Las andanzas del pequeño Lukashenko, el payés que quiere traer los koljoses a España
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Las andanzas del pequeño Lukashenko, el payés que quiere traer los koljoses a España

Albert Santin adora Bielorrusia. Tiene 24 años, dirige un partido y viste como un camarada soviético. Allí lo pasean con honores y aquí es motivo de mofa. ¿Hay que tomarlo en serio?

placeholder Foto: Albert Santin, en su despacho de la sede del PCCC en Amposta.
Albert Santin, en su despacho de la sede del PCCC en Amposta.

La sintonía del programa remite para dar paso al presentador, quien tras saludar a la audiencia introduce al invitado de hoy: Albert Santin, experto español en política internacional. Estamos en un espacio de entrevistas en la televisión estatal bielorrusa CTV. A través de las palabras de Santin, los espectadores bielorrusos descubren la difícil realidad española y la suerte que ellos tienen. Han de ser fuertes, les dice Santin, porque la OTAN y la Unión Europea, con España como uno de sus países satélites, están promoviendo en el país un golpe de Estado financiado por George Soros.

"La oposición se está aprovechando de la juventud bielorrusa", advierte Santin, en referencia al movimiento que quiere derrocar al considerado último dictador de Europa, Aleksandr Lukashenko, en el poder desde 1994 y acusado de pucherazo en las elecciones presidenciales de agosto. Santin habla pausado, ceremonioso, el presentador escucha atentamente. "Durante toda su vida, han vivido en un país fuerte e independiente y no saben lo que se siente cuando te levantas cada mañana, sales fuera en Barcelona, por ejemplo, y ves a 400 o 500 personas durmiendo en la calle porque no tienen nada para comer. (…) En España, más del 50% de los jóvenes no estudian y no quieren trabajar, el 40% de la población de Andalucía está desempleada, en Ceuta y Melilla el 50% de la gente vive por debajo del umbral de la pobreza. Cuando el invierno llega a España, muchas familias no tienen dinero para encender la calefacción. ¿Quieren [los jóvenes bielorrusos] esto?".

Santin acude a la televisión estatal como parte de su visita oficial a Bielorrusia. No es su primera aparición en los medios nacionales. En sus constantes viajes al país, este 'experto' español se ha reunido con el vicepresidente de Política Económica y secretario general del Partido Comunista de Bielorrusia, con el ministro de Defensa, con el presidente de control estatal, con diputados, alcaldes y gerentes de remotos koljós en las estepas de esta antigua república soviética. Incluso se ha reunido distendidamente con el embajador de Corea del Norte en el país. Y con el de Venezuela. ¿Quién es Santin para que el régimen bielorruso lo trate con tanta deferencia?

En su faceta pública, Santin es secretario general del Partido Comunista de los Comités Catalanes (PCCC) y presidente de la Asociación de Apoyo a la República de Bielorrusia. En su faceta privada, Santin es un muchacho de 24 años nacido en Amposta (Tarragona) al que le fascina el comunismo desde niño y que se gana la vida como auxiliar de geriatría en una residencia. En Twitter e Instagram, Santin tiene alucinado al personal por su aspecto extravagante, con el que emula, con mucha pompa y esmero, a un joven camarada de los años de Brezhnev en la Unión Soviética. Él prefiere definirse como un humilde payés que trabaja en la sanidad.

placeholder Albert Santin posa con una fotografía de Lukashenko.
Albert Santin posa con una fotografía de Lukashenko.

Su despacho en la sede del comité central del PCCC en Amposta contiene las esencias de su proyecto. Bandera roja junto a la 'senyera' y sobre la estantería sus dos faros: Aleksandr Lukashenko, presidente de Bielorrusia, y Iósif Stalin, quien no necesita presentación. Santin dice que "hay que entenderlo en su contexto histórico" y que no se puede convencer al personal de sus bondades como líder mundial en una simple entrevista. "Los mismos que dicen barbaridades de Stalin son los que se enriquecen del sistema capitalista. Necesitaríamos horas de debate para desmontar esa visión".

Pero... ¿cuánto hay de locura?

Sabemos que Santin es catalán, pero por sus fotografías bien podría ser un entusiasta funcionario eslavo. Cabello rubio con raya a un lado, tez pálida, bigote recortado a lo Lukashenko sobre una cara de niño, chaquetón y gorro soviético sobre un traje azul perfectamente planchado. Siempre posando en escenarios retro comunistas. Es una incógnita si los cuadros bielorrusos lo abrazan y lo pasean por el país como a un simpático español algo trastornado o le consideran un camarada digno del mayor respeto.

Santin es un producto patrio fascinante porque las líneas de lo grotesco se difuminan con las de la acción política respetable. Parece una caricatura, pero en junio de 2019 registró con éxito su partido ante el Ministerio del Interior. Es secretario general de un partido político oficial, pero fuera de él no se le conocen militantes activos. Su proyecto parece la extravagancia de un veinteañero iluminado, pero recibe con frecuencia correspondencia de partidos comunistas de las antiguas repúblicas soviéticas, entre las que destaca una carta firmada por su amado Lukashenko en la que le desea "una fuerte salud y energía vital inagotable" y subraya la voluntad de "desarrollar la cooperación y las relaciones amistosas entre los pueblos de Bielorrusia y España".

placeholder Carta remitida a Santin firmada por el presidente Lukashenko.
Carta remitida a Santin firmada por el presidente Lukashenko.

Santin no representa a ninguna institución pública, pero asegura estar intermediando para comercializar tractores bielorrusos MTZ en la provincia de Lleida y traer a España una planta de ensamblaje de electrobuses de ese país. Entre otras, ha visitado varias veces la sede del fabricante de maquinaria pesada BelAZ. No se le conocen más de un puñado de simpatizantes, pero logró que el Ayuntamiento de Amposta fuera la primera entidad española en reconocer la república de Artsaj tras el conflicto bélico de Nagorno Karabaj, una ocurrencia que le valió el agradecimiento expreso de la comunidad armenia. Y así constantemente.

En realidad, Santin es una versión 2.0 de Alejandro Cao de Benós dentro de nuestra farándula comunista extrema. Cao de Benós se hizo célebre años atrás como presidente de la Asociación de Amistad con Corea y representante occidental (más o menos oficial, según a quién se le pregunte) del régimen norcoreano. Curiosamente, Cao de Benós y Albert Santin son de la misma tierra, Tarragona. El primero alcanzó un rol destacado en los años de Kim Jong-il como enlace para llevar turistas a Corea y luego se lucró con ello; el segundo todavía no ha dado ese paso en Bielorrusia y asegura, con cierto desdén hacia su colega, que no tiene ninguna intención de darlo.

placeholder Albert Santin posa con cuadros del régimen bielorruso en Minsk.
Albert Santin posa con cuadros del régimen bielorruso en Minsk.

Proletarios de Cataluña, uníos

Le preguntamos pues a Santin quién es y qué pretende. El joven presidente del PCCC lo tiene claro: quiere implementar el modelo económico de Bielorrusia basado en koljoses en España. O en Cataluña, para ser precisos, pues Santin defiende la república catalana socialista en base al derecho inalienable de autodeterminación de los pueblos.

Ya conocen los koljoses, el sistema de granjas colectivas de propiedad estatal que fueron la base económica de la Unión Soviética. Bielorrusia es el único país que los continúa utilizando como pilar de su economía agraria, junto a un fuerte control del sector industrial. El control, en realidad, es fuerte en todos los ámbitos de la vida bielorrusa, particularmente en el de la libertad de expresión y la actividad política. Y a Santin, que visita el país con frecuencia y que estos días se ha casado allí con una ciudadana bielorrusa, le parece que el koljós y el control estatal conducen a una economía más justa y a una sociedad más plena y feliz.

"Los 'agrocombinados' garantizan que la economía estatal retorne al pueblo en mejoras de los servicios comunales. Financian la sanidad y la educación, permiten que los jóvenes hagan deporte de forma gratuita, que las mujeres tengan tres años de permiso de maternidad o que te puedas jubilar a los 60 años. Estos beneficios solo se consiguen si tienes el control mayoritario de la economía, solo con impuestos es imposible. El objetivo de mi partido es avanzar en ese modelo en Cataluña. El PCCC solo tiene un año de vida, pero ya estamos alcanzando algunos objetivos, generando interés en nuestro proyecto y estrechando lazos con nuestros partidos hermanos a nivel internacional".

Estas certezas las ha extraído de visitar remotos koljoses bielorrusos y fábricas metalúrgicas de la mano de funcionarios locales que, como no podía ser de otro modo, le cuentan las bondades del sistema y lo reciben como a un sujeto de lo más exótico para que dé charlas ante auditorios rurales. No hay otro español, asegura Santin, a quien el régimen de Lukashenko haya dado tanto acceso a sus entrañas. A cambio, el régimen le pide que contribuya a ampliar lazos comerciales con España. No se sabe hasta qué punto los comunistas bielorrusos creen en la capacidad de influencia del camarada Santin.

¿Le molesta que le tomen por un iluminado en redes sociales? "En absoluto", dice el líder del PCCC. "Cuando en un país como España se ha demonizado el comunismo desde la dictadura de Franco, y luego tras la 'perestroika' y caída de la URSS todo que lo que suene a soviético se ha asociado a ruina y miseria, es normal que hoy a los jóvenes españoles les parezca extraño que alguien luche por los valores socialistas. Es el resultado de tantos años de satanización promovida por el sistema capitalista".

placeholder Albert Santin posa junto a soldados del ejército bielorruso. (Twitter)
Albert Santin posa junto a soldados del ejército bielorruso. (Twitter)

Un precoz pionero comunista

Su obsesión con el universo comunista comenzó casi desde la cuna. Albert Santin procede de una familia de agricultores y creció oyendo a su padre defender enérgicamente los postulados marxistas-leninistas. De niño, Santin fue un joven pionero del Partido Comunista del Pueblo de Catalunya (PCPC) que daba discursos prosoviéticos cuando sus compañeros de colegio jugaban con muñecos. Ya algo más mayor, una primera visita a Bielorrusia para participar en el homenaje anual a la fortaleza de Brest, el primer punto de resistencia soviética ante el avance de los nazis en junio de 1941, le hizo interesarse por el país y profundizar hasta el punto de fundar el Partido Comunista de los Comités Catalanes.

Por ahora, la actividad política del PCCC no va mucho más allá de organizar homenajes y condecorar a veteranos de la guerra civil con la medalla de Héroe del Pueblo Catalán. También ha creado el Komsomol, las juventudes del partido, en las que en un reciente vídeo aparecen al menos tres miembros. "Mi única ambición es trabajar por el pueblo de Cataluña, poder serle útil y explorar qué opciones concretas tenemos para mejorar la vida de la gente. Nacimos para tomar el relevo del PSUC, pues la clase trabajadora catalana se había quedado huérfana desde su disolución. Queremos empezar por el municipalismo e ir escalando. Sabemos que será dificil".

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