¿Qué nos dice el Ever Given del futuro? Los cuellos de botella como arma geopolítica
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Las vulnerabilidades del sistema global

¿Qué nos dice el Ever Given del futuro? Los cuellos de botella como arma geopolítica

En el futuro, los estados intentarán forzar cambios en el comportamiento de otros a cambio del uso de determinadas plataformas o cadenas de suministro

placeholder Foto: El Ever Given tras ser liberado en el canal de Suez. (Reuters)
El Ever Given tras ser liberado en el canal de Suez. (Reuters)

Muchos de los informes sobre el Ever Given, el barco de 400 metros de eslora que bloqueó el canal de Suez durante seis días el mes pasado, están caracterizados por un aire de sarcasmo. Pero el incidente fue un recordatorio de lo vulnerables que son los cuellos de botella de las rutas comerciales marítimas más transitadas y de las implicaciones que esta vulnerabilidad podría tener en el futuro. Los estrechos marítimos del mundo están bajo una presión cada vez mayor. Esto es cierto no solo en el canal de Suez, sino también en el estrecho adyacente de Bab al-Mandeb —en cuyas costas Djibouti alberga una considerable presencia militar extranjera— así como el estrecho de Malaca, el canal de Panamá y el estrecho de Ormuz.

Las amenazas en ciernes

El incidente del Ever Given demostró cómo un solo cuello de botella marítimo bloqueado puede tener enormes consecuencias. En este caso, causó un daño económico tangible a empresas de todo el mundo que dependen de las cadenas de suministro globales. Que los estrechos son vulnerables y que mantenerlos abiertos es esencial para el comercio mundial no supone ninguna novedad. El derecho de paso a través del canal de Suez para todo tipo de buques (incluidos los militares) de cualquier nación está garantizado en virtud de la Convención de Constantinopla de 1888, que prohíbe los bloqueos en la vía fluvial. Sin embargo, recientemente, las crecientes tensiones geopolíticas han planteado serios desafíos a dichos acuerdos y al orden internacional basado en las normas.

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La agresiva expansión de Pekín de su control territorial en el mar de China Meridional va en contra de los deseos de la mayoría de sus vecinos y corre el riesgo de una confrontación militar. Esta expansión está impulsando a Estados Unidos, Japón e incluso los estados europeos a realizar operaciones para garantizar la libertad de navegación en la región.

Foto: Barcos chinos en el Mar del Sur. (Reuters)

Bajo el mandato del presidente Recep Tayyip Erdogan, Turquía está impulsando la construcción de un nuevo canal para sortear el Bósforo y ha anunciado públicamente que se retirará de la Convención de Montreux. Esta convención regula el paso a través del Bósforo y otorga a Turquía el derecho de control de la vía fluvial, manteniendo un delicado equilibrio de poder en el mar Negro que tiene implicaciones para la seguridad de la mayoría de los países de la OTAN. Cuando los estados ignoran los tratados internacionales de esta manera, corren el riesgo de erosionar las normas que también son cruciales para la estabilidad del comercio mundial.

El peligro se ve incrementado por la evolución de nuevas redes e interdependencias que cuentan con sus propios cuellos de botella que los estados podrían convertir en armas. La mayoría de estos 'estrechos' que crean nuevas vulnerabilidades en el orden existente son más difíciles de regular que los pasos marítimos. Incluyen puntos neutros de internet y otras infraestructuras; computación en la nube y redes 5G; pagos financieros y sistemas de compensación e incluso puntos de acceso al mercado. Del mismo modo, la gran dependencia de algunos estados en su producción o control de tierras raras u otros productos básicos (o en su cooperación en la gestión de los flujos migratorios) también forma cuellos de botella que corren el riesgo de ser convertidos en armamento.

Los cuellos de botella como posibles armas

La manera en la que estos cuellos de botella pueden convertirse en armas es mucho menos predecible que la de vías fluviales como el canal de Suez. El Ever Given bloqueó el paso de más de 400 barcos y provocó que muchos otros viajaran por la ruta más larga y arriesgada alrededor del Cuerno de África. Esto tuvo un efecto dominó en las empresas que se encontraban más al frente en la cadena de suministro, exponiendo su alto grado de dependencia de los proveedores globales. Europa —y el mundo— ya estaba alarmada por el impacto de la pandemia en las cadenas de suministro, razón por la que se han producido crecientes reclamos para la reubicación de estas cadenas en muchos países occidentales. Pero los estados europeos no pueden mantener sus niveles de vida actuales si se desacoplan de las cadenas de suministro y las redes de información integradas globalmente (como se refleja, por ejemplo, en los iPhones y la computación en la nube que utilizan los europeos en el trabajo todos los días).

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El gran peligro que se avecina es, precisamente, la subestimación del alcance de estas interdependencias globales y las vulnerabilidades de los nuevos cuellos de botella. Con el aumento de las tensiones geopolíticas, es cada vez más probable que los estados utilicen estos puntos de estrangulamiento como armas para obligar a otros a cumplir con sus exigencias.

Este tipo de acciones suponen un riesgo y coste mucho menor para el coaccionador que el uso de otros tipos de fuerza, pero tiene grandes consecuencias para todos los demás actores de la red global. Estados Unidos, por ejemplo, ha sido cada vez más asertivo al explotar su posición central en el sistema financiero internacional. Las sanciones financieras del país a Irán han tenido graves consecuencias para las empresas europeas, colocando a los estados del Viejo Continente en la incómoda posición de no poder proteger a sus compañías.

Pronto, sin embargo, EEUU no será el único actor que pueda controlar este tipo de redes para alcanzar sus objetivos. La rivalidad sistémica entre el país norteamericano y China se está moviendo hacia los cuellos de botella. China está centrándose en mejorar su posición en las redes globales mediante una estrategia de "circulación dual": construir cadenas de suministro totalmente nacionales mientras las vincula todo lo posible a empresas extranjeras, aumentando así su dependencia del mercado chino. El país está expandiendo sus servicios digitales y financieros más allá de su enorme mercado interno; creando vínculos más estrechos entre los países vecinos y las redes chinas; utilizando la Iniciativa Belt and Road (BRI, por sus siglas en inglés) —la nueva ruta de la seda china— para exportar sus estándares; promoviendo plataformas como WeChat, y creando una moneda digital similar a la de Rusia.

La competencia entre EEUU y China es la principal impulsora de estos desarrollos, ya que las dos grandes potencias chocan cada vez más. Pero los estados más pequeños también podrían intentar utilizar cada vez más los cuellos de botella sobre los que tienen influencia. El intento en sí mismo podría tener graves consecuencias. En el estrecho de Ormuz, Irán presuntamente ha atacado petroleros en varias ocasiones. Otro escenario es el uso como arma de la infraestructura de comunicaciones digitales durante una guerra, lo que podría afectar a regiones fuera de la zona de conflicto.

Cómo debería prepararse Europa para el futuro

Europa es especialmente vulnerable a estas amenazas porque tiene mucha menos influencia que Washington o Beijing en las redes globales. En un futuro en el que el uso de las conexiones de red como arma sea una forma común de lograr los objetivos políticos, los estados probablemente intentarán forzar cambios en el comportamiento de otros a cambio del acceso a plataformas o cadenas de suministro.

Europa debe esforzarse por lograr un control basado en normas sobre estos cuellos de botella a través de medidas como los tratados sobre el canal de Suez o el Bósforo. Sin embargo, ese control solo puede derivarse de una visión conjunta sobre la interdependencia de los estados: un reconocimiento de que mantener sus vínculos ayuda a preservar la estabilidad. Una mejor comprensión de la interdependencia podría ayudar a configurar un marco normativo que proteja la seguridad y la prosperidad de Europa en el futuro. El establecimiento de una Oficina Europea de Resiliencia sería el primer paso en esta dirección.

* Análisis publicado originalmente en inglés por el European Council of Foreign Relations bajo el título ‘A glimpse of the future: The Ever Given and the weaponisation of choke-points’

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