Así planea EEUU echar a patadas de Wall Street a los gigantes chinos 'fraudulentos'
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Una decisión bipartidista

Así planea EEUU echar a patadas de Wall Street a los gigantes chinos 'fraudulentos'

Si China esperaba un mejor trato por parte de Estados Unidos con una Administración Biden, está a punto de verse seriamente decepcionada

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Foto: Reuters.

Si China esperaba un mejor trato por parte de Estados Unidos con una Administración Biden, está a punto de verse seriamente decepcionada. En estos momentos, Donald Trump tiene sobre su mesa una ley aprobada por el Congreso que amenaza con expulsar a las principales compañías chinas de Wall Street, a la espera de su firma. Y, a diferencia de otra batería de medidas adoptadas por Trump en estos últimos días de su mandato y destinadas a complicarle la vida a su sucesor —como, por ejemplo, todo lo relacionado con Irán—, esta es una iniciativa bipartidista: no solo fue propuesta por un senador republicano y otro demócrata, sino que ambos partidos la apoyaron de forma unánime este miércoles en la Cámara de Representantes.

La nueva regulación establece que las empresas chinas que cotizan en el mercado de valores estadounidense deberán someterse a auditorías o abandonarlo. Esto choca con la propia legislación de Pekín, que exige que los libros de contabilidad permanezcan en China y cierta información se mantenga bajo reserva, lo que pone entre la espada y la pared a gigantes económicos como el grupo Alibaba o China Telecom. La medida afecta a unas 200 empresas chinas por un valor total de mercado de más de 1,4 billones de dólares, según S&P Global Market Intelligence.

Y, ante la perspectiva de tener que dejar Wall Street o perder el gigantesco mercado chino y el favor de su Gobierno—, para muchos la elección está clara.

Foto: Una mujer pasa delante de un grafiti en Irán. (EFE)

“Las políticas de EEUU permiten que China imponga las reglas a las que se ajustan las empresas estadounidenses, y eso es peligroso. Hoy, la Cámara se ha unido al Senado en su rechazo de esta situación tóxica”, declaró este miércoles John Kennedy, senador republicano por Luisiana y uno de los impulsores de la propuesta inicial. Los líderes chinos, por su parte, no están contentos. “Nos oponemos firmemente a la politización de la regulación sobre valores financieros. Esperamos que EEUU pueda proporcionar un entorno justo y no discriminatorio para las empresas extranjeras que invierten y operan en Estados Unidos, en lugar de tratar de imponer barreras”, afirmó el portavoz de Exteriores de China, Hua Chunying.

Sobre el papel, esta medida no está dirigida contra ningún país en concreto, pero nadie ignora cuál es el objetivo. El proyecto de ley fue aprobado el pasado mayo en el Senado, tras un escándalo sobre las irregularidades contables de la empresa china Luckin Coffee, que acabó siendo expulsada del Nasdaq. Los senadores que lo presentaron dejaban claro que su propósito era “echar a patadas a las empresas chinas fraudulentas de la bolsa estadounidense”.

“Muchas empresas chinas han incumplido los estándares estadounidenses a los que se comprometieron cuando sus compañías fueron incluidas [en Wall Street]. El problema es que no se ha reaccionado frente a esos incumplimientos y las malas prácticas han aumentado”, explicaba entonces Michael Farr, presidente de la firma de gestión de inversiones Farr, Miller & Washington, al diario 'Wall Street Journal'. En aquel momento, la oposición de un solo senador de cualquier partido habría bastado para bloquear la propuesta. No hubo ninguna.

Foto: Caricatura de Donald Trump en un restaurante en Guangzhou, China. (Reuters)

El efecto, en todo caso, no será inmediato: desde la entrada en vigor de la ley, las empresas tendrán hasta tres años para cumplir con lo estipulado. Pero algunas empresas chinas, que ya barruntan lo que viene, han empezado a cotizar en otras bolsas como la de Hong Kong a raíz de esta situación.

¿Punto de inflexión?

El impacto de todo esto podría acabar siendo limitado —reguladores estadounidenses preparan otra propuesta para que las auditorías las hagan firmas autorizadas por EEUU, pero con base en terceros países, algo que podría ser aceptable para Pekín— o puede ser uno de los episodios que, en el futuro, serán vistos como puntos de inflexión clave en el proceso de desacoplamiento de las dos principales economías del mundo.

Esto sucede apenas dos semanas después de que el presidente Trump emitiese una orden ejecutiva prohibiendo a los ciudadanos estadounidenses invertir en empresas chinas que sean propiedad o estén controladas por el Ejército chino. A la lista original de 31 compañías, no dejan de añadirse nuevos nombres: este jueves, el Departamento de Defensa incluyó al fabricante de microchips SMIC y al gigante petrolero CNOOC, entre otros. Ese mismo día, el director de Inteligencia Nacional, John Ratcliffe, publicó un editorial en el que criticaba duramente a China y afirmaba que el país “supone la mayor amenaza a Estados Unidos hoy, y la mayor amenaza a la democracia y la libertad a nivel global desde la Segunda Guerra Mundial”.

Foto: Mapa mundi con una mascarilla en Guangzhou, China. (EFE)

El momento, además, es especialmente crítico: según una exclusiva del 'Wall Street Journal', el Departamento de Justicia negocia con los abogados de Meng Wanzhou, la jefa de finanzas e hija del fundador de Huawei detenida en Canadá bajo acusaciones de haber violado el embargo a Irán, la posibilidad de permitir su regreso a China si acepta los cargos. Wanzhou, que siempre se ha declarado inocente, se resiste a aceptar el trato, según el rotativo.

En suma, las tensiones entre China y EEUU se amontonan y no parece que el recambio en la Casa Blanca vaya a cambiar eso. El pasado 17 de noviembre, el Departamento de Estado publicó un documento estratégico titulado 'Los elementos del desafío de China' en el que, al estilo del 'Telegrama largo' en que en 1946 el diplomático George Kennan estableció las líneas para la contención de la Unión Soviética, se planteaba una hoja de ruta para hacer frente al auge de China como superpotencia autoritaria. Entre otras cosas, el plan contempla la creación y el refuerzo de alianzas internacionales, algo más del estilo de un Joe Biden abiertamente partidario del multilateralismo que de un Donald Trump que se ha pasado los últimos cuatro años arremetiendo contra sus socios.

Además, el propio Biden afirmó esta semana en una entrevista con el 'New York Times' que no pensaba darse prisa en eliminar los aranceles del 25% a los productos chinos impuestos por Trump. “No voy a dar pasos inmediatos, y lo mismo se aplica a los aranceles”, indicó, señalando que antes quería llevar a cabo una revisión completa del acuerdo existente con Pekín y consultar con sus aliados tradicionales en Asia y Europa “para poder desarrollar una estrategia coherente”. Pese a las diferencias en estilo y enfoques, tanto demócratas como republicanos tienen claro que China es un rival estratégico al que deben hacer frente en todos los terrenos. Incluso si eso supone poner coto en Wall Street.

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