El editor que reflotó el diario más influyente del mundo revela los secretos del poder
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El editor que reflotó el diario más influyente del mundo revela los secretos del poder

Lionel Barber, editor del 'Financial Times' durante los últimos 14 años, explica en esta larga conversación los engranajes que se esconden detrás del poder y del mundo del dinero

Foto: Lionel Barber. (Fotografía cedida)
Lionel Barber. (Fotografía cedida)
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Si mañana unos alienígenas aterrizaran en la Tierra, la mayoría de los CEO de nuestro planeta abrirían el 'Financial Times' para saber si la bolsa va a subir o bajar. “Es una buena forma de explicar nuestra influencia”, responde Lionel Barber con una media sonrisa tras escuchar el ejemplo. Barber, editor del periódico financiero entre 2006 y 2020, cuenta en sus diarios recién publicados otro ejemplo similar en boca de Robert Rubin, antiguo secretario del Tesoro de Estados Unidos: "Leer el FT es mucho más útil que el ‘daily briefing’ de la CIA".

El 'Financial Times' siempre ha sido el periódico de las élites globales. Sin embargo, con la llegada del nuevo milenio, el 'boom' de internet y la crisis del papel, el medio atravesó una crisis de identidad y perdió hasta 60 millones de libras en tres años. En 2006, al asumir la jefatura del periódico, Barber se marcó tres objetivos para reflotarlo: potenciar la versión digital, apostarlo todo a una influyente audiencia internacional y construir un novedoso modelo de suscripción. "We live in Financial Times", decía su campaña de publicidad en 2007 para presentar su nueva web.

“Mi objetivo siempre fue construir el periódico de la globalización y, sinceramente, creo que lo hemos conseguido”, explica Barber, gracias a una extensa red de corresponsales repartida por todo el mundo. A finales de 2019, alcanzaron la cifra del millón de suscriptores y, aunque está muy lejos de los siete que tiene 'The New York Times', la balanza se equilibra un poco cuando comparamos los precios: mientras el medio estadounidense cuesta 15 euros al mes, la suscripción del FT son 38 (con una opción prémium que alcanza los 62).

Foto: Una edición de 2016 del 'Financial Times'. (Reuters)

Los diarios de Lionel Barber, titulados ' The powerful and the damned: private diaries in a turbulent times', están repletos de anécdotas con líderes mundiales mientras se suceden la crisis financiera de 2008, el auge del populismo o el Brexit. Sus historias muchas veces son más reveladoras por lo que no cuentan que por otra cosa, pero son una guía muy útil para conocer la turbia intersección entre el periodismo, la política y el dinero. Primera lección: el poder es como el yate de Goldman Sachs. Si tienes que preguntar cuánto cuesta, es que no te lo puedes permitir.

PREGUNTA. A usted le gusta decir que siempre ha mantenido el equilibrio entre su relación con el poder y su deber como editor del FT. Leyendo su libro, uno sale con la tripa llena entre tanta cena con gente importante: políticos, banqueros, inversores. ¿Cómo aguantaba?

RESPUESTA. Siempre habrá tensión entre la proximidad al poder y la habilidad de mantener la distancia. Cuando estos personajes me escribían, yo pensaba que tenía que conseguir su confianza sin olvidarme de que yo no era su amigo. Era cortés, sí, pero cuando me levantaba de la mesa, me decía: "Son solo negocios". Yo soy periodista. Usaba mi acceso para ayudar a otros compañeros de la redacción para que entendieran qué estaba ocurriendo. Cuando estás en una posición como esta, tienes que ser capaz de entrar hasta la cocina sabiendo siempre dónde está la puerta de salida.

P. ¿Cómo se siente? George W. Bush se dio cuenta de que, nada más dejar el cargo más poderoso del mundo, estaba recogiendo los excrementos de su perro. ¿Usted echa de menos su trabajo?

R. No, no lo echo de menos. Me habría encantado estar en la redacción con lo que ha pasado con el asalto al Capitolio, pero ahora mismo no están yendo [por el coronavirus]. Me lo he pasado muy bien durante estos 14 años. Quise irme cuando estaba arriba y probar otras cosas. Lo bien que le va al periódico habla por sí solo. Estoy bien, gracias por preguntar [se ríe].

placeholder Lionel Barber, durante la entrevista a Vladímir Putin en el Kremlin en 2019.
Lionel Barber, durante la entrevista a Vladímir Putin en el Kremlin en 2019.

P. En su libro, cita una frase que le dice Jean-Claude Juncker, antiguo presidente de la Comisión Europea: "El poder es erótico". ¿Por qué la gente encuentra tan difícil dejar el poder? ¿Es tan adictivo?

R. Puede ser adictivo por muchas razones. Que sea erótico es otro tema. Cuando era editor del 'Financial Times', solía decirme a mí mismo: no te creas ningún halago, te están halagando porque saben que eres importante y quieren algo. En el momento en que dejas de tener poder, esos halagos desaparecen. El poder es adictivo porque puede conducir a tener mucho dinero, influencia y orgullo. El simple hecho de estar al mando, de poder decirle a la gente lo que tiene que hacer, puede ser adictivo. ¿Cómo no va a serlo? Yo conseguí mantener los pies en la tierra. Si eres poderoso, debes tener a gente brillante a tu alrededor que se atreva a hacerte cambiar de opinión.

P. ¿Qué significa para usted el concepto de 'influencia'?

R. Eres influyente si consigues que las cosas que quieres que pasen acaban ocurriendo. La influencia es, sobre todo, la capacidad de dar forma a los pensamientos y a las acciones de otras personas.

P. ¿Y cómo cree que un medio internacional puede ser influyente?

R. Es una muy buena pregunta. Desde el principio, pensé que era importante que el FT lo fuera. El objetivo siempre fue convertirnos en un medio global. Hace 25 años, cuando estaba en Bruselas, un embajador español dijo en una reunión ministerial: "¡No puedo más! Si tengo que leer otra historia del 'Financial Times', me van a estallar los cojones". Eres influyente si influyes en las decisiones y pensamientos de la gente que tiene el poder.

"El simple hecho de estar al mando, de poder decirle a la gente lo que tiene que hacer, puede ser adictivo"

P. Usted siempre tuvo claro que, para construir un buen periódico, necesitaba suscriptores que estuvieran dispuestos a pagar cientos de euros cada año. ¿Por qué son necesarias las suscripciones?

R. El buen periodismo cuesta muchísimo dinero. Si quieres tener contenido de calidad, necesitarás a un periodista con un conocimiento profundo sobre el tema. Después, querrás tener a alguien que lea ese texto porque, sin un segundo par de ojos, todo estará lleno de errores. La tercera razón es por el modelo de negocio. Si no tienes suficientes ingresos por la publicidad, ¿de dónde vas a sacar el dinero? Puedes hacer eventos, tener 'sponsors', etc. Pero nunca serán suficientes para sostener un buen medio. Ahora, ¿cómo conseguir que la gente pague por tu periódico? Tienes que aportar valor. Para sobrevivir, un medio de comunicación tiene que profundizar en los temas y ser original. Necesitas cosas que estén asociadas a tu marca de forma muy clara. El FT, por ejemplo, logró hacerlo con varias. Así, de primeras, se me ocurre macroeconomía y bancos centrales. En Bruselas, por ejemplo, somos una fuerza muy importante.

P. Seguro que le han dicho alguna vez que no pagan el 'Financial Times' porque es muy caro. En España, poco a poco, parece que vamos en esa dirección, pero mucha gente sigue pensando que no va a pagar nueve euros al mes por un periódico. ¿Cuál es el mejor argumento para vender una suscripción?

R. Les miras, sonríes y les dices: "Mira, ¿de verdad me estás diciendo que no valgo un café diario? [El Confidencial cuesta un café semanal]". Después mencionaría tres buenos artículos de mi periódico que se hubieran publicado esa semana y les diría: "Si ayer no hubiera leído El Confidencial o el 'Financial Times', no sería capaz de hacer esto hoy". Vender una suscripción es decirle a la gente que la estás ayudando. ¿Por qué? Porque estás informando de cosas que no sabían y que les serán útiles en su día a día. Por último, le enseñaría un escritor gracioso de mi periódico. Todo el mundo quiere ser más feliz. ¿A quién no le gusta que le alegren el día leyendo algo divertido? La gente no quiere que solo le ametrallen la cabeza con malas noticias. De vez en cuando, necesitas escuchar una música distinta.

Foto: Robert Picard. (Manuel Castells/Universidad de Navarra)

P. ¿Qué consejo le daría a Lionel Barber si estuviera empezando ahora como periodista?

R. Que encontrara una especialidad. Algo en lo que poder profundizar. Podría ser cualquier cosa. Tecnología de la salud, por ejemplo. Y volvería a la palabra 'curiosidad', un consejo que doy a los jóvenes periodistas. Si no eres curioso, estás acabado. Si piensas que no tienes curiosidad por conocer algo o a alguien, no eres periodista. La única forma en que podrás ser un buen periodista es teniendo una mente abierta y siendo capaz de absorber todo lo que está a tu alrededor.

P. ¿Considera que eso es un problema en los nuevos periodistas?

R. Sí. Es más fácil que los periodistas jóvenes sean más cínicos. Es muy fácil que a ellos... [se ríe], voy a tener cuidado ahora con lo que digo...

P. ¡No se preocupe! No me lo voy a tomar como algo personal.

R. Muchas veces, los periodistas jóvenes quieren algo y lo quieren ya. No entienden cuánto esfuerzo hay detrás de un buen escritor. Por ejemplo, yo no soy un escritor natural. He dedicado miles de horas para mejorar mi escritura. Es como cincelar una roca. No sé cuánto tiempo dedicó Goya a sus cuadros, pero son tan buenos que me hace suponer que dedicó muchos años.

placeholder Lionel Barber, en un evento junto a Ana Botín. (EFE)
Lionel Barber, en un evento junto a Ana Botín. (EFE)

P. El 'Financial Times' es un periódico que destaca por su información internacional. En un mundo cada vez más global, ¿cómo evitar la tentación de convertir cada historia local en una tendencia mundial? A veces, los corresponsales no entienden el país en el que viven y lo simplifican a través de clichés, aunque otras consiguen entender lo que hay en juego mejor que la gente que vive allí. Un ejemplo podría ser Estados Unidos, donde usted ha sido corresponsal.

R. Lo primero que tienes que saber cuando cubres Estados Unidos es que no puedes generalizar. Washington es una burbuja. Yo he estado en 47 estados y he viajado por todo el país. Si vas a algunas partes de Texas o Idaho, te encuentras cosas muy diferentes. Mi primer consejo sería: no generalices. El segundo es que todos los corresponsales necesitan viajar para no verse capturados por una misma área geográfica. El tercero es que los periodistas deben mantener la curiosidad por aprender. Recuerdo cuando alguien en EEUU me dio un consejo muy bueno que resume el trabajo del corresponsal: "Las primeras cuatro o cinco semanas no tendrás ni idea de lo que estás haciendo. Es agotador. Después, como todo el mundo es muy amable, pensarás que tras tres meses ya lo sabes todo. Nueve meses después, te darás cuenta de que no sabes absolutamente nada del país".

P. Desde la hecatombe financiera de 2008, hay una evidente crisis de las élites. ¿Cuál es el problema?

R. Nunca puedes despreciar a nadie ni mirar por encima del hombro. Hace unos años, cuando aún gobernaba, le dije a José Luis Rodríguez Zapatero que si no hacía nada [contra la crisis], tendría el agua al cuello. Y me respondió: "¡No lo entiende! España es un país muy conservador". Creo que estaba buscando excusas. Pero cuando eres editor, tienes que pensar: ¿qué ocurre con la gente local? Tienes que escribir sobre ellos y no puedes hacerlo de forma condescendiente. En 1992, hubo un referéndum sobre el Tratado de Maastricht y casi sale el no en Francia. El año siguiente, en las elecciones locales, leí que uno de los partidos que habían subido con fuerza era el de los cazadores y los pescadores. Y pensé: "¡Nunca hemos escrito nada sobre esto! Quiero leer una larga historia sobre ellos con una fotografía de una persona sujetando un pez enorme". Era una señal: la gente no quiere desprenderse de sus propias raíces. Como periodista, tienes que contar quiénes son y cuáles son sus motivos, en vez de despreciarlos y pensar que son cosa del pasado. ¿Entiendes lo que digo?

P. Sí, es un fenómeno característico de nuestra época: el desprecio de las élites globales hacia el conservadurismo de algunos grupos locales por las consecuencias de la globalización.

R. Puedes publicar una historia explicando por qué una compañía fracasó por las fuerzas globales, pero también puedes encontrar el ejemplo contrario. Creo que a veces los medios enfatizan demasiado la narrativa de la globalización como fuerza negativa. No tienes que ser un 'cheerleader' de nada, pero si cuentas ambos puntos, tanto la historia del pescador que vota al partido local como la empresa que triunfa por todo el mundo, la gente pensará: este periódico me cuenta todo.

Foto: Montaje: Raquel Cano

P. En sus diarios, relata una cena con Vladímir Putin y unos pocos invitados más. Me pareció muy divertido cuando el líder ruso, al acabar, se levantó, se fue al piano y se puso a tocar para acto seguido preguntar a su audiencia qué tal lo estaba haciendo. ¿Qué pensó? ¿Qué hizo?

R. No aplaudí. Tienes que ser muy consciente de dónde estás y con quién estás hablando. Yo no paraba de pensar que esa anécdota iba a ser la mejor historia que iba a poder contar a mis amigos. Era muy revelador. Me pareció divertido y me sentí privilegiado, aunque todo estaba un poco ensayado. Me gusta mucho observar a la gente de cerca. No me avergonzaba estar allí. Si hubiera aplaudido y los rusos hubieran difundido el vídeo, sí.

P. Una de las cosas que saco en claro leyendo sus diarios es que el poder, a veces, se simplifica y se exagera. Es decir, hay gente muy poderosa por el mundo y sus decisiones nos afectan a todos. Pero el poder también es caótico y esas personas acaban tomando decisiones poco inteligentes similares a nuestros errores.

R. Estoy de acuerdo. El poder nunca es de una única dimensión. Pero algunos son muy buenos ocultando lo que verdaderamente piensan, como Putin. Otros son más emocionales. ¡Son seres humanos! Tan solo tienen la suerte de tener una posición extraordinariamente privilegiada. Por eso mismo, a veces es importante mirar a su oficina y a los libros que ha leído, escrutarle la cara, escuchar la cadencia de la voz de esa persona, etc. Con Paul Kagame [dictador de Ruanda al que entrevistó Barber hace tres años durante más de tres horas], me di cuenta de que a los personajes muy poderosos les encanta susurrar para que te tengas que inclinar y así estés en una posición defensiva. Hay muchos tipos de juegos de poder.

Foto: Tim Harford. (EFE)

P. El dinero, imagino, está por encima de todo eso. ¿Qué papel juega en nuestra sociedad?

R. Hay gente rica que es muy poderosa. Muchas veces, se dedican a actuar de intermediarios entre políticos para preservar sus privilegios y así hacer mucho dinero. Por otra parte, el dinero no te compra la felicidad y mucha de esta gente es infeliz. Dejan a su mujer y tienen novias muy jóvenes. Los CEO estos días tienen más presión que antes por la cultura de la cancelación y el cambio climático. Pero siguen siendo muy poderosos.

P. ¿Le preocupa?

R. El mundo que hemos visto en los últimos 20 años ha presenciado el auge de una plutocracia. Cuando los plutócratas se convierten en políticos, como Trump, se vuelve aún más perjudicial, porque se comportan como si el país fuera una gran empresa. Trump ni siquiera es un plutócrata, porque no es tan rico. Es un simple prestamista. Pero, en general, es muy perjudicial para nuestras sociedades que los empresarios se conviertan en políticos.

"Es muy perjudicial para nuestras sociedades que los empresarios se conviertan en políticos"

P. Dígame una persona que haya conocido y pensara: “Qué poderosa es pero qué sobrevalorada está”. Después, alguien que pocos la conocieran pero que le impresionara.

R. Oh… Buena pregunta. Pensaré el más sobrevalorado en un momento. Creo que una persona muy poderosa poco conocida sería Wang Qishan, el zar anticorrupción y el jefe negociador entre China y EEUU hace unos años. Xi Jinping, por supuesto, es muy poderoso, pero Qishan lo era también y pocos lo sabían. También mencionaría a James Baker, un hombre muy poderoso y quizá la persona más impresionante que he conocido nunca. La menos impresionante... [se queda en silencio].

P. Si le da reparo, puede decir alguien que haya muerto ya.

R. Ajam. Dame un momento [tarda 30 segundos en contestar, pienso que se ha cortado la señal]. Theresa May impresionaba bastante poco, la verdad. No era la líder que necesitaba el país. No era una mala persona, pero impresionaba muy poco. También diría François Hollande. Muy agradable, pero poco impresionante.

P. Nos hemos pasado un buen rato hablando sobre periodismo. Por favor, cuénteme algún chiste sobre esta profesión, que usted sabe bien que a veces los periodistas nos damos demasiada importancia.

R. Déjame pensar, hay tantos...

P. No tiene por qué ser un chiste, puede ser un momento de su vida en el que pensara que esta profesión, a veces, es una broma.

R. Esto que voy a contar es cierto, no me lo estoy inventando. Afortunadamente, me ocurrió durante mi primer año como periodista en Escocia y me sirvió para aprender la lección. Cuando apenas tenía 24 años, conseguí una exclusiva y se publicó en la portada del periódico. Al día siguiente, fui a la redacción presumiendo con todo el mundo, como si fuera el periodista más importante de todos. Esa misma tarde, fui al bar con unos amigos a celebrar y aún seguía presumiendo sobre la exclusiva que había publicado. Bebimos varias pintas de cerveza y, al cabo de un rato, me di cuenta de que no había comido nada. Fui con un amigo a la pescadería del barrio y compré un pescado. Me lo dieron y, ¿sabes de qué estaba envuelto? De papel de periódico. Concretamente, del periódico de la primera portada que había publicado en mi vida.

Si mañana unos alienígenas aterrizaran en la Tierra, la mayoría de los CEO de nuestro planeta abrirían el 'Financial Times' para saber si la bolsa va a subir o bajar. “Es una buena forma de explicar nuestra influencia”, responde Lionel Barber con una media sonrisa tras escuchar el ejemplo. Barber, editor del periódico financiero entre 2006 y 2020, cuenta en sus diarios recién publicados otro ejemplo similar en boca de Robert Rubin, antiguo secretario del Tesoro de Estados Unidos: "Leer el FT es mucho más útil que el ‘daily briefing’ de la CIA".

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