ELECCIONES PRESIDENCIALES DE Estados Unidos

¿Ha perdido Trump la magia de 2016? Las claves de un debate bronco y extraño

Es difícil decir quién ha ganado un debate presidencial que ha sido definido como el más sucio de la historia contemporánea de EEUU. Pero a Trump se le ha visto falto de ideas y sin humor

Foto: Joe Biden y Donald Trump. (Reuters)
Joe Biden y Donald Trump. (Reuters)

“Nadie esperaba un debate entre Lincoln y Douglas, pero ¿tenía que ser un combate de ‘wrestling’?”, ironizaba en su editorial de este miércoles el ‘Wall Street Journal’. “Esto podría ser injusto para los luchadores, que son más presidenciables de lo que han sonado tanto Trump como Biden en su primer debate”. Y continúa: “El debate ha sido un espectáculo de insultos, interrupciones, interminables parloteos cruzados, exageraciones y claras mentiras incluso para los actuales estándares de la política estadounidense. Nuestra hipótesis es que millones de estadounidenses lo quitaron después de 30 minutos, y nosotros habríamos hecho lo mismo si no nos dedicáramos a esto”.

Es difícil decir quién ha ganado un debate presidencial que ha sido definido como el más sucio de la historia moderna de Estados Unidos. Pero más allá de la maraña de insultos, interrupciones y ataques gratuitos, el debate desprende varias lecciones sobre la campaña electoral para las elecciones del próximo 3 de noviembre. Aquí van dos razones por las que Trump ha perdido y una final explicando por qué Biden tampoco lo ha ganado.

1. Falsas expectativas sobre su rival

A Trump se le acaba el tiempo. Quedan cinco semanas y todas las encuestas colocan a Biden en cabeza. Las consecuencias de la pandemia —tanto económicas como sanitarias o sociales— han dejado al actual presidente anclado en un apoyo del 43 o 44% desde primavera, mientras que Biden apenas se ha movido del 50%. Y para darle la vuelta a la tortilla, Trump necesita convertir estas elecciones en un referéndum sobre su rival, como hizo con Hillary Clinton, en vez de en un plebiscito sobre su gestión de la pandemia. Durante meses, la Fox y el mundo Trump han acusado a Biden de rozar la demencia, tener problemas de memoria y tomar drogas, caricaturizándole como un abuelo que no sabe en qué siglo vive.

Sin embargo, la estrategia le ha salido muy mal.

Trump quería atacar, interrumpir y sofocar a Biden para forzarle a equivocarse, lograr un tartamudeo y distraerle. Pero lo hacía de forma tan insistente que no le dejaba hablar ni siquiera para cometer un error. Como recalcaba el editorial del WSJ, “el presidente saltaba de un tema a otro de forma tan frecuente que era difícil saber qué quería decir más allá de que Joe Biden está controlado por la izquierda demócrata”. Incluso cuando el candidato demócrata trastabillaba, Trump le echaba un cable sin querer al interrumpirle de nuevo y permitir a Biden que reformulara la frase.

“He visto peleas por la comida en un campamento de verano mejor organizadas”, dijo Michael Steel, un estratega republicano, al ‘New York Times’ tras el debate. “Pero Trump necesitaba una clara victoria y no la ha conseguido”.

2. Sin mensaje y sin humor

Pese a las estridencias de algunos periodistas y analistas en las redes sobre la tosquedad del enfrentamiento de este martes, el tono ha sido similar al que hubo en el debate de 2016 frente a Hillary Clinton. Por entonces, Trump llegó a sugerir que, cuando fuera presidente, metería en la cárcel a su contrincante.

Pero hay una gran diferencia entre uno y otro que desvela el complicado momento que vive Trump: su campaña carece de mensaje. Hace cuatro años, el magnate lanzaba consignas claras y redondas sobre acabar con la inmigración, repatriar trabajos industriales a EEUU y limpiar Washington DC de las “élites corruptas”. Todo el mundo se acuerda del ‘Make America Great Again’ o el ‘Build the Wall’. ¿Pero ahora? ¿Qué mensaje transmite Trump? ¿Ha perdido la magia que obnubiló a tantos votantes en 2016? La respuesta también la encontramos en sus bromas.

Chris Wallace, el moderador del debate. (Reuters)
Chris Wallace, el moderador del debate. (Reuters)

Como recuerda sagazmente el periodista y satírico Jamie Weinstein, en este debate faltó lo más importante del discurso político de Donald Trump, esa característica que le permite conectar de forma rápida con tantos votantes: el humor. “Una diferencia entre el Trump de 2016 y el que hemos visto esta noche: sus actuaciones eran bruscas a menudo, pero también contenían humor, incluso aunque no fuera de forma intencionada. Esta noche no hubo nada de eso”, escribía Weinstein en Twitter.

3. Biden no ilusiona

Biden, por su parte, tenía la lección aprendida: debía centrarse en los temas económicos y sanitarios y evitar las guerras culturales. Ceñirse al discurso. Al principio, parecía que lo estaba consiguiendo, evitando alguno de sus deslices más frecuentes durante los debates de las primarias Demócratas.

Bronco debate Trump-Biden

Sin embargo, para haberse estado preparando durante semanas, Biden fue incapaz de poner en evidencia al presidente y desvelar una imagen nítida de cómo sería su mandato en la Casa Blanca. Tras el debate, la mayoría de la prensa estadounidense anunciaba que Biden había sido el claro ganador, como si las expectativas de él hubieran sido tan bajas que una actuación decente del candidato Demócrata fuera suficiente para convencer a los votantes indecisos.

Durante el choque dialéctico ha habido pocos momentos a remarcar. Joe Biden estuvo ágil atacando a su rival por la respuesta de la Casa Blanca contra la pandemia, pero también supo rehacerse cuando recibió ataques personales sobre su hijo: “Esto no va sobre mi familia ni sobre la suya”, dijo mirando a la cámara, en vez de a Trump. “Es sobre tú familia. El pueblo estadounidense. Él no quiere hablar de lo que tú necesitas”. Por su parte, uno de los pocos mensajes claros que consiguió introducir Trump fue uno que lo traía aprendido: “En 47 meses, he hecho más que tú en 47 años, Joe”.

La peor noche fue para el moderador Chris Wallace, periodista de la Fox. Acabó desesperado tratando de encauzar a Trump y controlar la discusión. Quizá Wallace, y no los otros dos candidatos presidenciales, es quien mejor ha reflejado el estado anímico de un país tan polarizado que, a falta de cinco semanas para las elecciones, es incapaz de ponerse de acuerdo ni siquiera para el turno de palabra. “Creo que este debate hubiera mejorado si se hubiera hecho a través de Zoom”, escribía Emily Scherer, analista del FiftyThirtyEight. “El moderador de la reunión podría haber silenciado a los participantes”.

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