Asimétrica y entre protestas

"Es una bofetada en la cara de los sanitarios": la desordenada reapertura de EEUU

24 de los 50 estados del país ya están en proceso de reapertura, incluso aquellos en los que la curva de contagios continúa creciendo, como Iowa, Nebraska, Misuri o Kansas

Foto: Una manifestante pide que se cierren las playas en California. (EFE)
Una manifestante pide que se cierren las playas en California. (EFE)

La opinión de las autoridades científicas en Estados Unidos sigue siendo la misma: no se puede retomar la actividad de golpe, hay que mantener las precauciones. Pero la fuerza tectónica de las empresas y de muchos ciudadanos, confinados desde hace semanas, está ganando el pulso a los epidemiólogos. Un total de 24 de los 50 estados del país ya están en proceso de reapertura, incluso aquellos en los que la curva de contagios continúa creciendo, como Iowa, Nebraska, Misuri o Kansas.

“Si no tenemos éxito, o tratamos de reabrir (la economía) prematuramente, y tenemos más brotes que se escapan a nuestro control, podría haber un rebote que nos devuelva a la situación en la que estábamos hace unas pocas semanas”, ha advertido, una vez más, Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas y voz divulgadora de la Casa Blanca.

La curva de la pandemia en Estados Unidos es muy particular. No presenta subidas y bajadas sostenidas, como en el resto de países afectados, sino que tiene picos y caídas de un día para otro, como un electrocardiograma lleno de problemas y arritmias. El día 17 de abril, por ejemplo, hubo 2.584 muertos en todo el país. Dos días después la cifra bajó a menos de la mitad, 1.192, para luego dispararse hasta 2.427 el día 21, y así sucesivamente. Una montaña rusa que serpentea sin ton ni son.

De momento, ninguno de los estados ha cumplido la principal recomendación del Gobierno para iniciar la reapertura: que los contagios hayan ido bajando durante 14 días consecutivos. Y, si se quita Nueva York de las cifras totales, queda claro que los contagios a nivel nacional todavía no han alcanzado el pico.

Curva bipolar y armas al Capitolio

Más allá de las recomendaciones de la Casa Blanca, la gestión de la crisis ha caído directamente sobre los hombros de gobernadores, alcaldes y hasta empresarios, que, dependiendo de su ideología o de la coyuntura, han dado una mayor o menor importancia al coronavirus. Como consecuencia, la curva es salvaje, bipolar, y a lo largo y ancho del país se dan las situaciones más diversas y rocambolescas.

El pasado jueves, un grupo llamado Michigan United for Liberty irrumpió en el Capitolio de este estado: la mayoría iban sin mascarillas y con atuendo militar, incluidos fusiles de asalto. Los manifestantes, que ya habían rodeado el Capitolio días antes pidiendo el desconfinamiento, protestaban contra la extensión del estado de alarma, decretada por la gobernadora, Gretchen Whitmer, pese al rechazo del Congreso. El Tribunal Constitucional de Michigan falló a favor de la gobernadora.

“Hemos salvado vidas en el proceso”, declaró la gobernadora demócrata en la CNN. “Tenemos que seguir escuchando a los epidemiólogos y expertos y no la retórica partidista, o estas marchas políticas o tuits. Tenemos que seguir haciendo lo correcto”. Whitmer apuntó que, entre los manifestantes, se habían visto banderas confederadas, que reflejan el pasado racista del sur de EEUU, y símbolos nazis.

Grupo armado en Michigan. (Reuters)
Grupo armado en Michigan. (Reuters)

Ha habido protestas similares en una decena de estados, y contraprotestas. En Denver, Colorado, varios trabajadores médicos, con su uniforme y sus mascarillas, cortaron el paso a las personas que se dirigían a rodear el Capitolio estatal con sus banderas estadounidenses y sus peticiones de que se dejase reabrir los negocios. Una de las manifestantes anticonfinamiento, asomándose por la ventanilla del coche, le espetó a un enfermero: “Este es un país libre. Esta es la tierra de los libres. ¡Vete a China!”.

La Parca en Florida Beach

Un abogado de Florida, Daniel Uhlfelder, anda por las playas abarrotadas vestido de La Muerte, con su capucha negra y su guadaña. “Es una forma de enviar el mensaje de que este virus es mortal y necesitamos pensarlo y tomarnos algún tiempo antes de hacer este tipo de cosas”, declaró Uhlfelder a 'USA Today'. “Este es un símbolo de lo seria que es esta situación”.

En la vecina Georgia, las órdenes del gobernador, el republicano Brian Kemp, de reabrir la mayor parte de los negocios, han sido ignoradas a nivel local por la alcaldía de Atlanta y por los dueños de al menos 120 restaurantes. “Reconociendo que cada operador se enfrenta a decisiones increíblemente difíciles respecto al camino a seguir, reafirmamos el hecho de que la salud pública es la máxima prioridad”, declaró un grupo de chefs y empresarios de la hostelería en un comunicado.

NY, la mayor mortalidad per cápita

La zona cero de la pandemia, el estado de Nueva York, con casi 20.000 muertos de covid-19 (124 por cada 100.000 habitantes, más que ninguna otra región o país del mundo), se felicita por estar aplanando la curva. El número de hospitalizaciones y fallecimientos diarios ha descendido hasta niveles de finales de marzo. De los cuatro hospitales de campaña anunciados para contener la ola, solo uno, el del Javits Center de Manhattan, llegó a abrir sus puertas, y ya ha anunciado el cierre.

“Reabrir [la economía] es más bien un género artístico”, declaró el gobernador Andrew Cuomo, muy dado a la filosofía política en sus ruedas de prensa diarias. El demócrata, que se ha convertido en el líder estadounidense mejor valorado en esta crisis, describía así la imposibilidad de encontrar un camino correcto, único y específico para volver a la normalidad. Y advirtió: “Aún no estamos fuera de peligro”. El estado tiene previsto iniciar su primera fase de reapertura el 15 de mayo.

Los parques de la ciudad de Nueva York, mientras tanto, se han llenado este fin de semana. Tras un mes y medio de confinamiento y a una temperatura, por primera vez este año, superior a los 20 grados centígrados, las familias y grupos de amigos volvieron a salir como si nada hubiera pasado. “¡16.000 muertos en ocho semanas!”, tuiteaba Cleavon Gilman, médico de urgencias, con un vídeo de Central Park hasta arriba. “Esto es una bofetada en la cara de los proveedores sanitarios que están arriesgando sus vidas y muriendo en el frente de la pandemia de coronavirus”.

Vídeos similares llegaban desde otros lugares de la ciudad: grupos muy juntos, tumbados sobre sábanas en la hierba, sin guantes ni mascarillas, con los perros y los niños correteando libres. Estas imágenes han puesto nervioso al alcalde, Bill De Blasio, que ha advertido sobre el posible “efecto Boomerang” del relajamiento: un rebrote después de tantas semanas de esfuerzo y drama económico. Solo el sábado la ciudad puso 43 multas por violar las reglas de distanciamiento social.

La Casa Blanca, mientras tanto, mantiene su doble mensaje: por un lado las recomendaciones de sus autoridades científicas, como el doctor Fauci, y por otro un tono optimista, a favor de la reapertura e incluso de las protestas que exigen la reapertura. “Estoy muy a favor de lo que están haciendo”, dijo el presidente del país, Donald Trump, sobre los estados que habían empezado a retomar la normalidad. Anoche Trump protagonizó un debate público por internet, acogido por Fox News. Se titulaba: “EEUU juntos: Volviendo al trabajo”.

Las comparecencias diarias del presidente también se han vuelto más estructuradas y alegres, y Donald Trump ha pasado este fin de semana en la residencia oficial de Camp David: la primera vez que sale de la Casa Blanca desde finales de marzo. Este martes viajará a una fábrica de Honeywell en Arizona. La cifra nacional de muertes, por el momento, aún no ha empezado a bajar: se mantiene en torno a las 2.000 diarias, con una suma de casi 70.000 y más de 1 millón 100.000 infectados.

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