DEL CISNE NEGRO AL RINOCERONTE GRIS

Sí, sabíamos que el coronavirus iba a pasar. La pregunta es: ¿por qué nadie hizo nada?

El Covid-19 no es ningún 'cisne negro'. Todos los informes de prospectiva occidentales ya alertaban de que el riesgo de una pandemia era alto y debíamos prepararnos para ello

Foto: Dos empleados de una empresa de desinfección en Corea del Sur. (Reuters)
Dos empleados de una empresa de desinfección en Corea del Sur. (Reuters)

En un informe publicado el año pasado, varios investigadores chinos concluyeron que había una "alta probabilidad" de que la próxima pandemia del coronavirus surgiera en China. En 2018, el líder de la Organización Mundial de la Salud advirtió que "una epidemia devastadora podría empezar en cualquier país en cualquier momento y matar a millones de personas porque no estamos todavía preparados". Pese a estas advertencias, muchos aún siguen creyendo que el Covid-19 era un suceso tan impredecible e improbable que no se podía haber hecho nada para remediar su expansión. Es decir, un cisne negro.

Sequoia Capital, la gestora de capital riesgo más importante de Estados Unidos, aseguró en una carta a sus empleados que "el coronavirus es el cisne negro de 2020". En la misma línea, Daniel Zhang, el jefe de Alibaba, la empresa más grande de China, dijo que el Covid-19 podría ser un "cisne negro" que descarrilara la economía global. Ambos imitaban a infinidad de medios internacionales que no han dudado en llamar así a un virus que ha acabado con la vida de casi 5.000 personas e infectado a más de 125.000 en todo el mundo.

Pero ¿realmente estamos ante un cisne negro? No lo parece. Los expertos de los países occidentales llevan alertando durante años del riesgo de una pandemia en los informes de seguridad nacional. Su mensaje es claro: era cuestión de tiempo que un virus como el Covid-19 se expandiera por el mundo. El problema era que no sabían cuándo.

"La definición de un cisne negro es un evento de alto impacto y altamente improbable. No hay documento de prospectiva que se haya elaborado en los últimos lustros en los países occidentales, también España, que no haya contemplado como una circunstancia muy probable casos de epidemias globales y pandemias, aceleradas o potenciados por la globalización y los movimientos masivos de bienes y personas, así como sus potenciales efectos. Y se estimaba que su probabilidad era elevada", explica Alberto Bueno, Investigador del Departamento de Ciencia Política Universidad de Granada, a El Confidencial.

Según la opinión de este experto, se ha utilizado demasiado el concepto de "cisne negro" durante el inicio de la crisis del Covid-19 porque no tiene una definición cerrada. Además, se busca "llamar la atención" de potenciales lectores por ser un término que "ha ganado mucha popularidad con una connotación negativa".

La recurrencia del cisne negro

El concepto "cisne negro" adquirió mucha relevancia durante la crisis de 2008 pues era una forma "atractiva" de analizar varias crisis simultáneas, según cuenta James Pethokoukis en un reciente artículo en 'The Week'. "Aquellos 'shocks' económicos auparon al inversor y matemático Nassim Nicholas Taleb a una celebridad mundial. Su libro de 2007 sobre eventos impredecibles, 'El cisne negro', parecía adelantar la terrible crisis que empezaría al final de ese año. Más que eso, le daría a los inversores y a los académicos un marco conceptual de pensamiento sobre posibles riesgos que son altamente destructivos y poco probables", concluye.

Para no despistarnos, acudamos a la definición íntegra de cisne negro que dio Taleb en una columna en 'The New York Times' en 2007:

"En primer lugar, es un caso atípico, ya que se encuentra fuera del ámbito de las expectativas normales, porque no hay nada en el pasado que puede apuntar de manera convincente a su posibilidad. En segundo lugar, conlleva un impacto extremo. En tercer lugar, a pesar de su condición de rareza, la naturaleza humana nos hace inventar explicaciones de su presencia después de los hechos, por lo que es explicable y predecible. Me detengo y resumo los tres puntos: rareza, impacto extremo y retrospectiva (aunque no prospectiva). Una pequeña cantidad de 'cisnes negros' explica casi todo en nuestro mundo, desde el éxito de las ideas y las religiones, a la dinámica de los acontecimientos históricos, hasta los elementos de nuestra vida personal".

La parte clave para entender por qué el Covid-19 no es un cisne negro es la primera. El SARS en 2004, el H1N1 (también conocida como gripe A) en 2009 o el ébola en 2015 fueron un anticipo de lo que podía ocurrir. Así lo explicaba Bill Gates en un evento el 27 de abril de 2018 en la Sociedad Médica de Massachusetts. El multimillonario y filántropo dijo que el mundo "necesitaba prepararse para las pandemias de la misma forma que se prepara para la guerra".

Ese mismo día, Gates recordó una conversación con los líderes mundiales en la Conferencia de Seguridad de Múnich de 2017 para ejemplificar la poca planificación ante una posible pandemia. Les dijo que se imaginaran una nueva arma que fuera capaz de matar a millones de personas, llevar las economías al colapso y avivar el caos entre los países.

"Si fuera un arma militar, la respuesta sería hacer todo lo posible para desarrollar contramedidas", dijo a los gerifaltes del mundo. "La historia nos ha enseñado que habrá otra pandemia global mortífera. No podemos predecir cuándo, pero dado la creación de nuevos patógenos, el aumento del riesgo de un ataque biológico y la conectividad de nuestro mundo, hay una gran probabilidad de que una pandemia enorme y letal ocurra a lo largo de nuestra vida".

Ni siquiera hace falta recurrir a Bill Gates, porque en España hay trabajos desde hace años que ya alertaban del riesgo de una pandemia. Como apuntaba hace unos días Carlos Sánchez en este periódico, el Instituto español de Estudios Estratégicos (IEEE), dependiente del Ministerio de Defensa, ya advertía en 2014 que en los países desarrollados afectados por una pandemia una tasa alta de infectados "puede colapsar los sistemas sanitarios y provocar bajas masivas en la fuerza laboral".

Incluso en la última Estrategia de Seguridad Nacional, aprobada en 2017, se dedican cinco párrafos (de un total de 128 páginas) a la existencia de epidemias o pandemias que puedan poner en riesgo la seguridad del estado. Ese mismo documento recuerda que, en las últimas décadas, el número de enfermedades emergentes identificadas y de situaciones de riesgo asociadas a ellas no ha hecho más que crecer.

Del cisne negro al rinoceronte gris

Entonces, si el coronavirus no es un cisne negro, ¿qué es? No se preocupe, los analistas han desarrollado más metáforas con animales. Por ejemplo, si hablamos de eventos con mucho impacto, poco frecuentes y que son predecibles hasta cierto punto, estamos ante un 'dragon king'. Si, por el contrario, son eventos muy probables de ocurrir y con un grandísimo impacto pero que solo ocurren tras una larga serie de advertencias, hablamos de un 'grey rhino'. Por último, además del ya citado 'black swan', tenemos los "white reindeer", eventos que son resultado de la acción intencionada y que acaban con consecuencias positivas, según el Instituto de Estudios de Seguridad de la UE.

"Ateniéndonos a la clasificación del ISS, efectivamente, me inclinaría por calificarlo como 'grey rhino'", añade Bueno. Este experto, sin embargo, cree que no hay que poner tanto el foco en estas figuras: “Tienen su sentido analítico como atajos mentales, pero que la fauna no nos impida ver el bosque. Hay cierta fascinación por determinados términos o 'buzzwords' que, al final, confunden más que clarifican”.

Por último, en el sector de la seguridad es importante la diferencia entre riesgo e incertidumbre: "Incertidumbre es lo que caracteriza a un cisne negro, mientras que un riesgo es algo que se puede calcular (aunque todo cálculo de riesgo tiene elementos de incertidumbre), según Catherine Althaus en Calculating Political Risk", afirma Cristina Casabón, Analista y profesora de riesgo país en la Universidad Carlos III. "A diferencia del riesgo, la incertidumbre implica una incapacidad para determinar la probabilidad o el impacto (o ambos) de un determinado evento futuro. La tarea principal y el desafío del análisis de riesgos es transformar la incertidumbre en evaluaciones o riesgos probabilísticos y medibles", apunta Casabón.

Para la profesora de riesgo país en la Universidad Carlos III, la gestión del coronavirus a nivel estratégico "está siendo nefasta" en algunos países como España. "La OMS, en calidad de autoridad directora y coordinadora de todo asunto relativo a la salud, ha declarado que está 'profundamente preocupada por los niveles alarmantes de inacción', pero aquí seguimos sin entender la gravedad del asunto y no somos capaces de reaccionar con rapidez", afirma Casabón. "España saldrá de esta crisis gracias a la fortaleza de su sistema sanitario, no gracias a la gestión a nivel estratégico de la crisis, que se produce de forma lenta y descoordinada".

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