LAS DISTINTAS RAMIFICACIONES DE LA CRISIS

¿Qué se dice del Covid-19? | Qué hace China para que sus fábricas funcionen casi al 100%

Esta revista de prensa reúne algunos de los artículos publicados en el mundo más útiles para entender lo que está pasando y sus consecuencias futuras

Foto: Trabajadores comen en asientos habilitados y colocados para mantener la distancia prudencial recomendada, en la fábrica Dongfeng Honda, en Wuhan. (EFE)
Trabajadores comen en asientos habilitados y colocados para mantener la distancia prudencial recomendada, en la fábrica Dongfeng Honda, en Wuhan. (EFE)

Los medios de comunicación globales están centrados en la cobertura de las muy distintas ramificaciones que tiene y tendrá la crisis del coronavirus: la sanitaria, la económica, la política, la geoestratégica. Esta revista de prensa reúne algunos de los artículos publicados en el mundo más útiles para entender lo que está pasando y sus consecuencias futuras. Es un intento de discernir la señal del ruido, aunque sea de manera provisional.

En un artículo con el poco alentador título de 'La economía mundial está colapsando', Martin Wolf, el principal comentarista del 'Financial Times', cuenta que esta crisis es “en buena medida la mayor crisis a la que se ha enfrentado el mundo desde la Segunda Guerra Mundial y el mayor desastre económico desde la Depresión de la década de 1930. El mundo ha llegado a este momento con divisiones entre sus grandes potencias y una incompetencia de proporciones aterradoras en los niveles del gobierno más elevados. Superaremos esto, pero ¿adónde nos lleva este camino?”.

El FMI, dice Wolf, prevé “una caída del 12% entre el último trimestre de 2019 y el segundo trimestre de 2020 en las economías avanzadas y una caída del 5% en los países emergentes y en desarrollo”. Es cierto que, para después, pronostica un retorno del crecimiento, pero no espera que se alcancen los niveles del tercer trimestre de 2019 hasta 2022.

¿Qué hacer en este contexto? Wolf es claro: “Debemos controlar la enfermedad. Debemos invertir masivamente en sistemas para gestionarla, una vez haya terminado el confinamiento actual. Debemos gastar lo que sea necesario para proteger de sus consecuencias a nuestra gente y a nuestro potencial económico. Debemos ayudar a miles de millones de personas que viven en países que no pueden ayudarse a sí mismos sin asistencia. Debemos recordar por encima de todo que en una pandemia ningún país es una isla. No conocemos el futuro. Pero sabemos cómo deberíamos intentar conformarlo. ¿Lo haremos? Esa es la cuestión. Le tengo mucho miedo a nuestra respuesta”.

El 'Economist' piensa en cómo puede ser el retorno a la actividad tras el confinamiento observando lo que ya está sucediendo en China. “La mayoría de las fábricas han vuelto a operar a alrededor del 80% de su capacidad. Algunas están llegando al 100% (…). Muchas de las medidas que hicieron posible la gran reapertura de China fueron cambios anodinos pero importantes en los protocolos existentes: más medidas de higiene, mayor separación entre los trabajadores y la realización de pruebas (…) Pero también se ha producido una inversión en automatización y en operación remota que ha supuesto mejoras que no se esperaban todavía. (…) Las fábricas modernas de alta tecnología ya tienen instalados sistemas para controlar quién entra, quién sale y qué lleva encima. Los procedimientos que identifican a los trabajadores ahora toman además la temperatura. Muchas fábricas también están recurriendo a una serie de aplicaciones de ‘código de salud’ desarrolladas por los gobiernos provinciales chinos. Estas funcionan mediante portales dentro de WeChat y AliPay, dos aplicaciones de pagos, para determinar el estado de salud del trabajador y su historial de viajes. (…) Una vez dentro de la fábrica, los cambios requeridos dependen de lo que hagan los trabajadores. Los que trabajan en fábricas de coches ya están muy separados y no tienen que variar demasiado su colocación, pero otras empresas están utilizando vallas para imponer la distancia. Los componentes que manejan los trabajadores se desinfectan regularmente a medida que avanzan por la línea de ensamblaje (…). Los trabajadores ya no se agrupan alrededor de cada paso del proceso de ensamblaje en densas unidades en forma de U; ahora están esparcidos, lo que aumenta su seguridad a expensas de cierta velocidad”.

En la página del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, uno de los think tanks más importantes de política europea, se preguntan por el experimento sueco. Suecia, dice Marlene Riedel, “ha impuesto muy pocas reglas y ha apelado al sentido común de la gente”. Las restricciones son mínimas: “Trabajar en casa si es posible, no hacer viajes innecesarios, nada de reuniones de más de cincuenta personas; los restaurantes, los bares y los cafés deben separar a los clientes”. “Los socios europeos han criticado mucho ese enfoque: arriesgado, experimental, cínico, ingenuo, lento y loco son algunos de los adjetivos que han lanzado a su vecino normalmente obediente (…). [Pero] el Gobierno sueco se ha aferrado a su estrategia, entonando repetidamente que está actuando de acuerdo con los consejos y los datos científicos; no, insinúa, de acuerdo con las consideraciones políticas que están motivando a algunos de los vecinos de Suecia”.

¿Qué lecciones podemos extraer de esto? “La excepción sueca nos dice algo sobre los límites de la gobernación europea. En Europa, una crisis sanitaria es, desde el punto de vista de la gobernanza, una crisis casi exclusivamente nacional. La UE tiene muy pocas capacidades y autoridades con las que responder a la epidemia. En una UE culturalmente diversa —dentro, incluso, de la región nórdica, más homogénea— a uno no debería sorprenderle que haya diferencias bastante significativas entre países”. Y una explicación de esta situación es, por supuesto, la cultura: la cultura sueca, dice medio en broma la autora, está basada en el distanciamiento social constante.

Bloomberg cuenta una historia curiosa —o algo peor, según se mire—. El Gobierno estadounidense ha puesto en marcha un paquete de 349.000 millones de dólares, gestionados por la Administración de Pequeñas Empresas, para ayudar a las pymes del país a cubrir las nóminas, los alquileres y las facturas durante ocho meses. Estos créditos pueden convertirse en subvenciones si la empresa no despide a los trabajadores o si los vuelven a contratar. Pues bien, numerosos 'hedge funds' y otras empresas dedicadas al 'trading' están pidiendo esas ayudas "después de darse cuenta de que pueden optar a ellas".

"Desde principios de abril —dice Bloomberg—, los bufetes de abogados organizan seminarios en la web y mandan alertas, y los asesores fiscales se han puesto en contacto con sus clientes para explicarles que pueden beneficiarse del programa". "Algunos 'hedge funds' ya han hecho la solicitud y rellenado los formularios para demostrar que tienen menos de quinientos empleados y certificar que 'la incertidumbre económica actual hace que su petición de crédito sea necesaria para respaldar las operaciones en marcha". Esto ha dividido a los profesionales del sector, que suelen defender las leyes del mercado frente a la intervención estatal. “Algunos 'traders' han dicho que es moralmente corrupto, mientras que otros insisten en que son pequeñas empresas, igual que peluquerías, restaurantes o tintorerías, a las que les viene bien la ayuda”.

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