Una década después de Fukushima, ¿puede la energía nuclear ayudar a salvar el planeta?
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Una década después de Fukushima, ¿puede la energía nuclear ayudar a salvar el planeta?

La energía nuclear es relativamente limpia y puede contribuir a lograr eliminar la huella de carbono, pero su coste es elevado y es profundamente impopular

placeholder Foto: Marcha contra la energía nuclear en Tokio. (Foto: Reuters)
Marcha contra la energía nuclear en Tokio. (Foto: Reuters)

Hace exactamente una década, un poderoso terremoto frente a las costas del este de Japón desencadenó un tsunami que destruyó la planta nuclear de Fukushima, desatando el peor desastre nuclear del que el mundo ha sido testigo desde la catástrofe de Chernóbil en 1986. Diez años y docenas de reactores fuera de servicio más tarde, la energía nuclear sigue suministrando alrededor del 10 por ciento de la electricidad mundial, pero su futuro sigue siendo incierto.

A medida que más países se comprometan a frenar las emisiones para mitigar el cambio climático, la energía nuclear podría servir como una fuente de energía (relativamente) limpia y confiable. Sin embargo, una mayor inversión en energía nuclear cuenta con sus luces y sombras.

La energía nuclear es más ecológica de lo que cree. No es renovable como la solar o la eólica, pero su producción de emisiones directas de dióxido de carbono es cero. Durante su ciclo de vida, una planta nuclear produce aproximadamente el mismo volumen de emisiones indirectas por unidad de electricidad (principalmente para extraer y procesar uranio, construir y operar las instalaciones y almacenar los desechos) que la energía eólica y un tercio de la solar. Eso ayuda a explicar por qué los defensores estadounidenses del ‘Green New Deal’ no descartan por completo el uso de la energía nuclear.

Foto: Así quedó el reactor número 3 de Fukushima tras la explosión. (Reuters)

Prescindir de este tipo de energía conlleva un precio ambiental. Cuando el desastre de Fukushima llevó a Alemania a desconectar la mayoría de sus plantas nucleares, pronto se vio obligada a encender las de carbón, lo que provocó aproximadamente 1.100 muertes adicionales por año por la contaminación del aire. Los científicos estiman que evitar el reemplazo de todas las plantas nucleares del mundo por otras de combustibles fósiles podría salvar más de siete millones de vidas de aquí a 2050.

Además, mientras que tanto la energía solar como la eólica son intermitentes —y, por lo tanto, dependen del almacenamiento— la energía nuclear es tan confiable como el petróleo, el gas y el carbón. La Agencia Internacional de Energía proyecta que el mundo podría cumplir sus objetivos climáticos de París para 2040 si aumenta la participación nuclear en la combinación energética global al 15 por ciento, invirtiendo mucho más en plantas nucleares más baratas y más limpias.

La energía nuclear, sin embargo, es muy cara y, comprensiblemente, muy impopular. La generación de electricidad por este método cuesta actualmente alrededor de 112-189 dólares por megavatio hora, mucho más que la energía solar (36-44 dólares) y la eólica (29-56 dólares). Además, mientras que el costo total de construir y operar una planta ha disminuido para la energía solar y eólica durante la última década, este ha aumentado para la energía nuclear, por lo que los países más pobres no pueden pagarlo. Por último, el tiempo medio de construcción de una sola planta es de casi 10 años, peligrosamente lento para la urgente batalla contra el cambio climático.

Foto: Un turista visita Chernóbil. (EFE)

La otra gran preocupación es la seguridad. Para ser justos, a diferencia de Chernóbil, el accidente de Fukushima no mató a nadie por la radiación y no fue causado por una cadena de errores humanos, sino por un terremoto de magnitud 9.0, una catástrofe en una escala que ni siquiera los japoneses preocupados por la seguridad de la planta habían imaginado. Sin embargo, la construyeron cerca de la costa en un área propensa a los terremotos, y no protegieron los reactores tan bien como lo hicieron los países europeos tras la inundación de una planta francesa en 1999.

Más importante aún, Fukushima provocó una reacción global contra la energía nuclear que aún no se ha disipado. Más del 49% de los japoneses respaldaba en 2020 la suspensión de la energía nuclear. Aproximadamente el mismo porcentaje de estadounidenses cuenta hoy en día con una opinión negativa de ella, lo que la convierte en la fuente de energía más impopular en Estados Unidos después del carbón.

Entonces, ¿quién sigue construyendo nuevas plantas nucleares y por qué? Rusia, por ahora el actor global dominante en la industria, está exportando su tecnología nuclear a países con gobiernos relativamente amistosos como los de Hungría, Irán y Turquía. Pero China se está poniendo al día rápidamente y tiene planes para financiar y construir nuevas plantas en lugares tan diversos como Pakistán, Sudáfrica... y el Reino Unido.

Moscú y Pekín, este último apostando fuerte por la energía nuclear como parte de su apuesta por eliminar la huella de carbono para 2050, están compitiendo para llenar el vacío creado brevemente por Estados Unidos. La administración de Donald Trump revirtió las prohibiciones de la era de Barack Obama sobre los prestamistas públicos internacionales estadounidenses que financian proyectos nucleares en el extranjero, aunque el presidente Joe Biden todavía tiene que decir si mantendrá el rumbo.

Foto: La planta térmica de Laziska, en Polonia. (Reuters)

Si los estadounidenses regresan a las exportaciones nucleares, las cosas podrían ponerse interesantes. Por un lado, las plantas construidas por EEUU podrían ser preferibles para los países comprometidos con cero emisiones netas que puedan permitírselo. Por otro lado, algunas de esas mismas naciones cuentan con importantes partidos verdes que quieren abolir la energía nuclear, y muchos ciudadanos protestarán por la construcción de una planta nuclear en su patio trasero.

Una decisión difícil. Sopesar los riesgos de una fuente de energía costosa e impopular con los beneficios de la electricidad libre de emisiones provocará un debate en muchos países. Pero a medida que el impulso de la acción climática se vuelve más urgente, los gobiernos se están quedando sin tiempo para tomar su decisión.

*Este artículo fue publicado originalmente en inglés en GZERO Media. Si te interesa la política internacional, pero quieres que alguien te la explique, suscríbete a la 'newsletter' Signal aquí.

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