La geopolítica se pone las botas: por qué cada vez hay más boicots en el mundo deportivo
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La geopolítica se pone las botas: por qué cada vez hay más boicots en el mundo deportivo

Se está presionando a los gobiernos occidentales y a los espónsores empresariales para que se retiren de los Juegos Olímpicos de Invierno de 2022 en Pekín

placeholder Foto: El 'quarterback' Colin Kaepernick. (Reuters)
El 'quarterback' Colin Kaepernick. (Reuters)

En los últimos días, el pasado de Estados Unidos se ha visto muy afectado por la política. La Liga de Béisbol nacional abandonó el partido de las estrellas (un amistoso anual en el que juegan los mejores jugadores de todas las posiciones) de Atlanta para protestar por la reciente decisión del Estado de Georgia de aprobar nuevas leyes de restricción de voto.

Una semana antes de que empiece la temporada de béisbol, el movimiento ha sido impactante en EEUU. Pero desampliando el foco, se observa que es la última de una serie de arriesgadas decisiones en los deportes por todo el mundo que tiene que ver mucho con la política.

China en el punto de mira. Los grupos de derechos humanos, escandalizados por el genocidio de China en Xinjiang, están presionando a los gobiernos occidentales y a los espónsores empresariales para que se retiren de los Juegos Olímpicos de Invierno de 2022 en Pekín. Al mismo tiempo, los chinos han cargado contra Nike -que fabrica las equipaciones de la selección china de fútbol y de baloncesto- por expresar “preocupación” sobre las alegaciones de trabajos forzados en la industria del algodón en Xinjiang.

Foto: A la izquierda, las 'zapatillas de Jesús'; a la derecha, las 'zapatillas de Satán', ambas ideas de MSCHF

Mientras tanto, los jugadores de fútbol europeos han desafiado la prohibición de la FIFA de hacer declaraciones políticas para unirse a un creciente grupo de protesta sobre el maltrato a los trabajadores migrantes en Qatar, que acogerá el Mundial de la FIFA en 2022. Hasta 6.500 trabajadores migrantes podrían haber muerto construyendo los estadios en la última década desde que el Reino del Golfo consiguió el torneo bajo extrañas circunstancias.

Pero es probable que lo que intentan lograr estos boicots no sea lo que usted se imagine. Todos estos eventos deportivos -vistos por cientos de millones de seguidores por todo el mundo que consiguen miles de millones de dólares en anuncios de empresas- se llevarán a cabo tal y como están programados.

Las probabilidades de que Georgia expanda los derechos de voto de las minorías para celebrar el partido del All Star en Atlanta son tan pequeñas como que China, para que todos los países asistan a los Juegos Olímpicos de Invierno, admita que encierra a uigures en campos de internamiento masivos y usa esclavos modernos para recoger algodón. Por otro lado, Qatar ha cedido prometiendo reformas pendientes para mejorar las condiciones de los trabajadores migrantes.

Foto: Xavi Hernández en Qatar. (Imagen de archivo)

¿Por qué ocurre esto? Porque los boicots deportivos no suelen estar diseñados para revertir las políticas a las que se oponen. Pero pueden ser muy efectivos para lograr otros resultados.

En primer lugar, la combinación entre el poder cultural y económico del deporte consigue que sus estadios sean el lugar perfecto para difundir las ideas políticas.La decisión de la MLB de no jugar el partido en Atlanta tiene que ver menos con las guerras culturales en EEUU que con plantarse y no aceptar más leyes restrictivas del derecho al voto, algo que la mayoría de los estadounidenses apoyan. Además, busca acoplarse al esfuerzo de la competición por atraer a seguidores más jóvenes y diversos.

En segundo lugar, los boicots muestran el coste de llevar a cabo algunas políticas. Porque, pese a que el fantasma de la retirada de algunos países occidentales de Pekín, 2022 no sea suficiente para que China revierta sus acciones en Xinjiang, el fin masivo de algunos espónsores podría suponer una pérdida de miles de millones de dólares para Pekín.

Foto: Celebración de la 14ª Asamblea del Pueblo en Corea del Norte. (EFE)

Sin embargo, el boicot doméstico contra Nike está conducido por celebridades y consumidores chinos que quieren que las marcas estadounidenses dejen de hablar de los uigures. Esto pone a Nike en una posición imposible en China: por un lado, se ariesga a consecuencias negativas de sus clientes occidentales si no dice nada (que es lo que hizo la NBA cuando se postró ante China por las protestas a favor de la democracia en Hong Kong en 2019) pero, por otro, puede perder muchos negocios en China si alza la voz.

Para complicar aún más las cosas, China también se encuentra en una situación difícil: avivar sentimientos nacionalistas fulminando de forma unilateral con estos contratos sería extremadamente caro. Y todo esto no va a hacer más que empeorar si las relaciones entre EEUU y China siguen deteriorándose.

En tercer lugar, los boicots son una buena forma de llamar la atención a problemas que no serán resueltos solo por los boicots. En la década de los 60, las prohibiciones a los deportes en los que solo jugaban blancos en torneos internacionales, incluyendo los Juegos Olímpicos, ayudaron a poner a la opinión pública contra el régimen del apartheid en Sudáfrica. Hoy, con muchas superestrellas del deporte que se encuentran entre los mayores influencers en las redes sociales, es más fácil llamar la atención sobre cualquier tema y llegar a una mayor audiencia. Pero meterse en un campo de minas político en un ambiente altamente polarizado también puede ser muy peligroso para los atletas, ligas deportivas y gobiernos si se equivocan. Si no, que le pregunten a Colin Kaepernick.

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