"China no será subyugada": el desafío de Xi al celebrar un siglo del comunismo en el país
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"Nadie debe subestirmarnos", advierte

"China no será subyugada": el desafío de Xi al celebrar un siglo del comunismo en el país

El presidente chino se dirigió al país —y al mundo— desde la Plaza de Tiananmen para conmemorar el centenario de la fundación del Partido Comunista de China

placeholder Foto: Foto cedida por la agencia de noticias Xinhua del presidente chino, Xi Jinping, durante su discurso. (EFE)
Foto cedida por la agencia de noticias Xinhua del presidente chino, Xi Jinping, durante su discurso. (EFE)

La voz del presidente chino, Xi Jinping, retumbó este jueves en la simbólica Plaza de Tiananmen durante un discurso que trasladó dos mensajes clave. El primero, que el régimen del Partido Comunista Chino (PCCh), el cual cumple hoy un siglo de historia, es el gran salvador del país. "Avanzamos con paso decidido hacia el objetivo del segundo centenario (el que se cumplirá en 2049, por los 100 años desde la fundación de la República Popular): convertir China en un gran país socialista y moderno a todos los niveles", alardeó el mandatario. El segundo mensaje, dirigido tanto a sus ciudadanos como al exterior del mundo, fue una advertencia clara: "El pueblo chino nunca permitirá que ninguna fuerza extranjera abuse de él, le oprima o le subyugue".

Xi, quien también es el secretario general del PCCh, agregó frente a unas 70.000 personas congregadas allí que nadie debe subestimar la determinación de Pekín a la hora de defender su soberanía. "Cualquiera que lo intente se topará con una gran muralla de acero forjada por más de 1.400 millones de chinos", proclamó, lo que fue respondido por una gran ovación.

placeholder Multitud congregada durante el discurso de Xi. (Reuters)
Multitud congregada durante el discurso de Xi. (Reuters)

En un discurso de más de una hora —precedido por los disparos de una salva de cien cañonazos—, Xi también se refirió a Taiwán, isla que se gobierna de manera autónoma pero sobre la que China reclama su soberanía. "Debemos tomar medidas decididas para derrotar por completo cualquier intento hacia la independencia de Taiwán y trabajar juntos para crear un futuro brillante para el rejuvenecimiento nacional", aseguró el presidente.

Para ello, el mandatario indicó que su Gobienro dotará a las fuerzas armadas de mayor capacidad y medios más fiables. "Debemos acelerar la modernización de la Defensa nacional. Un país fuerte debe tener un Ejército fuerte", dijo Xi, cuyo tercer cargo es presidente de la Comisión Militar Central china, dominando así la tríada de las fuerzas del régimen comunista (Estado, partido y ejército).

Una celebración por todo lo alto

China está de fiesta. O eso nos cuenta la propaganda. En los últimos días, miles de drones han iluminado los cielos de las megalópolis chinas, se han elaborado arreglos florales a gran escala para decorar las calles, mientras aviones y helicópteros de guerra ensayaban piruetas y formaciones para la gran efeméride.

Los vídeos e imágenes que llegan desde China muestran un despliegue de medios sin precedentes que contrastan con los problemas de un planeta todavía sumido en la crisis del coronavirus. Replicados al unísono por funcionarios de Gobierno de todo nivel, medios estatales y embajadas, estos elaborados festejos vienen a cimentar la narrativa china de victoria contra la pandemia y recuperación de la normalidad, para mandar un claro mensaje dentro y fuera del país: Pekín aspira al cetro de la nueva hegemonía global.

Nada ejemplifica mejor el espíritu de esta celebración que la excéntrica función del lunes en El Nido de Pájaro —el emblemático estadio nacional de Pekín que albergó la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos en 2008—, que se vistió de gala para recibir a la plana mayor del Politburó, con Xi Jinping a la cabeza. Allí presenciaron un espectáculo llamado 'El gran viaje', en el que más de 2.000 actores y bailarines representaron durante más de dos horas la transformación del país en los últimos 100 años, desde la miseria hasta su actual apogeo, a punto de convertirse en la primera potencia económica mundial.

Pero este 'viaje' solo incluía parada en los hitos del liderazgo del partido. Ni rastro de episodios como la hambruna de 1950, la revolución cultural de los 60 y 70 o la propia masacre ocurrida hace 32 años en la misma plaza de Tiananmén donde el régimen vivió una de sus horas más oscuras. Al final de la obra, según las crónicas oficialistas, los 20.000 asistentes a la celebración entonaron a coro mientras fuegos artificiales teñían de rojo la noche pekinesa: “Sin el Partido Comunista no habría una nueva China”.

El partido soy yo

Las galas celebran oficialmente al Partido Comunista, la organización política más grande y poderosa del planeta, con más de 90 millones de miembros y un control cuasi absoluto sobre la cotidianeidad del pueblo chino. Pero, en realidad, todo se centra en un solo hombre. El presidente Xi, quien también ostenta la secretaría general del Comité Central del Partido, la jefatura de la Comisión Militar Central y una decena de cargos adicionales, se dio otro baño de masas el martes en los 170.000 metros cuadrados del Gran Salón del Pueblo.

Allí entregó por primera vez la Medalla del 1 de julio —una estrella de cinco puntas, roja y dorada, que contiene en su interior la hoz y el martillo— a 29 miembros del partido. Entre los condecorados, gentes de toda clase y condición (soldados, profesores, compositores o policías) y algunos mensajes subliminales en forma de condecoración para ciudadanos de los puntos más calientes del país (nacidos en el Tíbet o el Mar del Sur de China), y hasta un miembro de la minoría uigur.

"Debemos confiar y amar para siempre al partido, mantener a la gente cerca de vuestros corazones y dedicar todos vuestros esfuerzos al partido y su gente", dijo Xi durante el evento. "Todos los compañeros deben creer por completo en el marxismo y el socialismo al estilo chino y hacer de ello una aspiración a largo plazo", agregó el líder, de 68 años, aclamado por miles de correligionarios.

Discurso de Xi Jinping.

Apenas queda un año para el Congreso del Partido que debería renovar a Xi en el poder, quien se convertirá entonces en el primer presidente chino en superar una década al frente del país desde Mao. Desde su llegada a la jefatura del partido en 2012 y a la presidencia un año después, el control del mandatario sobre las estructuras de poder del país ha ido creciendo y profundizándose, llegando a eliminar en 2018 el límite de dos mandatos y despejando el camino hacia una larga estadía en el poder sin claro sucesor. El 'sueño chino' de Xi sigue su curso.

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