Luis Fernando Camacho

Qué hay detrás de la caída de Evo Morales: "Lo han convertido en una Guerra Santa"

Desconocido hasta hace pocos meses, la figura de Luis Fernando Camacho, un abogado de la rica región de Santa Cruz con relaciones con las logias, ha sido clave en las protestas

Foto: El lider cruceño Luis Fernando Camacho. (Reuters)
El lider cruceño Luis Fernando Camacho. (Reuters)
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Cuando la "halcón" opositora Jeanine Ánez, hasta entonces vicepresidenta segunda del Senado boliviano, fue investida con la banda presidencial y juró el cargo sobre la Biblia, entre los protagonistas de la escena había un testigo de excepción que ni era diputado, ni juez, ni militar. Era Luis Fernando Camacho, un autodenominado "líder cívico" oriundo de la región oriental de Santa Cruz que se convirtió en portavoz oficioso de las protestas y personaje clave detrás del "fin de la era Evo Morales" en Bolivia.

El rostro de este abogado y empresario de 40 años, exaltado y algo histriónico, ha adquirido un protagonismo por sorpresa en el terremoto político y social que terminó forzando, entre acusaciones de fraude electoral y golpe de Estado, la renuncia de Evo Morales a la presidencia que ocupó durante casi 14 años. Con un rosario siempre en la mano derecha y a Dios en los labios, su momento de gloria se produjo cuando se presentó en el Palacio presidencial con una carta de renuncia para Morales, poco antes de que se produjera la caída del líder indígena tras perder el apoyo de las Fuerzas Armadas.

Hace unos meses, Camacho era desconocido en el panorama nacional, comentan a El Confidencial algunos observadores de la actualidad boliviana. Su nombre solo tenía relevancia en la rica región oriental de Santa Cruz, motor económico y la más poblada con 1,7 millones de los 11,3 millones de habitantes que tiene el país. Feudo tradicional de la derecha, fue el departamento que más se indignó con la estrategia judicial que utilizó Morales para poder presentarse a su tercera reelección en contra de la voluntad popular expresada en un referéndum en 2016.

Una poderosa instantánea

A comienzos de este año, Camacho se convirtió en el nuevo presidente del Comité Cívico de Santa Cruz, un cargo que también había ocupado su padre, un empresario con intereses en la industria del gas y propietario de una de las mayores aseguradoras del país. Pero tras las elecciones del 20 de octubre y su accidentado recuento, que dio a Evo Morales la victoria sin necesidad de una segunda vuelta, Camacho llamó al país a un "paro cívico" para protestar contra lo que consideró un clamoroso "fraude electoral".

"No era conocido en absoluto (...) Pero la obediencia [en la huelga] de un departamento como Santa Cruz, el departamento con mayor importancia en desarrollo económico de Bolivia, el parar todo este monstruo económico que es Santa Cruz, sirvió obviamente para levantar la imagen de Camacho. ¿Quién es este muchacho?, se preguntaba la gente", explica la exdiputada María Cristina Viscarra, quien conoce personalmente desde hace tiempo a Camacho y su familia en Santa Cruz, en entrevista telefónica con El Confidencial. Viscarra se enfrentó a principios de 2019 a Luis Fernando por el liderazgo del Comité Cívico de Santa Cruz, una carrera que terminó perdiendo.

Pero Camacho no se detuvo ahí. Cuando la Organización de Estados Americanos (OEA) recomendó repetir las elecciones tras encontrar graves irregularidades en el recuento de los votos, viajó desde Santa Cruz a La Paz afirmando que "no regresaría hasta obtener la renuncia de Morales".

Así, junto a otros dos hombres -uno de ellos el líder cocalero contrario a Morales Marco Pumari, oriundo de la región minera del Potosí- se plantaron en el Palacio del Quemado, sede de la presidencia en La Paz, para exigir la salida de Morales. Ante la ausencia del mandatario, que en ese momento volaba hacia Cochabamba, en un movimiento estudiado al detalle -grabado y luego distribuido masivamente en redes sociales- se arrodillaron en medio del salón sobre la bandera boliviana tricolor, con "la Santa Biblia" en una mano y con la carta de renuncia escrita para Morales en la otra. Una poderosa instantánea que dio la vuelta al mundo.

¿Golpe o liberación?

Poco más de media hora después, en Cochabamba, Evo Morales renunciaba a su cargo de presidente, empujado por la "sugerencia" del Ejército de que dejara el poder. Las calles explotaron: primero de alegría entre los manifestantes opositores, que llevaban días protestando por el "fraude", y después en rabia, cuando los partidarios del mandatario también salieron a denunciar el "golpe". Mientras Morales salía del país tras aceptar un "asilo humanitario" ofrecido por México, las tensiones entre entre ambos crecían en el país andino.

No estamos derrocando un Gobierno, estamos liberando a toda una nación!", afirmó Camacho. Más tarde, ante las crecientes protestas de partidarios de Morales y acusaciones de revanchismo, señaló: "No es odio. Se llama justicia divina".

La estrella de Camacho ha brillado de manera muy superior a la del hasta entonces principal candidato opositor a Morales, el conservador y expresidente Carlos Mesa, quien ha quedado relegado a un segundo plano durante las protestas y se ha mantenido al margen en la autoproclamación de Jeanine Áñez como "presidenta interina" -en una polémica sesión del Senado sin 'quórum' necesario- y el proceso de elaboración de su gobierno interino.

"La gente lo ve [a Camacho] como un líder cívico que ha logrado posicionarse como el ‘macho Camacho’: el hombre que con una carta y la Biblia se enfrentó al poder hegemónico de Evo Morales", explica el periodista boliviano Javier Badani, quien como muchos analistas coincide en catalogarlo como un 'outsider' de la política boliviana.

"Un 'outsider' como Camacho tiene en Bolivia la mesa servida para lograr lo que los políticos opositores jamás lograron. Para Camacho, la crisis postelectoral fue esa palestra, la que supo aprovechar muy bien, con rosarios y la Biblia de por medio. Su carisma y sus dotes histriónicas le ayudaron a ser visible y a generar empatía con las clases urbanas media y alta. Clases que se han sentido ultrajadas por el MAS [Movimiento al Socialismo, partido de Evo Morales] y sus políticas", valora Badani.

Una "Guerra Santa"

Al grito de "Dios volverá a Palacio", Camacho ha sabido presentarse como una especie de "enviado divino" para acabar con Morales, quien hasta la fecha era visto como uno de los liderazgos más sólidos de la región. El barniz religioso puede haber funcionado bien en un país con un 75% de católicos, un creciente número de evangélicos y donde el sincretismo religioso está a la orden del día -incluyendo el propio Morales, quien creía en Cristo y la 'Pacha Mama'-.

"Creo que ha sido muy inteligente en convertir esto en casi una Guerra Santa, porque el pueblo así lo tomó", afirma Viscarra. "Personas que no habían sido especialmente religiosas se encuentran ahora con la certeza de que Luis Fernando fue enviado por Dios", asegura.

La propia Áñez cargó con una gigantesca Biblia a su entrada en palacio, y tras vestir la banda presidencial, agitó una segunda más pequeña desde el balcón: "Dios ha permitido que la Biblia vuelva a entrar a Palacio. Que Él nos bendiga".

"Somos una sociedad muy conservadora con altos índices de católicos y evangélicos que han sentido atacados por la instauración del Estado laico", apunta Badani.

La constitución de 2009 etiqueta a Bolivia como un Estado laico, rechazando símbolos religiosos como el jurar sobre la Biblia los cargos públicos. Sin embargo, y pese a los esfuerzos de Morales, que defendió en numerosas ocasiones las religiones indígenas, el discurso de la religión se ha colado hasta en los miembros del MAS. En uno de sus últimos discursos, el vicepresidente Álvaro García Linera acusó a Camacho y a otros de no aplicar "la piedad cristiana" de la que tanto adolecían, y citó varios versículos de la Biblia. "Camacho logró arrastrar al gobierno a pelear el relato del conflicto en su terreno", asevera Badani.

Racismo contra indígenas

Camacho, según su propia biografía en el Comité por Santa Cruz, ha tenido una "activa" participación cívica desde "su temprana juventud". Antes de ascender a presidente del Comité Cívico, formó parte de la Unión Juvenil Cruceñista, considerado como un "grupo de choque violento" acusado en numerosas ocasiones de utilizar la violencia a lo largo de su historia. "Durante los conflictos de 2008 se convirtió en el grupo de choque del movimiento cívico cruceño, levantando las banderas de la discriminación en contra del indio, entre otros", valora Badani.

Este pasado ha alimentado las acusaciones de racismo contra Camacho y, en general, los opositores que se han alzado tras la forzada renuncia de Morales. Las denuncias de quema de la bandera Wiphala (la enseña multicolor indígena a la que Morales dio carácter oficial) durante las protestas, así como el gesto de oficiales de policía arrancando la enseña de sus uniformes han alimentado esa tensión entre las tierras bajas del Oriente y los indígenas del Altiplano, que los observadores internacionales temen pueda degenerar en un conflicto interno. En lo que se ha leído como un intento de aplacar a los grupos indígenas, el propio Camacho ondeó la Wiphala durante la jura presidencial de Áñez en la Casa Quemada. También lo hizo la bandera de la flor del Patujú, enseña hasta ahora extraoficial de los indígenas del oriente boliviano.

Camacho pertenece además a una de las logias principales que controlan los círculos de poder en Santa Cruz, dicen fuentes conocedoras.

Una mancha en su currículum podría haber sido su presencia en los conocidos como Papeles de Panamá, donde figura como intermediario para "coadyuvar a personas y empresas a esconder sus fortunas en entidades 'offshore', lavar dinero y establecer esquemas de evasión de impuestos", según la comisión legislativa del Parlamento Boliviano que investigó el asunto. Estaría implicado a través de la creación de tres sociedades (Medis Overseas Corp., Navi International Holding y Positive Real Estates). Sin embargo, esto no le ha pasado factura hasta el momento, ni a él ni a otros bolivianos presentes en los papeles, pues las escasas investigaciones han terminado quedado en nada.

El salto a la política

Según la constitución boliviana, el país debería celebrar elecciones en 90 días y el calendario sigue corriendo. Según el expresidente de la Corte Departamental Electoral en Cochabamba, Gonzalo Lema, no es probable que se consiga organizar los comicios antes de "tres o cuatro meses", señaló en una entrevista con VOA noticias. La autoproclamada presidenta boliviana, indentificada por los analistas con la oligarquía del oriente boliviano, ya ha afirmado que no permitirá presentarse a Morales. Y éste, desde su exilio en México, no descarta "regresar a Bolivia".

¿Dará el salto Camacho a la política, en el hipotético caso de que se celebren dichos comicios? "Sería lo menos inteligente que podría hacer. Si se va a la política pierde, porque él prometió que esto era por el bien de Bolivia", sostiene Viscarra. "Pero ojo. Si en cinco años más se lanza, el puede ser el futuro presidente de Bolivia".

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