La Eurocámara pide bloquear fondos europeos a Hungría por su “vergonzosa” nueva ley
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Condenan violaciones de derechos humanos

La Eurocámara pide bloquear fondos europeos a Hungría por su “vergonzosa” nueva ley

El Parlamento Europeo ha aprobado una resolución en la que pide que se le congelen los fondos europeos a Hungría ante la nueva ley que limita los derechos del colectivo LGTBI

placeholder Foto: El primer ministro húngaro, Viktor Orbán. (EFE)
El primer ministro húngaro, Viktor Orbán. (EFE)

El Parlamento Europeo ha pedido este jueves, por una amplia mayoría, que la Unión Europea corte la llegada de fondos europeos a Hungría tras la aprobación de una ley que prohíbe hablar de homosexualidad en los colegios y convierte en contenido para mayores de 18 años cualquier contenido que aborde el asunto. Con 459 votos a favor, 147 votos en contra y 58 abstenciones, la Eurocámara ha pedido que la Comisión Europea y el resto de Estados miembros tengan mano dura contra el Gobierno ultraconservador del autoritario primer ministro Viktor Orbán.

La polémica ley húngara ha provocado bastante unidad en el resto de los Estados miembros, salvo en aquellos más cercanos a Orbán, como son los Gobiernos de Polonia o Eslovenia. Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, que no acostumbra a utilizar palabras gruesas contra los líderes más autoritarios dentro de la Unión Europea, calificó la ley de una “vergüenza” y esta semana, ante el Pleno de Estrasburgo, ha hecho pública la amenaza que ya estaba sobre la mesa: Bruselas está dispuesta a cortar el grifo de los fondos europeos que llegan a Budapest y que, además, juegan un papel clave en la estrategia de Orbán, no solamente porque la economía del país dependa en gran parte de ellos, sino también porque los canaliza a sus aliados y familiares, creando una red clientelar alrededor del Gobierno de su partido, Fidesz, que desde que regresó al poder en 2010 ha ido cimentando su poder con sucesivas reformas electorales y constitucionales.

Foto: Ursula von der Leyen. (Reuters)

El Parlamento Europeo siempre ha sido el actor más hostil con Orbán. De hecho fue esta institución la que disparó el proceso del artículo 7 de los Tratados contra el Gobierno húngaro, una cláusula que permite, en última instancia y si hay unanimidad entre el resto de los Estados miembros, retirar su derecho a voto en el Consejo. Pero esa unanimidad no existe, y las costuras del artículo 7 han quedado a la vista de todos. Precisamente por eso se ha acordado, no sin mucha oposición de algunos países, un mecanismo de estado de derecho que permitirá a la Comisión Europea cortar el grifo de la llegada de fondos europeos a aquellos países que lo pongan en riesgo. Siempre hay dos países en esa lista: Polonia, bajo el Gobierno del ultraconservador Ley y Justicia (PiS), que con sus reformas judiciales busca poner a sus magistrados bajo su control, y Hungría, donde la situación es bastante peor a distintos niveles.

La resolución ha tenido un amplio apoyo. Fue pactada por los principales grupos, desde el Partido Popular Europeo hasta la Izquierda Unitaria Europea, pasando por los socialdemócratas, los verdes y los liberales. La inmensa mayoría de la familia democristiana ha votado a favor de la resolución, aunque el Partido Popular español se ha abstenido a excepción de Esteban González Pons, que ha votado a favor de la resolución. Orbán cuenta con pocos apoyos dentro del Consejo, pero todavía menos en la Eurocámara, por eso no se esconde a la hora de pedir que directamente se elimine el Parlamento Europeo, como ya ha hecho en varias ocasiones.

Foto: Una protesta en Budapest contra la ley anti-LGBTQ (Reuters)

Ni siquiera cuenta ya Orbán con sus tradicionales aliados. El Partido Popular Europeo, la familia democristiana y principal partido en la política europea, fue su casa durante décadas, pero cada vez se hacía más difícil mantenerlo dentro. O se iba o se verían obligados a expulsarle. El sector que apostaba por mantenerlo dentro señalaba que la única manera de tenerlo bajo control era si seguía dentro del PPE. Entre ellos estaban los miembros de los populares españoles, que defendían esa teoría. Pero el empuje de los nórdicos y el continuo choque de Orbán con el anterior presidente de la Comisión y también miembro del PPE, Jean-Claude Juncker, y también con los valores europeos, provocaron primero su suspensión, y después su salida hace escasos meses. Ahora Orbán orquesta la creación de un bloque ultraconservador dentro de la Eurocámara.

“La Comisión Europea y el Parlamento Europeo quieren permitir que los activistas de LGTBQ entren en nuestras escuelas y jardines de infancia. La pregunta es quién decide cómo criamos a nuestros hijos. Los tratados de fundación son claros: eso está bajo la autoridad del estado miembro. Los burócratas de Bruselas no tienen nada que hacer aquí”, ha señalado Orbán en redes sociales a través de su portavoz, Zoltan Kovacs.

“Guerra cultural” en Europa

Hay muchos puntos que dividen a la Unión Europea. Hay uno especialmente importante, el intento por desmantelar el estado de derecho en algunos países. Pero precisamente en esos mismos países está surgiendo este discurso que está provocando una nueva división de valores y que cada vez más parece ser el detonante del choque que cubre también otros aspectos de profundos desacuerdos entre socios comunitarios. Pocas veces los jefes de Estado y de Gobierno deciden politizar al más alto nivel un asunto interno de un Estado miembro, y, sin embargo, el último Consejo Europeo fue muy tenso, con la mayoría de líderes acorralando a Orbán con palabras gruesas y un discurso muy duro. El primer ministro holandés, Mark Rutte, ofreció al primer ministro húngaro que se marchara de la Unión Europea.

Pero para la nueva coalición ultraconservadora que se está pergeñando entre Budapest, Varsovia y Roma, la cuestión no es esa. Ya no son euroescépticos como antes. No quieren destruir la Unión Europea, quieren imponer su discurso dentro de las estructuras de la Unión. Hungría pasa por un ciclo electoral dentro de poco con una oposición totalmente unida, desde la izquierda a otros partidos de extrema derecha, pero si Orbán consigue sobrevivir, su alianza ultraconservadora podría tener días buenos por delante. La esperanza de este grupo está puesto en Italia, donde una alianza de extrema derecha entre la Lega de Matteo Salvini y los Fratelli d’Italia de Giorgia Meloni, todavía más a la derecha que los leguistas, podrían alcanzar el poder en los próximos comicios, que si no se adelantan se celebrarán en 2023. Para el discurso de Orbán ese es el campo de batalla clave: no hay nada más importante que vencer en un país fundador de la Unión Europea (Países Bajos, Bélgica, Luxemburgo, Alemania, Francia o Italia). Emmanuel Macron, presidente francés, ya se ha referido a esta nueva división como una 'batalla cultural' en el seno de la Unión Europea.

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