ROBERTO BALZARETTI, MR. EUROPE EN SUIZA

El mensaje de Suiza a un planeta en llamas: ¿y si hacemos las cosas de otra manera?

La falta de liderazgo mundial y la confrontación continua entre superpotencias dejan un panorama geoepiléptico muy impredecible. Y Suiza insiste en resolverlo a través del multilateralismo

Foto: Roberto Balzaretti, Secretario de Estado suizo para la Unión Europea. (Reuters)
Roberto Balzaretti, Secretario de Estado suizo para la Unión Europea. (Reuters)

Un breve resumen del estado actual del mundo: decenas de soldados indios y chinos se matan a pedradas en la frontera entre ambas potencias nucleares; Corea del Norte dinamita la oficina que servía de enlace con Corea del Sur y pone en riesgo la paz de la península; Donald Trump ‘tranquiliza’ a políticos y comentaristas que muestran sus temores de que el presidente de Estados Unidos no abandone la Casa Blanca si pierde en noviembre; los sinólogos advierten de que la relación entre EEUU y China está en su peor momento en los últimos treinta años y que la segunda Guerra Fría ya ha empezado.

Todos estos titulares, publicados en los últimos días o semanas, habrían copado las portadas de la prensa internacional hace unos años. Ahora, sin embargo, la pandemia más mortífera del último siglo y una crisis económica sin precedentes apenas deja tiempo para prestar atención a nada más. ¿Está el planeta en llamas y no nos hemos enterado? Para evitar comparaciones pasadas y no caer en lo que el filósofo Santiago Gerchunoff ha llamado "provincialismo histórico" ("la tendencia de una época a considerarse a sí misma terrible y única al mismo tiempo") diremos que, al menos, estamos bajando por una pendiente muy resbaladiza. ¿No se lo creen? Escuchen a Javier Solana, antiguo Secretario General de la OTAN.

“Malas noticias globales: Corea del Norte destruye el edificio símbolo de la reconciliación entre las dos Coreas. Al menos 20 muertos en la frontera entre China e India. En momentos de falta de cooperación global, es más fácil que salten los fusibles”, tuiteaba recientemente. La falta de liderazgo mundial y la confrontación entre superpotencias son las características de nuestra época. Y, ante este panorama geoepiléptico, Suiza tiene un mensaje que lanzar al mundo.

El mensaje de Mr. Suiza

“El ambiente actual del mundo es un ambiente de competición. Nosotros no queremos ser víctimas colaterales de esta confrontación”, explica Roberto Balzaretti, Secretario de Estado de Suiza para la Unión Europea, en entrevista con El Confidencial. “Nos estamos preparando para tener una política exterior que se relacione mejor con cada región del mundo. [...] Necesitamos pensar un poco en el sistema global que tenemos. Quizá debamos asumir más autonomía estratégica en Europa y en Suiza, en partes fundamentales de la economía industrial. Nunca podremos volver al mundo de hace 100 años, pero deberíamos movernos hacia delante a un sistema más equilibrado. Es el difícil reto al que nos enfrentamos. El multilateralismo juega un rol esencial, por supuesto”.

El mensaje de Suiza es claro: ante problemas globales, soluciones globales. En el papel suena muy bien, pero el multilateralismo, palabra preferida de think tanks y organizaciones internacionales, lleva varios años de capa caída. Y la pandemia simplemente ha servido como acelerador. En una de sus últimas columnas en el 'Financial Times', Martin Wolf aseguraba que una de las consecuencias del coronavirus iba a ser el debilitamiento de la cooperación internacional. “Tal y como ha apuntado Larry Summers, el covid-19 puede ser un momento clave en la historia. Es razonable apostar porque el mundo que emerja del final de la pandemia sea mucho menos cooperativo y abierto que el anterior”.

Donald Trump y Xi Jinping. (Reuters)
Donald Trump y Xi Jinping. (Reuters)

Balzaretti, a quien en su país le llaman Mr. Europe pero cuando viaja al extranjero prefiere que le llamen Mr. Suiza, reconoce la tesis principal de Wolf, pero es más optimista. “Es innegable que durante esta crisis hemos dejado de hablar de multilateralismo. El sistema de la ONU no ha estado muy visible, aunque hay muchas instituciones, y algunas situadas en Ginebra, que han actuado para encontrar soluciones comunes. Pero no han sido muy visibles", insiste el suizo. "Es quizá un poco difícil ahora, pero lo vamos a intentar. Y ahí podemos jugar un papel importante. No importa mucho si eres grande o pequeño, militarmente poderoso o no. Lo más importante son las ideas y la capacidad de mediar y de traer a la gente a la mesa. Vamos a continuar haciendo eso, que llevamos décadas haciéndolo, pero también vamos a ampliarlo".

China, Suiza y el futuro geopolítico

Si la pandemia ha acelerado un conflicto internacional ese ha sido el de Pekín y Washington. El propio Wolf también ha escrito que el enfrentamiento entre una China cada vez más nacionalista y asertiva frente a un Estados Unidos más dividido y débil parece ir a peor “por un futuro indefinido”. Esto, unido a una diplomacia china más agresiva, ha llevado a algunas capitales europeas a replantearse su relación con el país asiático.

No es el caso de Suiza, que siempre ha gozado de buena relación con China. Fue el primer país en reconocer la República Popular China y, treinta años después, la empresa de ascensores suiza Schindler se convirtió en la primera compañía extranjera en hacer un ‘joint venture’ en China. En la actualidad, Suiza es la única nación continental que tiene un acuerdo de libre comercio con ellos. Y esa relación especial, inevitablemente, levanta suspicacias en Europa.

Este pequeño país acostumbrado a la neutralidad, dice una de las críticas más repetidas, representa el mejor aliado para Pekín: geopolíticamente desinteresado y comercialmente activo. No lo cree así Balzaretti, quien recuerda que Suiza es capaz de hablar de “cualquier cosa” con China. “Nuestra forma de hacer las cosas es quizá un poco menos ruidosa y pública que otros países más grandes que puedan permitírselo. Los suizos nunca seremos Estados Unidos, porque no podemos”, se defiende el Secretario de Estado. "Tener políticas independientes no significa ser equidistante. Nuestros valores son los del continente europeo por razones políticas, históricas, culturales y legales”.

Preguntado por si estarían dispuestos a mediar entre las dos superpotencias, Balzaretti se ríe: “Si lo necesitan, aquí estamos, les podemos ayudar. Pero ellos pueden hablar de forma directa. No creo que China y EEUU necesiten un mediador suizo".

Antes de solucionar cualquier conflicto geopolítico hay que resolver una pandemia que, aunque haya remitido en gran parte de Europa, sigue al alza en gran parte del mundo. En un primer momento, el país helvético se enfrentó al coronavirus de la misma manera que la gran mayoría de países europeos: con incredulidad y falto de reflejos. Pese a que tenían un informe que alertaba del riesgo de pandemias, sufrieron para encontrar material médico y reaccionar a tiempo. Hacer frontera con el primer foco de contagio en Europa, el norte de Italia, tampoco ayudó.

Un gurú de la meditación ascética

Sin embargo, a las pocas semanas, el país ya estaba doblegando al virus y abriendo las tiendas de nuevo. Según el politólogo Marcus Freitag, investigador en la universidad de Berna, el éxito en la salida del confinamiento radicó en la confianza del gobierno en sus ciudadanos. Y viceversa. En su último día de trabajo, Daniel Koch, jefe de la División de Epidemias de la Oficina Federal de Salud Pública (el Fernando Simón suizo), saltó al río Aare en Berna con el traje puesto para celebrar que la pandemia estaba controlada.

Hasta la fecha, más de 1.600 personas han muerto en un país cuya población es de 8,57 millones de personas. Por comparar, en España han muerto 15 veces más con una población cinco veces mayor. En Alemania, uno de los países que mejor se ha enfrentado al coronavirus, han muerto casi 9.000 personas con una población de 83 millones, unos números en proporción algo mejores que los del país suizo. En la Suiza alemana, el público alabó el trabajo de Koch describiéndole como "un gurú de la meditación ascética" que tuvo éxito en "reducir el pulso colectivo de la población suiza a un nivel soportable y más sano”, según el diario capitalino Berner Zeitung. “A pesar de la naturaleza dramática de los eventos, no le gustan la sangre, el sudor y las lágrimas. Nunca compararía el virus con una guerra, como lo hizo el presidente francés”, agregaba el periódico regional Luzerner Zeitung.

Y es cierto. Pese a la presión interna y externa, Suiza no decretó el confinamiento obligatorio como España, Italia o Francia. “Cuando tomamos las medidas, supimos que la población las iba a apoyar. Los suizos están muy unidos a su sentido de responsabilidad individual. No ha sido necesario adoptar muchas Las medidas obligatorias”, explica Balzaretti.

Sin embargo, en la suiza latina, donde más víctimas mortales ha habido por coronavirus, las críticas se han sucedido contra Koch y el gobierno federal por implantar unas medidas demasiado laxas. Tanto que surgieron protestas al otro lado de la frontera. “Todos los esfuerzos que estamos haciendo aquí son inútiles si la política de salud en el otro lado de la frontera es deliberadamente laxa. Es una incoherencia dramática”, dijo Loïc Hervé, un senador de la Alta Saboya que pidió al al Ministro de Exteriores francés que exigiera explicaciones a las autoridades suizas. Y las acabaron dando, pero para su propio público: "Las medidas que tomamos deben corresponder a nuestra cultura, nuestra sociedad y nuestra democracia. No somos China y no queremos convertirnos en un régimen totalitario”, se justificó Koch.

Daniel Koch, también conocido en Suiza como Mr. Corona por sus continuas apariciones en televisión. (EFE)
Daniel Koch, también conocido en Suiza como Mr. Corona por sus continuas apariciones en televisión. (EFE)

Hace unos días, un informe de una consultora hongkonesa llamada Deep Knowledge Group dijo que Suiza era el país más seguro del mundo ante el coronavirus. Pero Balzaretti, que cree que el lugar más seguro contra el coronavirus estará en una isla del Pacífico, prefiere no hablar de rankings e insiste en revisar los fallos cometidos, extraer conclusiones y tenerlo todo listo para evitar una segunda ola del virus.

“Ha fallecido gente, es triste, pero viendo a la amenaza y al peligro al que nos enfrentamos, no hemos respondido del todo mal. La parte más difícil es salir de toda esta crisis. Da igual las medidas de confinamiento que hayas tomado antes, que ahora todos nos enfrentamos al mismo reto. Todavía tenemos que tener cuidado con la comunicación. Siento que muchos de mis ciudadanos quieren salir, ver el mar... es muy humano. Por un lado, desafortunadamente, somos humanos y, más allá de las fronteras, tenemos que estar juntos. Al mismo tiempo, ese también es el mejor mensaje”.

La paradoja del coronavirus

Como deja entrever el Secretario de Estado suizo, la pandemia del coronavirus ha reflejado una paradoja. Parece emular la tesis del intelectual búlgaro Iván Krastev, quien en un reciente ensayo incidía en este punto desde un ángulo distinto: “La epidemia representa una crisis mundial en un sentido paradójico. Durante un periodo de siete semanas hemos asistido a la suspensión del capitalismo, a la suspensión de la Unión Europea, y dos mil millones de personas se han quedado encerrados en casa”, escribe en un texto en francés en la web del Instituto Montaigne.

Sin embargo, continúa el búlgaro, durante ese tiempo de “demundialización” todos los ciudadanos hemos habitado el mismo mundo. Es decir, pese a tratarse de una crisis de la mundialización, nunca hemos sido más cosmopolitas. “Cada uno, desde su casa, ha podido comparar qué ocurrían en otros países, comparar el nombre de muertos por coronavirus en India, Francia o Alemania. Quedándose en casa, los ciudadanos se han vuelto más cosmopolitas que nunca, unidos por una misma realidad en la que podían comparar los efectos”, relata Krastev.

Para Balzaretti esa es la lección principal que se puede extrapolar a otras crisis: “No se puede acabar con la pandemia de forma nacional. Eso no quiere decir que manejar tus fronteras no sea positivo porque puedes controlar el flujo de gente que entra en el país.

Pero sin cooperación ni solidaridad internacional no se resolverá la pandemia”, argumenta. Una vez pasada la primera ola del virus, será importante examinar los retos, según Balzaretti, que ya estaban entre nosotros antes del coronavirus, como la seguridad internacional, la nueva economía digital, el desarrollo sostenible o el cambio climático. “Lo más importante es tratar de hacer lo que está bien siempre dentro de tus propias limitaciones. Hay cosas mejores que otras. Si todo el mundo va en esa dirección, el mundo irá mejor. Nosotros apostamos el diálogo. Esta es la vía suiza".

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