Linchamientos, sobrepoblación y sin esperanza

Un visado caducado, un tuit ofensivo o robar pan: así de fácil es ir a la cárcel en Tailandia

Celdas atiborradas, linchamientos, comida podrida e infecciones han sido las críticas más habituales desde hace décadas. Pero, ¿es realmente así o es un mito con ecos de un pasado peor?

Foto: Un detenido en Tailandia. (Reuters)
Un detenido en Tailandia. (Reuters)

En cualquier tienda para turistas del aeropuerto de Bangkok, junto a las guías de viajes y las revistas del corazón, los libros que más destacan siempre tienen barrotes en sus portadas. La vida carcelaria en Tailandia -contada por extranjeros que relataban condiciones infrahumanas- tiene tanto interés que ha dado origen a un género literario específico. Incluso al centro penitenciario principal del país se le apodó como Bangkok Hilton, por la gran cantidad de reclusos occidentales. Celdas atiborradas, linchamientos, comida podrida, letrinas comunes y muchas infecciones han sido las críticas más habituales desde hace décadas. Pero, ¿es realmente así o es un mito con ecos de un pasado peor?

Pese a que para muchos tengan la fama de peores centros penitenciarios del mundo, a nivel diplomático se estima que, en comparación con otros países, la situación ha mejorado en Tailandia. O quizás el gobierno local ha logrado esconder sus vergüenzas y simular que ha mejorado la vida entre rejas en el país. Para muchos se trata de un control exhaustivo de la información que se filtra que sin embargo a veces estalla: a finales del mes pasado un 'hackeo' de las cámaras de vigilancia de una prisión destapó una de las realidades que la nación del sureste asiático pretende ocultar.

El sistema de videovigilancia de la prisión de Lang Suan fue hackeado y durante un par de horas emitió en tiempo real lo que se veía a través de las cámaras del recinto penitenciario. Algo más de un centenar de personas se apelotonaban como sardinas enlatadas en varias de las celdas, lo que evidencia el grave problema de sobreocupación de las prisiones. El ministerio de Justicia forzó el cierre del canal de YouTube y dijo que emprendería acciones legales, ya que el 'hackeo' "vulneraba los derechos de los presos" y "dañaba la imagen del sistema penitenciario".

Facilidad para acabar en prisión

Si el género literario de la literatura de prisiones en Tailandia es tan manido se debe a la facilidad que hay para entrar en una prisión siamesa, tanto para ciudadanos locales como para extranjeros. Robos menores, criticar en las redes sociales a quien tiene poder o el menor menudeo de drogas puede encerrar a cualquiera entre rejas. A veces, un mero testimonio sin pruebas puede enviar al acusado a la cárcel, aunque luego se demuestre su inocencia.

Tailandia es el sexto país del mundo con más gente en prisión

Es por eso que las prisiones tailandesas, preparadas para alojar a unos 200.000 reclusos, pueden llegar a albergar hasta al triple de personas. El director del Departamento Correccional, Naras Savestanan, estima que puede haber unos 700.000 presos, cifra mucho más abultada que la manejada a nivel oficial, donde sí se reconoce que -con solo 68 millones de habitantes- Tailandia es el sexto país del mundo con más gente en prisión. La gran cantidad de turistas que atrae y la particularidad de su sistema penal hacen que también el número de extranjeros entre rejas sea particularmente alto.

Desde muchas áreas de la sociedad se pide que los crímenes menores se castiguen con mayores multas, inhabilitaciones o pulseras de seguimiento, pero la tendencia habitual sigue siendo enviar a quienes delinquen a prisión.

Delitos de drogas

¿Qué delitos siguen siendo los mayoritarios? Aquellos relacionados con drogas. El Instituto de Justicia de Tailandia y el observatorio de Derechos Humanos afirma que el 70% de los presos masculinos y el 87% de las encerradas en cárceles de mujeres son por casos relacionados con la metanfetamina, la sustancia más común en el país. La tenencia o el consumo puede suponer una multa de unos 600 euros y dos años de prisión.

Históricamente, la mayoría de los presos extranjeros -y sobre todo occidentales- en Tailandia también era debido mayoritariamente a asuntos de drogas. En algunos casos por tráfico, pero en otros por consumo.

El testimonio anónimo de un europeo relata cómo estuvo encerrado más de un año tras haber llegado en su primer día a Bangkok y haberse visto envuelto en una estafa habitual que puede acabar en cárcel. Tal y como explica, en el barrio turístico de Khaosan le ofrecieron una papelina de cocaína y la compró. Instantes después, apareció la policía. Es muy habitual que, en casos así, un agente corrupto exija unos 500 euros para hacer como que no vio nada. Pero el extranjero no hablaba inglés ni llevaba dinero encima. Acabó en comisaría al no poder pagar y, finalmente, no pudo evitar ser procesado.

Sin embargo, no son solo los casos de drogas los que pueden ser fatales.

Dos años de cárcel por un tuit

En Tailandia, mofarse de los símbolos nacionales o criticar a los poderosos puede suponer una estancia en prisión. Hace un par de años, un británico esquivó una condena a diez años entre rejas tras entregar casi 10.000 dólares. ¿El motivo? Había pintado un grafiti en la histórica muralla de Chiang Mai. Tirar una bandera tailandesa también puede significar una sentencia de cárcel.

Los delitos telemáticos son muy perseguidos. Hace pocos meses, la periodista local Suchanee Cloitre fue sentenciada a dos años de prisión por tuitear que los trabajadores de una importante fábrica de pollo denunciaban estar siendo explotados. Insultar a la monarquía se puede traducir en años entre rejas y un joven activista tuvo que exiliarse para evitar una sentencia de 15 años por compartir un artículo sobre el rey Rama X en su cuenta de Facebook.

El rey de Tailandia, Maha Vajiralongkorn Bodindradebayavarangkun, en un desfile militar. (EFE)
El rey de Tailandia, Maha Vajiralongkorn Bodindradebayavarangkun, en un desfile militar. (EFE)

En el caso de los extranjeros, muchos turistas obvian que una gamberrada, que en sus países no es nada, puede suponer en Tailandia una sentencia fatal. Un robo, por ejemplo, es igual de grave sin importar el valor de lo que se sustrae. Hace un tiempo, un grupo de veinteañeros españoles borrachos robaron pan y refrescos de un puesto a las 4 de la madrugada. Fueron detenidos y podían haberse enfrentado hasta a cinco años de prisión, si bien el vandalismo de los turistas suele saldarse con expulsiones y multas para evitar conflictos diplomáticos.

Sin libertad bajo fianza

También es común que se entre en prisión sin suficientes pruebas. Hace un año, un español fue falsamente acusado de violación y puesto entre rejas, aunque finalmente accedió a la libertad bajo fianza y se demostró su inocencia a los pocos meses. No corrieron la misma suerte otros denunciados por acoso sexual que no fueron procesados ya que, si bien también salieron como inocentes, pasaron algunos meses a la sombra porque no lograron la libertad bajo fianza. Tailandia no suele otorgarla a los extranjeros porque temen que se fuguen del país.

Lo que hoy en día no se perdona a los extranjeros es el que sus visados caduquen y sigan residiendo en Tailandia. Hace pocos años, aquellos que no se marchaban antes de que caducara su visado y se quedaran fuera de plazo, fuera por un mes o 15 años, se enfrentaban como máximo a 500 euros de multa. Hoy en día, llegar sin los documentos necesarios al aeropuerto o querer abandonar el país con los documentos pasados de fecha puede suponer una pequeña estancia en el centro de detención internacional, la prisión para estos casos.

Tres meses por un visado caducado

Le pasó hace poco a un ciudadano británico que trató de salir de Tailandia con su visado fuera de plazo y pasó, según él, "los tres peores meses que alguien puede vivir". Además de las ratas, el calor, el hedor o el tener que dormir en el suelo junto a un centenar de personas apelotonadas, un ciudadano estadounidense murió en sus brazos tras haber recibido una paliza.

El activista político tailandés Rangsiman Rome, quien pasó un tiempo en prisión, relató las duras condiciones al salir. Para poder comer algo decente, es necesario que desde fuera alguien compre comida en el economato al preso. El agua sanitaria está contaminada, los baños son letrinas abiertas donde es fácil ver a presos masturbarse, las infecciones se pasan fácilmente y aquellos que enferman no pueden abandonar las gigantescas celdas y se quedan sin ver el sol.

Pero lo peor para Rome, sin duda, es la sobrepoblación. Compartir el suelo con un centenar de personas y no tener ni un milímetro de espacio es algo a lo que cuesta acostumbrarse.

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