El extraño juego de Arabia Saudí: cierra filas con Israel contra Irán, pero no lo reconoce
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¿Un nuevo Oriente Medio?

El extraño juego de Arabia Saudí: cierra filas con Israel contra Irán, pero no lo reconoce

El primer ministro israelí se reunió el domingo en el Mar Rojo con Mohamed Ben Salman, el hombre fuerte del reino saudí para examinar cómo luchar contra Teherán

placeholder Foto: El príncipe de Arabia Saudi Mohammed Bin Salman y Benjamin Netanyahu, primer ministro de Israel. (Reuters)
El príncipe de Arabia Saudi Mohammed Bin Salman y Benjamin Netanyahu, primer ministro de Israel. (Reuters)

“Un nuevo Oriente Medio”. Con este titular el diario israelí 'Israel Hayom' echaba el lunes las campanas al vuelo al anunciar la entrevista celebrada horas antes entre el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, y el príncipe heredero saudí, Mohamed ben Salman, más conocido por sus siglas (MBS). La renqueante salud de su padre, el rey Salman, de 84 años, le ha convertido en el hombre fuerte de Arabia Saudí con tan solo 35 años.

Las cuatro horas de diálogo en la ciudad balneario de Neom, al borde del Mar Rojo, marcan desde luego un claro acercamiento entre dos potencias regionales durante largos años enfrentadas por la cuestión palestina, pero no suponen aún una plena normalización de las relaciones. Prueba de ello es que, pese a las evidencias, Riad ha desmentido la reunión.

Si esta normalización se llegara a producir, sería un acontecimiento de una magnitud similar al Tratado de Paz entre Israel y Egipto, en 1979, y el consiguiente establecimiento de relaciones entre ambos países. Arabia Saudí es, por su peso demográfico y su poderío económico, uno de los principales países árabes y su rey es además el Custodio de los santos lugares del Islam, lo que le otorga una gran influencia en el mundo musulmán.

Foto: Un judío ultraortodoxo en Ashdod, Israel. (Reuters)

El mero estrechamiento de lazos entre Israel y Arabia Saudí, sin que se normalicen las relaciones, ya supone un giro geoestratégico en Oriente Próximo. Viejos adversarios cierran ahora filas contra un poderoso enemigo común: Irán. Ambos países perciben al régimen de los ayatolas como una amenaza no solo militar, sino también, en el caso saudí, religiosa. Irán es mayoritariamente chií mientras que Riad intenta colocarse a la vanguardia del mundo suní alegando que La Meca y Medina, las dos ciudades santas, están bajo su dominio.

Poco ha trascendido de lo tratado en Neom, donde también estuvieron presentes Yossi Cohen, el director del Mossad (servicio secreto israelí), y Mike Pompeo, el secretario de Estado norteamericano que está de gira por la región. El vecino iraní ha sido, desde luego, el tema principal de conversación.

Neom no ha sido, muy probablemente, el escenario de la primera cita entre Netanyahou y MBS, pero, a diferencia de las anteriores, esta sí ha sido dada a conocer hasta por miembros del Gobierno israelí, como el ministro de Educación, Yohav Gallant. Riad ha hecho recientemente otros gestos con el Estado hebreo, como permitir que los aviones civiles israelíes crucen su espacio aéreo, algo que prohibía hasta hace poco como lo siguen haciendo otros muchos países árabes.

El principal gesto saudí con Tel Aviv ha consistido, sin embargo, estos últimos meses en alentar a otras monarquías satélites, como Bahrein, o a países amigos, como Emiratos Árabes Unidos y Sudán, a establecer relaciones diplomáticas con Israel siempre con la intención de poner en pie ese frente anti iraní. Ahora MBS presiona para que Omán e incluso Pakistán den pasos en la misma dirección. Qatar, al que Arabia Saudí boicotea desde hace tres años, no se adentrará por la misma senda.

En esta tarea, MBS ha trabajado codo con codo con el presidente Donald Trump. Este es, quizás, el principal legado en política exterior del actual morador de la Casa Blanca. “¿Crees, Bibi, que Sleepy Joe (el apodo que Trump puso a Joe Biden) habría sido capaz de concluir este acuerdo?”, preguntaba Trump ufano a Netanyahou el 23 de octubre cuando anunciaba el acuerdo Israel-Sudán conversando a la vez por teléfono con los primeros ministros de ambos países. “Yo no lo creo”, concluía.

¿Por qué MBS no ha tomado la misma iniciativa diplomática que sus vecinos? Porque teme una reacción de la población saudí en su mayoría muy propalestina. La normalización de relaciones entre Bahrein y Emiratos con Israel no ha supuesto ninguna mejora para los palestinos de Gaza o los que viven bajo ocupación en Cisjordania —la interpretan como una “traición”—, pero tampoco ha suscitado masivas protestas populares en los dos reinos.

Riad recela, sin embargo, de la reacción popular. Por eso el lunes, su ministro de Asuntos Exteriores, el príncipe Faisal bin Farhan al Saud, acabó poniendo un tuit en inglés afirmando: “Esa reunión no se ha celebrado”. Dos días antes, el sábado, había reiterado a la agencia Reuters, durante la cumbre virtual del G20 que presidió Arabia Saudí, la postura tradicional de su país: “Apoyamos desde hace tiempo la normalización con Israel (…), pero algo muy importante debe producirse antes, un acuerdo de paz entre palestinos e israelíes que desemboque en un Estado palestino (…)”.

Foto: Joe Biden. (Reuters)

A lo largo de esos últimos años, en parte a causa de la influencia de Trump, esta postura oficial ha sido matizada por miembros del Gobierno saudí porque la contención de Irán importa ahora mucho más que la solidaridad con la causa palestina. Con Joe Biden en la Casa Blanca se vislumbra, sin embargo, un cambio en la relación con la Administración estadounidense.

Biden arremetió con una dureza inusual contra Arabia Saudí durante su campaña electoral. Prometió que recortaría la venta de armas y señalaría las violaciones de los derechos humanos, empezando por el asesinato del disidente Jamal Khashoggi en octubre de 2018 en Estambul. En una ocasión, en 2019, acusó incluso al príncipe heredero de haber ordenado ese asesinato y anunció entonces que trataría a los saudíes "como los parias que son". Tiene además la intención de reactivar el acuerdo nuclear con Irán que su predecesor denunció en mayo de 2018 aunque ayer mismo el embajador saudí en Naciones Unidas, Abdalá Al-Moullimi, vaticinó que no se atrevería.

Cuando tome posesión como presidente, Biden matizará todos estos pronunciamientos, pero es evidente que no pondrá el mismo empeño que Trump en que las monarquías del Golfo estrechen lazos con Israel ni mantendrá con ellas la misma relación privilegiada que llevó al presidente republicano a prácticamente exculpar a MBS del descuartizamiento del opositor. Quizás por eso el rey Salman tardó nada menos que cuatro días —24 horas más que los principales líderes mundiales— en felicitar a Biden por su elección.

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