Sunny, el sargento de la planta nuclear de Fukushima: "Ya no me siento un kamikaze"
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DIEZ AÑOS DEL ACCIDENTE

Sunny, el sargento de la planta nuclear de Fukushima: "Ya no me siento un kamikaze"

"Alguien tiene que hacer mi trabajo y es una manera de servir a mi país. Soy patriota. Lo hago por Japón", decía el trabajador en 2012. Aunque ahora está enfermo, quiere volver

placeholder Foto: Protestas anti nucleares delante de las oficinas centrales de Tepco (Reuters).
Protestas anti nucleares delante de las oficinas centrales de Tepco (Reuters).

Llega cinco minutos antes a la cita. Está sentado al volante de su Nissan marrón claro último modelo con asientos de cuero y de madera noble. Se sorprende del vehículo tan antiguo que conduce la intérprete. "¿Conoce alguna palabra en español?", le pregunta el periodista. "No", contesta rotundo. Se lo piensa unos segundos y suelta la frase Terminator: "Hasta la vista, baby".

Es junio de 2012. Sani (o Sunny en inglés: no es su nombre verdadero, no quiere decirlo por temor a represalias, aunque admite fotografías, pero solo de perfil o de espaldas), tiene 30 años y trabaja desde hace siete en la central nuclear de Fukushima controlando el tratamiento del agua de la central. "Aquello es extremadamente peligroso. Si entro en la zona equivocada, en 20 segundos puedo morir de modo inmediato", dice Sunny mientras devora un bocadillo de jamón york, lechuga y mantequilla de tres piezas.

Foto: San Juan Bautista: el galeón que sobrevivió al tsunami japonés

El trabajador no se planteó dejar de trabajar cuando ocurrió la explosión. "Yo no elegí irme a Fukushima tras el accidente. Yo ya estaba allí trabajando". Sunny abunda en el tópico del imaginario occidental sobre los japoneses. Se compara con los pilotos kamikaze de la Segunda Guerra Mundial. También con los samurais. "Alguien tiene que hacer mi trabajo y es una manera de servir a mi país. Yo soy patriota. Lo hago por Japón".

Habla con la mirada fija, muy segura, mientras absorbe una taza de café en un bar de una avenida solitaria de Iwaki, a 45 minutos en coche de la planta que causó el mayor desastre nuclear mundial desde el accidente de Chernóbil de 1986. La catástrofe del terremoto y tsunami provocó la evacuación de 160.000 personas y la muerte de 18.000 personas.

Junio de 2012: "Estoy sano, muy bien, pero estoy seguro que dentro de algunos años tendré cáncer", admitía. Marzo de 2021: ya no trabaja en la planta

Ahora mismo se encuentra bien de salud. La radiación, asegura, aún no ha contaminado su cuerpo, bien entrado en carnes, más propio de un aspirante al campeonato de sumo de verano que el de un trabajador de Fukushima. "No soy un empleado más, si se comparara con el ejército, yo sería un sargento", precisa. "Estoy sano, muy bien, pero estoy seguro que dentro de algunos años tendré cáncer", admite.

El sargento Sunny se expone a una muerte segura por 15.000 yenes al día (3.844 euros al mes), trabajando ocho horas al día en el turno de mañana. Tepco, la polémica empresa que controla la planta nuclear más famosa del planeta, también le paga seguro de enfermedad. "Es una buena compañía", asegura, tras rechazar las críticas a Tepco. "No entiendo cómo Japón no quiere plantas nucleares. Son más seguras de lo que la gente piensa". Ahora ataca al Gobierno japonés: "Han sido inútiles".

Muerte nuclear

Le gusta leer una revista underground que esta semana lleva en portada un tema de la yakuza, la mafia japonesa. Apura el bocadillo, posa para la cámara con su camiseta negra del dragón, y se va acordando de más palabras en español. "Living la vida loca" de Ricky Martin. También de su piloto favorito: Fernando Alonso, acaso un kamikaze de baja intensidad. Arranca el Nissan. El lunes por la mañana el sargento Sunny, el kamikaze de Fukushima, coqueteará con la muerte nuclear.

Nueve años después del encuentro en Iwaki, El Confidencial contacta con el trabajador. Lleva un año alejado de Fukushima Daiichi por dos razones. 1) Porque está enfermo (no especifica cuál es la dolencia). 2) Porque la compañía planea concentrarse en una plantilla más pequeña de trabajadores: desde los 3.000 trabajadores anteriores ahora los planes son centrarse en 2.000-1.000. No sólo está enfermo Sunny, sino también de algunos de sus colegas. Algunos dejaron el trabajo. Él no quiso. Aspira a volver. Ahora no quiere que se publiquen fotografías actuales.

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Detalle de la parte trasera de la camiseta del sargento Sunny (Agustín Rivera).

Hoy se cumplen diez años del accidente. ¿Es segura la planta?

— El nivel de seguridad en Fukushima Daiichi se ha vuelto muchísimo más estricto debido a la operación altamente sensible de recuperar la barra de combustible de los reactores que propaga un nivel muy alto de radiación La planta no revela problemas técnicos ni los detalles al público, ni siquiera a los medios, debido a problemas de patentes. La radiación en sí en la planta está disminuyendo desde que extrajimos los desechos radiactivos. Sobre el agua contaminada, es posible abordar la cuestión, ya que la cúpula debate si construir tanques adicionales o liberarlos en el Océano Pacífico.

Sunny quiere volver a trabajar en la planta, aunque admite: “Sigue siendo peligrosa. Y lo explica: “El nivel de radiación es cada vez más alto y se debe a que ahora se ejecutará la operación para recuperar la barra de combustible. La exposición a la radiación será cada vez más un problema”.

— ¿Y su salud?

— Estoy empeorando ... ahora sufro de muchos síntomas de enfermedad. Mi tarea en sí como trabajador nuclear es abrumadora y me causa un daño a la salud. Todos los trabajadores nucleares sufrimos problemas. Algunos perdieron el empleo. He estado mucho tiempo sin ir al médico, pero ya tengo cita en un hospital para conseguir algunos medicamentos.

placeholder Imagen vía satélite del incendio de la planta de Fukushima el 14 de marzo de 2011.
Imagen vía satélite del incendio de la planta de Fukushima el 14 de marzo de 2011.

Y aunque considera que Fukushima Daiichi se ha estabilizado, cree que la situación actual es similar a la de Chernobyl y que continuará durante algunas décadas más. “Ahora hay que cuidar los lugares altamente radiactivos; tenemos que trabajar bien controlando la exposición a la radiación. La energía nuclear es peligrosa”.

Ha buscado trabajar en otros empleos de diferentes sectores energéticos, pero decidió continuar en la planta nuclear. “Conozco el know-how y considero que es mi obligación hacer un trabajo importante”.

La salud le ha retirado por el momento. No quiere hablar del día del accidente, de aquel trágico 11 de marzo que desencadenó una alerta ambiental en todo el planeta, de la mayor tragedia para Japón desde las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki. "Ya no me siento como un piloto kamikaze". Sus palabras suenan a despedida.

Hasta la vista, Sunny.

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