Manual para entender una noche de locos: todas las claves del 3-N
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Manual para entender una noche de locos: todas las claves del 3-N

Estados Unidos comienza su jornada electoral más incierta en décadas. Te explicamos las claves, escenarios y cuándo esperar el resultado

Foto: Montaje: Irene de Pablo
Montaje: Irene de Pablo

Estados Unidos vive su jornada electoral más incierta en décadas. A las cicatrices del coronavirus y las protestas raciales del verano de la ira se añade un pronóstico preocupante de litigios por el recuento de los votos por correo, denuncias de fraude aireadas por el propio Donald Trump y la amenaza de disturbios de grupos radicales tanto de un lado como de otro que pueden arrastrar al caos la noche de este 3 de noviembre.

Pese a que los últimos sondeos dan al candidato demócrata Joe Biden la victoria, al menos en el voto popular, en Estados Unidos de poco vale hacerse con la mayoría de los votos, como probó en sus carnes la candidata demócrata Hillary Clinton en 2016. Si Trump desafía los sondeos y logra hacerse con los estados y distritos clave, reeditará su presidencia. Para hacerse con la Casa Blanca son necesarios 270 de los 538 votos electorales en juego, que se repartirán a lo largo de la intensa noche electoral en la que están en juego más estados que nunca. Te explicamos las claves de la jornada:

Voto adelantado y por correo

El miedo a las largas colas y aglomeraciones en las sedes de voto en medio de la pandemia de coronavirus, que se ha cobrado ya más de 231.000 fallecidos y 9,38 millones de contagios, ha disparado el voto por correo y el voto adelantado en EEUU. Antes siquiera de que se abrieran los primeros colegios electorales en la costa este, casi 97 millones de estadounidenses ya habían votado (de unos 150 millones de electores), prácticamente doblando los 50 millones que lo hicieron en 2016. La oleada de voto adelantado (que es casi el 71% del total de votos en 2016, cuando se contaron 136,5 millones de papeletas) hablan de una participación masiva. En estados como Texas y Hawai, ambos con unos sondeos muy ajustados, ya han votado más personas de las que votaron en persona en 2016.

A las denuncias de posible fraude en el voto por correo, aireadas por el propio Donald Trump, se une el problema añadido para la noche electoral es que el altísimo porcentaje de voto adelantado distorsiona la calidad de las encuestas a pie de urna, que en elecciones anteriores han servido para adelantar posibles ganadores. Especialmente porque el voto adelantado se ha convertido en una insignia partidista en el contexto de la pandemia de coronavirus: más de la mitad de los demócratas han afirmado que han votado por correo o en voto adelantado, mientras que los republicanos se inclinan mayoritariamente por el voto en persona el mismo 3 de noviembre. Es decir, esas encuestas a pie de urna mostrarían un escenario pro-republicano, mientras que cuando empiecen a contabilizarse los votos por correo o adelantados la imagen puede tornarse más azul.

Las batallas clave

En las elecciones de EEUU, donde ganar más votos no importa si no lo haces en los sitios adecuados, son siempre importantes los conocidos como 'swing states', donde no queda claro si se inclinarán por el candidato demócrata o por el republicano. En 2016, Trump consiguió hacerse con varios estados clave, incluidos algunos del "muro azul" del cinturón del óxido, antiguos bastiones demócratas. Este año, en cambio, la carrera está especialmente abierta en más estados que nunca: más allá de los votos que tienen prácticamente asegurados ambos partidos, están en juego 187 votos electorales (270 hacen la mayoría absoluta) de 11 estados y dos distritos congresionales (Nebraska y Maine).

En estos estados "dudosos" está la clave de las elecciones y son a los que hay que mirar. Ya desde las 20:00 hora local (hacia las 2 de la madrugada) se podrían conocer los resultados de Florida, un jugoso pastel (29 votos electorales) para ambos candidatos. Allí Joe Biden mantiene una ligera ventaja, y si el estado de los cocodrilos se pasara al azul, prácticamente sellaría la derrota de Trump, especialmente si caen también azules Georgia (16 votos electorales) y Carolina del Norte (15 votos electorales), que serán los primeros estados "dudosos" en empezar a publicar sus resultados. Ohio también es clave, aunque quizá por la bola de cristal: desde 1896, el ganador en este estado se ha hecho con la Casa Blanca (excepto en dos ocasiones).

El problema llega con otros estados en juego donde la carrera es especialmente ajustada: Michigan, Wisconsin y Pensilvania. "Sabéis, si ganamos Pensilvania, hemos ganado esto", ha declarado el propio Trump. En estos estados, los votos por correo no empiezan a contarse hasta después de que se cierren los colegios, por lo que se espera que sus resultados definitivos tarden en llegar incluso varios días después del 3-N. Después de todo, en Pensilvania un juez ha ordenado que se deberán también tener en cuenta los votos por correo que lleguen después del 3 de noviembre... siempre que su matasellos demuestre que se enviaron antes.

¿Cuándo se sabrán los resultados (oficiales)?

Quizá habría que cambiar esa mentalidad de "noche electoral" y empezar a hablar de "semana electoral". Especialmente ante la avalancha del voto por correo, los resultados oficiales pueden retrasarse varios días. Apenas un puñado de estados empiezan a contabilizar los votos por correo o los votos adelantados antes de las elecciones, aunque entre esos estados "rápidos" hay uno especialmente clave: Florida. En los estados donde la carrera es más ajustada, como Pensilvania o Misuri, y gracias al sistema 'the winner takes it all', que una diferencia de una papeleta otorga todos los votos electorales del estado al completo (excepto en Nebraska y Maine), el resultado puede retrasarse.

Sin embargo, en general resulta bastante claro quién es el ganador en las primeras horas madrugada del día siguiente. En 2016, Donald Trump anunció su victoria hacia las 03:00 de la madrugada hora local en Nueva York. La última vez que el resultado no estuvo claro en unas pocas horas fue en el 2000, cuando el ajustado recuento en Florida llegó hasta el Tribunal Supremo, que finalmente falló a favor del candidato republicano George W. Bush frente al candidato demócrata Al Gore. Este podría ser uno de los escenarios de 2020.

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K. A. P. A. A. A. M. A. M. R. C. Barragán. Washington D.C B. T. D. P.

¿Qué puede pasar?

¿Y cuando cierren los colegios electorales? Se barajan tres grandes escenarios: una amplia victoria de Biden, como prometen las encuestas, que despeje dudas haciéndose desde primera hora con grandes estados como Florida o Arizona; una victoria más ajustada que termine generando confusión, protestas, lucha entre los candidatos por declararse ganador y que los recuentos más polémicos acaben en los tribunales para dirimir a dónde van los votos electorales; o que Trump desafíe de nuevo todas los sondeos (que se la pintan más complicada que en 2016) y, gracias a una afortunada concatenación de victorias en los sitios clave, revalide su presidencia.

En el primer escenario, si la victoria de Biden es suficientemente amplia, podría saberse incluso antes de la medianoche hora local. En el segundo caso, si los primeros estados se tiñen de rojo gracias al retraso en el conteo del voto adelantado y por correo (más demócrata), Trump podría declarar su victoria antes de que se certifiquen los resultados oficiales (que podrían tardar semanas). Es lo que se denomina "el espejismo rojo". En este caso, la posibilidad de disturbios violentos es un escenario que barajan las autoridades estadounidenses. En varios estados de EEUU, los gobernadores han pedido a la Guardia Nacional que se prepare en caso de protestas, y más de 3.600 tropas han sido ya activadas en prevención, según el diario Military Times. En Washington D.C., la Casa Blanca ha sido tapiada con una valla "no escalable", y muchos negocios han decidido también tomar precauciones similares con tablones de madera para proteger sus escaparates. En una encuesta de septiembre, el 74% de los habitantes de Estados Unidos esperaban ver violencia tras las elecciones. La mitad de estos, “mucha violencia”. Los estados más sensibles a posibles roces o episodios violentos son, según un estudio de ACLED y Militia Watch, Pensilvania, Georgia, Michigan, Wisconsin y Oregón... Precisamente estados donde el ganador se promete más ajustado.

Pero los disturbios de ambos lados del espectro político serían solo el primer paso: después llegaría la oleada de demandas judiciales contra los recuentos y que repetirían multiplicado exponencialmente el escenario de Bush v. Gore en Florida, cuando tuvo que ser la Corte Suprema quien eligiera al ganador de los jugosos votos electorales de Florida. Ganó Bush en un discutido fallo. Este año, además, el Tribunal Supremo está muy escorado hacia los republicanos, especialmente tras la nominación de la jueza Amy Coney Barrett.

Estados Unidos vive su jornada electoral más incierta en décadas. A las cicatrices del coronavirus y las protestas raciales del verano de la ira se añade un pronóstico preocupante de litigios por el recuento de los votos por correo, denuncias de fraude aireadas por el propio Donald Trump y la amenaza de disturbios de grupos radicales tanto de un lado como de otro que pueden arrastrar al caos la noche de este 3 de noviembre.

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