entrevista con el general Russell Honoré

El general héroe del Katrina también se rebela contra Trump: "Está politizando el Ejército"

De los disturbios pos-Katrina a las protestas de Floyd, el país parece al borde de una escalada, alimentada por el presidente Trump y sus amenazas de desplegar el Ejército

Foto: El teniente general retirado Russel Honoré, en 2005.
El teniente general retirado Russel Honoré, en 2005.

Muchas veces se está a una palabra, a una orden, de evitar una masacre. Una simple llamada. Algún insulto. En las escenas posteriores al desastre del huracán Katrina en Luisiana, cuando la ciudad de Nueva Orleans estaba arrasada por el agua, las imágenes de saqueos se repetían incesantemente en televisión, la tensión social se amontonaba en el espíritu estadounidense e incluso el propio presidente, entonces George W. Bush, llegó a barajar con invocar la misma Insurrection Act que ahora amenaza Donald Trump contra las protestas raciales en EEUU. El teniente general Russell Honoré fue el hombre sobre el terreno que dijo no.

Por supuesto, la situación hoy es distinta a la que enfrentó Honoré, jefe de la Joint Task Force de respuesta al Katrina. Los saqueos no hablan de supervivencia y hambre sino de rabia y hartura por la discriminación sistémica de los afroamericanos. Pero el mensaje de Trump, el propio presidente de Estados Unidos, es incendiario, y la amenaza de desplegar las tropas federales en las calles incluso sin el beneplácito de los gobernadores locales, coloca al país en una situación de estar al borde de lo que podría ser un desastre, como sucedió en Nueva Orleans. Una ciudad que los medios y los políticos pintaban como "sin ley" y "bajo asedio" por los saqueos.

En este escenario, se barajó invocar la ley que permitiría el despliegue de tropas del Ejército estadounidense en su propio suelo. Fue ahí cuando Russell Honoré se hizo un nombre: sus esfuerzos por apostar por la desescalada y no disparar ni un solo tiro previnieron lo que podría haber sido la primera masacre civil por parte de tropas estadounidenses en suelo de EEUU desde Kent State (1970). En un vídeo que circuló más tarde, se puede ver cómo Honoré se acerca a un soldado y le recrimina: "¡Baja la maldita arma, que estamos en una misión de rescate!".

Recordando en una entrevista con El Confidencial esa escena, y con la reacción de la Administración Trump a las protestas raciales de esta semana, apunta: "Nunca le digas a las fuerzas del orden que disparen a matar a su propia gente".

Hoy, Russell Honoré es un general retirado. Habla por teléfono con ese toque de Luisiana, que hace que al otro lado de la línea se le imagine mascullando con un puro en la boca. "Trump está utilizando el Ejército de manera política, para conseguir sus intereses [electoralistas]". Y en cuanto a la ley fundamental de cómo desescalar una situación de tensión, "sería un gran error desplegar las tropas federales sin la petición expresa de los gobernadores", apostilla el exmilitar.

Honoré, que en su día recibió motes como 'el John Wayne de Luisiana' o 'The Ragin' Cajun' (el 'cajún enrabietado'; los cajunes son un grupo étnico de Luisiana), no es el único general que en la última semana ha criticado la amenaza de Donald Trump de desplegar militares en las calles para hacer frente a las protestas, tanto en la forma incendiaria del discurso, como en el fondo. "[La Insurrection Act] Solo debería usarse como último recurso y en caso de las situaciones más urgentes y extremas" ha afirmado Mark Esper, actual jefe del Pentágono de EEUU.

Más directo ha sido James 'Perro Loco' Mattis, el primer secretario de Defensa de la Administración Trump, quien ha roto su silencio desde que dimitiera del puesto para afirmar que "Trump es el primer presidente que he visto durante mi vida que no intenta unir al pueblo estadounidense, y ni siquiera finge hacerlo. En cambio, intenta dividirnos". Otros altos mandos militares, como el General Mark Alexander Milley, jefe de personal del presidente, han advertido a Trump que no serán cooptados en una "lucha política" contra sus conciudadanos.

A veces solo se está a una orden de comenzar un desastre. En pos-Katrina fue Honoré, en las protestas raciales de este 'verano de la ira' por la muerte de Floyd pueden ser otros.

Una ciudad devastada

Más de 1.800 personas murieron tras el paso del huracán Katrina en agosto de 2005. Los daños materiales se cifraron en más de 125.000 millones de dólares. Las autoridades no parecían saber cómo gestionar una situación que dejó a miles de personas sin casas, cercados por el agua y atrapadas en Nueva Orleans.

"Gran parte de la ciudad estaba bajo el agua, inundada. Se me dijo que la gente tenía que ser evacuada. Algunas personas fueron a las tiendas y las saquearon; se habían quedado sin comida. Hubo algunos que asaltaron tiendas que habían sufrido las inundaciones. Lo que hicimos [en la Joint Task Force] fue empezar por poner a la Guardia Nacional y tropas en servicio activo trabajando juntos", rememora.

Pero entonces, la cosa comenzó a torcerse. Las autoridades locales y la policía empiezan a hablar de "francotiradores" entre los civiles que estarían atacando a los helicópteros de las fuerzas del orden. Desde la Casa Blanca llamaron a Honoré: "Si hay francotiradores, enviamos las tropas federales [el Ejército] esta misma noche. Tenemos una brigada lista para partir, de operaciones especiales". Sin tapujos y con algún insulto, Honoré rememora su respuesta. No se enviaron las tropas. Paralelamente, el gobernador del estado de Luisiana le dijo: "Vamos a sacar a todos [del Superdrome donde se habían refugiado a los supervivientes] y dispararemos a matar si vemos a alguien saqueando ". Más insultos. "Y ahí es cuando le dije que no diera la orden a las tropas de que disparan a matar", recuerda Honoré.

"Había mucha percepción entre la gente de todo el país de que la ciudad era peligrosa y sin ley. Era una mala percepción. Y cuando llegaron los soldados, llegaron con sus armas. Tuve que decirles, 'bajad las malditas armas, no necesitas armas aquí'. Necesitamos agua y comida".

La ciudad de Nueva Orleans, tras el paso del Katrina. (Reuters)
La ciudad de Nueva Orleans, tras el paso del Katrina. (Reuters)

Para Honoré, hay que dar una respuesta a los saqueos que se han producido en la última semanas de protestas por todo EEUU, pero "el Ejército debería ser la última opción" antes de enviarlo a las calles para controlar a sus propios ciudadanos. "Hay que separar las manifestaciones pacíficas y legítimas de los saqueadores. Y contra esos es los que tiene que actuar la Policía. Si se ve desbordada [como ha pasado en algunos casos], es cuando entraría la Guardia Nacional. El Ejército no se puede utilizar así", explica. "El dilema que tenemos aquí es que la policía, a la que se le culpa de haber comenzado esto [por la muerte de Floyd], es la misma que tiene que ahora controlar las protestas".

La Insurrection Act es una ley residual de 1807 que permite el despliegue de tropas militares para hacer valer la ley federal dentro del propio territorio de EEUU. Se utilizó especialmente en los estados sureños durante la década de los 50 para que se hicieran efectivas las leyes contra la segregación racial. Desde entonces, se ha utilizado muy esporádicamente. La última, tras la absolución de los cuatro policías que dieron una paliza a Rodney King, que generó disturbios en Los Ángeles en 1992. "Es muy inusual utilizar las tropas federales [el Ejército]. ¡No es algo que estudiemos en las escuelas militares! Porque no hay un plan en el Ejército de EEUU para ser usado contra sus propios ciudadanos", afirma el general.

“[Trump] está instando a actuar con mano más dura porque no sabe cuál es el verdadero problema. El verdadero problema aquí es justicia social”. Una dicotomía que podría ser análoga a la que se vivía tras el Katrina. "Algunos lo llamaban saqueos, yo lo llamé supervivencia. Había que dejar muy claro que estábamos allí en una misión humanitaria, y para una misión humanitaria no había que responder con armas". Hoy, el problema social está siendo militarizado: "Trump está intentando identificar a los manifestantes como el problema, sin llegar a la raíz. El Ejército no debería ser utilizado como un instrumento político de la Casa Blanca dentro de Estados Unidos".

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