Tres candidatos sin nada que perder

Los republicanos que intentarán lo imposible: desbancar a Trump en 2020

"Obviamente mi campaña es absurda en muchos sentidos, una tarea abrumadora, una historia imposible de David y Goliat". Tres candidatos sin nada que perder se enfrentan a Trump

Foto: Mark Sanford. (Reuters)
Mark Sanford. (Reuters)

"Obviamente mi campaña es absurda en muchos sentidos, una tarea abrumadora, una historia imposible de David y Goliat", declaró, con total candidez, Mark Sanford, exgobernador de Carolina del Sur y uno de los tres republicanos que intentarán arrebatarle la presidencia a Donald Trump en 2020. Sus probabilidades son mínimas, menos que mínimas, pero Sanford ha lanzado su envite como un Don Quijote, un pequeño kamikaze frente a las divisiones acorazadas del trumpismo.

Más que los escándalos, el proceso de destitución o 'impeachment', los comentarios racistas o las mentiras del presidente, a Sanford le preocupa la deuda nacional de Estados Unidos, que el año que viene podría sumar 24 billones de dólares. Un caballo desbocado al que se tiene que echar el lazo. Y él, dice, es la persona indicada.

"Creo que en los próximos cuatro años (...) habrá una tormenta financiera del tipo que no hemos visto jamás", dijo Sanford al canal Fox. Esperar a las elecciones de 2024 sería un suicidio: "La tormenta ya habrá llegado". Según el aspirante, que gobernó Carolina del Sur entre 2003 y 2011 y estuvo 12 años en la Cámara de Representantes, "mucha gente" le ha pedido que se presente a las elecciones, dado su probado compromiso a mantener bajo control el gasto público.

Es posible que la responsabilidad fiscal le venga en los genes. Cuando era niño, su padre, un cirujano cardiotorácico de Florida, hacía que toda la familia durmiese en la misma habitación para ahorrar en aire acondicionado. Pero Sanford tiene un "talón de Aquiles". Una mancha curricular que, en este país de raíces puritanas, el país del caso Lewinsky y la teta de Janet Jackson, quizás arrastre para siempre.

"De excursión a los Apalaches"

"Me voy de excursión a los Apalaches", dijo el entonces gobernador a sus colaboradores un día de junio de 2009. Y con la misma se esfumó. Durante cinco días. Nadie sabía dónde estaba, ni la prensa, ni su mujer, ni la policía estatal encargada de protegerle. Ni siquiera llamó a la familia el Día del Padre. La ausencia afloró a los medios; luego se descubrió dónde estaba: en Argentina, con su amante. Pocas horas después de aterrizar en Estados Unidos, Sanford tuvo que reconocer su adulterio ante la nación, en una conferencia de prensa. Desde entonces, "me voy de excursión a los Apalaches" es un popular eufemismo usado en cuestiones extramaritales.

La aventura le costó el matrimonio y el capital político. Aún así, Sanford acaba de anunciar su candidatura a las presidenciales del próximo año. Lo hizo en Charleston, con un número escaso de asistentes, y un Donald Trump de cartón que había comprado en Amazon. Los otros dos contendientes son Bill Weld, que en su irregular carrera política ha sido demócrata, republicano, libertario y otra vez republicano, y Joe Walsh, un brevísimo congresista (2 años) metido a locutor de radio. Cuando Walsh anunció su desafío a Trump el pasado agosto, la emisora lo despidió de inmediato.

Estos caballeros andantes tienen dos cosas en común: primero, que no ostentan ningún cargo público, ni representan a ningún estado o distrito. Es decir, no tienen nada que perder. Y segundo: no hay casi ninguna posibilidad de que puedan hacerle un milímetro de sombra a Donald Trump. No sólo por la popularidad del presidente, sino porque el partido ha tomado medidas para acallar a los críticos internos.

La campaña de Trump 2020, que se ha fundido con el aparato electoral del Partido Republicano, ha cambiado las reglas de las elecciones primarias y de la convención donde se nominará oficialmente al presidente el próximo verano. Entre otras cosas, se han cancelado las primarias de Nevada, Kansas y Carolina del Sur: el estado en el que Mark Sanford quería desafiar a Donald Trump.

Medidas para evitar rivales

La convención tiene que ser "cuatro días de publicidad para el presidente y no un debate interno entre activistas", declaró, bajo anonimato, un miembro de la campaña. En otros estados han aumentado el umbral de apoyos para presentarse a las primarias y obligarán a los delegados a respaldar al candidato con más votos (Trump), para evitar tránsfugas. En total ha habido ajustes en 37 estados.

Pero la razón principal de que Trump haya sido, al menos por ahora, virtualmente invulnerable dentro de su partido, es la lealtad de la base electoral. Cualquier senador o líder que critique al presidente se coloca en la diana de su ira, y eso implicaría perder miles de votantes leales directamente a Trump. Por eso, éste circula impávido, con su armadura política, incluso en un proceso de 'impeachment'.

"En el pasado, en Estados Unidos, los miembros de un partido se desmarcarían de los líderes caídos en desgracia para proteger al partido y a sus propias reputaciones", declaró en AP Nick Smith, profesor de ética y filosofía política en la Universidad de New Hampshire. "Pero ahora el presidente Trump tiene un control personal sobre el partido tan grande (más como el líder de una secta que como un presidente de EEUU) que las salidas se cierran a medida que el partido se hace a su imagen".

Los contados críticos del presidente han sido gente que estaba de salida: los senadores Bob Corker, de Tennessee, y Jeff Flake, de Arizona, que tenían tan pocas posibilidades de ser reelegidos que ni se presentaron en 2018. Un tercero, John McCain, estaba enfermo terminal. Y Ben Sasse, de Nebraska, considerado "el último crítico" del presidente, acabó, también él, besándole el anillo. Sasse respaldó la declaración de emergencia nacional para construir el muro con México, se puso a lisonjear al Trump, y este, como recompensa, le dedicó un cariñoso tuit.

La 'mordaza Trump'

El único llanero solitario que dispara libremente es Mitt Romney, senador de Utah. El antiguo candidato presidencial no ha descartado votar por la destitución del presidente, si este llega a ser juzgado en la cámara (la fase final del proceso en curso). De puertas adentro, sin embargo, muchos congresistas republicanos le guardarían inquina a un presidente que los tiene políticamente amordazados.

"Los republicanos no quieren defenderlo, pero quieren permanecer al lado del presidente, por el momento, porque él controla el partido de una forma que no lo hacía Nixon, ni lo hacía Clinton", declaro Peter Baker, corresponsal jefe del New York Times en la Casa Blanca. “El partido es ideológicamente tan homogéneo... Solía haber republicanos moderados y demócratas moderados. Esos ya no existen”.

La pregunta ahora, como en el pasado, es qué tiene que ocurrir para que los votantes den la espalda a Trump. El caso de las presiones a líderes extranjeros para beneficio personal está haciendo un ruido creciente, a medida que salen más pruebas, y parece que los sondeos reflejan un sensible cambio de opinión: el porcentaje de estadounidenses que respalda el proceso de imputación ha superado, por primera vez, el 50%, según una encuesta de Politico y Morning Consult.

La decisión de Trump de permitir la ofensiva de Turquía en Siria, dejando a sus aliados kurdos en la estacada, ha arrancado una contundente respuesta de varios republicanos, como el senador Lindsey Graham. "Espero que el presidente estadounidense haga lo que está en el interés de nuestra seguridad nacional, y nunca está en el interés de nuestra seguridad nacional abandonar a un aliado", declaró.

Luego se supo que Graham había sido personalmente ofendido. Había dedicado estos años a guiar, con voz amable, en llamadas a medianoche y partidos de golf, al presidente, pero, a la hora de la verdad, este ni siquiera le consultó su parecer. Graham no estaba presente cuando se tomó la decisión. Ni siquiera recibió un mensaje. 24 horas después, el senador continuó defendiendo a Trump.

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