las fuerzas armadas, clave en la decisión

El fin de la 'era Evo': Morales renuncia entre acusaciones de fraude y golpe de Estado

La tensión que ha vivido el país las últimas semanas con enfrenamientos violentos, ataques a líderes sociales y un motín policial ‘obliga’ al presidente a convocar elecciones y dimitir

Foto: El presidente de Bolivia, Evo Morales, anuncia su renuncia. (EFE)
El presidente de Bolivia, Evo Morales, anuncia su renuncia. (EFE)

La ‘era Evo Morales’ ha llegado a su fin. El que fuera el primer presidente indígena de América del Sur anunció el domingo por la tarde su renuncia. Y lo hizo entre acusaciones de “golpe de Estado” después de perder el respaldo de las Fuerzas Armadas y tras varias semanas de crisis política y social por su cuestionada victoria para un cuarto mandato consecutivo en las elecciones del mes pasado.

Morales justificó su decisión en un intento de “pacificar Bolivia”, sacudida por unas masivas protestas de opositores que acusan al mandatario de fraude y que han dejado al menos tres muertos y cientos de heridos. “Carlos Mesa [segundo candidato más votado en las elecciones de octubre] y Camacho [líder cívico opositor] han conseguido su objetivo”, dijo Morales en una comparecencia grabada junto a su vicepresidente, Álvaro García Linera, quien también ha dimitido. “Renunciamos para evitar que se sigan quemando las casas de nuestros hermanos y nuestras hermanas”, añadió.

La renuncia llegaba después de un fin de semana en el que el margen de maniobra era cada vez más pequeño para su Gobierno. Las protestas que comenzaron hace tres semanas, después de que el Tribunal Supremo Electoral declarara a Morales ganador, se habían intensificado los últimos días. A los bloqueos de calles, el paro de las principales ciudades y los enfrentamientos entre 'masistas' (seguidores del partido de Morales) y opositores, se añadió el viernes por la noche un motín policial que se contagió por las principales ciudades de la nación andina.

Elecciones bajo sospecha

El domingo por la mañana, la Organización de Estados Americanos hizo público un informe preliminar en el que señalaba “contundentes irregularidades” en las elecciones del 20 de octubre en las que Morales fue considerado ganador. Actas manipuladas, firmas falsificadas o llegada de los resultados desde dos servidores no controlados fueron algunas de las señaladas por la OEA. Para este organismo, era “estadísticamente improbable” que hubiera una distancia de más de 10 puntos entre Evo y Mesa, la necesaria para ganar en primera vuelta.

Actas manipuladas, firmas falsificadas o llegada de los resultados desde dos servidores no controlados fueron algunas de las señaladas por la OEA

Como respuesta a este informe, aunque con críticas, al asegurar que se trata de “un informe de carácter político y no técnico y jurídico”, el entonces presidente anunció una convocatoria electoral que no acabó de contentar ni a los partidos opositores ni a los manifestantes. La línea roja estaba en la continuidad de Evo Morales al frente del Gobierno, algo que, en un principio, el propio Evo rechazaba.

Gente celebrando la renuncia de Evo Morales en La Paz. (Reuters)
Gente celebrando la renuncia de Evo Morales en La Paz. (Reuters)

El continuo desarrollo de los acontecimientos fue dejando cada vez menos posibilidades al exsindicalista cocalero que ganó hace 14 años sus primeras elecciones. A la petición de renuncia que hacía la oposición se añadieron asociaciones como la Central Obrera, cercana al Gobierno. Las calles continuaban tomadas por los manifestantes opositores y la violencia seguía siendo una realidad. El domingo por la mañana, una caravana de mineros que iban de Potosí a La Paz para protestar contra Morales fue atacada por francotiradores. El hecho crispaba más los ánimos de una oposición que acusa al Gobierno y a sus seguidores de la muerte de tres manifestantes desde que comenzaran las protestas.

El fin de la 'era Evo': Morales renuncia entre acusaciones de fraude y golpe de Estado

Los siguientes pasos fueron las renuncias de dirigentes socialistas, algunos de ellos presionados por parte de la oposición con ataques a sus casas o a sus familias, como el caso del que fuera presidente de la Cámara de Diputados del país. El gobernador de Oruro, los ministros de Turismo, Hidrocarburos y Minería, los alcaldes de Sucre y Potosí o dos parlamentarios fueron algunos de estos dimisionarios, a los que se sumó la presidenta del Tribunal Supremo Electoral. La gota que colmó el vaso fue la petición por parte del comandante jefe de las Fuerzas Armadas Bolivianas, uno de los sectores que más apoyo han prestado al Gobierno, y del comandante de la policía.

Las calles continuaban tomadas por los manifestantes opositores y la violencia seguía siendo una realidad

Minutos después, los rumores de una posible renuncia de Evo Morales se hacían cada vez más intensos. A las cinco de la tarde, las televisiones emitían la imagen de un Evo Morales con rostro serio que anunciaba su renuncia. Minutos más tarde, en La Paz ya sonaban los fuegos artificiales que tanto se han escuchado durante las manifestaciones. Aquellos que han estado durante días en las calles, especialmente universitarios, comenzaron a gritar, a darse besos, abrazos y a ondear la bandera boliviana, que ha sido un símbolo de las protestas. El “sí se pudo” sustituyó al “que renuncie” de horas antes.

El golpe se ha consumado

Lógicamente, no todo fue alegría en las calles. Los seguidores de Evo Morales también salieron a la calle para mostrar su rechazo e indignación ante lo que consideran un golpe de Estado, una visión que compartieron tanto Morales como García Linera en su comparecencia. “El golpe se ha consumado”, dijo el que fuera número dos del Gobierno socialista y que debía haber asumido el cargo presidencial de no haber renunciado. “Esperamos que la comunidad internacional y los organismos exteriores digan la verdad sobre este golpe de Estado”, añadió el hasta el domingo presidente.

Luis Fernando Camacho, presidente del Comité Cívico de Santa Cruz. (Reuters)
Luis Fernando Camacho, presidente del Comité Cívico de Santa Cruz. (Reuters)

Por el momento se desconoce el paradero actual del mandatario indígena. El Gobierno mexicano ha ofrecido asilo a Morales en su Embajada de la Paz, donde ya ha recibido a 20 personalidades del Ejecutivo y Legislativo del país.

El futuro del país es todavía incierto. No se sabe quién será el o la encargada de asumir la sucesión de Evo Morales ante las renuncias del presidente de la Asamblea de Diputados y del Senado. Tampoco desde una parte de la oposición ven con buenos ojos que sea otro ‘masista’ quien dirija el país hasta las nuevas elecciones, de las que todavía no se sabe fecha. La ley marca un plazo de 150 días como mínimo, pero ya hay sectores que reclaman un gran acuerdo que permita renovar todos los cargos de los órganos electorales y establecer un calendario acelerado que lleve el país a unos nuevos comicios.

Dos nombres destacan por encima del resto: Marco Pumari, de Potosí, y, sobre todo, Luis Fernando Camacho, líder cívico de Santa Cruz

Sobre las futuras elecciones, también hay una larga lista de cuestiones, más allá de las fechas, como quién será el candidato del MAS o cómo se organizará la oposición ante la irrupción de los comités cívicos, unos nuevos actores que más allá de los partidos han liderado las protestas. En este caso, dos nombres destacan por encima del resto: Marco Pumari, de Potosí, y, sobre todo, Luis Fernando Camacho, líder cívico de Santa Cruz y que ha sido uno de los grandes referentes en estas movilizaciones.

Transición e incertidumbre

Lo que sí que se sabe con toda seguridad es que la era Evo Morales llega a su fin después de 13 años de gobierno. Su victoria en 2005 fue celebrada por toda la izquierda mundial y especialmente latinoamericana, en un momento boyante para los movimientos populares. Su mandato se ha caracterizado por la reducción de la pobreza y el crecimiento económico, con la nacionalización de los hidrocarburos como gran bandera.

Estos datos le permitieron victorias arrolladoras hasta que en 2016 un referéndum para permitir su reelección indefinida marcó su primera derrota. Fue el comienzo de un fin que el 20 de octubre, aun siendo la fuerza más votada, se vio como su segunda derrota, al no conseguir la distancia necesaria para ser investido en primera vuelta. La presión opositora durante las últimas semanas y la tardía y mala respuesta a la crisis política abierta han acabado sellando los créditos.

El líder cívico cruceño Luis Fernando Camacho (d) y el potosino Marco Pumari (i). (EFE)
El líder cívico cruceño Luis Fernando Camacho (d) y el potosino Marco Pumari (i). (EFE)

Bolivia despertará mañana con un vacío de poder y con la duda de si las calles seguirán llenas o habrá una vuelta, progresiva, a la normalidad. Será complicado que los seguidores del primer presidente indígena acepten la derrota sin alzar la voz. Habrá que ver hasta qué punto oposición y Gobierno consiguen pactar una transición que marcará el destino del país en las urnas. Lo que está claro es que el país ya ha cambiado, lo que no se sabe es hacia dónde.

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