El coronavirus toma Sudáfrica por asalto: la pandemia en el país de las pandemias
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Sudáfrica es el quinto país con más casos

El coronavirus toma Sudáfrica por asalto: la pandemia en el país de las pandemias

Sudáfrica, el quinto país ya con más contagios, lucha por detener el virus entre su fuerte desigualdad social y su experiencia en la lucha contra el Sida y tuberculosis

Foto: Una cola para recibir comida en un barrio chabolista en Pretoria, Sudáfrica. (Reuters)
Una cola para recibir comida en un barrio chabolista en Pretoria, Sudáfrica. (Reuters)
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“El Gobierno impuso rápido, el 23 de marzo, una cuarentena severa que duró ocho semanas para poder preparar el sistema de salud. Luego, por cuestiones económicas y sociales hubo que abrir cuando había aún elevados contagios. Para buena parte de la población era una enfermedad de ricos que podían viajar. Eran ellos los que portaban el virus. A veces en las barriadas veían coches con blancos y gritaban '¡coronavirus!'. La gente está asustada, pero también están acostumbrados a tratarse y hacerse pruebas. El aprendizaje del sida ha sido importante”, explica la doctora Laura Triviño-Durán, coordinadora de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Sudáfrica a El Confidencial. Una idea parecida, de enfermedad ajena, contamos en este medio que tenían los inmigrantes africanos que vivían en Europa a inicios de abril.

Las medidas preventivas tomadas por el Gobierno de Pretoria, en todo caso, no han sido suficientes y el coronavirus se le ha echado encima a uno de los países más desiguales y complicados de gestionar, donde las pandemias, por desgracia, se volvieron costumbre. Sudáfrica es ya el quinto país con más contagios del planeta. El gran norte de los países del sur y el gran sur de los países del norte.

Su riqueza y desarrollo es incomparable con la de todos los países de su entorno físico, y su miseria, hacinamiento e injusticia social lo son también con los países desarrollados con los que querría medirse por PIB e infraestructuras. Las carreteras que rodean Johannesburgo, por ejemplo, las tienen pocos ciudades de países avanzados, pero las barriadas rebosantes de pobreza y violencia las tienen también pocas ciudades de los países “pobres”. Sin entender ese enrevesado panorama social es imposible entender cómo el covid puede afectar en el rincón más singular del África subsahariana.

Foto: Un trabajador desinfecta los alrededores de una residencia en Sudáfrica. (Reuters)

Estallan los contagios en zonas marginales

Según la página del Ministerio de Salud de Sudáfrica, a fecha 2 de agosto, en el país ha habido oficialmente 511.485 contagiados y 8.366 fallecidos. La pandemia se extiende por el país y está alcanzando zonas marginales, lo que ha generado alarmas y ha echado atrás medidas como la reapertura de escuelas. “La epidemia empezó en la región de Western Cape (Ciudad del Cabo), pero allí ya se ha pasado el pico. Las predicciones no se han cumplido y los hospitales de la región no se colapsaron nunca. El hospital que en MSF hemos levantado en Khayelitsha (la mayor barriada de los alrededores de la esplendorosa Ciudad del Cabo) para tratar a enfermos de covid-19 con capacidad para 60 personas lo vamos a cerrar y trasladar en unos días a la región de Eastern Cape. En el pico máximo, tuvimos una ocupación que llegó al 80%”, explica la doctora Triviño-Durán.

En esas muchas partes en que se puede dividir Sudáfrica, Eastern Cape, cuya principal ciudad es Port Elizabeth, es una de las zonas poco desarrolladas y débiles en las que genera mucha preocupación enfrentar una pandemia. MSF se mueve allí, a un lugar donde la enfermedad ya ha llegado y no hay casi medios para atajarla. La BBC ha realizado un reciente reportaje sobre algunos hospitales de esta región que titula así: “Coronavirus en Sudáfrica. Dentro de los hospitales de los horrores de Porth Elizabeth”. En el reportaje hay testimonios de cadáveres de madres y niños apilados en maternidades, ratas entre charcos de sangre y altos índices de contagios entre el personal sanitario que trabaja en ocasiones sin protección. “Las enfermeras deben limpiar suelos o cocinar porque no hay personal de esas áreas” o “hemos sido durante años explotados y ahora nos están pidiendo hacer un trabajo que puede matarnos”, son algunos de los testimonios que recoge la amplia crónica.

placeholder Un funeral en Johannesburgo (Sudáfrica). (EFE)
Un funeral en Johannesburgo (Sudáfrica). (EFE)

“Eastern Cape es una zona muy vulnerable donde hay ahora muchos contagios. También en Gauteng (Johannesburgo) se han preparado mal los hospitales y está habiendo serios problemas. Los focos son en las township (barriadas) donde hay una imposibilidad de seguir las normas. Falta agua, se comparten letrinas, la gente vive hacinada. No es que la población no haya sido responsable, es que faltan medios en ocasiones”, señala la coordinadora de MSF. ¿Hay mascarillas? “Ha habido muchísimas mascarillas de tela que han hecho los ciudadanos. Faltan las quirúrgicas”, contesta Treviño-Durán.

La coordinadora rinde además un enorme tributo al equipo médico que ha liderado y que ha trabajado en condiciones difíciles para salvar a los otros. “Siento mucho orgullo de ver lo que los equipos han hecho. Hemos cerrado programas dos semanas porque todos los miembros estaban infectados. En total 47 de los 250 miembros de MSF se contagiaron, pero no hemos tenido víctimas. Hay gente de nuestro equipo con sida, TB, con riesgos claros, y no han querido dejar de ir a sus puestos”, señala la “responsable” de todos ellos.

El aprendizaje del sida y la TB

A favor de Sudáfrica ha podido jugar la rutina de haber aprendido a vivir bajo el riesgo constante de lo invisible. En un país que en 1983 tuvo los dos primeros pacientes diagnosticados con sida y que en 2018, 35 años después, tuvo 240.000 nuevos contagios y 71.000 muertes por esa misma enfermedad, según los últimos datos ofrecidos por Unaids, el coronavirus es una amenaza grave más con, al menos, mecanismos de defensa socialmente ya implementados. El sida y la tuberculosis (TB), la otra gran dolencia pandémica que afecta al país y cuya mortalidad en 2018 se cifró en 63.000 personas, eran los grandes miedos a que hubiera un coctel explosivo de muerte al mezclarse con el covid-19. “No sabemos qué va a pasar. Se sabe que los pacientes seropositivos que toman antirretrovirales responden a infecciones virales como la gripe de manera similar que las personas que son seronegativas”, explicaba a AFP a inicios de abril Anton Stoltz, jefe del departamento de enfermedades infecciosas de la Universidad de Pretoria.

Tres meses después se han comprobado luces y sombras en esta mezcla de dolencias. “El sida ha hecho que la gente esté acostumbrada a que vayan a sus casas a hacer análisis. La gente ha entendido los beneficios de tratarse para luchar contra el sida y está tomando medidas contra el coronavirus”, explica la doctora Treviño-Durán que añade sobre el aumento de mortalidad de los enfermos de sida y TB al contraer el nuevo virus: “El primer estudio indicaba que el riesgo de mortalidad se multiplicaba por tres en estos grupos, pero algún estudio más actual cifra este alza en un 4% para la TB y un 14% para el sida. En todo caso, las enfermedades con mayor riesgo de subir la mortalidad del coronavirus siguen siendo la obesidad, diabetes, hipertensión… Una UCI de Sudáfrica se parece mucho a una UCI de Sudáfrica”. Baja allí la edad media de los pacientes, pero eso tiene que ver con la esperanza de vida. Al final, el anciano español de 80 años es el equivalente al anciano sudafricano de 70, por poner un ejemplo.

"El sida ha hecho que la gente esté acostumbrada a que vayan a sus casas a hacer análisis"

“Los resultados preliminares de un estudio realizado en Sudáfrica sobre 12.987 pacientes con covid-19 indican que el HIV y TB tienen un efecto muy modesto sobre la mortalidad”, ha explicado la profesora Quarraisha Abdool Karim, director de Caprisa (Centro de Investigación de sida en Sudáfrica). En todo caso, los científicos han advertido que “la biológica y epidemiológica interacción entre covid-19, HIV y TB no se ha entendido bien aún”. Una explicación que ofrecen los médicos para este bajo ratio de mortalidad de ese cóctel de enfermedades es que “la mayor parte de muertes por covid-19 son entre gente anciana donde el HIV y la TB no son muy comunes”.

Estigmas y medicina tradicional

¿Hay miedo entre los contagiados al estigma social de ser infeccioso cómo pasa en ocasiones con el sida? “Ha habido algún rechazo a enfermos de covid en zonas rurales, pero la gente está acostumbrada en general a tratarse y ver a médicos entrar en viviendas para realizar exámenes”, señala la responsable de MSF. Ese escenario de transparencia de tratamientos médicos era hace algunos años muy complicado. Uno de los problemas que hubo para luchar contra la pandemia del sida fue la de enfermos que ocultaban la dolencia porque temían ser expulsados de sus comunidades.

La otra debilidad social a la que se podía enfrentar Sudáfrica, como el resto de países del entorno, es el uso de la llamada medicina tradicional que, especialmente en zonas no urbanas, ha causado estragos en la lucha contra el sida, malaria o la TB porque en muchos casos los enfermos recurren a sangomas o médicos tradicionales para curarse antes de ir a hospitales. “El uso de la medicina tradicional no ha tenido un impacto negativo porque el sano se recupera de todas formas y el que empeora acaba yendo al hospital”, dice Treviño-Durán.

Foto: Un trabajador yemení, con un traje protector. (EFE)

Es este en todo caso un factor importante a vigilar y, también, a comprender, ya que en lugares remotos el uso del médico tradicional está muy extendido. Ignorar un contagio, o creerse inmune usando métodos naturales no válidos, impide el control de la pandemia.

La cadena de televisión sudafricana SABC emitió una entrevista con sanadores tradicionales donde pedían que les dejaran a ellos tratar a los contagiados por covid-19. “Suplico que nos dejen actuar a nosotros los curanderos africanos que conocemos nuestra cultura y sabemos lo qué hacemos. Cada persona debería al menos respirar 13 veces al día árboles locales”, decía Mashudu Dima, médico tradicional, que hablaba también de remedios contra el virus a base de hierbas. La OMS, que reconoce los beneficios de la medicina tradicional, comenzó alertando de algunas prácticas que se realizaban en algunos países africanos y asiáticos por su ineficacia y, sin embargo, atiende a posibles avances y tratamientos de esta medicina que pudieran ser eficaces. Mucha medicina “occidental” hoy de éxito ha tenido su base también en métodos naturales de estas comunidades.

El mal camino de copiar al norte

¿Qué escenario espera a Sudáfrica los próximos meses? Este es un debate muy interesante y crucial que tiene que ver con los medios reales, diferencias sociales y estereotipos con los que desde occidente se ve todo el mundo africano. El covid-19 ha enseñado la vulnerabilidad de todos. Las regiones más avanzadas de países ricos han sido las más golpeadas; la gran potencia mundial, EEUU, ha sido incapaz de encontrar una estrategia que detenga la espiral de muerte y contagios; países como Suecia, ejemplo de tantas cosas, se han equivocado con su estrategia de dejar en manos de la población la responsabilidad de evitar infecciones…

En África la mayoría de pronósticos indicaban que ocurriría una masacre por su falta de equipos médicos. La duda era si esa mortalidad se iba a publicitar en el resto del mundo o se iba a ignorar como se ignora en general todo lo que allí ocurre. Déjenme añadir que en Europa cuando decimos ignorar en el resto del mundo hablamos de nosotros mismos y ese eurocentrismo militante que nos hace creer que lo que no se cuenta aquí no se cuenta. África está hoy en muchos titulares de la alea global, aunque quizá España no sea desde luego el ejemplo.

placeholder Una profesora controla la temperatura de sus alumnas en un 'township' de Cape Town, Sudáfrica. (Reuters)
Una profesora controla la temperatura de sus alumnas en un 'township' de Cape Town, Sudáfrica. (Reuters)

No han ocurrido por ahora esos malos augurios, pero los indicadores sudafricanos son ahora muy preocupantes y la tendencia invita a un cierto pesimismo. ¿Cómo afrontarlo? Un interesante artículo escrito en The Conversation por el profesor de ciencias políticas de la universidad de Johannesburgo, Steven Friedman, da un punto de vista al menos diferente. Bajo el título “Sudáfrica está fallando ante el covid-19 porque sus líderes quieren emular el primer mundo”, el analista desgrana que “los puntos de comparación en la pandemia no han sido lo hecho en Asia y otras partes de África donde la infecciones se redujeron, sino en los ricos países del norte, muchos de ellos abrumados por la enfermedad”.

"Es complicado luchar contra algo si tú asumes que estás destinado a fracasar"

Friedman señala que “es complicado luchar contra algo si tú asumes que estás destinado a fracasar” y pone un ejemplo práctico de los errores en la hoja de ruta: Sudáfrica prometió hacer un programa de test y rastreo masivo que identificara los contagios. Los test se hicieron, pero los resultados de los test llegaban muy tarde y han hecho ineficiente el rastreo porque se produjo un cuello de botella en los laboratorios. “El Gobierno confió demasiado en un laboratorio de alta tecnología que acabó sobrepasado”, señala Friedman que indica un país que siguió otro camino. “Senegal, un país mucho más pobre, sabiendo que no tenía un servicio de laboratorio para hacer frente a los test, desarrolló una prueba que costaba sólo 1 dólar y produjo resultados rápidamente (…) Nuevamente en Sudáfrica el deseo de ser del norte hizo imposible contener el virus”.

No parece que haya una verdad absoluta en el modo de afrontar esta pandemia. Sudáfrica está mucho más capacitada que sus vecinos para luchar contra una enfermedad que hasta ahora, en sus casos más graves, sólo ha tenido un camino de éxito: prevención, buenos equipos médicos (respiradores), medicinas, y sanitarios suficientes y bien protegidos. Ahí son un norte inigualable por los, por ejemplo, fronterizos Zimbabue o Mozambique donde la carencia de todas esas necesidades es casi absoluta. “Están aumentando los casos en Mozambique y Zimbabue. Los hospitales allí se desbordan rápido. No hay oxígeno para tratar a los pacientes. Las cifras aún no son altas allí, pero todo apunta a que subirán”, advierte Treviño-Durán.

“El Gobierno impuso rápido, el 23 de marzo, una cuarentena severa que duró ocho semanas para poder preparar el sistema de salud. Luego, por cuestiones económicas y sociales hubo que abrir cuando había aún elevados contagios. Para buena parte de la población era una enfermedad de ricos que podían viajar. Eran ellos los que portaban el virus. A veces en las barriadas veían coches con blancos y gritaban '¡coronavirus!'. La gente está asustada, pero también están acostumbrados a tratarse y hacerse pruebas. El aprendizaje del sida ha sido importante”, explica la doctora Laura Triviño-Durán, coordinadora de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Sudáfrica a El Confidencial. Una idea parecida, de enfermedad ajena, contamos en este medio que tenían los inmigrantes africanos que vivían en Europa a inicios de abril.

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