"Luchad si no queréis ser esclavos": el aviso tailandés a los rebeldes de Myanmar
  1. Mundo

"Luchad si no queréis ser esclavos": el aviso tailandés a los rebeldes de Myanmar

Hay algo en lo que ambos territorios tienen experiencia: los frecuentes golpes de Estado y los gobiernos militares. Y eso, ahora más que nunca, ha hermanado a ambos países

placeholder Foto: Inmigrantes de Myanmar protestan contra el golpe de Estado frente a la embajada de la ONU en Bangkok. (Reuters)
Inmigrantes de Myanmar protestan contra el golpe de Estado frente a la embajada de la ONU en Bangkok. (Reuters)

Tailandia y Myanmar siempre han sido enemigos íntimos. Es algo que queda claro con ver cualquier película histórica —y, por supuesto, patriota— del que se conociera en el pasado como Reino de Siam, donde los villanos siempre son los birmanos. Se escudan, eso sí, en que el país que luego fue colonia inglesa quemó y arrasó la antigua capital tailandesa cuando ambas naciones se disputaban el Sudeste de Asia.

Hoy en día, la delantera está en manos tailandesas. La mayoría de trabajos que en Tailandia nadie quiere hacer recaen en los inmigrantes procedentes de Myanmar, quienes están acostumbrados a numerosos abusos en suelo siamés. A los birmanos se les acusa a veces hasta de los crímenes que no cometen. Sin embargo, hay algo en lo que ambos territorios tienen experiencia: los frecuentes golpes de Estado y los gobiernos militares. Y eso, ahora más que nunca, ha hermanado a ambos países.

No porque el poco popular ejército birmano, que le ha arrebatado el poder al pueblo, haya recibido el beneplácito del ejecutivo tailandés, sino porque los manifestantes tailandeses —que llevan un año en las calles pidiendo democracia— han fraternizado con los birmanos que no aceptan el alzamiento militar que este año sacó del poder a la electa Aung San Suu Kyi.

Foto: Ciudadanos de origen birmano protestan contra el golpe de Estado en Bangkok, Tailandia. (EFE)

Tailandia cumple esta semana 12 meses desde que empezaran unas protestas históricas en contra de su Gobierno de origen militar, en las que, además de llenar las calles con decenas de miles de personas, se ha cuestionado incluso la posición de la monarquía, antes intocable. Y precisamente cuando el alzamiento popular en ciudades como Bangkok perdía fuelle, estalló el golpe de Estado en el país vecino, Myanmar.

La toma del poder por parte del ejército birmano —que no llevaba ni una década dejando gobernar a la líder electa por el pueblo— tiene demasiadas similitudes con el alzamiento militar que impulsó en Tailandia el general Prayuth Chan-ocha, hace ya casi siete años. Es por ello que el pueblo rebelde tailandés avisa a los demócratas birmanos y lucha con ellos. Tanto inmigrantes de Myanmar como simpatizantes tailandeses protestan casi a diario en Bangkok frente a la embajada birmana o la sede de las Naciones Unidas. Pero ¿qué es lo que priorizan los líderes de las manifestaciones tailandesas? Una advertencia: si Myanmar no lucha, acabará en la espiral militar de Tailandia.

Una democracia asesinada en su infancia

Es en Twitter —y ahora en la flamante plataforma de Clubhouse— donde se reúne la mayoría de tailandeses que participan en las protestas contra su Gobierno. Y nada más estallar el golpe de Estado en Myanmar, las redes sociales del país vecino se llenaron de mensajes de solidaridad. Fue 'trending topic' la expresión: “Si los tailandeses no luchan, serán esclavos”, acompañada de: “Y si los birmanos no luchan, serán como los tailandeses”. Dicha afirmación era un aviso para ambos bandos. Sobre todo porque la nueva estrategia de los militares de Myanmar se parece demasiado a la que enquistó a los generales en una falsa democracia en Tailandia.

Foto: Foto: Reuters.

¿Qué ha ocurrido en Myanmar que pueda tener similitudes con Tailandia? El lunes 1 de febrero, el general Min Aung Hlaing no pudo soportar durante más tiempo la pérdida de poder del cuerpo militar. Él mismo había permitido que, durante la pasada década, el país abandonara la cerrada dictadura en la que estaba sumido para ofrecer esperanzas democráticas. No obstante, el frágil experimento birmano permitió que los militares se quedaran con buena parte del poder. El 25% de los asientos del Gobierno se reservaban para los militares, ganara quien ganara en las urnas, además de que los generales se asignaban a dedo ministerios clave como Defensa o Interior sin que dicha decisión pudiera ser cuestionada.

El pueblo, resignado, aceptó dichas condiciones en pos de un futuro mejor. Los comicios los ganó entonces, de facto, la Nobel de la Paz, Aung San Suu Kyi, a quien siempre acecharon los militares en la sombra. Tanto, que la popular líder vio como su imagen se deterioraba en el exterior cuando se vio obligada a defender al ejército por atacar a las minorías rohingya.

El plan de los militares birmanos, tras cinco años de democracia, era el de recuperar el poder mediante las urnas, gracias a su 25% asignado a dedo y su influencia en las altas esferas. No lo lograron en las elecciones del pasado año y por eso acusaron a Suu Kyi de tongo electoral, cuando lo que había hecho fue lograr un respaldo aplastante de los votantes.

¿Cuál es ahora el plan de los militares birmanos, faltos de popularidad, para instalarse en el poder? Como indican muchos analistas en el Sudeste Asiático, la hoja de ruta seguramente sea hacer exactamente lo mismo que realizaron sus homólogos en Tailandia, país en manos de una junta militar que, sin embargo, el mundo considera una democracia.

placeholder Pancarta contra el golpe de Estado durante una protesta en Bangkok. (EFE)
Pancarta contra el golpe de Estado durante una protesta en Bangkok. (EFE)

La 'dictadura democrática' tailandesa

Las similitudes en las formas y antecedentes del reciente golpe de Estado en Myanmar con el sucedido hace siete años en Tailandia son múltiples. En ambos casos, el país estaba en manos de una mujer que había ganado en las urnas, y ambos golpistas se hicieron con el poder el año en que debían jubilarse con la excusa de hacer 'un último servicio' a su país. Muy previsiblemente, el plan del ejército birmano es calcado al que la junta tailandesa ofreció: gobernar un año para 'garantizar los derechos democráticos' y, al cabo de una docena de meses, convocar 'elecciones libres'.

¿Qué ocurrió en Tailandia? Primero de todo, que el periodo de dictadura militar se extendió por cinco años, en los cuales se aprobó una draconiana constitución que convertía en un imposible que cualquier partido ganara unas elecciones de forma libre. Los generales implementaron una ley mediante la cual se quedaban con un tercio de los asientos con derecho a voto para la elección de un primer ministro, sin importar el resultado. Luego amañaron las urnas y permitieron cambios de voto, además de otras estratagemas, para mantenerse en el poder.

A día de hoy, en Tailandia gobierna un ejecutivo militar bajo una democracia de plastilina en la que se encarcela a los que se oponen al Gobierno armado. El primer ministro es el golpista Prayuth Chan-ocha, quien se sorprende cuando las calles se llenan de decenas de miles de manifestantes que piden su dimisión. “Yo no he hecho nada malo”, acostumbra a decir.

Foto: Simpatizantes del ejército de Myanmar celebran el golpe de este lunes. (Reuters)

Desde hace un año, el movimiento prodemocracia de Tailandia copa portadas de periódicos e inunda grandes avenidas para exigir elecciones libres y la dimisión del militar. Sin embargo, nada cambia.

En Myanmar, las protestas contra el golpe de Estado están siendo multitudinarias, hasta el punto en que ya ha habido muertos en los enfrentamientos con el ejército. El sentimiento de contrariedad hacia los militares es mayoritario, pero ellos no cederán fácilmente. Y es por eso que los líderes rebeldes tailandeses avisan a sus homólogos birmanos que deberán luchar —y mucho— si quieren una verdadera democracia. Al fin y al cabo, ellos llevan mucho tiempo haciéndolo en Tailandia sin lograrlo.

Myanmar Bangkok Tailandia ONU Monarquía