Dengue, gripe, sarampión y covid-19: la pandemia perfecta que amenaza a Brasil
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Han renunciado tres ministros de Sanidad

Dengue, gripe, sarampión y covid-19: la pandemia perfecta que amenaza a Brasil

Brasil, el segundo país con más casos de coronavirus puede experimentar en las próximas semanas una "tormenta perfecta": dengue, gripe y sarampión se unen al covid-19

placeholder Foto: Simpatizantes del presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, realizan una manifestación de apoyo al mandatario este domingo, en Brasilia (Brasil). (EFE)
Simpatizantes del presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, realizan una manifestación de apoyo al mandatario este domingo, en Brasilia (Brasil). (EFE)

Jorge Galoti Nunes es lo que se dice un superviviente. Este jubilado de 68 años fue diagnosticado con dengue pocos días antes de ser hospitalizado con sospecha de covid-19. Después de la confirmación, este anciano necesitó ser entubado dos veces. Tras de varias semanas debatiéndose entre la vida y la muerte, consiguió recuperarse contra todo pronóstico. "Tuve mucho miedo de perder a mi padre. Fue una gran emoción cuando recibió el alta, después de casi dos meses en el hospital", cuenta su hijo Bruno Ribeiro Nunes, de 29 años.

El caso de Jorge no es una excepción. Brasil, que ya se ha convertido en el segundo país con más casos de coronavirus del mundo y está camino de ser el nuevo epicentro mundial de la pandemia, puede experimentar en las próximas semanas una "tormenta perfecta". Un ejército de virus amenaza la salud de los 210 millones de brasileños. El dengue y otras enfermedades tropicales como el chikungunya y el zika, junto a la gripe común, la fiebre amarilla y el rebrote del sarampión presionan el precario sistema sanitario y contribuyen a que se produzca el temido colapso.

Foto: Donald Trump. (EFE)

La expresión "tormenta perfecta" fue utilizada a finales de marzo por Wanderson Oliveira, el secretario nacional de Vigilancia de la Salud y el ideólogo del confinamiento, tan atacado por el presidente Jair Bolsonaro. El mandatario brasileño ha saboteado desde el inicio la idea de aislamiento social, participando cada fin de semana en manifestaciones en contra de la cuarentena y de la instituciones democráticas como el Parlamento y el Tribunal Supremo. Por esta razón, Oliveira acaba de dejar su cargo este mismo lunes, siguiendo el ejemplo de los dos anteriores ministros de Sanidad.

Lo hace en un momento en que varios militares han sido nombrados para cargos estratégicos de este ministerio, comandado de forma interina por el general Eduardo Pazuello. Este acaba de aprobar un protocolo para el uso de la polémica cloroquina, un medicamento generalmente empleado para tratar la malaria y que tiene varios efectos colaterales, como arritmias e infartos. Por esta razón, los dos ministros de Sanidad que hasta ahora han intentando enfrentar, sin mucho éxito, la pandemia se han negado a apoyar la introducción de la cloroquina y han preferido dejar el Gobierno.

Mientras Brasil supera los 24.000 muertos y los 375.000 contagiados, la epidemia silenciosa de dengue, un virus transmitido por el mosquito 'Aedes aegypti', también causa estragos entre la población. El último boletín del Ministerio de Salud revela que en lo que va de año fueron registrados 676.928 casos de esta enfermedad y 265 decesos. La media nacional es de 209 casos por cada 100.000 habitantes y supone un crecimiento del 59% en relación a 2019.

La cuádruple pandemia

Esta situación se viene arrastrando desde el año pasado. Un informe del Ministerio de Sanidad publicado en abril de 2019 indicaba que cerca de mil ciudades podían registrar un nuevo brote de dengue, zika y chikungunya, y que además 5.214 municipios habían constatado un aumento de la incidencia de estos virus. Solo en los primeros ocho meses del año pasado, los contagios de dengue crecieron un 600%. "Es muy probable que registremos un gran número de casos de dengue hasta el comienzo de junio, cuando la curva epidémica empieza a disminuir en la región sur-oeste", advierte Mateus Westin, especialista en enfermedades infecciosas y profesor del Departamento de Clínica Médica de la Universidad Federal de Minas Gerais.

El sarampión es otro reto para los médicos brasileños, de por sí muy castigados por la emergencia sanitaria provocada por el covid-19. De hecho, Brasil ya es el país del mundo donde se registra el mayor número de decesos entre en los profesionales de la salud. Entre el 29 de diciembre y el 25 de abril, fueron registrados 2.919 casos de sarampión, un número 23 veces más alto comparado con el mismo periodo del año pasado. Los expertos temen que el número de contagios crezca exponencialmente en los próximos meses debido a la llegada del frío en las regiones del sur y a la disminución de la vacunación por causa del covid-19.

Solo en los primeros ocho meses del año pasado, los contagios de dengue crecieron un 600%

El virus del sarampión había sido eliminado en Brasil, pero reapareció en 2018 y se consolidó rápidamente debido a que hay una gran cantidad de personas no vacunadas. El brote empeoró en 2019, cuando Brasil registró 18.203 casos y 15 muertes. "Estamos observando que, con la pandemia del coronavirus, ha bajado significativamente la búsqueda de vacunas y en general de la atención médica como un todo. Es otro factor que eleva el número de casos", señala al respecto Munir Ayub, médico de la Sociedad Brasileña de Enfermedades Infecciosas.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) y Unicef calculan que 117 millones de niños en todo el mundo pueden quedarse sin la vacuna contra el sarampión debido a la situación generada por la pandemia de covid-19. Además, se estima que 24 países tuvieron las vacunas canceladas en plena pandemia y que 13 países podrían suspender las campañas.

Llega el invierno

Otro enemigo de los brasileños en tiempo del coronavirus es la gripe. A partir del mes de junio y con la llegada del invierno austral suelen bajar los casos de dengue, pero suben los de gripe común y otras enfermedades respiratorias. En 2019, Brasil registró 1.122 muertes por los tres tipos de gripe existentes. Sin embargo, la incidencia de estos virus es bastante inferior al impacto del covid-19. Un estudio de la prestigiosa Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz) revela que hasta el 2 de mayo fueron contabilizados 57.017 casos de Síndrome Respiratorio Agudo Grave (SRAG), que podrían llegar a 74.232 cuando todos los datos disponibles sean procesados. De ellos, solo el 7,8% corresponde a la gripe, mientras que el 82,7% fueron casos confirmados de coronavirus.

"Sin duda, la acumulación de estas enfermedades va a presionar el sistema sanitario. Y eso sin hablar de los otros problemas, ya que los hipertensos no van a dejar de ser hipertensos por causa de la pandemia, ni tampoco los diabéticos. Por esta razón, una buena gestión de la salud y de los recursos disponibles será importantísima", afirma André Périssé, investigador de la Escuela Nacional de Sanidad Pública de la Fiocruz.

placeholder El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, se reúne con simpatizantes este domingo, en Brasilia (Brasil). (EFE)
El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, se reúne con simpatizantes este domingo, en Brasilia (Brasil). (EFE)

De hecho, el exministro de Sanidad, Nelson Teich, que también es oncólogo, alertaba en una reciente entrevista sobre otros efectos colaterales de la pandemia. Desde el indicio de la emergencia sanitaria, al menos 50.000 brasileños con sospecha de cáncer no consiguieron ser diagnosticados. La alta demanda de atención médica por el covid-19 ha hecho que se cancelen consultas y pruebas clínicas como las biopsias, además de las tan necesarias cirugías. Por otra parte, muchos pacientes se resisten a acudir a los hospitales por miedo de contraer el coronavirus.

Apenas se realizan test

La preocupación es legítima. La pandemia avanza sin que el Gobierno federal haya sido capaz de trazar una estrategia de contención y lucha de la enfermedad. Uno de los principales problema es la falta de pruebas clínicas, que impide el diagnóstico y el aislamiento de las personas contagiadas. Brasil está a la cabeza de los países con más casos del mundo y sin embargo realiza menos pruebas que Estados Unidos, Rusia, Reino Unido, España, Italia y Alemania. Hasta el 20 de mayo se hicieron tan solo 423.400 test para 210 millones de habitantes, es decir, uno por cada 500 personas.

La consecuencia es una preocupante infradeclaración de casos. Los expertos alertan que habría que multiplicar los datos oficiales por 11 o incluso por 15 para tener una idea de la situación actual. Por otra parte, las muertes contabilizadas solo equivaldrían al 60% de la cifra real, según las proyecciones matemáticas realizada por distintos centros de investigación.

Los expertos alertan que habría que multiplicar los datos oficiales por 11 o incluso por 15 para tener una idea de la situación actual en Brasil

Los principales focos en este momento son São Paulo y de Río Janeiro, donde la mortalidad duplica la media nacional, aunque ciudades como Manaus, en la Amazonía, y los Estados de Ceará y Pernambuco también se han visto especialmente afectadas. El escenario a lo largo y ancho de la geografía brasileña es parecido: hospitales abarrotados, filas para conseguir una plaza en las unidades de reanimación, respiradores insuficientes e incluso escasez de medicamentos básicos como los sedantes y los relajantes musculares, necesarios para realizar el delicado proceso de intubación de los pacientes.

"Para que Brasil no se convierta en el epicentro de la pandemia, es preciso tener un diagnóstico amplio de la población, medidas de restricción, soporte en los hospitales y estandarización de las medidas. Aquí no hay nada de eso. Y la situación todavía debe empeorar mucho. El invierno está llegando, hay una desinformación masiva y las cuarentenas están siendo suspendidas", explica Paulo Brandão, profesor de Virología de la Universidad de São Paulo (USP).

Una altísima mortalidad

La fragilidad del sistema sanitario de Brasil se ve reflejada en el elevado número de fallecimientos. Solo uno de cada tres pacientes graves de covid-19 que son entubados se recupera. La mortalidad alcanza el 66%, una cifra muy alta en comparación con los estándares internacionales. En el Reino Unido, por ejemplo, el porcentaje es del 42%, y en Holanda llega al 44%. Son datos de la Asociación de Medicina Intensiva Brasileña, basados en un estudio que evaluó entre el 1 de marzo y el 15 de mayo 450 hospitales en todo Brasil y 13.600 camas de terapia intensiva.

A pesar de este escenario desalentador, algunas ciudades del Estado de Río de Janeiro ya han decretado la reapertura del comercio. Detalle: todavía no se ha alcanzado el pico de contagios. El propio alcalde de Río de Janeiro, Marcello Crivella, un obispo evangélico que aspira a la reelección, anunció que pretende reabrir tiendas y centros comerciales a partir del 1 de junio. Lo hizo tras una reunión en Brasilia con Jair Bolsonaro, del que espera el apoyo para las elecciones municipales de octubre, que probablemente serán retrasadas por causa del coronavirus.

Foto: Un funeral en París de una víctima del coronavirus. (EFE)

Tampoco hay que olvidar la profunda crisis política que atraviesa Brasil, que está contribuyendo al rápido avance de la pandemia. Desde el inicio, el presidente ha declarado que la economía no pude parar, provocando muchas tensiones con los gobernadores, los verdaderos responsables, junto a los alcaldes, de implementar las medidas de confinamiento. Solo en pocas ciudades se ha conseguido decretar un confinamiento estricto, como el Estado del Maranhão, en el norte del país, donde fue necesaria una decisión judicial. El resultado, por cierto, ha sido excelente con una bajada de 72% de los casos sospechosos en tan solo dos semanas.

La previsible crisis económica puede aliarse al rosario de epidemias y causar aún más víctimas. Frente a una posible caída del PIB de hasta un 7%, el Gobierno federal ha lanzado un programa de ayudas sociales para los más necesitados. Se trata de un subsidio de 600 reales (95 euros) al mes, concedido inicialmente durante tres meses a desempleados, trabajadores precarios y autónomos afectados por el coronavirus. Hasta ahora, cerca de 50 millones de brasileños se han beneficiado de esta medida. Sin embargo, su implementación ha sido lenta y farragosa, y ha acabado creando grandes aglomeraciones en las sucursales bancarias, algo muy criticado porque podría generar más contagios.

Bolsonaro también ha prometido liberar una ayuda financiera de unos 9.300 millones de euros para que los estados y los municipios puedan hacer frente a los gastos excepcionales ocasionados por la pandemia. De momento, no hay fecha establecida para que el dinero llegue a los cofres públicos de los 27 estados federados de Brasil. Hay que ver ahora si realmente cumplirá su promesa después de la divulgación del polémico vídeo de la reunión ministerial, en la que el mandatario ataca a gobernantes y jueces del Tribunal Supremo, al mismo tiempo que amenaza con interferir en el trabajo de la Policía Federal para proteger a sus hijos y amigos investigados por corrupción.

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