China protagoniza el intento de Biden por revitalizar la OTAN tras la era Trump
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Creciente consenso sobre la amenaza

China protagoniza el intento de Biden por revitalizar la OTAN tras la era Trump

El nuevo presidente estadounidense trata de inyectar una agenda positiva en la Alianza Atlántica tras los años de la presidencia de Donald Trump

placeholder Foto: El presidente estadounidense, Joe Biden (izq.), se reúne con el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, durante la cumbre en Bruselas. (Reuters)
El presidente estadounidense, Joe Biden (izq.), se reúne con el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, durante la cumbre en Bruselas. (Reuters)

Han sido cuatro años de tensión, pendientes de Twitter y del humor cambiante de un magnate convertido en presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que ponía la habitación de cualquier cumbre patas arriba, empujaba a socios en las fotos de familia y generaba un ambiente enormemente enrarecido en la OTAN, en el G7 y en cualquier otro foro que se llenaba de desconfianza y casi miedo ante las consecuencias de cada encuentro. Nada que ver con la primera cumbre de la OTAN de la era de la presidencia del demócrata Joe Biden. El ambiente es totalmente distinto y las perspectivas también.

Se llega tras unos días de reuniones del G7 en Cornualles (Reino Unido) que ya han mostrado que el lenguaje corporal y la coreografía son radicalmente diferentes. Biden ha llegado a su gira europea para escenificar el reacercamiento de Washington a sus socios transatlánticos. De hecho, la propia gira es un mensaje: que Europa es una prioridad para la nueva presidencia de Estados Unidos.

"Europa y Norteamérica deben permanecer fuertes juntos para defender nuestros valores e intereses, especialmente en un momento en el que regímenes autoritarios como Rusia y China amenazan el orden internacional basado en reglas", ha afirmado el secretario general de la Alianza, Jens Stoltenberg, en una rueda de prensa al término del encuentro. "Hay fuerte convergencia entre los aliados" frente a las amenazas para la seguridad que representa el refuerzo militar de China.

Foto: Charles Michel, Joe Biden, Yosihide Suga, Boris Johnson y Mario Draghi. (EFE)

Los asuntos que los líderes de la Alianza Atlántica han analizado son ya conocidos. Rusia, con unas “relaciones que están en el punto más bajo desde el final de la Guerra Fría”, como ha señalado Jens Stoltenberg, secretario general de la OTAN; el riesgo del crecimiento de China como un actor global y una agenda 2030 que busca discutir cómo modernizar la OTAN y ponerla al día en algunos asuntos fundamentales, como la carrera tecnológica. Aunque Pekín es el gran elefante en la habitación, Moscú recibe muchas más menciones en el comunicado final, con muchos socios orientales de la Alianza muy preocupados por la continua amenaza rusa.

No había grandes decisiones que tomar, ni grandes debates en los que profundizar. Tampoco había tiempo en una cumbre bastante corta. El encuentro era más una toma de contacto entre Biden y el resto de socios que un foro en el que se han de tomar decisiones. No obstante, la visita del presidente estadounidense está impulsada por un elemento central que conecta todos los puntos de una agenda amplia que se planteó en el G7, domina hoy el encuentro de la OTAN, continuará resonando el martes en una cumbre entre EEUU y la Unión Europea y culminará esta semana con dos encuentros con el presidente ruso y turco: el auge de China.

El auge de la China global

Esta es la gran preocupación de Biden. Y su relación con Europa y con el resto de actores es vista desde el prisma del enfrentamiento entre Washington y Pekín. ¿Hasta qué punto está Europa dispuesta a alinearse con EEUU en su pulso con el gigante asiático? En el fondo, las prioridades de Biden y de Trump en materia estratégica no son tan diferentes, con el asunto chino ocupando un rol central. Se trata del principal riesgo geopolítico para Estados Unidos, tanto a nivel tecnológico como militar y de seguridad, y, aunque cambien los presidentes —y con ellos sus formas y su discurso político—, eso queda.

Foto: El presidente de EEUU, Joe Biden, durante la cumbre del G-7. (Reuters)

Es cierto que la actitud europea está cambiando respecto a China, pero quizás no tanto como Biden querría. La cuestión va por barrios. Hay lugares, como Berlín, en los que se prefiere seguir manteniendo una línea propia con Pekín, mientras que en otros puntos, como por ejemplo es el Servicio de Acción Exterior (SEAE) que dirige el catalán Josep Borrell, alto representante de la Unión para Política Exterior y de Seguridad, se entiende que el marco que ha planteado Biden, de democracias contra regímenes autoritarios, es el correcto y el que marcará las próximas décadas de relaciones internacionales.

“Necesitamos asegurarnos de que, como alianza, aunque somos mucho más atlánticos que pacíficos, somos conscientes de las influencias globales que está teniendo China”, ha explicado a su llegada al encuentro Justin Trudeau, presidente canadiense, que ha señalado que “China se enfrenta cada vez más a la OTAN, ya sea en África, en el Mediterráneo o, más específicamente, en el Ártico”.

El lenguaje respecto a China es cada vez más claro, cada vez más directo. El secretario general de la OTAN ha señalado que ya se ve a China “en el ciberespacio, les vemos en África, en el Ártico”. “También vemos a China invirtiendo fuertemente en nuestra propia infraestructura crítica y tratando de controlarla”, ha asegurado Stoltenberg al inicio del encuentro, insistiendo también en ello al final del mismo, intentando, de forma lenta pero firme, mover a la Alianza hacia una visión más crítica y dura con Pekín.

El tono más amable lo ofrece Angela Merkel, canciller alemana, que ha señalado que "China es un rival en muchos temas y, al mismo tiempo, un socio en otros muchos". "Creo que es muy importante, al igual que lo que estamos haciendo con Rusia, ofrecer siempre una discusión política para encontrar soluciones", ha asegurado la canciller en una rueda de prensa al finalizar el encuentro. En un mensaje que parecía hecho a medida para Berlín, Stoltenberg ha asegurado por su parte que es necesario "abordar los desafíos que el ascenso de China plantea para la seguridad a pesar de que muchos aliados tienen vínculos económicos con China".

Foto: El líder de la política exterior europea, Josep Borrell. (EFE)

Gasto y tecnología

Durante la presidencia de Trump, que fue muy negativa en los aspectos políticos, muchos países sí que se pusieron las pilas en el compromiso de alcanzar el objetivo del 2% del PIB en gasto militar. España no es uno de ellos, manteniendo un presupuesto muy inferior al que debería. Stoltenberg ha celebrado que ya van siete años de crecimiento consecutivo de inversión en defensa, aunque ha pedido también aprovechar las posibles sinergias que pueda generar la inversión conjunta en proyectos que tengan un efecto “multiplicador” sobre el gasto. Además, Stoltenberg y Sánchez han anunciado juntos algo que ya se sabía desde hacía días: la próxima cumbre de la OTAN se celebrará en Madrid en 2022.

Este y el próximo cónclave se celebran en un momento importante para la Alianza, que se encuentra en un punto de cambio estratégico: cambian la tecnología, los riesgos, los países considerados como rivales, las principales amenazas. Toda la agenda está girando y la Alianza trata de seguirle el ritmo. "La OTAN tiene que modernizarse; la OTAN se está modernizando; la OTAN está invirtiendo cada vez más en cibernética", ha explicado Boris Johnson, primer ministro británico. El asunto de la ciberseguridad y la tecnología es clave para la Alianza y se conecta con los dos puntos fundamentales del encuentro de este lunes: Rusia y China. Para hacerles frente, Stoltenberg ha explicado que también es necesario mantener "la ventaja tecnológica", y eso va a requerir una mayor inversión.

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