Mi vida en 'Granma' (I) | Cómo sobrevivir en la máquina de propaganda de Cuba
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SERIE DE TRES ENTREGAS

Mi vida en 'Granma' (I) | Cómo sobrevivir en la máquina de propaganda de Cuba

Tras graduarse, el autor fue enviado a trabajar al periódico más importante de Cuba. Narra su experiencia desde Madrid, donde hoy trabaja en la construcción. Esta es la primera entrega de tres

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Un hombre lee el 'Granma' en La Habana. (Reuters)

El Partido Comunista de Cuba es la organización política que dirige la mayor isla del Caribe desde hace más de 60 años y 'Granma', el periódico más importante del país, es su órgano oficial. También es el último lugar en el que hubiera querido trabajar.

'Granma' surgió de la liquidación de otros dos medios en 1965. En esa época, todo se fusionaba o desaparecía. La vorágine de la revolución más influyente de América Latina dejó pocas piedras sin mover.

Foto: Foto: Reuters.

Estados Unidos pasó de ser el padrino de la economía cubana a su enemigo más cruento. En un contexto marcado profundamente por la Guerra Fría, Cuba se alió con la Unión Soviética. Todo comenzó a copiarse de allá como si Varadero fuera igual a Siberia. El modelo de prensa ruso se calcó. Los medios alababan cada una de las políticas impuestas por el Gobierno. 'Granma' ha sido el mejor ejemplo.

Nombrado en honor al yate que trajo a Fidel Castro y su tropa desde México en 1956, 'Granma' ha encabezado uno de los aparatos propagandísticos más herméticos del hemisferio occidental. Eduardo Galeano, en su libro 'Espejos (una historia casi universal)', decía sobre Fidel y las ventajas del periódico que lo beatificó: "Sus enemigos dicen que si Napoleón hubiera tenido un diario como el 'Granma', ningún francés se habría enterado del desastre de Waterloo".

"Si Napoleón hubiera tenido un 'Granma', ningún francés se habría enterado de Waterloo"

Cuando nací, 'Granma' llevaba 31 años sin mover un grado su trayectoria. En 2020, me gradué de Periodismo en la Universidad de La Habana y solo había purificado aún más su proyección. De hecho, las impresoras donde reinaba el color rojo en las madrugadas se reemplazaron después de más de 40 años de explotación. No porque quisieron modernizar los rotativos, lo hicieron debido a la imposibilidad de encontrar piezas de repuesto para tanta obsolescencia.

Nuestro primer empleo

Con 60 años de 'atrayente' reputación, era el último lugar en el que hubiera querido trabajar. El resto de los medios respondía al mismo patrón, pero el diario del PCC siempre hizo gala de un plus retrógrado y áspero en su discurso, que lo desmarcaba irremediablemente. Cinco graduados en Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana fuimos elegidos para hacer arengas comunistas. Nos presentamos en 'Granma' sin cita previa la tarde del 27 de octubre de 2020.

Ningún jefe nos atendió. Al día siguiente, tampoco pudimos ver a la directora. No fue hasta el 30 de octubre que nos recibieron oficialmente ante el consejo editorial. Allí nos explicaron las reglas del juego. Había alrededor de 20 personas: la directora, Yailín Orta Rivera, sus tres subdirectores, Oscar, Dilbert y Arlín, el jefe de Nacionales, Nusa, el de Internacionales, Capote, la jefa de Cultura, Madeleine, el jefe de Deporte, Nacianceno, y la jefa de Atención al Lector, Hortensia, además de otro grupo de compañeros del área administrativa. Ocupaban una mesa con forma de I mayúscula romana.

A la izquierda de la directora estaba Arlín, la subdirectora responsable de 'Granma Internacional', una edición que se traduce a cinco idiomas, está presente en 38 países y llega a los turistas en los hoteles para legitimar una buena imagen del comunismo isleño. A su derecha, la jefa tenía a Dilbert, el subdirector que atiende los asuntos editoriales del periódico tradicional. Los tres tenían ojeras y aparentaban mucha más edad de la real.

Yailín comenzó un repaso de los trabajos más consultados en la web. El trabajo más leído no superaba las 6.000 entradas y abordaba lo acontecido en la última sesión del congreso cubano: la Asamblea Nacional del Poder Popular. Explicó la preponderancia de los temas políticos en su diario y cómo los lectores avalaban los contenidos de ese tipo. En realidad, no tienen otra opción. La política en 'Granma' está presente hasta en las secciones de Cultura y Deportes al atacar a artistas contestatarios o invisibilizar a atletas que abandonaron el país. El contenido del diario siempre ha sido 99% político y el 1% restante para los créditos del equipo.

La grabación de audio que hacía con mi celular permitió captar instantes como este de Yailín:

"Granma' sale todos los días con medio millón de ejemplares. Estaba haciendo una evaluación, el día que cumplimos 55 años, de todos los grandes periódicos del mundo en la relación cantidad de tiradas contra densidad poblacional. 'Granma' es uno de los pocos periódicos que conservan esa semejante tirada, casi todo el mundo ha disminuido la impresión. Revisamos hasta 'El País' en España y para nada, revisamos el 'Washington Post' y el 'New York Times' y las diferencias no son tantas en cuanto a ese concepto".

"Entonces es algo privilegiado que tiene este periódico, que tiene este país, tener esa cantidad de ejemplares", prosiguió la directora. "Juventud Rebelde', que es el segundo de más tirada, tiene 200.000 diarios y 215.000 los domingos. Tenemos ocho páginas nada más porque la cantidad de toneladas de papel que se consume es altamente subvencionada. El papel por el mismo bloqueo hay que buscarlo en mercados muy lejanos y no es que tenga la máxima calidad. Es un papel que le faltan las condiciones químicas en su composición por también abaratar los costos. Nuestra prensa se ve amenazada por eso, porque se deteriora muy rápidamente".

En ocho páginas, 'Granma' ha simulado exponer la realidad de la sociedad cubana

La visión de Yailín era difícil de empeorar, pero lo más probable es que nunca el periódico principal de un país haya tenido un formato tabloide con solo ocho páginas. Con ese reducido espacio, 'Granma' ha simulado exponer la realidad de la sociedad a la que se debe durante los últimos 30 años.

El discurso que comenzó a proyectar el nuevo periódico a partir de 1965 constituía la línea a seguir por los pocos medios que le harían 'competencia'. Para 1969, tras caer 'El Mundo', el último de los grandes diarios cubanos, solo 'Granma' y su hermano menor, 'Juventud Rebelde', circulaban en toda Cuba. 'Granma' también era como Fidel: llegó y mandó parar.

Yailín continuó la charla, presentó a todo el consejo y se detuvo al llegar a una señora: "Hortensia, nuestra jefa de Atención al Lector. Uno de los equipos de atención a lectores que más casos procesa. Todo se tramita con los organismos convenientes, se les acompaña y se les da acuse de recibo para que sepan adónde deben enfocar su caso. Nos gusta siempre llevar cada caso, por muy agotador que sea".

Foto: Vista exterior de la embajada de Estados Unidos en La Habana.

Esto significa que 'Granma' tiene un equipo de trabajo para atender quejas de la población sobre cualquier tema. Si un cubano se quedó sin cobrar su pensión, puede escribir a 'Granma', si tuvo un error la factura telefónica, puede escribir a 'Granma' o si el ómnibus en el que viajaba se rompió y no pudo llegar a su destino, también puede escribir a 'Granma'. Esa es una de las poquísimas vías que tiene un cubano para quejarse de algo, porque es ilegal protestar contra el Estado o demandarlo.

Bienvenidos todos a su periódico

"Entonces, bienvenidos todos, Israel, Lisandra, Liuba, María y Alfredo, a su periódico", dijo Yailín. "Nuestra intención es no solo formarlos como buenos profesionales sino como seres de bien. Aspiramos a que todos los saberes extraordinarios que tienen los redimensionen en función de una obra colectiva. A una obra donde no trascienden a sus páginas ni nuestros amigos ni nuestros familiares, o cualquier persona en función de una prebenda o que nos regale algo, aquí solamente es el compromiso con la verdad, es eso lo que tratamos de hacer de nuestra cotidianidad. Hay muchos prejuicios alrededor de 'Granma', a veces hay muchos estereotipos. En fin, lo que más desea el enemigo [USA] es que 'Granma' no exista, ser de 'Granma' es un compromiso superior, por lo que significa ser el órgano oficial del Partido Comunista de Cuba. No es que se escriba desde el teque, no es que se escriba desde las frases hechas. Cuando pase eso, van a ver que se les va a eliminar y se les va a buscar que tengan más belleza, más profundidad, más altura. Pero cada palabra que pongan implica un compromiso ético y un compromiso político también, con una obra que defiende a un pueblo heroico, heroico, de una resistencia extraordinaria".

Cuando habla del enemigo, el aire que rodea su cuerpo parece que se calienta. El enemigo en Cuba lo mueve todo. Todo es como es por culpa del enemigo. Tuvimos uno de los ejércitos más grandes y mejor armados de Latinoamérica en los años ochenta, para esperar al enemigo. De cada 10 noticias internacionales publicadas en cualquier medio cubano, nueve son de la cruda realidad del enemigo, y los niños dicen en las escuelas que serán como el Che para no ceder ante el enemigo ni un tantico así.

La directora de 'Granma' parece una persona convencida de lo que dice. Hasta hace poco, no comprendía a personas dogmáticas como ella. Pero cuando comencé a leer la novela '1984', entendí muchas cosas. Yailín fue entrenada metódicamente para hablar así y para pensar así. Yo también recibí parte de ese entrenamiento; todos los cubanos nacidos después de 1959 hemos recibido parte de ese entrenamiento.

Los cuadros son personas sin autonomía: la libertad de decidir es un pecado para ellos. Entregan su vida al sistema porque el sistema les dio la vida. Casi todos dicen que la Revolución cubana les permitió estudiar y convertirse en personas de bien, cuando en realidad solo los convirtió en un bien más.

Después de la bienvenida, escogí la sección de Nacionales. Antes de terminar el encuentro, le pregunté a la directora cuál sería nuestro contenido de trabajo y cuánto cobraríamos.

"Cobrarán 865 pesos mensuales como adiestrados", es decir, unos 30 euros.

Foto: Un hombre vende el 'Granma' por la calle, con el titular "Cuba es Fidel", en enero de 2017. (Reuters)

Entonces le expliqué que todos los medios pagaban el salario total (1.425 pesos, 49 euros) a los periodistas que se incorporaban de la universidad para estimularlos. El mismo presidente, Díaz-Canel, lo sugirió en julio de 2019 cuando se aumentó el salario del sector. Yailín explicó que nosotros cobraríamos como adiestrados y para recibir 1.425 pesos y obtener una plaza fija, tendríamos que demostrar nuestras competencias profesionales. Ese adiestramiento podía durar de seis meses a tres años.

Sobre la directora había una gran consola de aire acondicionado que aplacaba el fuego surgido en mi interior a partir de su respuesta. La impotencia que sentía era incontrolable. Yailín no quería cubrir sus vacantes. Todas las redacciones de 'Granma' tenían plazas vacías porque, antes de entrar, los nuevos ya pensábamos en cómo salir.

Nusa, el jefe de Nacionales

El ambiente se caldeó, ella no entendió, y al final cobraríamos la mitad de lo recibido por nuestros compañeros en otros medios. Fue muy desalentador para los cinco. María y yo vivíamos alquilados e Israel tiene una hija pequeña. Necesitábamos ese dinero. Terminada la reunión, María, Liuba y yo salimos con Nusa, nuestro nuevo jefe.

Nusa es un hombre de 59 años y dos metros de altura. Señalaba a varios colegas longevos colgados en la pared y expuso cuán ilógico le parecía que cobráramos lo mismo que ellos. Dijo que eso había que ganárselo con trabajo.

Juan Diego Nusa Peñalver es de esos personajes cubanos que no se olvidan con facilidad. Me producía una sensación rara escucharlo. Una parte de mí deseaba gritarle que el dinero necesario para sustentarme no era un privilegio por el cual debía competir. Pero a la vez quería ponerle la mano en el hombro y decirle: "Ay, Nusa, qué menso eres. Qué jefe podrás ser tú si no valoras la estimulación en un profesional". Al final, no dije ni hice nada.

"Fíjense, aquí hay que estar claro en una cosa, un periodista en Cuba es un político"

"Fíjense, aquí hay que estar claro en una cosa, un periodista en Cuba es un político", aclaró Nusa mientras merendábamos. "Nosotros estamos para defender a la revolución, no para echarle a la revolución, lo que no quiere decir que no critiquemos lo que esté mal hecho, que no lo cuestionemos".

Le respondí que el 'Granma' no critica con frecuencia.

—Noo, te equivocas, tú no lees 'Granma'.

—Yo sí leo 'Granma'.

Nusa se desentendió y siguió comiendo. Podían pasar meses sin que el órgano oficial del PCC u otro medio cubano publicaran un trabajo negativo. Carlos Varela dice en su canción 'La política no cabe en la azucarera', de 1994: "Todos quieren vivir en el noticiero, allí no falta nada y no hace falta el dinero".

En el 'lobby', nos presentó a una mujer que requisa los bolsos de todos cuando entran o salen del edificio. Nusa dijo que así evitan la colocación de una bomba en el periódico. Hace muchos años que la oposición cubana apenas se hace notar de manera violenta, pero mi jefe seguía preso de una época que ya pasó.

Foto: Ensayo clínico de una de las vacunas cubanas. (Reuters)

Llegamos a la redacción y nos presentó a la periodista y la asistente que estaban de guardia. Gladys era una colega adiestrada y ganaba 865 pesos. Nusa no paraba de señalarla y hablar de ella. Cuando el jefe nos miraba, la chica no podía contener la risa. Yo lo increpé y le pregunté si él podía vivir de su salario. Su labia punzante de dirigente socialista se ausentó cuando dijo "bueno, yo tengo una hermana en Suiza que me manda algo y mi mujer…".

Yo no tenía hermana en Suiza y mi novia, también periodista, cuestionaba mi nuevo salario. Había que respirar profundo.

Nusa nos presentó unas computadoras obsoletas y dijo que serían nuestras estaciones de trabajo. Microsoft dejó de actualizar el soporte para Windows XP hacía más de un año, pero nuestras 'estaciones de trabajo' tenían aún ese sistema operativo.

El periódico como papel higiénico

El lunes 2 de noviembre nos dieron a leer varios panfletos en Recursos Humanos. El contrato que firmamos era solo una hoja de papel. Rápidamente, comprendimos que tendríamos más deberes que un soldado y menos derechos que un homosexual en Arabia Saudí.

Después de almorzar, me llevé una sorpresa en el baño. En Cuba, las personas usan el periódico para muchas actividades más allá de la lectura: envuelven objetos fríos, secan el orín de mascotas y los restaurantes 'vintage' de la Habana Vieja lo pegan en sus paredes. Pero de todos los usos alternativos del diario comunista, hay uno que destaca sobre los demás: limpiarse tras defecar. Siempre ha sido algo común en los hogares debido a la escasez crónica de papel higiénico.

placeholder Algunas de las escenas fotografiadas en la redacción de 'Granma'. (Alfredo Herrera)
Algunas de las escenas fotografiadas en la redacción de 'Granma'. (Alfredo Herrera)

Lo que vi en el baño del cuarto piso del 'Granma' fue una cajita de madera con recortes del periódico destinados al trasero de los trabajadores. Luego comprobé que esos recortes eran colocados en todos los baños del edificio por el personal de limpieza. Pregunté a las muchachas de Recursos Humanos, a una asistente y a las periodistas más avezadas de Nacionales: nadie comprendía mi asombro. Limpiarme el culo con mi trabajo me resultaba cuando menos vulgar, pero quién era yo para cuestionar las tradiciones granmenses. A fin de cuentas, la legitimidad de una estupidez depende de su arraigo.

El inicio de nuestras aventuras estuvo matizado por otras decepciones. Nusa nos dijo que no tendríamos derecho a la compra de fin de año que hacen los periodistas de todos los medios cubanos. Ahí se puede obtener a precios risibles desde ropa hasta champú, productos ausentes en el país hacía meses. El listado de personas para esa compra subvencionada no nos incluía porque se realizó con tiempo de antelación. Llegamos tarde a 'Granma' y 'Granma' no tenía intención de llegar a nosotros.

"Limpiarme el culo con mi trabajo me resultaba cuando menos vulgar, pero quién era yo para cuestionar las tradiciones granmenses"

Yo me insulté y le dije a Nusa cuán injusto era carecer de esa compra. Cuando intentó poner parches ante mi torrente de ira, dijo que la cantidad de personas a comprar respondía al presupuesto disponible para tal menester. Era el colmo de los colmos: el periódico 'Granma' no tenía presupuesto para respaldar una compra subvencionada por el Estado, donde no mediaba el dinero y sí la ansiedad de unos profesionales carentes de ropa y zapatos.

Mientras 'Granma' me provocaba los primeros dolores de cabeza, estaba pendiente de las elecciones en el enemigo. Los cubanos esperaban que Donald Trump fuera vencido por Joe Biden para que el longevo demócrata trajera turistas y remesas a la Mayor de las Antillas. ¡Qué manía la de esta isla de mirar siempre para afuera!

El martes 3 de noviembre Nusa trató de frenar nuestros reclamos en el salón del consejo de dirección, lugar de la histórica bienvenida. En la mesa con forma de I nuestro jefe intentó convencernos de que Granma no violaba la ley y yo le respondí que incumplía una orientación del presidente de la república y la ministra de Trabajo.

Toda la dirección estaba al tanto del problema del salario y ninguno hacía nada. Aunque me había propuesto ignorar el asunto, cada día sentía menos deseos de trabajar en 'Granma' y más impotencia ante la injusticia que se cometía. Era un panorama desolador en el que nos encontrábamos, porque los periodistas que llevaban un año, dos o casi tres de servicio social aún cobraban lo mismo.

Foto: Misiles nucleares soviéticos en Cuba, en 1962.

Un caso particular me dejó impactado. Se trata de Milaisy, una periodista incorporada al yate comunista en 2019. A propósito del tema salario, nos explicó que su jefe en la redacción de Internacional, Raúl Antonio Capote, propuso darle una plaza fija y mejorar su paga por el buen desempeño que había tenido. Yailín adujo que, aunque Milaisy trabajara mucho y se esforzara, eso no significaba que debía ganar más.

Perdimos el tiempo toda la tarde hasta las 15:30. A esa hora, la merienda detenía las actividades en el periódico. La fila comenzaba en el 'pantry' y ocupaba parte del 'lobby'. Todo por el vaso de yogur, un pequeño pan con salchicha y el puñado de galleticas dulces que a todos nos vendían a bajo precio. Como estas últimas despertaban simpatía en las masas de 'Granma', y tenían una estrella en el centro similar a la del mítico dirigente comunista asiático, las bauticé como galleticas proletarias de Mao. Guardé parte de mis galletas y el pan de María porque ella no lo quería. Con eso desayunamos al día siguiente mi novia y yo. Como cualquier otro alimento básico, el pan escaseaba mucho en La Habana.

La última hora en 'Granma'

María comenzó a gestionar con Nusa su primer trabajo. Quería cubrir un evento auspiciado por una fundación extranjera que se desarrollaría en un espacio privado de promoción cultural. Nusa le dijo que debía averiguar a quién entrevistaría para no tratar con disidentes o mercenarios. El 'Granma' no puede dar cabida a personajes como esos. Según explicó, un periódico como este, con tan poco espacio, no puede dar líneas a asuntos de dudosa o enemiga procedencia.

Las asistentes de redacción de Nacionales me explicaron que debía fijarme en un papel colgado en nuestro departamento para saber qué día me tocaba la guardia. Yo dije que no haría guardia y ellas se asombraron.

Foto:  Dos vecinos de La Habana conversan en un edificio pintado con graffiti. (EFE)

En las redacciones de casi todos los grandes medios de comunicación del mundo, se realizan guardias editoriales para que uno o varios periodistas reflejen cualquier hecho noticioso de última hora. 'Granma' no quería ser la excepción, aunque rara vez conquistaba una primicia.

Liuba y María me acompañaron a ver a Milaisy. La experimentada adiestrada (valga la contradicción) nos dijo que teníamos que hacer las guardias, que no teníamos alternativa. De ahí fui solo para Recursos Humanos porque las chicas ya se habían resignado. Allí pregunté qué debíamos hacer nosotros de acuerdo a nuestra condición de adiestrados. Me explicaron que nuestro jefe debía entregarnos el plan de adiestramiento que había diseñado, más allá de eso no teníamos funciones asignadas. Si tenía más dudas, podía consultar al subdirector administrativo y este casualmente entró por la puerta. Dijo que preguntaría cómo organizar las guardias con nosotros.

Cuando llegué a esa última parábola de peloteo, las orejas me ardían sobremanera. ¿Cómo nadie podía decirme qué debía hacer en mi nuevo trabajo? ¿Nusa había diseñado nuestro plan de adiestramiento? ¿Nos lo iba a mostrar? ¿Cuándo pensaba hacerlo? Al salir de Recursos Humanos, no sabía a dónde ir.

Tenía básicamente dos opciones: revisar el famoso papel de las guardias y hacerla cuando me tocara, o pelear una batalla contra un enemigo invisible. Sí, porque el burocratismo cubano no tiene rostro, solo puedes ver sus tentáculos cuando te aprisiona el cuerpo de la manera más sutil y desgarradora posible. Lo sientes, pero no lo tocas, lo increpas, pero no responde; te mata, pero no te paga.

Foto: Imagen Camilo Cienfuegos en un mercado local de La Habana. (Reuters)

Después de la jugada crítica con las guardias, continuamos la jornada de pérdida laboral de tiempo. Seguir los resultados electorales en USA era un buen 'hobby'. Biden parecía ganar y la tensión se concentraba en Nevada. El demócrata tenía proyectados 264 votos electorales y con los seis del estado plateado podía obtener el pasaje a la Casa Blanca.

No habíamos hecho nada hasta aquel minuto y Nusa entraba y salía sin mirarnos, sin hablarnos. Quizás en su mente ya nos había dado una nueva función: objetos decorativos de la redacción de Nacional. En una de esas entradas repentinas del jefe, Liuba lo increpa con una pregunta:

—Nusa, ¿nosotros tenemos el visto bueno del medio para pasar cursos y posgrados?

—¿Pero te refieres a hacerlo ahora Liuba?

—Sí, sí.

—Bueno, ahora ustedes no deben estar para eso. Ya estuvieron cinco años en la facultad. Ahora lo que tienen que hacer es trabajar y esforzarse aquí con nosotros. Ustedes ya no necesitan superarse.

Foto: Fotograma cedido por Margarita Hernández donde aparece Guevara durante una escena de su documental 'Che, memorias de un año secreto'. (EFE)

Liuba entró en 'shock' con aquello, no lo podía creer. Se quedó de pie mientras Nusa volvía a salir y poco a poco volteó hacia María y yo para compartir su decepción. Era muy raro ver a Liuba indignada con algo. Ella conserva un tino envidiable ante las vulgaridades de 'Granma', pero aquello la había desbordado. Se sentó junto a nosotros, colocó su mano izquierda en la frente y cabizbaja miró hacia el cartón de bagazo del escritorio. 'Granma' no solo explotaba económicamente, sino que impedía cualquier desarrollo académico de sus periodistas. El panorama no podía ser peor, al menos yo no lo podía imaginar peor.

Esa tarde, en la cola para las galleticas proletarias, saludé al jefe de la redacción Deportiva. Era un señor mayor, jovial, y aunque solo habíamos coincidido en la reunión de bienvenida, siempre me saludaba. Estaba desesperado porque la fila no adelantaba y tenía prisa. En un lamento, me dijo: "Desde que comenzaron a dar esas galleticas, todos los días tengo que venir a cogerlas para llevárselas a mi nieto. Con ellas, su madre le prepara la merienda de la escuela".

"Desde que comenzaron a dar esas galleticas, todos los días tengo que venir a cogerlas para llevárselas a mi nieto"

Aquellas palabras me jodieron y alegraron la tarde. Fue triste pensar cómo ese abuelo se sacrifica y lucha contra la escasez de alimentos que hay en Cuba, pero a la vez comprendí que no todo muere dentro de una sociedad en crisis. El amor se multiplica cuando lo poco que hay se comparte. Así sobrevive el cubano de a pie, así quiere a su nieto ese periodista. El niño seguro no piensa en Mao cuando muerde la estrella de las galletas de 'Granma', pensará en su abuelo y quizá con eso, ya sea feliz.

(El siguiente capítulo se publicará en El Confidencial mañana sábado. Alfredo Herrera cuenta el día que comió pescado en una isla y su primera cobertura como redactor de 'Granma')

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