Crimen y luchas de poder en Brasil: roba el novio a su hija y lo matan juntas
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LA COMUNIDAD EVANGÉLICA, DIVIDIDA

Crimen y luchas de poder en Brasil: roba el novio a su hija y lo matan juntas

Flordelis, una misionaria evangélica de 59 años que en 2018 fue elegida diputada federal, habría urdido una trama compleja para matar a su esposo con la ayuda de sus hijos adoptivos y biológicos

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Crimen y luchas de poder en Brasil: roba el novio a su hija y lo matan juntas

“Madre adoptiva de 55 niños mata a su marido, que anteriormente fue su hijo y su yerno”. “Roba el novio a su hija y 15 años después le matan juntas”. Pastora y cantante evangélica ordena la muerte de su marido con la ayuda de sus hijos”. No hay titular que consiga resumir el caso Flordelis, un suceso sangriento y enrevesado que ha intrigado durante más de un año a los 210 millones de brasileños. Una vez más, la realidad brasileña supera toda ficción y parece el fruto de la férvida imaginación de un equipo de guionistas delirantes.

Flordelis dos Santos de Souza es una misionaria evangélica de 59 años que en 2018 fue elegida diputada federal, consiguiendo un récord sin precedentes: fue la candidata más votada en Río de Janeiro. Casada con el también pastor Anderson do Carmo, asesinado el año pasado, Flordelis se convirtió en un fenómeno mediático en la década de 1990 tras adoptar en aquel entonces a más de 30 niños. Hoy su familia reúne a 55 miembros.

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Pero su vida, consagrada en una película, dio un vuelco a finales del pasado mes de agosto, cuando fue imputada como organizadora del asesinato de su marido. Anderson fue ejecutado en junio de 2019 con más de 30 tiros en la puerta de su casa, en las afueras de Río. Ni el llanto compulsivo de Flordelis durante el entierro, ni las declaraciones ofrecidas a la Policía y a los canales de televisión, en las que habló de un asalto, convencieron a los investigadores. Hoy la acusan de homicidio, asociación criminosa, falsedad ideológica, uso de documento falso e intento de homicidio, ya que habría intentado envenenar a su marido en varias ocasiones.

Flordelis, que predicaba contra el aborto y la homosexualidad y defendía la familia tradicional, habría urdido una trama compleja para matar a su esposo con la ayuda de sus hijos adoptivos y biológicos con el fin de recuperar el control de las finanzas familiares. Este crimen imperfecto ha dejado boquiabiertos tanto a los policías como a los jueces responsables de la investigación. Los detalles no tienen desperdicio.

Una historia de película

La prensa a las puertas de la comisaría tras el asesinato de Anderson en 2019. (EFE)
La prensa a las puertas de la comisaría tras el asesinato de Anderson en 2019. (EFE)

En 1991, Anderson era un adolescente de 14 años cuando fue adoptado por Flordelis, que en aquel entonces tenía 30 años y acababa de separarse de su marido, con el que tenía tres hijos biológicos. Ambos crecieron en la favela de Jacarezinho, un lugar marcado por la pobreza y la violencia. Inicialmente Anderson mantuvo una relación con Simone, la hija de Flordelis, hoy en la cárcel por el asesinato de su exnovio, hermano adoptivo y posteriormente padrastro.

Cuando la peculiar familia de Flordelis empezó a crecer, con la llegada de 37 niños, Anderson se convirtió en el administrador de la casa. Desde el principio supo aprovechar el carisma de su madre adoptiva para recaudar las donaciones necesarias para financiar los costes de un día a día cada vez más ajetreado. El futuro pastor grababa a Flordelis durante los servicios religiosos y después vendía los DVDs a los feligreses, demostrando iniciativa y espíritu empresarial.

En 1998 los dos pastores oficializaron su casamiento y un año después fundaron su primera iglesia. Durante una década, Anderson trabajó intensamente para convertir a Flordelis en un personaje público. En 2009, la popularidad de su esposa fue consolidada gracias a un documental que contó con la participación de varios actores famosos. Todos ellos renunciaron a cobrar y donaron su caché para ayudar a montar una casa para la familia de esta viuda negra. Recientemente, el director del largometraje, Anderson Corrêa, se confesó arrepentido de haber contribuido a crear una ilusión.

Al mismo tiempo, Anderson consiguió el contacto del dueño de una empresa musical especializada en el género gospel con el objetivo de lanzar a Flordelis hacia una nueva carrera como cantante evangélica, un sector que en Brasil mueve unos 385 millones de dólares por año. Poco a poco, Anderson construyó un imperio económico basado en la imagen de su madre adoptiva y compañera de vida, al mismo tiempo que se hacía con el control de todos los ingresos generados.

Tras convertir a Flordelis en un personaje cinematográfico, Anderson forjó su carrera política. Gracias a su mediación, su mujer incluso fue recibida por la primera dama Michele Bolsonaro y por el presidente del Tribunal Supremo, Dias Toffoli.

La policía cree que Flordelis resolvió deshacerse de su esposo, simulando un atraco a mano armada, ya que una separación habría dañado su imagen de mujer de familia. La investigación revela una vida muy diferente de la fachada de perfección mostrada delante de las cámaras y de los fieles. Flordelis y su marido eran asiduos frecuentadores de una casa de swing, según el relato de una feligresa. Incluso llegaron a alquilar un cuarto privado en el club para practicar el intercambio de parejas. De hecho, el sexo era una constante en las relaciones de esta familia.

Uno de los hijos adoptivos de la pareja confesó a la Policía que su madre le visitaba en su cuarto para mantener relaciones sexuales con él

Uno de los hijos adoptivos de la pareja confesó a la Policía que su madre le visitaba en su cuarto para mantener relaciones sexuales con él. Además, un hombre que vivió durante un tiempo en la casa de Floredelis asegura que fue obligado a realizar un “ritual de purificación”. Aislado en un cuarto durante siete días, podía usar solo ropa blanca y alimentarse de arroz y verduras. También participó en ritos secretos, que incluían el sexo con su mentora o escribir salmos de la Biblia con sangre.

El crimen involucró a varios miembros de la familia. Primero intentaron envenenar a Anderson, que acabó más de una vez en Urgencias con vómito y diarrea. Según la investigación, la hija de Flordelis y ex novia de Anderson, Simone, llegó a buscar en Internet información sobre veneno y sobre sicarios colocando en Google la frase “asesino donde encontrar”. Lucas, otro hijo biológico de Flordelis, compró el arma con el que fue ejecutado el pastor.

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El resultado es que el 24 de agosto, cinco hijos de Flordelis y una nieta fueron arrestados como ejecutores del crimen ideado por la propia diputada, que de momento está protegida por la inmunidad parlamentaria. Otros dos hijos ya estaban en la cárcel. “Actualmente tenemos a 11 personas que responden criminalmente. Teniendo en cuenta que la familia está formada 55 personas, el 20% de la familia está envuelta en este crimen”, señala el comisario Antônio Ricardo.

Curiosamente, una parte de la sociedad brasileña está usando el caso Flordelis para atacar a la comunidad evangélica, que representa el 31% de la población brasileña. En total, son cerca de 65 millones de personas, que en 2018 jugaron un papel esencial para asegurar la victoria del presidente Jair Bolsonaro. Además, la llamada ‘bancada evangélica’ del Parlamento brasileño salió reforzada en las últimas elecciones, alcanzando casi un centenar de diputados.

“Flordelis sí representa a la iglesia evangélica. Fue elegida democráticamente por el voto de los evangélicos. Predicó contra la homosexualidad. Es una eximia representante de la Teología de la Prosperidad. Arrastró a multitudes en sus cultos con cantantes gospel conocidos en todo el país”, reza un texto que se ha viralizado en las redes sociales. “La iglesia evangélica brasileña precisa, URGENTEMENTE (sic), revisar sus apoyos, sus dogmas, sus ‘verdades’, sus prejuicios y toda su colaboración con el atraso de este país”, agrega el autor del texto.

Esta visión es rechazada tanto por pastores tradicionales y progresistas, como por estudiosos de estas iglesias. “Flordelis no representa a toda la comunidad evangélica. Ella se presenta como evangélica, pero ha cometido una serie de pecados que no encajan con la moral evangélica”, señala David Fleischer, profesor emérito de Ciencias Políticas de la Universidad de Brasilia, a El Confidencial. “Si ella no está todavía en la cárcel es porque tiene inmunidad parlamentaria, algo que puede cambiar en las próximas semanas, ya que la Cámara de los Diputados se está planteando expulsarla de su cargo. Entonces podrá ser juzgada y condenada como una ciudadana común”, añade. Para este catedrático, es improbable que este suceso salpique a las iglesias evangélicas, al igual que los crímenes cometidos por curas católicos no afectan a la iglesia como institución.

Los evangélicos han sido transformados en los responsables de todos los problemas que vive el país y eso es un error histórico

Edvaldo Nascimento, pastor de la Nova Igreja, recuerda que Flordelis tuvo una cierta representación al principio por causa de la gran cantidad de niños adoptados, pero subraya que se alejó del pensamiento y de los principios cristianos al perpetrar el crimen. “Planificar la muerte de una persona es inaceptable para cualquier evangélico. Yo veo una cierta intolerancia religiosa entre las personas que afirman que los evangélicos comparten este pensamiento, que estos serían los valores defendidos en las iglesias evangélicas. Es absurdo”, asegura este religioso.

El concepto de “intolerancia religiosa” suele ser usado en Brasil en relación a los ataques cada vez más frecuentes contra los lugares de culto de las religiones afrodescendientes. Para Fleischer, esta definición no puede aplicarse a los evangélicos, que han conseguido una amplia representación en la sociedad y en las instituciones políticas. Incluso el alcalde de Río de Janeiro, Marcello Crivella, es cantante y pastor evangélico.

Sin embargo, algunos pastores del llamado frente progresista también critican la criminalización de este sector religioso a raíz del caso Flordelis. “Los evangélicos han sido transformados en los responsables de todos los problemas que vive el país y eso es un error histórico, porque el conservadurismo siempre marcó la sociedad brasileña, incluso antes de que Brasil experimentara el espectacular crecimiento de los evangélicos”, afirma la pastora progresista y feminista Nilza Valéria Zacarias, fundadora del Frente de los Evangélicos por el Estado de Derecho.

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De hecho, Brasil sigue siendo un país profundamente religioso y cuenta con el mayor número de católicos del mundo, un dato que podría cambiar en las próximas dos décadas por el avance imparable de los evangélicos. “Una parte de la izquierda y de los progresistas, dentro de los que me incluyo, quieren simplificar lo que acontece en el país, colocando siempre la culpa en el segmento evangélico. Atacar una religiosidad porque comienza a ser un exponente dentro de la sociedad es injusto e históricamente deshonesto”, señala Zacarias. Al mismo tiempo, recuerda que los evangélicos no están sobrerepresentados, ya que equivalen al 30% del electorado, pero solo poseen un quinto de los escaños del Congreso.

Otras voces progresistas hacen hincapié en la necesidad de no generalizar cuando se habla de los evangélicos brasileños. Es el caso del pastor progresista Henrique Vieira, quien destaca la diversidad de este universo, que incluye por ejemplo el Movimiento Negro Evangélico o el Frente Evangélico por la legalización del aborto. “Llamar a todos los evangélicos de ultraconservadores, fascistas o bolsonaristas no tiene en cuenta la diversidad y la complexidad del sector evangélico, y no ayuda a dialogar con los sectores más populares, especialmente los trabajadores y los habitantes de las favelas”, señala.

Aun así, Vieira cree que la pastora que asesinó a su marido sí representa “un extremismo evangélico inconsecuente, ultraconservador, peligroso y violento, que apoya el avance autoritario en Brasil, y que tiene una relación complexa con el dinero y el poder político”. Este pastor denuncia la existencia de un “emprendedurismo económico y religioso que aspira al enriquecimiento y a una relación con los políticos” al mismo tiempo que cita “un coronelismo religioso basado en grupos y familias que controlan las iglesias y que hacen políticas en busca de poder, perjudicando a los fieles”.

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