Marruecos le pasa la factura del coronavirus a España: la crisis detrás de la avalancha migrante
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en recesión por primera vez desde 1995

Marruecos le pasa la factura del coronavirus a España: la crisis detrás de la avalancha migrante

Detrás de las explicaciones diplomáticas y los análisis políticos, hay una realidad a pie de calle: una complicada situación económica y social agravada por la pandemia

placeholder Foto: Migrantes en Fnideq. (EFE)
Migrantes en Fnideq. (EFE)

"Entre los migrantes, rápidamente se extienden los rumores cuando las autoridades bajan la guardia". El que habla es un trabajador de ONG que conoce bien la situación en la playa ceutí del Tarajal, donde una insólita llegada de más de 8.000 personas ha llegado a suelo español desde Marruecos que en los últimos dos días. Desde la experiencia, este activista, que pide no ser identificado, cuenta el mecanismo informal por el que los inmigrantes detectan un momento propicio para cruzar la frontera. "El boca a oreja hace que se junten cada vez más personas con la intención de cruzar a Ceuta, Melilla o subirse a una patera", explica.

La crisis migratoria coincide con la tensión entre Marruecos y España por la acogida humanitaria del líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, para ser tratado por coronavirus en un hospital riojano. Era el primer lunes después del mes sagrado de Ramadán, un periodo de celebración en familia para los musulmanes, cuando las autoridades marroquíes dieron a entender que la cooperación en la frontera estaba suspendida. Hombres, mujeres, niños y ancianos. Una riada de marroquíes, primero de las localidades cercanas al enclave español y luego de otras partes del país, aprovecharon para cruzar a Ceuta.

Pero, detrás de las explicaciones diplomáticas y los análisis políticos, hay una realidad a pie de calle. Marruecos atraviesa una complicada situación económica y social, agravada por la pandemia y los cierres de fronteras, que ya venía gestándose desde hace al menos dos años al norte del país por la suspensión radical del negocio irregular del porteo y contrabando entre las ciudades autónomas españolas y el país magrebí. Las dramáticas imágenes de la multitud buscando cruzar a Europa materializan la esperada factura del coronavirus de la que los analistas llevan advirtiendo meses: la pandemia va a espolear los flujos migratorios en los países emergentes.

Foto: La ministra de Relaciones Exteriores española, Arancha González Laya, junto a su contraparte marroquí, Nasser Bourita, en una visita a Rabat en enero. (Reuters)

La postal actual del Marruecos más turístico, uno de los motores económicos del país, es ahora una ristra de tiendas de artesanía y recuerdos cerrados. Tan solo en el primer trimestre de 2021, la llegada de turistas cayó un 78% interanual, lo que supone una pérdida de 700 millones de dólares en ingresos, dijo el lunes el ministro de Solidaridad y Desarrollo Social, Jamila El Moussali, en una sesión de control parlamentario. La emergencia hizo que el país entrara en recesión por primera vez desde 1995, con una caída del 7% del PIB en 2020.

Desde Essaouira, una turística ciudad atlántica, el responsable de un pequeño hotel explica a El Confidencial que muchos guías turísticos han tenido que buscar otras ocupaciones y que muchos comerciantes han devuelto las llaves de su tienda al propietario del local. La llegada de visitantes se ha visto prácticamente parada por el cierre de las fronteras y, a día de hoy, no hay previsiones de reapertura de los vuelos internacionales con los principales países europeos. El sector vive con la incertidumbre de si va a poder salvar la temporada tras haber perdido ya el verano anterior.

El asalto a las fronteras mantiene en tensión toda la ciudad de Ceuta

Marruecos acometió uno de los cierres más tempranos y radicales para hacer frente al coronavirus. Logró controlar la epidemia, pero le está pasando fuerte factura a una economía que tiene un alto componente irregular o sumergido. El perfil demográfico de los que protagonizaron la crisis migratoria en Canarias ya daba una pista de lo que estaba por venir. Por primera vez en mucho tiempo, los jóvenes marroquíes superaban a otras nacionalidades subsaharianas en los barcos que salían de la costa sur del país en Dajla. Los migrantes apuntaban al desplome del comercio y el turismo como el factor que los llevó a embarcarse en un cayuco. Las crecientes cifras de desempleo y pobreza en Marruecos desde el cierre de las fronteras en 2020 aumentaban la presión social y el malestar sobre el Gobierno del reino alauí.

Sin porteo, sin ingresos

En el caso de las poblaciones de la costa mediterránea de Marruecos, además de las consecuencias derivadas del frenazo turístico, las ciudades más próximas a Ceuta y Melilla también se han visto afectadas por el cierre unilateral marroquí de las aduanas con las dos ciudades autónomas españolas desde antes del inicio de la pandemia (Ceuta, en 2018, y Melilla, en 2019). La medida, que buscaba acabar con el comercio informal, comenzó a ahogar la economía de los enclaves españoles, pero sacudió también los bolsillos de muchas de las familias marroquíes.

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Un soldado observa a varios inmigrantes en la playa fronteriza de El Tarajal, en Ceuta. (EFE)

Muchas familias de Fnideq (Castillejos), ciudad fronteriza con Ceuta, cruzaban a diario para trabajar en suelo español, pero otras tantas se dedicaban al contrabando 'atípico' de mercaderías, un contrabando tolerado a ‘pequeña escala’ que llegaba a mover unos 700 millones de euros anuales. Madres de familia, porteadoras, salían cargadas con enormes bultos de ropa y otros productos de Ceuta y Melilla para revenderlos en Marruecos, generando un flujo comercial clave entre las ciudades autónomas y las poblaciones cercanas marroquíes.

Durante dos años, las asfixia económica ha ido arreciando a ambos lados de la divisoria sin que ninguno de los ejecutivos hayan movido ficha. La pandemia cerró a cal y canto el paso fronterizo en marzo de 2020 y, desde entonces, el malestar ha ido en aumento. Las familias han tenido que buscar otras ocupaciones o desplazarse a otras ciudades marroquíes para buscar una nueva fuente de ingresos. A comienzos del pasado mes de febrero, miles de vecinos de Fnideq tomaban las calles de la ciudad para protestar por la dramática situación en que han quedado miles de familias que viven de ese microcomercio de frontera.

Foto: Una porteadora en Melilla. (EFE)

Una de las consecuencias del cierre de fronteras por la pandemia durante los últimos meses ha sido también la creación de una bolsa de inmigrantes subsaharianos en Marruecos, atrapados en su viaje para cruzar a España y luego a Europa. En general, personas sin ingresos ni vivienda, a los que la fuerte vigilancia policial y las restricciones al movimiento también dentro del país impedían que pudieran avanzar al norte para intentar subirse a una patera rumbo a Europa. El lunes, casi un centenar de subsaharianos logró entrar en Melilla.

La provocación de España

Aunque los migrantes lograron cruzar en unas pocas horas, la crisis se venía incubando desde hacía varios meses. El detonante fue cuando a finales de abril se filtró a la prensa el ingreso del secretario general del Frente Polisario, Brahim Ghali, en un hospital riojano. El líder saharaui se había desplazado desde los campamentos de refugiados de Tindouf, en Argelia, hasta España para recibir atención sanitaria tras una complicación de salud producida por el coronavirus. Esta medida “humanitaria”, como ha defendido en varias ocasiones la ministra española de Exteriores, Arancha González Laya, indignó a Rabat.

La playa de El Tarajal, zona cero de la crisis migratoria de Ceuta

En un comunicado a principios de mes, las autoridades marroquíes criticaron que España no les hubiera avisado de la llegada de quien consideran un enemigo de Estado a un hospital español: “No es una simple omisión. Es un acto premeditado, una elección voluntaria y una decisión soberana de España, de la que Marruecos toma buena nota y sacará de ella todas las consecuencias”. Poco después, nueve partidos políticos marroquíes, tanto en el Gobierno como en la oposición, firmaron un manifiesto en el que califican de "inaceptable y provocadora" la acción del Gobierno español.

Mientras en Marruecos la indignación por la acogida al jefe del Frente Polisario monopolizaba columnas, tribunas y artículos de opinión con profusas críticas a Madrid, en España el ingreso de Ghali ha pasado prácticamente desapercibido. Y pese a los insistentes cuestionamientos de Rabat, desde Madrid se evitó entrar de lleno en la crisis, cuyo último trasfondo es la cuestión del Sáhara Occidental.

Foto: El líder del Frente Polisario y presidente de la República Árabe Democrática Saharaui (RASD), Brahim Ghali. (EFE)

Para Marruecos, el Sáhara Occidental es la piedra angular sobre la que pivotan su diplomacia y política internacional. El país norteafricano ha logrado en los últimos meses importantes avances, especialmente el reconocimiento por parte de Estados Unidos de la marroquinidad de este territorio, pocos días antes de que Donald Trump abandonara la Casa Blanca. La diplomacia marroquí también ha conseguido que una decena de países, la mayoría africanos, hayan abierto consulados en las ciudades de El Aaiún y Dajla, en este territorio “pendiente de descolonizar”, según lo define las Naciones Unidas.

Tras estos reconocimientos, Marruecos se ha visto reforzado y ha endurecido su discurso con Europa por no seguir los pasos de Estados Unidos. El mejor ejemplo es la crisis diplomática actual entre el país magrebí y Alemania, cuando las autoridades marroquíes decidieron romper relaciones con el país europeo. A principios de mayo, el Gobierno de Marruecos llamó a consultas a su embajadora en Alemania y lanzó un duro comunicado en el que acusaba a este país de “actos hostiles contrarios a los intereses de Marruecos” por su posición en relación con el Sáhara Occidental.

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