EEUU se asoma al abismo: un resultado muy ajustado que se puede demorar días
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Se estanca el recuento en Pensilvania

EEUU se asoma al abismo: un resultado muy ajustado que se puede demorar días

Estados Unidos se ha despertado este miércoles con uno de los peores escenarios posibles: la descorazonadora realidad de una especie de empate, al menos momentáneo, entre Biden y Trump

Foto: EEUU se asoma al abismo: un resultado muy ajustado que se puede demorar días
EEUU se asoma al abismo: un resultado muy ajustado que se puede demorar días

Estados Unidos se ha despertado este miércoles con uno de los peores escenarios posibles: la descorazonadora realidad de una especie de empate, al menos momentáneo, entre Joe Biden y Donald Trump. El efecto sanador que suelen tener las elecciones generales, en las que la sensación novedosa y de renovación embriaga incluso a los seguidores del candidato perdedor, ha sido reemplazado por una tensión y una fatiga que se pueden extender días o semanas. Donald Trump se ha proclamado ganador sin esperar a completar el recuento, y el destino de EEUU, ahora mismo, pasa por el cinturón de óxido: Michigan, Wisconsin y Pensilvania.

La clave está en el recuento del voto por correo. En este año de pandemia, hasta 64 millones de personas votaron a distancia, más del doble que en 2016. Dado que no todos los estados se encontraban preparados para gestionar tantos millones de cartas, y menos con un servicio postal que ha sufrido recortes en los últimos meses, muchos de estos votos han tardado en llegar a las oficinas electorales.

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Esta ha sido la oportunidad de los republicanos: su ventana para acercarse a la victoria. Como el voto por correo suele ser demócrata en una proporción de dos contra uno, los conservadores han litigado con todas sus fuerzas para evitar que estos votos fueran contados. En Wisconsin, por ejemplo, el Tribunal Supremo aceptó que no se tuvieran en cuenta los votos que llegasen el martes después de las ocho de la tarde. Algo parecido ha sucedido en otros 13 estados, muchos de ellos clave. O los parlamentos republicanos han impedido a las autoridades empezar a contar los votos por correo antes, con tiempo, y han generado un cuello de botella.

La demanda conservadora para prohibir a Pensilvania, considerado el estado más importante, recibir votos después del día 3 fue tumbada por el Tribunal Supremo. Los jueces permitieron al estado seguir recibiendo papeletas hasta el viernes, provocando un ataque de Trump. Los demócratas, por su parte, han tratado de flexibilizar y proteger los métodos de votación. La batalla entre ambos partidos, antes incluso de la cita con las urnas, generó más de 300 demandas en 44 estados.

En resumen: los republicanos suelen votar más en persona, por eso sus papeletas se cuentan antes y por eso, mientras avanza el escrutinio, el mapa se va tiñendo de rojo republicano. Pero luego le tocará el turno al voto por correo, que suele ser de mayoría demócrata, y ahí pueden cambiar las tornas. Por eso no hay que fiarse de los recuentos incompletos. Por eso se habla de 'espejismo rojo'.

A las tres de la mañana, por ejemplo, Pensilvania estaba de color rosa. Con el 74% de las papeletas escrutadas, Trump le sacaba 12 puntos a Biden. Pero aún quedaban por escrutar más de dos millones de papeletas. Eso es lo que puede haber sucedido en otros estados: el recuento sigue siendo incompleto en Michigan, Wisconsin y condados de Georgia, como el que acoge la ciudad demócrata de Atlanta. En el caso de Pensilvania, completar el proceso puede llevar entre uno y tres días. Su bastión progresista, Filadelfia, aún no había sido reflejado en el escrutinio.

Wisconsin también advirtió el lunes de que tardaría tiempo en contar los casi dos millones de papeletas que ha recibido por correo: el doble que hace cuatro años.

El Partido Republicano ha planteado su campaña de invalidación de los votos por correo como una manera de evitar que los demócratas rompan y deformen las reglas del juego. Algo que la izquierda haría, según Trump y sus seguidores, para cometer todo tipo de fraudes electorales. Los demócratas litigan para que se cuenten estos votos, que tienden a ser favorables a su causa.

Lucha legal

La lucha legal continuó durante la jornada. Al mediodía, un juez federal ordenó al servicio postal que buscase papeletas por correo que aún no habían sido entregadas, en diversos estados, para acelerar el recuento, y la campaña del presidente Donald Trump envió una carta a sus seguidores alertando sobre la perfidia demócrata y pidiendo dinero para abogados. Es posible que Trump quiera hacernos confundir un 'espejismo rojo' con la realidad, y tengamos la sensación de que Joe Biden va a ser aplastado por la bota del trumpismo. Puede que así sea. Pero tienen que confirmarlo todas esas papeletas que todavía no se han contado.

Y este solo es el principio. A las palabras de Joe Biden, que aseguró creer que tiene un camino hacia la victoria una vez se cuenten todos los votos, siguieron las de Donald Trump: autoproclamándose reelegido sin honrar el recuento e invocando al Tribunal Supremo (que tiene mayoría conservadora gracias, en parte, a él) para que invalide los votos que se empezasen a contar desde anoche. Su partido tiene además unos 8.500 abogados listos para entablar las batallas más duras.

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Lo que suceda a nivel legal e institucional, sin embargo, no tiene por qué permear los sentimientos en la calle. Los dos bloques políticos están hechos de hormigón. La mayoría de los votantes demócratas y republicanos estaban convencidos de que el otro partido cometería fraude, y en las últimas horas han recibido la carnaza que necesitaban para confirmar sus prejuicios y sus fantasías. Trump lo ha dejado claro: “Nos han robado las elecciones”. Y es poco probable que sus votantes, convencidos de que los demócratas han enredado con las leyes electorales no por la pandemia sino por su interés político, den la espalda al presidente.

Si estos votos sin contar dan ventaja finalmente a Joe Biden, ¿se desdirán Trump y el Partido Republicano y le entregarán los códigos nucleares y una elegante notita presidencial? Y así es como el año encara su recta final, plagado de suspense. En el peor de los escenarios políticos posibles en una noche de elecciones.

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