UNA EXCEPCIÓN OLVIDADA

Sin contagios y sin mascarillas obligatorias: el exitoso retorno a las aulas de Uruguay

Fue el primer país de Latinoamérica en volver a las aulas, y presume de no haber tenido ni un contagio en un colegio. Su retorno no se parece en nada a lo que estamos haciendo en Europa

Foto: Uruguay, el primer país de Latinoamérica que retornó a clases presenciales. (EFE/Raúl Martínez)
Uruguay, el primer país de Latinoamérica que retornó a clases presenciales. (EFE/Raúl Martínez)

En pandemia todo es nuevo, y a la hora de reabrir sus colegios e institutos, España ha tenido pocos ejemplos cercanos a imitar este septiembre. O, mejor dicho, ninguno. En Europa, y con la salvedad del exiguo retorno a finales del curso 2019-20, el pistoletazo de salida ha sonado para todos al mismo tiempo. De ahí que quizá sea útil dirigir la mirada a un país que nunca ha parado su educación y que ha aparecido en los últimos meses como ejemplo de reapertura exitosa en el ámbito internacional, desde la BBC hasta el ‘LA Times’: Uruguay, donde presumen de haber completado un retorno con cero contagios.

La pequeña república latinoamericana nunca ha dejado de impartir clase en mitad de la pandemia por las particularidades de su calendario, que se extiende de marzo hasta diciembre. La pandemia, de hecho, les pilló con el curso recién empezado, como explica a El Confidencial Pablo Caggiani, docente y miembro del Consejo de Educación Inicial y Primaria, dependiente de la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP). “Empezamos el curso el día 2 de marzo y cerramos el 13”, recuerda. No habían pasado ni dos semanas desde el nombramiento del nuevo presidente, el conservador Luis Lacalle Pou.

El 22 de abril, apenas un mes después de su cierre, se abrieron los primeros centros rurales

Un cierre temprano que junto a un “robusto” sistema de salud ha convertido Uruguay una excepción, especialmente si se compara con el vecino Brasil. En el momento de redactar este artículo, cuenta con 1.741 casos confirmados y 45 muertos. Aunque su tamaño es reducido (la población ronda los tres millones y medio), la incidencia de la pandemia ha sido también limitada, con 52 positivos por cada 100.000 habitantes, muy lejos de los 2.044 de Brasil o los 1.183 de Argentina. Como explica Caggiani, “tenemos un sistema de salud bastante fuerte, universal y bien financiado que ha sido clave en la pandemia”.

Sin un ambicioso programa de alimentación de emergencia que sustituyese los comedores y el Plan Ceibal de digitalización, al que volveremos más tarde y que fue esencial para que los niños no perdiesen clase durante el confinamiento, las bases para un retorno temprano no habrían sido posibles. “En el momento en el que comenzamos a abrir, teníamos la experiencia de China o Corea, pero lo que estaba claro es que tener la escuela cerrada afectaba a los 'gurises' en muchos sentidos”, añade el profesor utilizando el término local para nombrar a la infancia.

Paso a paso, sin volver atrás

Así fue como Uruguay se puso en marcha para convertirse a finales de abril en uno de los primeros países en reabrir escuelas. El 22 de abril, apenas un mes después de su cierre, se abrieron los primeros centros rurales. “Decidimos empezar por los lugares con menos población y los niveles más bajos de contagio, así que se reabrieron unas 500 escuelas con menos de 10 alumnos con un protocolo sanitario negociado con autoridades sanitarias, educativas y sindicatos”, recuerda Caggiani.

El protocolo sintetizaba medidas conocidas con otras particulares a su contexto. Por ejemplo, la separación obligatoria de metro o metro y medio ha provocado que el régimen haya sido de semipresencialidad en todo momento. “Menos horas al día, menos días de lo normal”. En aquel momento inicial, tres días a la semana, durante tres horas y media, hasta las cinco de ahora. Además, acudir al colegio era, y ha sido, voluntario, lo que provocó un seguimiento inicial de un 20%.

Las medidas se han cumplido a rajatabla. “El monitoreo para el cumplimiento del protocolo era constante, y en eso las comunidades educativas y los sindicatos han sido clave para garantizar que tuviesen geles o que hubiese ventilación”, añade Caggiani. Al protocolo se le añadían cada 15 días “hisopados”, es decir, test aleatorios PCR, entre los adultos de otras localidades que trabajaban presencialmente en los centros escolares, un factor que en su opinión “ha sido clave para que no haya habido contagios en los colegios”.

Lo cual no quiere decir que no se hayan producido en sus entornos: “Cada vez que hay una situación de covid-19 en una localidad, se articula con el sistema de salud, se hace seguimiento de los contactos, se cierra para hacer una limpieza general y ver la situación. Si la localidad tiene alguna dificultad (se han cerrado departamentos durante un mes, sobre todo fronterizos con Brasil), se mantiene el sistema de alimentación de emergencia”. El mayor éxito, poder presumir de que “las escuelas nunca han sido aquí un foco de contagio”. Siempre se cerraron antes de que eso ocurriese.

"En España, se están quemando rápidamente etapas complicadas, nosotros hemos vuelto a la escuela de manera mucho más gradual"

Así, paulatinamente, se fueron abrieron los colegios en el país a lo largo de mayo y junio, en un proceso por zonas y por niveles educativos, de los más pequeños a los mayores. Después de las regiones rurales, el interior del país. Después del interior del país, el área metropolitana. Y después del área metropolitana, la capital, Montevideo. El mayor reto, por su alta densidad. A pesar de la voluntariedad, el seguimiento también ha sido creciente. De un 20% a finales de abril a porcentajes que rondan un 80 o un 90% hoy.

Abrir un colegio en Montevideo

Juan Pedro Mir es director del Colegio Nacional José Pedro Varela, en el barrio de Cordón. Puro corazón de Montevideo. “Cuando vimos una semana después de empezar las clases que íbamos a cerrar, supimos que íbamos a tener que tomar decisiones”, explica vía Zoom. Primero, a través del aprendizaje ‘online’. Más tarde, cuando se vio que se conseguía aplanar rápidamente la curva, con el retorno a las aulas que les obligaba a repensarlo todo.

“Desde todo el cariño y amor profundo que tengo a España, estoy viendo algunos conceptos erróneos”, explica el director, cuya familia tiene una estrecha vinculación con nuestro país. “Creo que hay una dinámica donde no se están quemando etapas que son complicadas. Lo primero es asumir que este año va a ser totalmente distinto a otros, y eso hay que comunicárselo a las familias. Es necesario acompañarlas, y acompañar a los niños. No hay que empezar a dar clases por empezar a dar clases”.

El colegio Nacional José Pedro Varela, del que Juan Pedro Mir es director. (Foto: CC/Mx. Granger)
El colegio Nacional José Pedro Varela, del que Juan Pedro Mir es director. (Foto: CC/Mx. Granger)

En su centro, que cuenta con alrededor de 550 estudiantes, el mayor reto ha sido el de ganar espacios. A diferencia de España, las ratios no se han calculado respecto a cada nivel educativo, sino que han sido variables, dependiendo del espacio disponible. Eso sí, se ha respetado escrupulosamente la distancia interpersonal de metro y medio. Por eso, Mir parece un poco sorprendido cuando se le recuerda que el margen de las ratios ha aumentado a 20 o incluso 25 en algunos casos. “Yo no puedo meter 25 alumnos en una clase, tendría que recurrir a un gimnasio o un salón de usos múltiples”, responde.

En los colegios uruguayos, no es obligatorio llevar mascarilla (tan solo lo es en el transporte público) y su uso en las aulas está “recomendado”, una decisión tomada por el equipo técnico de Sanidad. Mir recuerda que han intentado dar un poco de manga ancha en los recreos para que los niños jueguen, porque “la pandemia ha sido arrasadora en la soledad de los pequeños”. Respetando, eso sí, los grupos y las distancias. Además, los alumnos pueden almorzar en los colegios con comida que hayan traído de su casa y la entrada se realiza de manera escalonada con todas las puertas del centro abiertas.

"Si hay iglesias vacías, que pasen a ser escuelas. Si hay clubes deportivos vacíos, que pasen a ser salones escolares. Si hay bibliotecas, también"

El gran plan uruguayo para el próximo curso, que comenzará en marzo, es tanto reforzar las plantillas como ganar nuevos espacios. Y eso no es una cuestión educativa, sino social, recuerda el director. “La sociedad uruguaya va a tener que generar nuevos espacios, por ejemplo, clubes sociales, deportivos”, explica. “Si algo sobra en Uruguay, es espacio. Que la empresa educativa sea nacional. Si hay iglesias vacías, que pasen a ser escuelas. Si hay clubes deportivos vacíos, que pasen a ser salones escolares. Si hay bibliotecas, también”. En el José Pedro Varela han corrido a reformar azoteas, gimnasios y otros espacios para que, el día 23, todos los alumnos puedan incorporarse todo el tiempo.

“Nuestra principal lección es gradualidad, el acompañamiento a los niños y las familias y los metros cuadrados que la sociedad está dispuesta a destinar a la educación”, valora el director y profesor. “Sobran carpas, parques, centros deportivos, tenemos que romper el modelo de que la escuela es un edificio. Hay escuela donde hay un maestro dispuesto a enseñar, donde hay una comunidad dispuesta a acompañar ese proceso y donde hay niños que aman el conocimiento y quieren encontrarse con sus compañeros. Y sin los maestros, nada de esto sería posible. En pandemia, puedes ahorrar en otras cosas, pero no puedes ahorrar en Educación y en Sanidad”.

La gran clave: el Plan Ceibal

Todo esto no habría sido posible sin el conocido como Plan Ceibal, el Plan de Conectividad Educativa de Informática Básica para el Aprendizaje en Línea creado en 2007 durante la primera legislatura del progresista Tabaré Vázquez. Aunque el punto de partida fue “un portátil para cada niño”, el programa iba mucho más allá, como siempre recuerda Leandro Folgar, presidente de Ceibal, hasta convertirse en la gran arma secreta durante el confinamiento.

Plan Ceibal de inglés en la Escuela 344 de Montevideo, en 2018. (Foto: Matilde Campodonico)
Plan Ceibal de inglés en la Escuela 344 de Montevideo, en 2018. (Foto: Matilde Campodonico)

“El país cuenta con una cobertura de equipos y una red de conectividad que permitieron adaptar el trabajo escolar a distancia una vez suspendidas las clases por la pandemia”, explica la fundación. “El 100% de los estudiantes de Primaria y Educación Media pública cuentan con su dispositivo y el país tiene muy buena penetración tanto de dispositivos como de conectividad”. Además, la plataforma CREA se estableció en cuestión de días como el principal canal de trabajo remoto entre docentes, familiares y familias, que impidió que, al contrario de lo que ocurrió en otros países del entorno, los niños de las clases más desfavorecidas fuesen expulsados.

Las cifras son contundentes. Si antes de la pandemia 90.000 estudiantes utilizaban la plataforma, el número ha aumentado hasta 730.000 de los 800.000 estudiantes posibles. El crecimiento en las actividades y tareas ha sido de un 2.400%. “El retorno a las aulas en Uruguay se dio bajo una perspectiva de priorización social”, recuerdan. “Nos preocupaba que, aun teniendo altísimos niveles de conectividad y cobertura de plataformas comparados con la región, hubiese estudiantes que no se beneficiasen de los medios disponibles de la misma manera. Por eso se comenzó la apertura por centros rurales, continuando con otros centros que necesitaban volver cuanto antes para sostener el vínculo con los aprendizajes”.

"Aunque hemos llegado al 90% en presencialidad, en el quintil más vulnerable de la población los niños acuden un 15% menos"

Una vez más, inciden en la “muy buena gestión de la crisis sanitaria del Gobierno, escuchando a los científicos especialistas y con un acatamiento por parte de la población uruguaya muy alto a las medidas propuestas”. El sistema semipresencial facilitado por el plan Ceibal ha permitido que el retorno al colegio no sea un todo o nada, sino un baile de progresivas aperturas que no se detendrá hasta el final de este curso. Aunque no quieren cantar victoria, y recuerdan que “no hay que confundir una buena reacción a la emergencia sanitaria con un sistema educativo ideal”, Uruguay es uno de los países con un curso 2020 más plácido.

No todo Montevideo es orégano

Basta con echar un vistazo a la prensa regional para comprobar que, como siempre, no todo es tan sencillo. Durante las últimas semanas, las manifestaciones de profesores se han sucedido para reclamar un mayor esfuerzo presupuestario. El Gobierno conservador de Lacalle Pou no tiene previsto aumentar la inversión educativa, lo que hace temer a los docentes que pueda perjudicar la continuidad de los aprendizajes en dos o tres años. “Es esperable que los indicadores de cobertura y asistencia, pero también de aprendizaje, desciendan”, lamenta Caggiani. “No tenemos clara la magnitud, pero a medida no haya medidas públicas que apoyen a los que peor lo pasaron, la brecha se va a ampliar”.

Aunque las mascarillas son opcionales, muchos niños las llevan. (EFE/Raúl Martínez)
Aunque las mascarillas son opcionales, muchos niños las llevan. (EFE/Raúl Martínez)

Otra cuestión crítica es la voluntariedad, que parece haber funcionado bien en un primer momento pero que puede ser perjudicial en el largo plazo. Muchos docentes llevan meses solicitando que acudir a la escuela sea obligatorio, con la excepción de grupos de riesgo. “Aunque hemos llegado al 90% en presencialidad, si observas los datos más detalladamente, en el quintil más vulnerable van un 15% menos”, recuerda el profesor. Aunque Uruguay tiene una cobertura escolar de un 99,5%, el peligro de una hipotética permisividad hacia el absentismo se encuentra entre los miedos de la comunidad educativa.

También, los límites del modelo híbrido. “Aquella discusión de que se podía hacer todo a distancia es un disparate”, recuerda Caggiani. “Incluso en un lugar como Uruguay, que está muy conectado, la educación a distancia ha mostrado sus límites”. Como añade Mir, “la escuela es un tiempo y espacio dedicado al encuentro cara a cara, y el remoto nunca sustituye al presencial”. El director tiene un último mensaje para los profesores españoles: “Los niños necesitan buenos maestros, que sean cuidadosos, que los acompañen, que trabajemos en conjunción con las comunidades y las familias, que enseñemos. Si valía la pena ser maestro hace 20 años, ahora más que nunca”.

Un último consejo: no lo intenten en sus países si no se cumplen las mismas condiciones. La incidencia acumulada de Uruguay es de 52 casos por cada 100.000 habitantes. En España, de 1.132. Una diferencia más amplia que el océano Atlántico que nos separa.

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