez. Un dilema complicado, donde el Ejecutivo debe elegir entre darle un balón de oxígeno a la economía de la ciudad autónoma a costa de estrechar lazos con Moscú, cuyas relaciones con la OTAN, Washington y Bruselas pasan por un momento crítico.

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