Biden promete sanar a EEUU mientras Trump avisa que luchará hasta el final
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la elección ha terminado, la transición no

Biden promete sanar a EEUU mientras Trump avisa que luchará hasta el final

Después de cuatro años adrenalínicos y repletos de escándalos, muchos esperan que Biden pueda ser esa aburrida anestesia mediática que permita cauterizar la herida política

Foto: Biden promete sanar a EEUU mientras Trump avisa que luchará hasta el final
Biden promete sanar a EEUU mientras Trump avisa que luchará hasta el final

Joe Biden entrará en la Casa Blanca el próximo enero como el 46º presidente de Estados Unidos marcando varios hitos: el más votado —con 75 millones de votos—, el más viejo —con 78 años— y escoltado por la primera mujer vicepresidenta —y afroamericana—, Kamala Harris. Su primera promesa, casi una tradición que se repite cada cuatro años, es la de reconciliar a un país cada vez más atrincherado ideológicamente. No luce sencillo. Lejos de las graciosas concesiones y las transiciones ordenadas, Donald Trump se niega a reconocer el resultado y promete dar la batalla antes de entregar el poder. La elección ha acabado, pero la transición acaba de empezar.

"Ahora la campaña ha acabado. ¿Cuál es el deseo de la gente? ¿Cuál es nuestro mandato?", dijo el presidente electo en un discurso a la nación este sábado por la noche en Wilmington. "Competí como un orgulloso demócrata. Pero ahora seré un presidente estadounidense. Trabajaré tanto por aquellos que no me han votado como por los que sí lo han hecho. Acabemos con esta época de demonización aquí y ahora [...] Ha llegado el momento de sanar América", afirmó Biden con un tono tajante. En este discurso, "sanar" es la palabra clave. El sábado, Biden se adjudicaba el estado clave de Pensilvania y ponía fin a 80 horas de agónico recuento que coronaron una campaña fratricida, marcada por el avance de la pandemia del coronavirus y la agria polarización del país norteamericano.

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Su victoria ha sido mucho más ajustada de lo que pronosticaban las encuestas y ha llegado acompañada de retrocesos de los demócratas en la Cámara de Representantes —donde han sufrido para mantener una exigua mayoría— y un Senado en vilo que limita el alcance de su agenda progresista —desde la sanidad, el plan de transformación ecológica o los paquetes de estímulo para paliar el impacto del coronavirus—. Todo esto dibuja un gran signo de interrogación sobre la figura de Biden, con dos imágenes en colisión: la del candidato senil acostumbrado a las metidas de pata y la del veterano político con 48 años de experiencia capaz de lograr consensos bipartidistas.

Anestesia para la herida

Después de cuatro años adrenalínicos, repletos de escándalos, protestas, complots, investigaciones y hasta un 'impeachment', muchos esperan que Biden pueda ser esa aburrida anestesia mediática que permita cauterizar la herida política. Esa misma herida que Trump está intentando inflamar con sus denuncias de fraude electoral —de las que no ha aportado ninguna prueba— y una batería de procesos legales para revertir el resultado de la elección —que tienen pocas posibilidades de éxito—. "Biden está apresurándose a declararse falsamente como ganador", dijo el mandatario, que estaba jugando golf cuando los medios adjudicaron la elección a su rival. "La elección está lejos de haber acabado", agregó en un duro comunicado.

Donald Trump: "Biden está apresurándose a declararse falsamente como ganador"

Eso no impidió que las felicitaciones internacionales comenzaran a llegar (el canadiense Justin Trudeau, la alemana Angela Merkel, el británico Boris Johnson) y las calles de las grandes ciudades del país, de Washington a Los Ángeles, fueran tomadas con júbilo por el 'antitrumpismo'. "¡Lo hicimos Joe!", sintetizó la emocionada senadora Harris por teléfono a Biden en un video que colgó en sus redes.

Detrás de las imágenes del champán en los balcones, los bailes en las calles y el tronar de los cláxones, están las que las televisiones no enseñan. Millones de republicanos que, desde sus casas, miran con recelo un resultado que su líder se niega a reconocer. Apenas unos grupos de 'trumpistas' se reunieron frente a los capitolios de algunos estados como Michigan, Pensilvania y Arizona entonando la consigna "Detengan el robo" ('stop the steal').

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No está claro si el Partido Republicano seguirá a su líder en su intención de forzar la mano del sistema. La Fox y algunos pesos pesados del partido piden no poner en duda la integridad de las elecciones, base fundamental de la democracia estadounidense. Pero otros, como el senador Lindsey Graham, han instado al Departamento de Justicia a abrir una investigación sobre las supuestas irregularidades denunciadas por Trump, quien parece que se niega a pasar a la historia como el primer presidente en perder la reelección en casi 30 años. "No se permitieron observadores en las salas de escrutinio. Gané las elecciones, tuve 71 millones de votos legales", ha sido la línea de Trump en una serie de tuits que han sido marcados por Twitter como sospechosos.

¿Qué hacer con la herencia?

Trump deja a Biden un país en una situación crítica. En lo inmediato, la pandemia del coronavirus está desatada en gran parte del país, que ya suma más de 236.000 víctimas mortales, y la Casa Blanca lleva meses minimizando la amenaza. Todavía no hay un acuerdo para aprobar el paquete de estímulos que permita reactivar la economía, golpeada por los confinamientos y el 'shock' global. Además, tendrá que decidir sobre una serie de controvertidas políticas republicanas, desde sus agresivas prácticas antimigratorias a la guerra comercial con China, y lidiar con complejos problemas sociales estructurales que están marcando la agenda política —desde las tensiones raciales por la brutalidad policial a los tiroteos en las escuelas y la proliferación de armas—.

En lo inmediato, la pandemia del coronavirus está desatada en gran parte del país, que ya suma más de 236.000 víctimas mortales

Sus promesas de revivir el programa sanitario accesible conocido como Obamacare o su plan para revertir parte del recorte fiscal que Trump otorgó a corporaciones y millonarios podrían encontrar resistencia política, mientras que otros, como reincorporarse a los acuerdos del clima de París o rebajar las tensiones con países como Irán, son más factibles a corto plazo.

Una noche de 72 horas

El triunfo de Biden todavía es difícil de medir. Por el momento, el demócrata suma casi 75 millones de votos por 71 millones para Trump, y reúne 290 votos electorales —por 214 de Trump— con los que se asegura la mayoría necesaria de 270 en el Colegio Electoral. Los resultados son parciales e incluso todavía faltan tres estados por adjudicarse —Georgia, que irá a recuento con Biden al frente por menos de 10.000 votos; Carolina del Norte, inclinado hacia Trump pero todavía en escrutinio, y Alaska, segura para el republicano—. Mientras, los pequeños márgenes en los estados clave de Pensilvania (40.000 votos), en Nevada (25.000) y en Arizona (21.000) son irreversibles, pero muestran lo ajustado de la jornada del 3 noviembre.

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Una noche que comenzó con el pie cambiado para la candidatura demócrata. Durante las primeras horas del escrutinio, el mapa iba tiñéndose de rojo. Cuando se confirmó temprano la victoria del magnate inmobiliario en Florida (29 votos electorales), donde las encuestas apuntaban a una lucha cerrada, se evaporaron de golpe las fantasías de un 'tsunami azul' que barriera a Trump y al 'trumpismo'. En el estado del sol, el voto cubano y venezolano fue clave para inclinar la balanza por los republicanos, incluso en las grandes ciudades como Miami. El exvicepresidente de Barack Obama no estuvo a la altura del maestro. Trump también renovó victoria en Iowa y Ohio, un estado que desde hacía 60 años votaba siempre al candidato ganador.

Joe Biden. (Reuters)
Joe Biden. (Reuters)

Había tensión. Se acercaba la media noche y, con apenas un puñado de estados asignados, Biden se veía obligado a levantar la moral de sus bases ante el liderazgo de Trump en el escrutinio de todas las regiones clave. "Va a tomar un poco de tiempo" —dijo— "pero estamos en camino de ganar estas elecciones". Trump, acostumbrado a ir por delante, se vio obligado a reaccionar. "Estamos ganándolo todo. Es un récord, no ha habido nada igual", aseguró. Cuando en la madrugada Arizona se puso azul, adjudicada tanto por la agencia Associated Press (AP) como por el canal conservador Fox News, los demócratas veían luz al final del túnel. No solo eran 10 votos electorales, sino el primer estado que cambiaba de color y rompía el patrón de la victoria republicana de 2016.

La mayor participación en 120 años (se estima que rondará el 66%) y la avalancha de voto adelantado y por correo debido al coronavirus hacía que el conteo se demorara más de lo previsto. Y en ese voto se escondía la remontada demócrata. Cuando el jueves Biden se hizo con Michigan (16) y Wisconsin (10), restañando los pilares de la 'muralla azul' que había derribado Trump cuatro años antes, el escenario había cambiado. Y también el discurso del presidente. Trump empezó a hablar —sin pruebas— de "fraude masivo", "papeletas ilegales" y "robo de la elección". Amenazó con la Corte Suprema, y su campaña trató infructuosamente de detener los escrutinios —aunque ha presentado demandas en Wisconsin, Michigan, Pensilvania y Georgia, pero también en Nevada y Carolina del Norte—. Dos días más de agónico escrutinio acabaron con la victoria de Biden en Pensilvania, precisamente el estado que todos creían que iba a dirimir la elección.

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Mientras Biden comienza a recorrer los últimos metros hacia la presidencia, Trump tiene los días contados de la suya. Su destino es incierto. A sus 74 años y tras su inesperado auge político, el empresario debe decidir ahora cómo saldrá de la Casa Blanca y si después de ello seguirá en la política o volverá a sus negocios. Por de pronto, en su equipo ya empiezan a dar por hecho que no hay nada que hacer. “Mucha gente sabe que esto ya está acabado. Algunos están tardando más en aceptarlo”, dijo un alto funcionario de la campaña de Trump a Politico. “Hay mucha gente sentada en sus mesas mirando al infinito”.

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