EEUU necesita empleados, pero tras la pandemia ellos ya no aceptan cualquier cosa
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Rebote económico

EEUU necesita empleados, pero tras la pandemia ellos ya no aceptan cualquier cosa

Imagínense una economía en la que, en lugar de faltar empleo, existe el problema contrario: que no hay trabajadores suficientes para ocupar las ofertas

placeholder Foto: Una huelga en McDonald's. (EFE)
Una huelga en McDonald's. (EFE)

Imagínense una economía en la que, en lugar de faltar empleo, existe el problema contrario: que no hay trabajadores suficientes para ocupar las ofertas, de manera que las empresas se ven obligadas a reducir las exigencias a los candidatos, a subir los salarios y a ofrecer todo tipo de alicientes, desde bonificaciones a la posibilidad de seguir trabajando de desde casa. Esta economía, donde el trabajador tiene la sartén por el mango, existe. Es la economía de Estados Unidos, y las razones por las que falta mano de obra son variadas y tienen, cómo no, su carga política.

La asimetría entre la oferta y la demanda de empleo se puede explicar, en parte, por la rapidez con la que se está recuperando la economía estadounidense. A medida que la campaña de vacunación va tumbando las restricciones sanitarias en todo el país, los consumidores hacen buen uso del récord de 15 billones ('trillions') de dólares que han ahorrado en el último año; y las empresas, que se están creando a un ritmo también sin precedentes, tratan de satisfacer esta explosión de gasto. Para eso necesitan mano de obra: gente que produzca, gestione y venda materias primas y bienes de consumo. El acelerón es tan notable que, según 'The Wall Street Journal', la economía recuperará su tamaño prepandémico en este mismo trimestre.

Foto: Un agente de policía de Portland, durante unas protestas el pasado agosto. (Reuters)

Esta es una cara de la moneda: la recuperación económica más rápida de la historia. Nada que ver con los daños a medio y largo plazo causados por recesiones anteriores. La otra cara de la moneda, sin embargo, es que millones de estadounidenses todavía siguen recibiendo las prebendas del tercer plan de estímulo contra los efectos económicos del covid, aprobado el pasado marzo. Un paquete de ayudas que, entre otras cosas, refuerza con 300 dólares semanales los subsidios de paro. En otras palabras: el plan de Joe Biden vaticinó que la economía tardaría más en despegar y ordenó dar subvenciones hasta septiembre. Pero la economía ya está en marcha.

Aquí entra la lectura política. En febrero, antes de que se aprobase el plan demócrata de 1,9 billones de dólares, el Partido Republicano lo consideraba excesivo y pedía reducirlo a la tercera parte, alegando que la propia dinámica del mercado ya restañaría las heridas, sin necesidad de engordar aún más el déficit. Los demócratas se mantuvieron firmes con el plan original. Dos meses después, sin embargo, el propio Joe Biden, aun defendiendo los subsidios, reconoció que también podrían estar desincentivando la búsqueda de empleo de millones de americanos.

“La ley está clara: si está recibiendo subsidios por desempleo y te ofrecen un trabajo adecuado, no puedes rechazar ese trabajo y limitarte a seguir recibiendo los subsidios por desempleo”, declaró el presidente de EEUU durante un discurso sobre la economía. La Casa Blanca ha prometido desde entonces buscar una manera de retirar esos subsidios a quienes rechazasen un empleo apto.

Estas sospechas no parecen desencaminadas. Según un estudio de Bank of America, los subsidios de paro influyen en que muchos desempleados sigan sin buscar trabajo, pero el fenómeno se da sobre todo entre quienes ganan menos de 32.000 dólares al año: aproximadamente la mitad del salario mediano nacional. En esta horquilla de ingresos, el paro representa casi el mismo dinero, pero sin tener que madrugar.

Foto: (Reuters)

Mientras tanto, dos docenas de gobernadores republicanos han rechazado esas ayudas federales, con este mismo pretexto de que incentivan la desgana a la hora de buscar empleo. Dado que los subsidios no dependen de ellos, sino del Gobierno de Washington, su decisión está en una zona gris. La Casa Blanca parece haberla aceptado, pero la izquierda del Partido Demócrata, en cambio, presenta resistencia.

“Es importante que el Departamento de Trabajo haga todo lo que está en su poder para asegurarse de que los americanos desempleados continúen recibiendo esta ayuda, tal y como pretende la ley”, declaró, en una carta al secretario de Trabajo, Marty Walsh, el senador progresista Bernie Sanders. “Para asegurarnos de que esta obligación se cumpla, le urjo a que se comprometa a hacer a los estados responsables de su papel en la administración de los subsidios”.

La falta de candidatos a ocupar estas ofertas de empleo dañaría sobre todo a las pequeñas y medianas empresas, que no tienen el músculo necesario para ofrecer mejores condiciones. Los gobernadores de estos estados republicanos, en torno a la mitad del país, tienen previsto interrumpir, desde mediados de este mes, las ayudas a casi dos millones de estadounidenses.

Cada vez más gente se da cuenta de cómo está la situación, exige mejores condiciones a las empresas y estas dan su brazo a torcer

Cada vez más gente se da cuenta de cómo está la situación, exige mejores condiciones a las empresas y estas dan su brazo a torcer. Un estudio de Burning Glass Technologies, citado por 'The New York Times', dice que el número de ofertas para las que “no se necesita experiencia” ha aumentado en dos tercios desde 2019. Los empleos que ofrecen bonificaciones, por otra parte, se han duplicado.

En los últimos meses una retahíla de grandes corporaciones ha ido anunciando subidas del salario mínimo. Bank of America lo aumentará de 20 a 25 dólares la hora. Otras grandes cadenas como Amazon, Costco, McDonald’s o Under Armour efectuarán incrementos parecidos, al menos hasta los 15 dólares la hora. En total, el sueldo por hora ha crecido un 9% desde hace un año.

También los colegios

Además de esta diferencia de cadencia entre la recuperación económica y los subsidios, otro factor que mantiene a algunos estadounidenses fuera del mercado laboral es que muchos colegios, en estados como Nueva York, no reabrirán hasta septiembre. Esta circunstancia ha hecho que muchos padres hayan decidido quedarse en casa para cuidar de sus hijos y supervisar la enseñanza por internet.

Otro motivo es el miedo a contagiarse de covid, que, pese a la campaña de vacunación, puede seguir presente; las jubilaciones anticipadas, inspiradas quizás por el lúgubre panorama que presentaba la economía en 2020, y el hecho de que muchos norteamericanos quizás aprovechen este paréntesis pandémico para tomarse algo de tiempo, reinventarse y cambiar de carrera. Sea como fuere, la población activa tiene a día de hoy 3,5 millones de empleados menos que en febrero de 2020.

Según Anneken Tappe, periodista financiera de CNN, el sector que tiene más dificultades a la hora de contratar es el manufacturero. Es posible que se deba a las limitadas perspectivas que perciben los trabajadores, en una época de economías a escala, o a la poca diferencia que puede haber entre el sueldo y los subsidios de paro.

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Foto: EFE.

Un sector que lleva años teniendo problemas en encontrar mano de obra es de los camioneros; una necesidad multiplicada en los últimos meses. El confinamiento ha disparado el comercio 'online', lo cual ha disparado el alquiler y construcción de almacenes por parte de empresas como Amazon, lo cual requiere expandir la flota de camiones para mover diariamente todos esos millones de paquetes.

La mayor transportista del país en el segmento de los camiones, Knight-Swift Transportation Holdings, ha aumentado un 40% los salarios desde 2020. Antes, un conductor novato ganaba 47.000 dólares anuales. Ahora empieza ganando más de 60.000. Empresas como esta han redoblado los esfuerzos de contratación, anunciándolos, montando ferias del empleo y prometiendo otros alicientes.

Hasta que la balanza no se vuelva a equilibrar, previsiblemente en los próximos meses, el trabajador medio de EEUU tiene la oportunidad de exigir más y mejor a los empleadores. Una circunstancia que no se veía desde hacía una generación.

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