Más de 300.000 confinados de nuevo

Un inesperado fuerte rebrote en Melbourne enturbia el 'éxito' de Australia con el covid

Un inesperado fuerte rebrote en Melbourne obliga a confinar a 10 códigos postales del área metropolitana de la segunda ciudad más poblada de Australia

Foto: Regresa el confinamiento a Melbourne. (EFE)
Regresa el confinamiento a Melbourne. (EFE)

La chispa que encendió el brote fue un mechero compartido entre varios trabajadores de un hotel que se echaban un pitillo tras una larga jornada de trabajo. Ahora, con los nuevos contagios diarios de covid-19 siempre en las dos cifras, la ciudad de Melbourne, en el estado australiano de Victoria, tiene que volver a confinar a miles de sus residentes. Todo esto en un país, Australia, que había rozado el éxito y la casi "exterminación" del coronavirus. La moraleja, si es que hay alguna, es que el virus siempre encuentra un resquicio para volver a resurgir, en este caso, cebándose con los barrios populares de la segunda ciudad más poblada del país austral.

A partir de este jueves, las autoridades australianas han ordenado el confinamiento de los más de 300.000 habitantes de 36 suburbios de 10 códigos postales de Melbourne durante todo un mes, una medida desesperada para intentar controlar el brote en la región de Victoria. "Si nos trabajamos juntos durante las próximas semanas, recuperaremos el control de esa transmisión comunitaria en la zona metropolitana de Melbourne. Si no cerramos esos códigos postales, al final tendríamos que cerrar toda la ciudad", ha declarado el 'premier' del estado de Victoria, Daniel Andrews. Los confinados solo podrán salir a trabajar, hacer la compra o practicar deporte a solas y al aire libre.

Pese a su cercanía al brote original en Asia, y su importante intercambio humano y comercial con China, Australia había controlado la expansión del virus, con algo menos de 8.000 casos confirmados y 104 fallecidos. La receta fue su condición de isla, que le permitió cerrar radicalmente sus fronteras, cuarentenas, confinamientos, el testeo generalizado y un desarrollado 'contact tracing'. A mediados de junio, menos de 400 casos de coronavirus quedaban activos y apenas se reportaban una decena de infecciones nuevas en todo el país. Australia fue, de hecho, incluida en la lista de 15 "países seguros" de la Unión Europea, cuyos viajeros podrán entrar en la UE sin cuarentenas ni limitaciones. Entonces, la tasa de contagios era de apenas 1 por cada 100.000 habitantes.

Sin embargo, durante la última semana y media todo comenzó a torcerse. Victoria empezó a reportar nuevos contagios diarios por encima del rango de las dos cifras. El jueves, solo la región de Victoria reportó 77 nuevos casos, cifra récord desde marzo. El martes reportó 73 y el lunes 75. Quizá no sea mucho para un país que llegó a registrar casi 500 casos diarios (en todo el territorio) durante el pico de la pandemia, pero las autoridades australianas temieron que echara a perder la desescalada.

Sonaron las alarmas y los rastreadores del coronavirus empezaron a investigar hasta encontrar el presunto origen de este nuevo brote que echa por tierra muchos de los avances de Australia en el control del covid. Se fueron acumulando los clústers, hasta llegar hasta los 87, según confirmó el director de Salud de Victoria, Brett Sutton, aunque algunos ya habían logrado ser controlados. Según el 'premier' de Victoria, la mayoría de los clústeres fueron causados por encuentros de reuniones familiares en múltiples hogares y suburbios y, más preocupantemente, fallos en la gestión de cuarentenas en los hoteles de la ciudad.

Primero llegaron unos viajeros a Melbourne, y fueron puestos en cuarentena en un hotel, un requisito de Australia para todos aquellos que ingresen en el país desde el extranjero. Actualmente, sólo ciudadanos australianos, residentes permanentes y sus familias pueden volver a entrar en el país, como una de las medidas impuestas para intentar controlar la expansión del coronavirus.

Cuarentenas fallidas

Más de 20.000 viajeros han tenido que ser puestos en cuarentena de 14 días en el estado de Victoria desde principios de marzo. Hasta hace unas semanas y antes de que se desatara el brote de contagios comunitarios en Victoria, la gran mayoría de los nuevos casos de coronavirus en Australia se detectaron entre personas que venían del extranjero.

De algún modo, uno de los trabajadores del hotel donde los viajeros cumplían su cuarentena quedó expuesto al virus. Lo que bastó para que se terminara de contagiar al resto del personal fue un aparente inocente mechero que pasó de mano en mano entre los trabajadores.

"[La gente] mantenía su distancia [social], pero al final compartieron un mechero entre ellos. No es una brecha en la seguridad que se haya hecho a propósito, pero es una de esas cosas inocentes que pueden acabar transmitiendo el virus", detalló Andrews. "Así de salvajemente infecciosa es esta enfermedad".

El mechero fue solo un detonante, y otros elementos como los coches compartidos hicieron el resto: muchos de los trabajadores del hotel, inmigrantes con residencias en los barrios más populares de la periferia de Melbourne, tienen que hacer largos trayectos hasta el trabajo y muchos comparten transporte. Otro brote fue rastreado hasta un supermercado en uno de los barrios afectados.

El virus llegó así a unos barrios que no sólo son más vulnerables al coronavirus por la dificultad del distanciamiento social y hogar de muchos trabajadores esenciales que sin opción de aplicar el teletrabajo, sino también más desprotegidos por barreras tan malentendidas como la del idioma, según denuncian asociaciones vecinales de inmigrantes en la prensa local.

Y demuestra también uno de los fallos de la estrategia australiana, incapaz de proteger sus barrios más vulnerables, como ya había sucedido en países como EEUU (donde las zonas populares de Nueva York concentran los contagios y las muertes de coronavirus frente a las zonas acomodadas), u otros rebrotes en países que creían controlado el virus como Singapur, en cuyos barracones de trabajadores inmigrantes prendió el coronavirus como la pólvora.

Los brotes de Victoria y el confinamiento de algo más de 300.000 residentes del área metropolitana de Melbourne han provocado un paso atrás en la reapertura australiana de fronteras con terceros países y han puesto en pausa también los planes del Gobierno australiano de crear "burbujas de viaje" con países también libres de enfermedad (como la vecina Nueva Zelanda). El Gobierno de Victoria ha desviado a otros aeropuertos los vuelos internacionales con destino a Melbourne y ha organizado una campaña generalizada de testeo en las zonas más afectadas.

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