LA SITUACIÓN DE MUCHAS FAMILIAS ES CRÍTICA

¿Por qué se cuelgan trapos rojos en algunas casas de Sudamérica durante la cuarentena?

En muchas capitales de América aparecen estas prendas colgadas de las viviendas durante el confinamiento por el Covid-19

Foto: Banderas, camisas o trapos rojos para indicar que se necesita ayuda alimentaria durante la cuarentena (EFE/Carlos Ortega)
Banderas, camisas o trapos rojos para indicar que se necesita ayuda alimentaria durante la cuarentena (EFE/Carlos Ortega)

Bogotá es una de las principales capitales de Hispanoamérica. Con unos siete millones y medio de habitantes, era una ciudad bulliciosa y vibrante hasta que la llegada del coronavirus, como en muchas otras partes del mundo, ha dejado sus calles vacías. Pero este confinamiento está provocando, además, un nuevo fenómeno: la aparición de los trapos rojos.

En el año 2017, algunas viviendas de Madrid comenzaron a mostrar trapos rojos colgados de sus ventanas como denuncia de que en su edificio había narcopisos. Era una forma de alertar a la policía de la presencia de okupas que se introducían en domicilios para convertirlos en lugares donde traficar con drogas. Pero ahora, esos trapos rojos significan algo muy diferente.

Ruth Grisales vive en un apartamento de dos habitaciones en la comuna de Soacha, a las afueras de Bogotá. Su familia está formada por cuatro miembros, pero en el frigorífico solo hay unas pocas patatas, alguna cebolla y medio kilo de carne picada: "La tengo vacía. Por la falta de plata, de trabajo, por esta situación que estamos viviendo". Por eso puso el trapo rojo, "para informar que tenemos hambre, que la necesidad es mucha para todos nosotros".

Una llamada de atención

La capital de Colombia es una de las ciudades con más desigualdad de todo el mundo: la opulencia del centro de la capital contrasta con la pobreza de los suburbios. Y Ruth Grisales es el mejor ejemplo de lo que está provocando la pandemia: antes trabajaba como empleada de hogar en varias casas acomodadas de la ciudad: ahora nadie la contrata y no tiene dinero para comer.

Esta mujer explica a la BBC que "ahora todo dio un giro. Mis trabajos se terminaron y ninguno de los patrones se ha dedicado ni a llamarme para preguntar cómo estoy". No tiene para pagar los 250.000 pesos que le cuesta el alquiler (poco más de 55 euros) y reconoce que solo son capaces de comer un plato de comida cada día. Y lo peor es que, como ella, hay millones de personas en la misma situación.

El gobierno colombiano trata de ayudar dentro de sus posibilidades, suspendiendo el pago de impuestos, ofreciendo créditos blandos y destinando millones de pesos a subsidios. Pero si no fuera por alcaldías como la de Soacha u otras localidades, que entregan miles de bolsas con alimentos básicos como arroz, lentejas o harina, la situación sería aún más dramática. Y para poder hacerse con alguna de estas bolsas hay que hacer horas de cola en las plazas donde se reparten.

Juan Saldarriaga, alcalde de Soacha, reconoce que con los trapos rojos han conseguido identificar viviendas donde la necesidad acecha: "El trapo no solo nos sirve a nosotros para ubicar el hambre, sino también a los vecinos para generar solidaridad entre ellos". Pero lo que comenzó siendo una llamada de alarma se está convirtiendo, con el tiempo, en una señal de protesta.

El historiador colombiano Marcos González espera que cada vez aparezcan más trapos rojos, pero no solo en las viviendas, sino también en negocios, banderas, etc.: "La gente que está desesperada necesita un símbolo para desahogarse". Hoy es el trapo rojo y Colombia se está llenando de esas protestas a mitad de camino entre el hambre y la desesperación.

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