No puede posponer los comicios

¿Retrasar las elecciones? Esta puede ser la verdadera estrategia de Trump y sus tuits

Solo una mayoría en el Congreso y en el Senado pueden modificar la fecha de las elecciones. Trump lo sabe. Entonces, ¿por qué esos tuits proponiendo posponer los comicios?

Foto: El presidente de EEUU, Donald Trump. (Reuters)
El presidente de EEUU, Donald Trump. (Reuters)

En Estados Unidos aún está por abrir la verdadera caja de los truenos. No nos referimos a la pandemia de coronavirus, ni a las protestas raciales, ni siquiera a la severa crisis económica que seguramente nos queda por delante. La caja de los truenos que estamos a punto de abrir son las elecciones generales del 3 de noviembre, tal y como nos ha recordado el presidente Donald Trump.

“Con el Voto por Correo Universal (no el Voto Ausente, que es bueno), las de 2020 serán las elecciones más INEXACTAS y FRAUDULENTAS de la historia”, tuiteó Trump este jueves. “Serán una gran vergüenza para EEUU. ¿Retrasemos las elecciones hasta que la gente pueda votar correctamente y con seguridad?”. Luego Trump fijó el tuit en lo más alto de su cuenta.

Las palabras del comandante en jefe exigen muchas explicaciones. La primera de ellas es que, a diferencia de lo que él dice una y otra vez desde hace meses, aún no hay pruebas de que el voto por correo sea más fraudulento que el voto en persona. Varios estudios a nivel estatal y federal han probado que las irregularidades en este método son mínimas, tan anecdóticas como con el voto en la urna.

Según datos del 'think tank' conservador Heritage Foundation, los casos de fraude registrados en estados que llevan décadas practicando el voto por correo son exiguos. En Colorado, por ejemplo, se han dado 14 casos entre 2003 y 2018. 14 casos de entre casi 16 millones de papeletas depositadas por correo. En Oregon y Washington la proporción es casi idéntica y en Hawái todavía menor: 2 fraudes por casi 7 millones de votos. Estamos hablando del 0,00000029% de los casos.

Hace cuatro años el entonces candidato republicano alertaba sobre el fraude electoral que se estaba, según él, fraguando

El voto por correo tiene una larga tradición en estos estados. En la actualidad, cinco practican este método exclusivamente y otros, como Arizona, lo hacen en proporciones superiores al 80%. Las autoridades estatales, que son las responsables de definir las reglas de la votación, han desarrollado garantías para evitar el fraude: comprobando la dirección con el nombre del votante, exigiendo la firma y contrastando que no haya duplicados.

La actitud de Trump no es en absoluto nueva. Hace cuatro años, cuando también iba por detrás en las encuestas (aunque no con la diferencia de ahora), el entonces candidato republicano alertaba sobre el fraude electoral que se estaba, según él, fraguando. Entonces no había pandemia y la mayoría de las papeletas se iban a depositar a la manera tradicional. Aun así alertaba diariamente a sus bases, al mismo tiempo que se reservaba el derecho de aceptar o no el resultado de los comicios. Exactamente igual que hizo hace dos semanas, durante una entrevista en la cadena Fox.

La paradoja de la reapertura

La segunda explicación que exige la idea de Trump es que se trata de una paradoja. El presidente se ha pasado los últimos cinco meses presionando a los estados para que reabran sus economías y ahora está haciendo presión, amenazando incluso con retirar fondos federales, para que las escuelas reabran en septiembre. Si en todos los frentes aboga por una vuelta a la normalidad, ¿por qué no con las elecciones? ¿Por qué tener a gente votando un martes es más peligroso que abrir las escuelas?

Una niña en brazos de su padre en Los Ángeles. (EFE)
Una niña en brazos de su padre en Los Ángeles. (EFE)

Solo el Congreso puede retrasar la fecha de las elecciones: una posibilidad muy remota, ya que requeriría una amplia mayoría y la oposición demócrata controla una de las dos cámaras. No solo eso. Los aliados del presidente, congresistas republicanos, ya han aclarado que esto no va a ocurrir. Las elecciones tendrán lugar en la fecha prevista, el 3 de noviembre.

Este es un hecho que nadie ignora en Washington, mucho menos el presidente de EEUU. Entonces, ¿por qué lanza esa pregunta en Twitter, si sabe que su idea no va a llegar a ningún lado? No teniendo pruebas de fraude, ¿por qué insiste, con meses de antelación, en que serán unas elecciones corruptas? Más aún: ¿cómo es que, una vez más, se niega a decir si aceptará o no el resultado?

Elecciones amañadas

Inevitablemente, todo el paisaje mediático está uniendo los puntos. 'The New York Times', 'The Washington Post', 'LA Times', CNN o 'The New Yorker' han dado voz a analistas que temen lo mismo: que Donald Trump, en medio de una crisis nacional múltiple y más de 8 puntos por detrás de Joe Biden en las encuestas (el doble de diferencia que con Hillary por estas fechas), sabe que va a perder y no está dispuesto a aceptarlo. Por eso iría preparando mentalmente a su base y al país: iría haciendo mella cognitiva, cada pocos días, con el mismo mensaje, reiterado una y otra vez: habrá fraude, habrá fraude, habrá fraude. Ergo, no reconoceré mi derrota.

El mensaje de Trump a su base es insistente: habrá fraude, habrá fraude, habrá fraude. Ergo, no reconoceré mi derrota

Aquí nos adentramos en el oscuro mundo de la persuasión trumpiana. Oscuro porque, a pesar de que este tipo de maniobras le suelen funcionar, no está claro por qué mecanismos. De todas las explicaciones, una de las más esotéricas y a la vez convincentes es la que ofrecen varios lingüistas cognitivos, entre ellos George Lakoff, autor del 'bestseller' de estrategia política 'No pienses en un elefante'.

Lakoff fue de los pocos que predijo la victoria del republicano, y no lo hizo porque manejase complejos datos electorales de los condados de Michigan o Wisconsin. Lakoff simplemente miraba la potente manera en la que comunicaba el presidente: su capacidad, sobre todo, para fijar la agenda pública, los temas del debate, con alegaciones tan coloridas y escandalosas que nadie podía dejar pasar.

El debate del presidente

El presidente lanzaba un filete de carne roja, sabroso, de la mejor calidad, con todo tipo de especias y un acompañamiento de patatas fritas, y la opinión pública, liderada por los medios y las redes sociales, se lanzaba a devorarlo. Los periódicos multiplicaban las visitas, las televisiones ganaban audiencia y los guerreros de Twitter se sentían mejor que nunca con ellos mismos al denunciar las barbaridades de Trump. El republicano lograba que se hablase de lo que él quería que se hablase. Por ejemplo, de inmigración, un tema secundario hasta que anunció su muro con México. Él tiene su dosis de atención y los demás su dosis de clics y de moralina. 'Win-win'.

En las últimas horas deben de haberse publicado centenares de artículos, como este mismo, detallando por qué lo que ha dicho Trump en Twitter es falso o no tiene sentido o no va a ocurrir. Pero lo que importa no es lo que digamos del tema: sino el hecho de que estamos hablando del tema. Lo tenemos reverberando en nuestra cabeza, lo estamos analizando y dándole vueltas, usando palabras como “fraude” o “ilegítimo”. A la manera del elefante, aunque lo neguemos estamos pensando en él.

La situación no es igual que en 2016. Por parte de los medios también ha habido un proceso de aprendizaje. La CNN, por ejemplo, ya no suele emitir en directo los mítines de Trump (para no darle publicidad gratuita y poder corroborar sus alegaciones), y los diarios suelen desmentir las falsedades directamente en el titular. Aun así, siendo presidente, es una obligación transmitir sus puntos de vista, aunque, analizados, muchas veces no se correspondan con el mundo empírico.

Una cuarta explicación, que puede aclarar por qué Trump lanzó su pregunta este jueves y no el viernes o la semana pasada, es el dato preliminar del PIB. Casi al mismo tiempo de que Trump sugiriera retrasar las elecciones, conocíamos que la economía de EEUU se había contraído casi un 33% interanual en el segundo trimestre, un 9,5% en comparación al trimestre anterior. El peor dato jamás registrado. Las peticiones semanales de subsidios por desempleo han vuelto a subir, a 1,43 millones.

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