VARIOS FRENTES ABIERTOS PARA BORIS

"Es uno de los mayores errores de la historia": Boris desenchufa las ayudas de los ERTE

Desde el inicio de la crisis, la popularidad del primer ministro no ha hecho otra cosa que descender por su gestión. Y este último movimiento puede ser un clavo más en su ataúd

Foto: Foto: Reuters
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Nadie puede prever con certeza lo rápido o lento que podrá recuperarse la economía del Reino Unido tras el golpe atestado por la pandemia. El propio gobernador del Banco de Inglaterra, Andrew Bailey, destacaba en el último Informe del Comité de Política Monetaria que no hay forma de saberlo, ya que todo dependerá de la progresión del covid-19 (que ya ha causado cerca de 47.000 muertes en el país), la reacción política y los cambios de comportamiento que el confinamiento ha dejado en la sociedad.

Los escenarios más optimistas apuntan a una recuperación casi por completo a finales de este mismo año. Por su parte, los más pesimistas señalan que la actual recuperación en forma de V se desvanecerá cual espejismo en los próximos meses y el PIB permanecerá considerablemente por debajo de los niveles prepandémicos durante al menos los próximos tres años. En este sentido, el Gobierno de Boris Johnson se ha convertido en objetivo de todo tipo de críticas, ya que, ante la actual incertidumbre, el Reino Unido es el único país del G7 que va a desactivar el programa de ayuda a desempleo.

Economistas de la talla del premio Nobel Chris Pissarides advierten que se trata de “uno de los mayores errores políticos en la historia británica moderna”. No son pocos los expertos que lo están comparando incluso con el fiasco de Winston Churchill cuando en 1925 aprobó la Ley del Patrón de Oro para fijar la paridad de la moneda (3 libras y 17 chelines la onza de oro). El economista John Maynard Keynes fue entonces una de las pocas voces discordantes. Con los años, Churchill acabó reconociendo que se trató de “la gran equivocación” de su carrera política.

Puede que en el futuro a Boris Johnson le acabe pasando lo mismo. Desde el inicio de la crisis del coronavirus, la popularidad del primer ministro no ha hecho otra cosa que descender por su gestión de la pandemia. Si bien se trata del mayor reto del último siglo para los gobiernos a ambos lados del Atlántico, en el caso del Reino Unido las consecuencias económicas podrían agravarse aún más porque el 31 de diciembre el país sale también a efectos prácticos de la UE, lo que, entre otros, le deja fuera fondo histórico de 750.000 millones de euros alcanzado en la última cumbre europea para reactivar la economía.

Por otra parte, no hay avances en las negociaciones con Bruselas para cerrar un acuerdo comercial en los escasos cuatro meses que quedan de margen. Esto, a partir de enero, podría dejar al Reino Unido relacionándose con el bloque únicamente bajo las normas de la Organización Mundial del Comercio situación que, a corto plazo, tampoco facilita las cosas al Tesoro.

Alemania, Francia y Canadá planean extender los paquetes de ayuda al empleo hasta el próximo año a través de diversos medios. Italia anunció la semana pasada que también extenderá su programa hasta diciembre, a pesar de un índice de endeudamiento cercano al 160% del PIB. Japón y Estados Unidos también van alineándose en esta postura.

El paro se puede disparar

Y, sin embargo, el Chancellor, Rishi Sunak, pondrá fin definitivamente al llamado “Jobs Retention Scheme” (Programa de Retención de Empleos) en octubre. Mediante este mecanismo -muy similar al de los ERTE que se han aplicado en España- el Gobierno está garantizando el 80% del salario (hasta un límite de 2.850 euros) de los trabajadores de empresas afectadas por el coronavirus. Desde que se anunciara el pasado mes de marzo, se han acogido 9.5 millones de personas, con un coste al Tesoro de 31.700 millones de libras. Hasta la fecha, solo la mitad de los trabajadores han regresado a su puesto de trabajo.

El reputado Think Tank económico, National Institute of Economic and Social Research, vaticina que, sin el programa de ayuda, la tasa de desempleo podría subir del 3,9% actual al 10% este año. Por su parte, el Banco de Inglaterra pronostica que el desempleo alcanzará un máximo del 7,5% a finales de este año. Lo que significa que un millón de personas perderán su trabajo en Navidad, elevando la tasa de desempleo a 2,5 millones.

"Mientras que Alemania o Francia extienden las medidas de apoyo hasta el próximo año, el Tesoro nos ofrece el plan 'Eat Out to Help Out"

La institución ha decidido mantener los tipos de interés en el mínimo histórico del 0,1%, después de pronosticar una caída del 9,5% para la economía del Reino Unido en 2020, que supondría el mayor desplome del PIB en un siglo, pero que supone una sensible revisión al alza respecto de la anterior previsión de un retroceso del 14%.

“Mientras que Alemania, Francia y Australia, entre otros, están extendiendo las medidas de apoyo hasta el próximo año, el Tesoro nos ofrece el plan “Eat Out to Help Out” [con el que paga la mitad de la cuenta hasta las 10 libras en los restaurantes durante agosto], una mezcla de frivolidad macroeconómica y ajustes burocráticos que chocan en cualquier caso con el mensaje paralelo sobre el control de virus”, matizaba Ambrose Evans-Pritchard, editor económico del 'The Telegraph', biblia para los 'tories'.

La mella que está dejando la pandemia en la figura del inquilino de Downing Street es considerable. Pese a que los Conservadores sacan seis puntos de ventaja a los Laboristas (42% frente al 36%) en la última encuesta de YouGov, por primera vez, el líder de la oposición laborista, Keir Starmer, supera a Johnson cuando se pregunta a los británicos quién creen que sería el mejor primer ministro (34% frente al 32%).

Starmer tomó las riendas del laborismo en pleno confinamiento, tras las primarias celebradas en la formación después de los catastróficos resultados cosechados en las elecciones del pasado mes de diciembre. Jeremy Corbyn nunca supuso una amenaza en las urnas para Johnson. Sin embargo, frente a las dificultades mostradas por las oposiciones en países como España o Italia para capitalizar la crisis, con su tono sosegado y sus preguntas al más puro estilo fiscal, Starmer sí ha logrado adquirir su “momentum”, pese a que las próximas elecciones no están previstas hasta 2024.

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