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¿Cuál es el lugar habitado más remoto del planeta? La historia de Tristán de Acuña

En un mundo tan hiperconectado y globalizado como el actual, aún existen lugares en el planeta que tienen la magia de lo desconocido y de lo innaccesible

Foto:  ¿Cuál es el lugar habitado más remoto del planeta? La historia de Tristán de Acuña. (CC/Wikimedia Commons)
¿Cuál es el lugar habitado más remoto del planeta? La historia de Tristán de Acuña. (CC/Wikimedia Commons)

¿Se imaginan que existiera un lugar tan remoto en el mundo que para llegar a él desde el punto habitado más cercano se tardase, como mínimo, ocho días? Pues ese lugar existe y se encuentra en mitad del Océano Atlántico. Se trata de una pequeña isla llamada Tristán de Acuña, que pertenece a la Corona Británica y que, a día de hoy, cuenta con poco más de 300 habitantes. Junto a su isla principal, hay otras tres de menor tamaño, pero cuya orografía es tan complicada que son completamente inhabitables. Esta es su historia.

Fue en el año 1506 cuando el navegante portugués Tristao da Cunha la encontró por casualidad mientras navegaba por el Atlántico. Se trataba de una isla pequeña, de 98 kilómetros cuadrados, en la que no existía ningún vestigio de vida humana y cuya soledad en mitad del océano la convertía, en pleno siglo XVI, en uno de los lugares más remotos del mundo. Con el paso de los años, se llegó a convertir en refugio de piratas y en parada habitual para expediciones que seguían la ruta de las Indias para, después, ser base de balleneros o de cazadores de focas.

Sería en el año 1816 cuando la Corona Británica se encargaría de anexionarse estas cuatro islas, con Tristán de Acuña como la más importante de ellas. Por aquel entonces, Napoleón se encontraba preso en la isla de Santa Elena y, Tristán de Acuña, podría ser un punto importante desde el que los franceses buscaran el rescate de su emperador. Por esa razón, Reino Unido decidió habitarla con siete familias para evitar que los galos la pudieran utilizar como base de operaciones.

Tristán de Acuña está ubicada en mitad del Atlántico Sur, y precisamente la localidad poblada más cercana a esta remota isla es la de Santa Elena, situada a 2.161 kilómetros al norte. Al oeste, la localidad más cercana es Río de Janeiro (Brasil), ubicada a 3.360 kilómetros y, al este, Ciudad del Cabo (Sudáfrica), a 2.816 kilómetros. Situada en medio de la nada, es el punto habitado más remoto del planeta y sus 305 habitantes son las personas con menos contacto social de la Tierra, más allá de las interacciones lógicas entre la propia población.

Tristán de Acuña es la isla más grande de las cuatro, pero es de origen volcánico, lo que le ha otorgado un relieve realmente escarpado, haciendo que buena parte de ella no pueda ser habitable. De hecho, toda la población vive en la zona llana de la costa noroccidental, donde se encuentra su capital que se llama Edimburgo de los Siete Mares, llamada así en honor de la visita que hizo el Príncipe Alfredo, Duque de Edimburgo, en el año 1867. Solo existe una excepción en cuanto a la habitabilidad de estas islas: Gough, donde vive un equipo científico de ocho personas. Pero, ¿qué hace allí aquella expedición?

Después de que Reino Unido decidiera poblar la isla de Tristán de Acuña, necesitaban gestionar una vía de comunicación. De estas cuatro islas, solo la principal posee una zona plana, pero es de un tamaño tan reducido que no permite la construcción de un aeropuerto; Nightingale, con solo 2 kilómetros cuadrados, tampoco ofrece esta opción; la Isla Inaccesible, de 10 kilómetros cuadrados, es fruto de una erupción volcánica y, como esto indica, tampoco es un lugar de fácil acceso. Y Gough, a pesar de tener 91 kilómetros cuadrado, también es muy escarpada para permitir un aterrizaje. Por ello, la única manera de llegar a Tristán de Acuña es por barco.

Por esa razón, se consiguió llegar un acuerdo entre los habitantes locales y Ciudad del Cabo, para que desde allí un barco haga el trayecto entre ambos puntos ocho veces al año. Es la única manera de comunicación que existe con esta remota isla y el trayecto tarda entre seis y siete días en realizarse, aunque cuando las condiciones climatológicas son muy adversas, el viaje puede llegar a durar hasta 20 días. A cambio de que Sudáfrica le fletara este transporte, se le permitió al país africano construir una base meteorológica en la isla de Gough, desde la que monitorizan el Atlántico Sur.

Como curiosidad, originalmente fue poblada por siete familias de Escocia, Inglaterra, Holanda, Estados Unidos e Italia y, por ello, en toda la isla solo existen ocho apellidos diferentes. Sus 305 habitantes viven principalmente de la agricultura y de la pesca, siendo sus principales actividades económicas la venta de langosta y, cómo no, la venta de souvenirs. Tratarse de un lugar tan remoto en la Tierra le ha permitido que sus sellos y monedas tengan un increíble valor entre los coleccionistas, algo que les reporta importante réditos económicos.

En la actualidad, la isla puede ser visitada turísticamente, aunque en algunos casos solo puede ser observada desde el propio barco, donde se puede disfrutar especialmente de la gran fauna autóctona de aves. Por si fuera poco, en Tristán de Acuña no está permitida la compra de tierras ni el asentamiento de personas que no sean de la isla. Si pensaba vivir unos años sabáticos en el punto más remoto del planeta sepa que, al menos por ahora, no es posible: deberá de seguir buscando otros sitio ideal para su retiro dorado.

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