EL NOMBRE DE UN CUARTO DESCONOCIDO

Descubren al espía que robó los secretos de la bomba atómica para dárselos a la URSS

Una investigación llevada a cabo por dos investigadores ha servido para sacar a la luz el nombre de un espía que estuvo varios años trabajando en el Proyecto Manhattan

Foto: La bomba atómica de Hiroshima, captada desde el Enola Gay. (Reuters)
La bomba atómica de Hiroshima, captada desde el Enola Gay. (Reuters)

La II Guerra Mundial cambió el mundo tal y como lo conocemos, pero el fin del conflicto no alivió las tensiones, pues la lucha de poder entre dos modelos antagónicos como Estados Unidos y la URSS derivó en unas décadas de continua tensión entre ambas potencias, tratando de demostrar en la distancia su supremacía. Y, para ello, conocer los secretos del 'enemigo' era fundamental, por lo que el juego de espías fue habitual... Tanto, que se acaba de descubrir al último.

Fue a partir de 1942 cuando todo cambió. El 22 de junio de 1941, Adolf Hitler puso en marcha la operación Barbarroja para invadir la URSS, sin medir las consecuencias que tendría esa decisión. Y es que, tras unos primeros meses victoriosos para el ejército nazi, la llegada del frío invierno para el que no estaban preparados terminó por hacerles abandonar su objetivo, retirándose en diciembre de ese año. Había cambiado la balanza de la guerra: los aliados empezaban a ganar.

Y, precisamente en ese escenario, comenzaron a nacer los primeros roces entre EEUU y la URSS, que eran conscientes de que, si ganaban la guerra, tendrían una posición de poder a nivel mundial. En septiembre de 1945 acabó el conflicto bélico, pero ni mucho menos las rencillas, pues acababa de comenzar la Guerra Fría, que duraría un buen puñado de décadas: amenazas veladas, directas, tensión... y robo de secretos que complicaron las relaciones hasta límites insospechados.

Tras la retirada nazi de la URSS, el ejército norteamericano comenzó a trabajar en un plan ultrasecreto, conocido como Proyecto Manhattan, con el objetivo de crear una bomba atómica tan potente como para poder acabar la guerra en caso de que fuera necesario —y que, posteriormente, utilizaron en Hiroshima y Nagasaki—. Pero EEUU se sorprendió cuando se enteró de que, casi paralelamente, el Gobierno soviético trabajaba en un plan casi calcado al suyo. ¿Casualidad o algo más?

Los norteamericanos comenzaron a sospechar de la existencia de 'topos' dentro del Proyecto Manhattan, que podrían estar facilitando información a los soviéticos. Tras varios meses, pronto descubrieron que tres infiltrados estaban robando sus secretos atómicos para dárselos a la URSS: se trataba de David Greenglass, Klaus Fuchs y Theodore Hall. Lo que no podían ni imaginar es que se les había colado un espía del que no tuvieron noticias... hasta hace unos días.

Tres espías... y 'Godsend'

La inteligencia norteamericana creía haber encontrado a los tres espías que filtraban sus secretos, pero no sabían que una cuarta persona les había pasado completamente desapercibida. En 2011, el FBI desclasificó una serie de documentos oficiales de la II Guerra Mundial y los primeros años de la Guerra Fría, información que se dedicaron a investigar los historiadores John Earl Haynes y Harvet Klehr, quienes han descubierto 70 años después a un desconocido doble agente.

En aquellos miles de documentos, aparecía en varias ocasiones el nombre en clave 'Godsend', que el FBI consideró que podía ser un enlace soviético al que se le filtraban los documentos. Pero nada más lejos de la realidad, pues se trataba de un trabajador del Proyecto Manhattan que robaba la información de las bombas atómicas para la URSS. Ahora, 70 años después, se ha descubierto el nombre de aquel espía secreto, según 'The New York Times'.

Se trata de Oscar Seborer, un ingeniero de origen polaco que se alistó en el ejército norteamericano en 1942. Tras varios años en el frente, fue transferido en 1944 al Laboratorio Nacional de Los Álamos, en Nuevo México, donde comenzó a trabajar en la fabricación de armas nucleares. Curiosamente, el FBI le nombraba en sus documentos en varias ocasiones, pero no como sospechoso de ser un espía sino por sus vínculos con algunos familiares comunistas.

(CC/Wikimedia Commons)
(CC/Wikimedia Commons)

Haynes y Klehr cruzaron los documentos desclasificados del FBI con las memorias del KGB y pronto el nombre de Seborer apareció sobre la mesa: no solo había filtrado toda la documentación de los proyectos en los que trabajó, sino que tras ser transferido a la Marina en 1947, también dio a conocer documentos secretos relativos a su nueva ocupación. Nadie sospechó de él, ni tan siquiera cuando en 1952 anunció que se marchaba de Estados Unidos.

La investigación de los historiadores revela que no se marchó solo, sino que lo hizo junto a su hermano, su cuñado y su suegra... yéndose a Moscú, donde se establecería hasta fallecer en 2015. Ahora, el siguiente paso de los investigadores es tratar de descubrir qué tipo de información concreta filtró y si su familia también participó del desvío de secretos. Así es como ha salido a la luz el nombre del último espía que robó documentos secretos a EEUU para regalárselos a la URSS.

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