¿ES SUFICIENTE UNA CAPA DE PINTURA?

Brochazos por votos: historia mínima de las favelas multicolores en América Latina

Detrás de las favelas de colores están tanto la iniciativa privada como los propios Estados, que con pintura intentan mejorar el entorno y disminuir la violencia. Pero a veces son soluciones cosméticas

Foto: Barrio de Palmitas en México. (EFE)
Barrio de Palmitas en México. (EFE)

Las favelas, los barrios con la renta más baja en América Latina, son el crisol del abandono. Pésimo alumbrado, falta de agua corriente, ausencia de servicio de gestión de residuos o de alcantarillado para aguas negras, malos accesos y poco transporte urbano. Violencia e inseguridad. Junto a esta falta de servicios públicos, algo más las une: los vivos años colores de las fachadas azules, rosas, verdes, amarillas. Cientos de casas que crean mosaicos multicolor y dibujos, incluso elementos de propaganda política o de publicidad. Detrás están las asociaciones civiles y la iniciativa privada, pero también los propios Estados, que con brocha y pintura hacen su mínima presencia para, dicen, mejorar el entorno y disminuir la violencia.

Palmitas, en la ciudad de Pachuca (México), se ha convertido en un barrio famoso. En 2015 se pintó el mural más grande del país y, al igual que en el caso de La Mariposa, se han intervenido casas de una zona vulnerable. Cerca de 40.000 metros cuadrados pintados con 'graffitis' de 190 colores. En su realización participaron casi dos mil habitantes de la zona.

Aunque es la intervención más grande conocida en México, no es única en el país. Enrique Soto Alva, urbanista y profesor de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), explica que durante mucho tiempo existió un programa a través del Gobierno Federal para apoyar con pintura a algunos barrios en condiciones de pobreza y violencia importante. "Actualmente lo hacen asociaciones civiles junto a empresas privadas y una gran empresa nacional que aporta la pintura y juntos rescatan, mejor dicho, pintan, algunos barrios de este tipo".

Mejorar la calidad de vida

Al norte de Bogotá (Colombia), en una zona donde predomina la clase media alta y alta, se extiende un enorme mural, el más grande de la ciudad. En el cerro, una mariposa extiende sus alas. Está hecha por un mosaico de más de 2.800 viviendas. El proyecto para pintar de colores siete "barrios vulnerables" lo llevó a cabo la alcaldía de Bogotá (con Enrique Peñalosa al frente).

Teleférico en Bogotá que conecta las casas populares con el resto de la ciudad. (EFE)
Teleférico en Bogotá que conecta las casas populares con el resto de la ciudad. (EFE)

"El barrio no tenía una forma clara, pero al pintarlo se vio que era una mariposa. La propuesta del alcalde Peñalosa de intervenir con color fue para buscar el mejoramiento de la calidad de vida de la gente", explica Carlos Hernández Pei, arquitecto y profesor de la Universidad Javeriana de Bogotá.

Al igual que en México, este tipo de intervención no es nueva en Colombia. "Durante varias décadas, algunas administraciones y organizaciones han hecho lo mismo en barrios informales. Al principio era para darle a estos barrios de las laderas un aspecto menos complejo desde el punto de vista estético y que daba a la ciudad una imagen entre lo informal y lo formal", dice Hernández.

Ahora, cuenta, se hace para mejorar la calidad del espacio público. "Sobre todo en el tema de la apropiación de los vecinos, también en el tema de seguridad. Se trata de darle un carácter distinto a estos lugares que están un poco abandonados por la gente y por el Estado".

Medidas insuficientes

Tanto Hernández como Soto hablan de las bondades que tiene intervenir un barrio si se hace con la comunidad, si se le integra en el proyecto. "El solo hecho de plantear un objetivo común lo hace interesante, independientemente de la calidad plástica. Genera redes y contacto entre los habitantes de un barrio, es un pretexto para dialogar y fortalece la capacidad de autogestión y trabajo colaborativo", dice.

Son proyectos positivos, dicen, pero no cambian la vida de la gente del barrio solo con una capa de pintura. Hernández pone el ejemplo de Moravia, una zona de Medellín construida sobre un basurero a la que se le hizo un cambio que implicaba mucho más que pintura. La iniciativa desplazó a la gente de sus casas. "El tema no es pintar la vivienda, sino convencer a la gente que no podía vivir ahí. Había que reubicarla porque muchos vivías en zonas de riesgo", dice.

Sobre La Mariposa en concreto, Hernández denuncia que la pintura no es suficiente. El cuerpo central que divide las dos alas es una cloaca. "Esa quebrada podría ser un elemento de paisaje importante para mejorar, pero la cloaca sigue igual. Deberían mejorar la recolección de aguas que destruye los árboles, la iluminación, la circulación".

Que mejora los índices de seguridad es otro de los argumentos a favor de pintar los barrios. Pero nada indica que solo unos brochazos arreglen un problema estructural. En el caso de Palmitas (México), la violencia bajó mientras se pintaba, pero volvió a los mismos niveles al terminarse la intervención.

En La Mariposa, Hernández dice que una de las zonas tiene muchos problemas de seguridad. “Se gastan el dinero en pintar pero una zona verde podría ser fantástica, un centro comunitario, un centro de salud, un mejor colegio. No hacemos nada pintando. Es ridículo. No puedes enmascarar los problemas serios que tiene el barrio y distraer la atención con pintura”, sentencia.

Brochazos por votos

En Venezuela, Hugo Chávez creó el plan Barrio Nuevo Barrio Tricolor. Al principio, era un proyecto donde un equipo interdisciplinario intervenía en las zonas populares y las mejoraba. Nicolás Maduro elevó el plan a la categoría de Gran Misión. Aunque se hicieron cambios en zonas populares, la mayoría de las intervenciones han consistido en pintar las casas, al igual que en otros países de la región, sin distingo de ideología política.

"Son medidas de corto plazo que no sustituyen las tareas del Estado que construyen un Estado de Derecho"

“Son acciones de corto plazo, económicas y mediáticas. Políticamente hablando son muy rentables. Sale la autoridad local, se toma la foto en una jornada de vecinos, pintando, saliendo con la brocha. Pero son medidas de corto plazo que no sustituyen las tareas del Estado que construyen un Estado de Derecho”, dice Enrique Soto.

Sin duda, es efectista. Es barato y es visible. Pero poco modifica la vida de la gente del barrio. “Es una cosa populista, es lo mínimo que hacen. Debería ser un motivo de trabajo serio y profundo. Es un modo de embellecer y ya. Lo ve el alcalde, que pasa por la carretera, se ve desde un avión. Pero dentro no te das cuenta de que vives en una Mariposa de colores”.

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