Varios sabotajes

¿Arde Irán? Israel aprovecha el fin de la etapa Trump para golpear a su mayor enemigo

Incidentes de diversa índole se multiplican en Irán perturbando seriamente su programa nuclear y de misiles balísticos

Foto: Una imagen del edificio derruido después de un incendio en la planta nuclear iraní de Natanz. (Reuters)
Una imagen del edificio derruido después de un incendio en la planta nuclear iraní de Natanz. (Reuters)

El domingo pasado, una explosión sacudió la central eléctrica de Isfahán, la segunda ciudad iraní, aunque sin graves daños. El miércoles 15 de julio, siete barcos fueron pasto de las llamas en un astillero en Bushehr, en el sur de Irán; el lunes 13, ardieron seis depósitos de gas al noreste de la ciudad de Mashad; el domingo 12, se quemó una instalación petroquímica al suroeste de la misma ciudad; el sábado 11, estallaron varios cilindros de gas en los sótanos de un gran edificio de viviendas en Teherán; el 2 de julio, parte de una planta de enriquecimiento de uranio en Natanz saltó por los aires; el 30 de junio, una explosión en el centro médico de Sina At’har (Teherán) causó 13 muertos; el 26 de junio, quedó parcialmente destruida la fábrica de misiles balísticos de Khojir.

Esta retahíla de incendios y explosiones no ha sido reivindicada por grupos opositores conocidos al régimen iraní. Han sido primero anunciados por las propias autoridades de Teherán y sus medios de comunicación. A veces los han presentado como meros accidentes y, en otros casos, han informado de que se estaban investigando las causas­. Las imágenes obtenidas por los satélites no dejan lugar a dudas de la devastación que han causado.

El más grave de todos es, para Teherán, el de la planta de la Agencia de Energía Atómica de Irán en Natanz. Su voladura parcial retrasará en unos meses, quizás hasta en dos años, según algunos expertos, el programa nuclear puesto en marcha por el régimen de los ayatolás. Todo apunta a que fue un sabotaje, aunque no está claro cómo fue provocado.

Las sospechas hacia Israel

¿Quién lo perpetró? Israel tiene una larga tradición de recurrir a la fuerza para impedir que sus vecinos se doten del arma nuclear que el Estado hebreo sí posee. Empezó bombardeando el reactor nuclear iraquí de Osirak en 1981; en 2007, hizo otro tanto con el sirio de Al-Kibar —en 2018, divulgó el vídeo de ese ataque—; en 2009 lanzó, en coordinación con EEUU, el troyano Stuxnet, que se apoderó de las centrifugadoras iraníes y les ordenó autodestruirse; entre 2010 y 2012, cuatro científicos iraníes vinculados al programa nuclear fueron asesinados.

Como suele ser habitual, las autoridades israelíes no confirman ni desmienten que su país ha vuelto a las andadas. “Israel actúa para frenar la amenaza nuclear iraní, pero sobre esa actuación mejor no decir nada”, declaró el ministro israelí de Asuntos Exteriores, Gabi Ashkenazi, a propósito de Natanz. “Israel hará todo lo posible para impedir que Irán acceda al arma nuclear”, comentó el ministro de Defensa, Benny Gantz. “No estamos detrás de cualquier incidente que suceda en Irán”, matizó después.

Más explícito fue el funcionario de Inteligencia de Oriente Próximo que reveló al diario 'The New York Times' que Israel había colocado una potente bomba en el edificio de Natanz en el que Irán había reactivado la centrifugadora avanzada. El funcionario en cuestión es, según algunos diarios israelíes, nada menos que Yossi Cohen, director del Mossad, el servicio secreto exterior de Israel. Descartó así la hipótesis de que la explosión hubiese sido el resultado de un ciberataque.

“Israel hará todo lo posible para impedir que Irán acceda al arma nuclear”, comentó el ministro de Defensa, Benny Gantz

No sería la primera vez que los hombres del Mossad ponen pie en suelo iraní para asestar un golpe a su enemigo. En enero de 2017, penetraron en un edificio de Teherán al que había sido trasladado un año antes el archivo nuclear iraní. Se apoderaron de unos 100.000 documentos que el primer ministro, Benjamín Netanyahu, dio a conocer hace dos años. Demuestran, según él, los subterfugios de Irán para disimular a ojos de las agencias de Naciones Unidas y de la comunidad internacional el desarrollo de su programa nuclear de carácter militar.

Unos desconocidos Guepardos de la Patria reivindicaron la explosión de Natanz, mediante un mensaje enviado al servicio en lengua farsi de la BBC, horas antes de que Teherán la diera a conocer. El misterioso grupo estaría formado por militares y miembros de las fuerzas de seguridad iraníes que habrían optado por la disidencia armada. Es posible que no exista y que fabricando un comunicado se intente sembrar aún más el desasosiego en la cúpula iraní.

Teherán no descarta que en Natanz se haya producido un sabotaje por parte de “países hostiles, especialmente el régimen sionista y EEUU”, reconocía la agencia de prensa oficial IRNA. “Si un régimen o un Gobierno está implicado en el incidente de Natanz, Irán reaccionará con firmeza”, advirtió Seyed Abbas Mousavi, portavoz de la diplomacia iraní. Esmail Ghaani, jefe de la Guardia Revolucionaria Islámica, vaticinó incluso que se avecinaban “días difíciles” para Israel y EEUU.

Su predecesor en el cargo, el general Qasem Soleimani, fue asesinado en enero por drones estadounidenses cerca del aeropuerto de Bagdad. La “dura venganza” que el líder supremo iraní, Ali Jamenei, anunció entonces quedó reducida al disparo de algunos misiles sobre bases iraquíes que acogían a militares estadounidenses, entre los que no hubo ni un muerto.

Probablemente no haya unanimidad en Teherán sobre cómo reaccionar, pero aun así las represalias parecen por ahora prácticamente descartadas. Harían correr grandes riesgos a un país ya de por sí casi exhausto a causa de la pandemia, de la crisis económica provocada por la caída del precio de los hidrocarburos y por las sanciones estadounidenses restablecidas por Donald Trump.

Quizá la primera respuesta haya consistido en anunciar, en la segunda mitad de julio, la ejecución sucesiva de dos espías de nacionalidad iraní que, según Teherán, trabajaron para la CIA estadounidense y para el Mossad israelí. Llevaban al menos dos años encarcelados, pero fue justo ahora el momento elegido para ahorcarles. La esposa de uno de ellos fue también condenada a 15 años de cárcel.

¿Últimos meses de Trump?

Aunque no todos los incidentes acaecidos en Irán son obra suya, Israel está aprovechando los que, si no es reelegido, serán los últimos meses de la presidencia de Donald Trump para sacudir a su único verdadero enemigo hoy en día en Oriente Próximo. Empezó en mayo con unas represalias que consistieron en un ciberataque contra el sistema informático del gran puerto iraní de Shahid Rajae, por donde transita el grueso de su comercio exterior, y ha continuado ahora con los bombazos de Natanz, de la fábrica de misiles de Khojir y quizás alguno más.

Este es, a grandes rasgos, el análisis que buena parte de las cancillerías europeas hacen de la tensión que prevalece entre Israel e Irán. Trump ha sido el presidente más proisraelí de la historia de EEUU. Rompió incluso, en mayo de 2018, el acuerdo nuclear con Irán que tan laboriosamente había fraguado su predecesor, Barack Obama, y que tanto disgustaba al Estado hebreo. Estipulaba que Teherán renunciaba a la bomba atómica a cambio de que se levantasen las sanciones que asfixiaban su economía.

Si el demócrata Joe Biden gana las elecciones presidenciales de noviembre, es probable que trate de resucitar ese acuerdo al que siguen apegados los socios europeos de EEUU que también lo suscribieron (Francia, Alemania y Reino Unido). Para conseguirlo, lo primero que deberá hacer es frenar el ímpetu castigador de su aliado y protegido israelí.

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