Nadie ve nada claro en la ciudad que da luz: "Debemos prepararnos para una guerra total"
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Incertidumbre en Ucrania

Nadie ve nada claro en la ciudad que da luz: "Debemos prepararnos para una guerra total"

Las maniobras agresivas de Rusia y la firme respuesta de Estados Unidos han desatado miedo, escepticismo y resignación en Svitlodarsk, una ciudad cercana al frente de batalla

placeholder Foto: Una mujer camina por las calles de la ciudad ucraniana de Svitlodarsk, durante la creciente escalada de violencia en el frente. (Miguel Osés)
Una mujer camina por las calles de la ciudad ucraniana de Svitlodarsk, durante la creciente escalada de violencia en el frente. (Miguel Osés)

Tras la masiva movilización de soldados y tanques rusos hacia la frontera con Ucrania, la atención de Occidente ha vuelto a dirigirse hacia una guerra que llevaba tiempo en estado de hibernación y que en los últimos meses ha vuelto a despertar. Mientras tanto, desde las poblaciones del este ucraniano aún controladas por Kiev, el posible retorno a un conflicto de alta intensidad desata miedo, escepticismo y resignación por igual.

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A dos kilómetros de la línea del frente ucraniano, los habitantes de Svitlodarsk discuten sobre la escalada del conflicto. Las condiciones han mejorado en los últimos años y ha vuelto el miedo a perderlo todo.

El doble clin de seis tenedores al reposar sobre el plato rompe el silencio en una sala de estar. De haber sido un bastón, el séptimo hubiera golpeado el suelo con fuerza después de la intervención de Andrew Polukhin. Ahora tan solo descansa en el puño cerrado de un dueño que ha cambiado el tono amable y las carcajadas en su sofá por una serie de miradas tensas de sus invitados.

“Yo he estado allí, sé cómo funciona la guerra y no va a pasar nada”, asegura. Condecorado por su presencia y las heridas que la batalla del aeropuerto de Donetsk dejó en su cuerpo, este capellán militar se pone serio al hablar de una posible escalada en el Donbás. Los últimos movimientos de tropas y blindados del ejército ruso, así como las reacciones de EEUU y varios países europeos, han desatado los temores sobre una posible reactivación del conflicto en el este de Ucrania justo cuando se cumplen siete años de una ocupación que ha dejado hasta la fecha cerca de 14.000 fallecidos. La semana pasada, la portavoz de la Casa Blanca volvió a remarcar la preocupación del Gobierno de Joe Biden y recordó que desde 2014 Rusia no ha tenido tantas tropas en la frontera como en estos momentos.

Foto: Vladimir Putin, en una imagen de archivo de 2019, asistiendo a las maniobras del ejército ruso. (EFE)

Días antes, los habitantes de Svitlodarsk —traducido del ruso como ‘la que da luz’— ya cuchicheaban sobre un posible cambio de escenario. A dos kilómetros de la línea de batalla tras ser recuperada por el ejército ucraniano seis años atrás y con una población mayoritariamente separatista, los rumores sobre la vida en el otro lado vuelan aunque no se hable en la calle: todos tienen algún conocido en la autoproclamada República Popular de Donetsk.

“Una vecina nos contó hace dos semanas que un amigo suyo le recomendó alejarse de Svitlodarsk. Él vive en la zona ocupada”, explica Andrew Shutkevych, un ucraniano del norte que llegó al frente en 2015 y que mira con preocupación las noticias y los vídeos de tanques que circulan por redes sociales.

En este enclave ya han pasado algo más de dos años desde que el último proyectil cayera en su interior y la guerra se vive con relativa normalidad. La presencia de uniformados en las calles, los controles militares en la carretera que da acceso al municipio y algunos carteles dirigidos a los niños con consejos para actuar en caso de encontrarse con una mina son tan cotidianos que el tiempo parece haberse detenido. Además, una multitud de edificios y muescas en el asfalto son el reflejo de los días más duros de esta población que ahora ronda los 8.000 habitantes.

placeholder Los niños de la ciudad de Svitlodarsk juegan ajenos a una realidad que puede seguir marcándoles la infancia. (Fermín Torrano)
Los niños de la ciudad de Svitlodarsk juegan ajenos a una realidad que puede seguir marcándoles la infancia. (Fermín Torrano)

Sin embargo, las mascarillas por debajo de la nariz y un hospital al que ya no le quedan habitaciones —debido al alto número de pacientes enfermos de covid que llegan desde otros puntos de la región— recuerdan que Ucrania vive un inicio de 2021 con tres crisis que afrontar: económica, sanitaria y bélica.

Sobre esta última no se ponen de acuerdo los analistas internacionales, pero tampoco la población civil que vive en el frente. Desde la experiencia en el terreno, Polukhin considera que no ocurrirá nada grave, que se trata de un movimiento de Rusia para poner a prueba al presidente estadounidense y movilizar a sus bases de apoyo, mientras que su tocayo Shutkevych discrepa sobre las posibles consecuencias que puede tener “el juego de la política” y reconoce estar alerta.

“Yo no sé lo que tiene en la cabeza Putin, pero nosotros debemos prepararnos para una guerra total”, subraya este hombre de 33 años.

Foto: Antony Blinken, secretario de Estado de Estados Unidos, y Ursula Von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea. (EFE)

Una visión cauta, pero intermedia, es la que explica Azad Safarov, periodista azerbaiyano, aunque criado en el Donbás, que ahora se dedica a recopilar historias de infancia en los pueblos más afectados del frente de guerra ucraniano. “La realidad es que puede ocurrir cualquier cosa, lo único que sabemos es que Estados Unidos nunca se había pronunciado con la rapidez y contundencia que ha mostrado ahora”, asevera. “Debemos estar atentos a estos gestos para anticiparnos a lo que pueda ocurrir”, añade.

Opiniones aparte, es innegable el cambio en la tendencia de un conflicto que nunca ha llegado a respetar el alto al fuego firmado el pasado verano. Mientras que de julio a enero murieron cinco soldados en el lado controlado por el Gobierno ucraniano, durante este año al menos 26 militares han perdido la vida. 10 en las últimas tres semanas.

placeholder Central termoeléctrica de Svitlodarsk, situada a escasos 2 kilómetros del frente. (Miguel Osés)
Central termoeléctrica de Svitlodarsk, situada a escasos 2 kilómetros del frente. (Miguel Osés)

Por ello, las pesadillas de algunas personas que no tienen recursos ni otro lugar al que marcharse están volviendo a aparecer. Es el caso de Valentina y Katerina, pensionistas y amigas gracias a una organización a la que acudieron por primera vez en 2015 para recibir las hogazas de pan que con sus pensiones no podían comprar. La última, nacida 74 años atrás en Kazajistán, avanza por la calle con un pañuelo en la cabeza, la espalda encorvada y dando pasos rápidos. Las mismas manos arrugadas que tratan de ocultar una boca con tan solo unos pocos dientes de oro se alzan en el aire al escuchar hablar de más muertos: “¿Una nueva guerra? ¡Solo queremos vivir en paz!”.

A pesar de los anhelos que unos y otros tienen respecto al territorio, tras unos años de cierta estabilidad y mínima recuperación económica, en la ciudad que da luz nadie quiere volver a la oscura incertidumbre del día a día de la guerra.

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