ENTREVISTA A GAEL GIRAUD

Giraud: "Europa tiene que ser algo más que la Costa Azul de la burguesía de Shanghái"

El economista francés apuesta por reindustralizar el sur de Europa y aplicar un proteccionismo con tasas verdes para evitar “una depresión económica terrible de diez años”

Foto: Gael Giraud. (Agence Française de Développement - Alain Goulard)
Gael Giraud. (Agence Française de Développement - Alain Goulard)

Las reglas de las finanzas y las del espíritu. Gaël Giraud, economista, director de investigación económica del Centro Nacional de Investigaciones Científicas de Francia, exdirector económico de la cooperación francesa entre 2015 y 2019, autor de numerosos libros y jesuita, resume un poco en su experiencia los muchos frentes abiertos por esta pandemia.

El reputado economista aporta ideas casi revolucionarias para los dogmas actuales del mercado. Su apuesta para Europa es reindustrializarse y protegerse con “tasas verdes” que le permitan levantar un tejido industrial destruido por la globalización. Ataca a la Europa insolidaria del norte, al 'dumping' que practican países como Países Bajos, cuestiona el libre mercado y exige que esta vez se rescaten personas y no bancos. Que Europa haya descubierto en medio de esta crisis que es incapaz de fabricar simples mascarillas es un bofetón de realidad sobre el que pide reflexionar.

PREGUNTA. ¿En esta crisis el ser humano se ha enfrentado a elegir entre una ética económica y una ética sanitaria?

RESPUESTA. En apariencia, sí. Muchos países han sido reacios a sacrificar sus economías para salvar vidas. El gobernador de Texas, por ejemplo, llamó a los "viejos" de su estado a sacrificarse por la economía. La destrucción de la biodiversidad y la deforestación son una fuente de creación de pandemias. Una transición ecológica poscrecimiento, de hecho, creará muchos empleos y prosperidad real.

P. Lo que sí hemos vivido es países que han optado por practicar un encierro duro y países que han optado por ser más tibios.

R. Suecia, los Países Bajos, Islandia o Malta, por citar solo ejemplos europeos, decidieron no practicar el confinamiento estricto y brutal porque habían rastreado mejor a las personas infectadas desde el comienzo de la pandemia. Lamentablemente, países como Francia y España han dejado que la pandemia explote en sus poblaciones y han hecho que el confinamiento sea imperativo.

P. El virus golpea con más dureza a los más débiles de los países más ricos. ¿La prosperidad ha sido un factor perjudicial?

R. Lo que sucede es que la movilidad es mucho más fuerte en los países ricos. En África subsahariana, la mitad de la población tiene menos de 20 años y tienen menos problemas. Nuestra población es más vieja y frágil para este virus. Esto es también por el dinero, tenemos más ancianos porque tenemos dinero para curarlos y en África no.

P. Cada día mueren en el planeta miles de personas por enfermedades o pobreza “pandémica”. ¿Ha descubierto Occidente de golpe una fragilidad que en muchos lugares es costumbre?

R. Hay en Europa un pánico que cualquier europeo que ha vivido en África subsahariana conoce muy bien. Los colapsados servicios de emergencia en Lombardía, que tuvieron que elegir a las personas que iban a tratar de salvar, han descubierto el horror de las decisiones que toman muchos hospitales africanos.

P. Muchos culpan a la globalización de ser la culpable de esta pandemia. ¿Qué opina?

R. Debemos recordar que ha habido muchas pandemias en el pasado sin globalización. La globalización no es responsable de la pandemia, pero sí de que por primera vez haya una pandemia mundial en tres meses. La globalización es también responsable de la fragilidad del sistema de producción. Si hay una compañía china que no puede trabajar por el virus esto tiene consecuencias en todo el mundo. Debemos reconstruir un mundo con una globalización con capacidad de resiliencia para hacer frente a una pandemia.

P. ¿Y cómo conseguir ese objetivo?

R. Hay que hacer una relocalización industrial en Europa. Especialmente España, Italia, Portugal, Irlanda, Grecia y Francia, se han desindustrializado en el pasado y esto es un engaño. Hay que reindustrializar el “sur" de Europa.

P. ¿Los costes de una industria europea pueden competir con los costes de una industria como la China?

R. Los salarios en la costa este de China han subido en los últimos diez años. No es ya tan interesante trasladarse a China, es más rentable África o la Europa del Este, pero no tiene sentido organizar un capitalismo con el abuso de la población de Europa del Este o África. Necesitamos un proteccionismo inteligente para comenzar una reconstrucción industrial en Europa, una reconstrucción ecológica. La revolución industrial del siglo XIX se hizo con el proteccionismo.

P. ¿El proteccionismo no corre el riesgo de acabar convirtiéndose en un tipo de nacionalismo?

R. Son dos cosas distintas. El proteccionismo se refiere al flujo de bienes y servicios y al flujo de capital, no al intercambio de ideas y personas. En particular, no es un sinónimo de nacionalismo o de guerra. En el siglo XIX, Francia y Prusia firmaron un tratado de mercado libre y dos años después comenzaron la guerra de 1870. Durante los 30 años gloriosos, de 1945 a 1975, en Europa occidental había proteccionismo y hemos vivido en paz. El libre mercado es un tipo de relación entre países basado en la competencia, es decir, la lucha sin límites, pero hay muchas otras opciones para promover la cooperación.

P. ¿Esto no acaba con la UE?

R. La ideología del libre mercado es algo que debemos reflexionar porque se ha demostrado un total fracaso. Los diversos planes de rescate de la Comisión Europea y del Banco Central Europeo son demasiado débiles o están reservados para los bancos. Sin embargo, hoy no son los bancos los que se deben salvar con prioridad, sino los hogares y las empresas. ¿Si la UE no es capaz de demostrar un poco de solidaridad en esta tragedia con la emisión de coronabonos o la inyección de liquidez monetaria directamente por el BCE en la economía real, no en forma de deuda, sino en forma de una subvención como lo hicieron los Estados Unidos Estados y Alemania, para que sirve la Unión Europea? La razón por la cual los sistemas de salud en Italia, España o Francia son tan débiles es por la austeridad presupuestaria que hemos implementado tontamente desde 2008.

P. ¿Qué papel juega Francia en esta crisis entre norte y sur?

R. Francia tiene un papel mediador entre Países Bajos y Alemania, por una parte, y España e Italia. Estoy sorprendido del papel de Francia desde hace algunos días. Hasta hoy, detrás de los hermosos discursos líricos, Francia siempre había tenido un papel muy egoísta, y hoy parece que está ayudando al diálogo.

P. La crisis económica de hace doce años y ahora el coronavirus parecen apuntar a dos Europas muy diversas.

R. Es cierto, pero las dos partes se necesitan. Sin la Europa del sur la Europa del norte no tiene demanda para sus productos. Necesitan entender la lógica macroeconómica: una fuerte producción necesita una fuerte demanda. La solución óptima es reindustrializar el sur y permitir que suban los salarios alemanes; los accionistas alemanes obtendrán un poco menos de ganancias, pero los trabajadores pobres en Alemania se lo agradecerán.

P. ¿Qué tipo de proteccionismo propone?

R. Por ejemplo una tasa aduanera al carbono para luchar contra el dumping de los países que no respetan el tratado de París de 2015. Una tasa contra el dumping social, una tasa contra los productos que vengan de la deforestación y destrucción de la biodiversidad. Esto es un proteccionismo inteligente.

P. ¿Un proteccionismo así es una solución realista?

R. Practicamos, de hecho, grandes distorsiones fiscales entre países: el dumping fiscal de los Países Bajos ha transformado a este país, junto a Luxemburgo, en un paraíso fiscal en la zona euro. Pero si todos hacen lo mismo, los Países Bajos serán más pobres. Acompañado por la uniformidad fiscal entre nosotros, el proteccionismo es la única forma de entablar un diálogo constructivo entre europeos y con nuestros socios. Europa sigue siendo el continente más rico, más educado y más abierto del mundo. ¿De qué tenemos miedo? O practicamos un proteccionismo inteligente o la alternativa es una depresión económica terrible para toda Europa en los próximos diez años.

P. ¿Un nuevo Plan Marshall?

R. En efecto, necesitamos un Plan Marshall de reconstrucción de la economía de Europa en verde. Es la única forma, creo, de recuperar la soberanía económica, volverse más resistente a los próximos choques ecológicos, crear empleos y progresar hacia una sociedad europea más humana.

P. Meter tasas proteccionistas tendría una respuesta similar de otros países que podrían castigar las exportaciones europeas, ¿no?

R. Hasta el estallido de la pandemia, la UE era el principal exportador mundial de bienes y servicios, por delante de China. Nuestra balanza comercial estaba en positivo y superó el +19%. Por supuesto, hay sectores donde dependemos mucho del mundo exterior, minerales y energía en particular. Pero el libre comercio no nos protege de esta dependencia. Finalmente, la UE ya practica el proteccionismo para protegerse de la competencia desleal de varios competidores. De hecho, nadie realmente practica el libre comercio. Especialmente no los Estados Unidos que entendieron que ya no les interesaba seguir fingiendo.

P. ¿Lo más importante es reindustrializar Europa?

R. Claro, porque una economía del turismo y los servicios no es una economía con resilencia ni próspera. Además, ¿queremos que el sur se convierta en un centro turístico para los chinos ricos? Europa tiene algo más que traer al mundo que ser la Costa Azul de la burguesía de Shanghái, ¿verdad?

P. ¿El bofetón de realidad ha sido descubrir que en una crisis como esta una potencia como Europa no es capaz ni de producir mascarillas?

R. Sí, es una tragedia que algunos países de Europa no sean capaz de producir mascarillas. Esto es consecuencia de la globalización mercantil y deslocalización. En Francia, hace dos años, había una empresa en Bretaña, Plaintel, que podía producir millones de mascarillas cada año. La empresa se vendió a EEUU y la cerraron porque no era rentable.

P. ¿Hay una alternativa al capitalismo?

R. Esta cuestión es muy fascinante para los intelectuales franceses, pero es una cuestión que no conozco la respuesta porque no conozco una definición precisa. ¿Hablamos del capitalismo sueco, el de Lombardía o el de Japón? Hay muchos tipos de capitalismo. Perdemos mucho tiempo de debate ideológico con esta cuestión metafísica. Si uno se pregunta si existe una alternativa a la privatización del mundo, la pregunta ya se vuelve más interesante. Porque esta privatización es la agenda del posliberalismo contemporáneo, que algunas personas llaman erróneamente "neoliberalismo", cuando ha roto con el liberalismo clásico. El posliberalismo quiere someter el derecho a la lógica de la propiedad privada. El liberalismo del siglo XVIII quería defender las libertades contra la tiranía a través de la ley. El posliberalismo contemporáneo terminará en una dictadura porque es incompatible con el derecho y la democracia.

P. Usted ha mantenido en algún texto que se ha destruido en los últimos años el estado del bienestar.

R. Hace 40 años el posliberalismo ha destruido el estado del bienestar y la consecuencia es un sistema sanitario completamente débil.

P. ¿Es posible mantener el estado de bienestar de las pasadas décadas?

-Para sostener una sociedad, no es necesario extender las horas de trabajo, destruir la legislación laboral, sumergir a millones de personas en el desempleo y destruir el planeta. Hay que redistribuir la riqueza de una manera mucho más igualitaria y convertirnos en agroecología, industria verde, economía circular. Para España es esencial. Los climatólogos son claros: si no detenemos el calentamiento global, España será inhabitable antes de fin de siglo, como Italia y parte de Francia.

P. Le he leído que usted afirma que el Papa es el único jefe de estado con un visión política contra la pandemia, ¿cuál es esa visión?

-Tiene una visión más profunda y seria que, por ejemplo, Estados Unidos, que ha perdido completamente el liderazgo internacional con esta pandemia. También que Inglaterra, que ha hecho un engaño increíble e, incluso, que Europa, que ha demostrado una enorme falta de solidaridad. El Papa ha dictado el confinamiento del Vaticano muy rápido y tuvo la visión de la solidaridad con los más pobres. En EEUU han metido a los vagabundos infectados al suelo de un parking porque no querían darles un cuarto de hotel, esto es indecente. El Papa Francisco lo denunció.

P. ¿Y la Iglesia qué ha hecho?

R. Hay muchas iniciativas de los cristianos. En muchas ciudades del mundo las iglesias están ayudando a las víctimas de este virus que son los más pobres. Por supuesto, podríamos hacer mucho más.

P. ¿Puede un creyente en estos días sentirse huérfano de Dios?

R. Esta es una pregunta muy importante. Creo que no. Dios está muriendo en nuestros hospitales. El que fallece hoy, eso es Dios. Los mismo pasaba en los campos de concentración durante la II Guerra Mundial. Elie Wiesel contaba esta historia de un niño dentro del campo de concentración que los alemanes han matado y un hombre ha preguntado, ¿pero dónde está Dios? Y Elie Wiesel contestó, “Dios está muriendo, es ese niño”. Nuestra responsabilidad es que estamos de nuevo crucificando a Cristo por culpa del posliberalismo y la destrucción del sistema sanitario público.

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