SACO DE BOXEO PERFECTO DE TRUMP

Musulmana, socialista e inmigrante: Ilhan Omar, la villana perfecta del trumpismo

"¿Cómo es que tenéis a semejante persona representándoos en Minesota? Estoy muy enfadado con vosotros", declaró el presidente. "Ella es una desgracia para nuestro país"

Foto: La congresista demócrata Ilhan Omar. (EFE)
La congresista demócrata Ilhan Omar. (EFE)

Podría ser un párrafo de la novela '1984', pero sucedió en la vida real. El presidente de EEUU, Donald Trump, mantenía uno de sus chispeantes diálogos con la audiencia, durante un mitin en Mineápolis, cuando de repente apareció una imagen en las pantallas: la cara de la congresista demócrata Ilhan Omar, vestida con su 'hiyab', velo con el que algunas musulmanas se cubren el cabello. Y fue como si saltara un resorte. Un fuerte abucheo, erizado de silbidos e imprecaciones, llenó el estadio donde se celebraba el encuentro.

"¿Cómo es que tenéis a semejante persona representándoos en Minesota? Estoy muy enfadado con vosotros", declaró el presidente. "Ella es una desgracia para nuestro país". Desde el punto de vista del trumpismo, es como si Dios hubiese creado el adversario perfecto. La diana a la que lanzar todos los dardos. Una mujer congresista, musulmana, refugiada, socialista, con una hemeroteca sensible y manipulable. "Tienen todo en un recipiente", reconoció la propia Omar.

Su historia personal es bastante desconocida. La congresista nació hace 38 años en Mogadiscio, la capital de Somalia. Su madre murió cuando ella tenía dos años, y la guerra civil, entre las milicias yihadistas y varios gobiernos, los empujó a ella y a su familia a un campo de refugiados en Kenia. Pasaron allí cuatro años. En algún momento aparece su abuelo, que le habla de una tierra prometida: Estados Unidos de América.

Los Omar fueron aceptados como refugiados en 1995. En Arlington, Virginia, la niña fue víctima de acoso escolar. Algunos compañeros la insultaban y le pegaban chicles en el pelo; la golpeaban, la tiraban por las escaleras. “Escucha”, le habría dicho su padre, "la gente que te está haciendo esto no te lo hace porque no les gustes. Te lo hace porque se siente amenazada, de alguna manera, por tu existencia".

Little Mogadishu

Omar siempre estuvo fascinada por la política. Con 14 años, acompañaba a su abuelo a los mítines, donde ejercía de intérprete, y desde que terminó la carrera de ciencias políticas y estudios internacionales, ha estado implicada en varias campañas demócratas de Minesota. En 2016, fue elegida representante en el Congreso estatal.

Su familia se había mudado a este estado, en la frontera de Canadá, siguiendo las oportunidades educativas que surgieron en los años noventa. Fueron de los primeros somalíes que llegaron a Mineápolis, a un barrio que llegaría a ser conocido como Little Mogadishu. Hoy en día, residen allí en torno a 50.000 somaloamericanos.

El éxito político de Omar, sin embargo, no estuvo basado únicamente en el apoyo de esta comunidad, o en su condición de minoría étnica en un país cada vez más diverso. La plataforma que la aupó a la Cámara de Representantes local y después, en 2018, a la federal, estaba formada por el tipo de joven progresista que alimenta las campañas de Bernie Sanders o de Alexandria Ocasio-Cortez. “Muchos de los ancianos, y sobre todo las mujeres de la comunidad [somalí], pensaban que hubiera sido mejor (...) que me quedara en un segundo plano”, dijo la congresista.

Su llegada a Washington, a lomos de la 'ola azul' demócrata, supuso varios hitos a la vez: se trataba de la primera mujer nacida en África, la primera somalí-estadounidense y la primera musulmana, junto a Rashida Tlaib, en llegar al Congreso. La Cámara Baja tuvo que cambiar las reglas para permitirle cubrirse la cabeza. Su mensaje era la antítesis del trumpismo. “Aquí, en Minesota, no solo damos la bienvenida a los inmigrantes. ¡Los mandamos a Washington!”, dijo tras su victoria.

La glorificación y el escarnio suelen ir de la mano, y los adversarios republicanos no tardaron en escarbar en el historial de Ilhan Omar. La congresista siempre ha sido crítica con la política de Israel respecto a Palestina, y sus mensajes en las redes sociales y en los discursos tenían expresiones similares a las que se ven en la propaganda antisemita. En 2012, declaró que Israel había "hipnotizado al mundo". Ya de congresista, insinuó que algunos estadounidenses habían jurado lealtad a Israel y se refirió a los judíoamericanos, en un tuit, como "los benjamines" (en referencia al primer ministro Benjamin Netanyahu).

El liderazgo demócrata se vio obligado a condenar su lenguaje y exigirle una rectificación, cosa que Omar hizo. "Estoy agradecida a los colegas y aliados judíos que me están educando respecto a la dolorosa historia de las metáforas antisemitas", reconoció en un comunicado. La representante ha ganado visibilidad con sus duros interrogatorios a miembros de la Administración Trump, y se ha granjeado fama de trabajadora: la única dispuesta a lidiar con los peores ladrillos legislativos.

Ilhan Omar, dando un discurso. (Reuters)
Ilhan Omar, dando un discurso. (Reuters)

Pero las políticas públicas y los detalles de la vida parlamentaria poco tienen que hacer frente a los rumores que rodean a Omar, su perfil colorido, y la descripción interesada de sus palabras. Durante un discurso frente al Consejo de Relaciones Islámico-Americanas, dijo que los musulmanes no podían ser demonizados "porque algunas personas hicieron algo", en referencia al peor atentado terrorista de la historia de Occidente. "¿Que 'algunas personas hicieron algo'?", respondieron sus críticos.

El comentario bastó para que el presidente de EEUU la acusara de apoyar al grupo terrorista Al Qaeda. “Dices que Al Qaeda te hace sentir orgullosa”, dijo Trump, dirigiéndose, retóricamente, a Omar. "¡Que Al Qaeda te hace sentir orgullosa!".

'Saco de boxeo' de Trump

Desde entonces, Trump no ha dejado de recurrir a Ilhan Omar para canalizar las energías de sus votantes, en el propio estado de la congresista. "Durante muchos años, los líderes en Washington han traído grandes números de refugiados a vuestro estado, desde Somalia, sin considerar el impacto en las escuelas y las comunidades y los contribuyentes", declaró Trump en Mineápolis, seguido por más abucheos.

Los ataques de Donald Trump, pese a su virulencia, no son en absoluto espontáneos. Ilhan Omar es parte de un grupo parlamentario conocido, informalmente, como "el escuadrón": cuatro mujeres de color, socialistas y muy combativas; una de las señales más visibles, junto al propio Trump, de la polarización política en EEUU.

Este pasado verano, Trump pidió a estas cuatro congresistas que "volviesen a su país", pese a que las cuatro son ciudadanas estadounidenses y todas, salvo Omar, de nacimiento. El ataque racista jugaba con una realidad: la popularidad mediática de Omar o de Ocasio-Cortez es muy superior a su popularidad real. Más allá de los sentimentales perfiles que se ven en prensa y televisión y de las decenas de miles de retuits, poca gente las conoce fuera de sus distritos, y mucho menos las apoya. Gente de los estados que cuentan: Michigan, Wisconsin, Pensilvania.

Según una encuesta de YouGov y CBS News, la popularidad de estas cuatro congresistas, a nivel nacional, ronda el 20%: aproximadamente la mitad que la de Trump. La ofensiva presidencial dominó los titulares y obligó al Partido Demócrata a salir al paso en nombre de las congresistas difamadas. O, lo que es lo mismo, entregó el protagonismo a la rama socialista, de color, minoritaria e impopular del partido.

El republicano ha seguido tocando la misma música en sus mítines, como si le pegara chicles en el pelo a la congresista. Uno de sus vídeos, en los que decía que Omar era "extremadamente antipatriota", fue seguido por un aumento de las amenazas de muerte a la congresista. Cuando un periodista le preguntó a Trump si sentía algún remordimiento, este respondió: "No, en absoluto".

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