Voto negro y clase media: los ladrillos de Biden para la muralla azul del Midwest
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Voto negro y clase media: los ladrillos de Biden para la muralla azul del Midwest

Los últimos días de su campaña Joe Biden viajó en innumerables ocasiones a Pensilvania, que ha demostrado ser el estado más importante, y también a Wisconsin y Michigan

Foto: Voto negro y clase media: los ladrillos de Biden para la muralla azul del Midwest
Voto negro y clase media: los ladrillos de Biden para la muralla azul del Midwest

Joe Biden ha cimentado su victoria retomando el medio oeste estadounidense perdido hace cuatro años ante Donald Trump. Recuperar los Estados del deprimido corazón industrial del país fue su objetivo número uno de campaña, incluso a costa de restar atención a otros lugares clave, como Florida, donde terminó perdiendo. El político demócrata llegó a ignorar el Estado sureño en los últimos días de su campaña. Su estrategia era clara: Pensilvania, Pensilvania y Pensilvania.

Allí pasó los dos días antes de la apertura de urnas, y también la jornada electoral, incluso visitando su antigua casa en Scranton, recogiendo las ovaciones de sus vecinos en un momento en el que los centros de votación seguían abiertos. Sabía Biden que ganar su estado natal, donde las encuestas eran más ajustadas que en Michigan y Wisconsin, era su billete a la Casa Blanca, y no se equivocó.

La victoria del candidato demócrata en esos estados tiene muchas explicaciones, pero algunas destacan por encima de otras. Biden logró movilizar al votante afroamericano desencantado en Michigan, Wisconsin y Pensilvania, donde Trump ganó en 2016 por apenas 77.747 votos en total.

El candidato demócrata no era el preferido de la comunidad negra. Muchos recuerdan las leyes contra el crimen aprobadas en 1994, que son conocidas en EEUU como las Leyes Biden, por el decidido apoyo prestado a su promoción por el entonces congresista demócrata. El endurecimiento del código penal supuso, critican sus detractores -y ha recordado constantemente Donald Trump- el encarcelamiento de miles de afroamericanos, que son desproporcionadamente más propensos a acabar en prisión.

Personas celebrando la victoria de Joe Biden. (Reuters)
Personas celebrando la victoria de Joe Biden. (Reuters)

En una reciente protesta de 'Black Lives Matters' en Nueva York, uno de los portavoces de la marcha dijo que estarían “vigilando” a Biden, porque también tiene un “registro racista” a sus espaldas.

El peligro para la campaña de Biden era que el votante afroamericano, profusamente demócrata, se sintiese poco entusiasmado con su candidatura, y no acudiese a votar. No bastaba el “si tienes un problema para elegir entre Trump o yo, entonces no eres negro”, esgrimido -de forma polémica- por el mismo candidato.

"Si tienes un problema para elegir entre Trump o yo, entonces no eres negro"

La elección de Kamala Harris como candidata a vicepresidenta, las protestas raciales surgidas en primavera, el trabajo de organizaciones de base, el apoyo del expresidente Barack Obama a la campaña, y el profundísimo rechazo de la comunidad negra a Trump movilizó finalmente al votante afroamericano.

La participación se disparó, con respecto a 2016, sin llegar a los niveles de la era Obama, eso sí, tanto el Milwaukee como en Filadelfia y Detroit, tres importantes ciudades conocidas por su amplia comunidad afroamericana, especialmente la capital de Michigan, donde alrededor del 80% de los ciudadanos son de raza negra.

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La candidata demócrata en 2016, Hillary Clinton, había visto hace cuatro años como muchos de los antiguos votantes de Obama se quedaban en casa. Parte de ellos volvieron ahora a las urnas.

Los negros apoyan a Biden

En Detroit, por ejemplo, Obama ganó 596.000 votos en 2012. Clinton bajó a 520.000 apoyos, y Biden ha conseguido expandir el sufragio demócrata hasta los 587.000. El candidato demócrata ha ganado las elecciones en Michigan por 146.000 votos. Esos 67.000 votos extra conseguidos, con respecto a cuatro años antes, en la ciudad más poblada, han sido claves.

Los afroamericanos, de eso no cabe duda, votaron en masa por Biden. Según las encuestas a pie de urna recopiladas por el diario 'The New York Times', el 87% de votantes de raza negra apostó por Biden, y solo un 12% eligió a Trump. La tendencia es incluso más acusada entre las mujeres. El 91% de ellas eligió al candidato demócrata, y solo un 8% al republicano.

Pero no solo el masivo apoyo afroamericano hizo ganador a Trump en Wisconsin, Michigan y Pensilvania. El candidato demócrata fue elegido para conseguir devolver a la bolsa demócrata los votos de los blancos sin diploma universitario y de la clase media trabajadora, y parece que también lo ha conseguido. De nuevo, sin llegar a niveles de Obama, pero ampliando considerablemente el resultado de Clinton, a quien le dieron la espalda en beneficio de Trump.

Uno de los mejores retratos de una ciudad de clase media trabajadora es Scranton, la ciudad donde Biden pasó su infancia hasta que su padre perdió su trabajo. El condado de Lackawanna, donde se ubica la urbe, es tradicionalmente un bastión demócrata. Obama ganó allí en 2012 con 27 puntos de ventaja. Barrió, pero, tan solo cuatro años después, Trump se quedó a apenas tres puntos de teñir el condado de rojo. Había conseguido casi la mitad de los votos de una ciudad de clase obrera.

Biden, en cambio, ha recuperado distancia, aventajando al magnate en ocho puntos en su ciudad natal, que le han servido, junto al amplio resultado de Filadelfia, para ganar el Estado y las elecciones.

Biden consiguió su objetivo

No solo lo ha conseguido en Pensilvania. Los suburbios de Milwaukee, la ciudad más poblada de Wisconsin, son considerados como unos de los más conservadores del país y también allí ha mejorado Biden los resultados de los demócratas, restaurando la ‘muralla azul’ que había cimentado las victorias anteriores de su partido.

Biden fue elegido candidato de su partido, después de malos resultados en las primeras primarias demócratas, porque existió la creencia de que era el candidato que más podía expandir la base de votantes. A tenor del recuento -es el presidente más votado de la historia-, y descontada la clara influencia en los resultados de la animadversión de sus votantes con respecto a Trump, parece probado que el candidato demócrata consiguió su objetivo. Al menos, en los segmentos clave en el medio oeste, porque el voto latino, su talón de Aquiles, empeoró con respecto a Clinton en Florida, y es una de las claves de su derrota en el Estado sureño, donde se habían impuesto todos los candidatos ganadores de los comicios desde 1996.

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