68 casos resueltos con adn genealógico

Condené a mi primo a perpetua sin saberlo: la revolución de la 'justicia genealógica'

Una nueva herramienta forense está revolucionando las investigaciones criminales en EEUU. Casi 70 casos que llevaban décadas abiertos se han resuelto en apenas un año

Foto: Foto: Reuters.
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El 8 de mayo de 2018, el camionero William Earl Talbott II, Bill para sus amigos, tiró a la papelera un vaso desechable del que había estado bebiendo en su ruta de trabajo, a las afueras de Seattle, casi en la frontera con Canadá. Para este solitario hombre de 55 años, fue un acto sin importancia. Porque Talbott no pudo imaginar que la saliva que había dejado en ese vaso, discretamente recogido por dos policías que lo seguían, ha servido para cerrar un caso de doble asesinato que llevaba 30 años sin resolver.

Hoy, Talbott cumple dos condenas consecutivas de cadena perpetua por un crimen que cometió cuando tenía 24 años y con el que nadie nunca le había conectado antes. Un secreto que, a esas alturas, esperaba llevarse a la tumba. Y todo por 'culpa' de dos primos a los que ni siquiera conoce, con los que la policía ni siquiera necesitó hablar y que probablemente no supieran que estaban ayudando a condenar a su lejano pariente.

Talbott es la primera persona condenada a través de una nueva tecnología forense, lo que en EEUU ha empezado a llamarse 'justicia genealógica'. Una combinación de modernos análisis de ADN con técnicas detectivescas tradicionales que está ayudando a esclarecer una pequeña parte de los cientos de miles de casos sin resolver en el país. Su potencial, dicen los defensores de este novedoso enfoque policial, es inmenso. Pero no está exento de polémica.

Casos como el asesinato de dos jóvenes canadienses, Jay Cook y Tanya Van Cuylenborg, de 20 y 18 años, en noviembre de 1987. Los medios recogieron los detalles espeluznantes del descubrimiento de sus cadáveres tras pasar una semana desaparecidos. Van Cuylenborg apareció asesinada de un tiro en la cabeza y Cook, estrangulado a más de 100 kilómetros de distancia. Pero los detectives no consiguieron identificar a ningún sospechoso y se abandonó la investigación. La única pista era un resto de semen cuyo ADN no coincidió en su momento con ninguno de los que la policía tenía en sus bases de datos.

El ADN de un primo lejano

El año pasado, uno de los detectives del caso, ya retirado, contactó con una experta en genética: ¿y si se pudiera contrastar ese ADN no con las bases de datos policiales sino con GEDmatch, otra banco de datos que contiene más de un millón de perfiles genéticos de personas que buscan a sus familiares lejanos? La policía de California acababa de hacer lo mismo —con éxito— en la búsqueda de uno de sus asesinos en serie más prolíficos: el Asesino del Golden State, identificado el año pasado después de décadas burlando a los agentes de la ley.

La experta en genética era Cece Moore, que se acababa de asociar con los laboratorios Parabon Nanolabs. Moore obtuvo restos de ADN de la escena del crimen que todavía no habían sido estudiados en ningún laboratorio forense y los analizó con las técnicas más modernas. Después, introdujo el perfil genético en la web GEDmatch, como si el asesino misterioso de los dos jóvenes en Seattle fuera adoptado y estuviera intentando localizar a sus padres biológicos. Eureka. Aparecieron dos perfiles que, por sus similitudes, debían corresponder a dos primos hermanos de dos ramas distintas.

A partir de ellos, Moore elaboró dos árboles genealógicos a la inversa, buscando durante días certificados de nacimiento o de defunción, curioseando en perfiles de redes sociales y recopilando incluso noticias en los medios locales. Los dos árboles genealógicos convergían, una generación antes, en dos personas, un matrimonio con un solo hijo: William Talbott II.

Talbott fue localizado y vigilado hasta que la policía pudo hacerse con su ADN en un vaso de cartón. Una vez en el laboratorio, bingo: el perfil genético de Talbott coincidía con el semen encontrado en el cadáver de Van Cuylenborg. El juicio terminó en junio y la defensa de Talbott ni siquiera disputó la fiabilidad científica de la identificación genética, que además estuvo arropada por otras evidencias, como la huella de la mano del sospechoso en el escenario del crimen y un testigo que aportó pruebas circunstanciales.

La fiebre del oro (genealógico)

La genealogía genética utilizada como herramienta forense para resolver casos criminales está resultando revolucionaria. "El ADN genealógico es muy preciso, especialmente con estos análisis más completos que han popularizado las compañías como 23andMe o Ancestry.com”, explica Greg Hampikian, biólogo y abogado fundador del Innocence Project de Idaho, a El Confidencial. “Nosotros nos dimos cuenta del potencial de la combinación del ADN con la genealogía en 2012, pero entonces los análisis solo identificaban unos 35 marcadores. Hoy en día, estas compañías identifican cientos de miles. Y, con el auge de las webs de genealogía que usan ADN para rastrear familiares, las bases de datos donde se pueden comparar los perfiles son exponencialmente más extensas”.

Compañías como 23andme, Ancestry, FamilyTreeDNA y MyHeritage han vivido un verdadero 'boom'. Más de 26 millones estadounidenses (según un estudio del MIT) han pagado alrededor de 70 dólares por recibir el 'kit' en casa y rellenarlo con saliva, enviarlo al laboratorio y recibir en el correo electrónico, unas semanas después, un informe pormenorizado sobre sus ancestros y su "composición étnica". En EEUU, un país de inmigrantes, es fascinante averiguar el porcentaje de sangre noruega, irlandesa o nativa americana que uno tiene.

Parabon tiene una división para este trabajo criminológico que ha ayudado a resolver casi un caso por semana

A la policía solamente le hace falta convertir un resto de sangre, de pelo o de semen en un perfil similar al que usan estos servicios para poder buscar familiares. En esta parte del proceso, Parabon Nanolabs tiene prácticamente la exclusiva. Aunque la experta que ayudó a encontrar al Asesino del Golden State dijo, en su día, que era como haber encontrado "una aguja en un pajar", lo cierto es que a juzgar por los casos que llevan resueltos desde el año pasado, parece una tarea mas similar a encontrar doradas pepitas en California en plena fiebre del oro.

"Trabajamos con las fuerzas del orden desde enero de 2015, pero solo hemos empezado a hacer genealogía genética desde mayo de 2018", explica Julie Madden, de Parabon, a este diario. Desde entonces la compañía, que tiene una división especial para este trabajo criminológico, ha ayudado a resolver 68 casos, "casi uno por semana".

Condenas y exoneraciones

El método se ha utilizado sobre todo para resolver aquellos que quedaron abiertos durante años. El más antiguo de todos es un asesinato perpetrado en 1967 (el culpable ya ha muerto, aunque sus restos fueron exhumados para confirmar la autoría). Todos los demás asesinos identificados con este método hasta la fecha están a la espera de juicio, excepto tres que ya están en la cárcel porque han confesado, como Talbott.

Al igual que el advenimiento de los análisis de ADN en los noventa, esta nueva tecnología también ha servido para poner en libertad a personas que habían sido condenadas de forma errónea. Christopher Tapp, acusado y condenado por el asesinato de una joven de 18 años en Idaho en 1996, acaba de ser exonerado gracias al trabajo de Hampikian y su equipo, que consiguieron, a través del ADN genealógico, identificar a otra persona.

La oleada de detenciones fue recibida con entusiasmo por el público general, pero ha generado cierta preocupación entre algunos expertos en derecho y privacidad. Los laboratorios de genealogía que ofrecen análisis a domicilio son compañías privadas: unas, como 23andMe, niegan haber colaborado con las peticiones policiales; pero otras, como FamilyTreeDNA, admiten haber ayudado en "un puñado de casos". Sin embargo, la base de datos más útil para estas búsquedas ha sido GEDmatch, una web de uso gratuito para aquellos que quieren subir sus datos y buscar familiares.

En mayo de 2018, en una encuesta realizada entre 1.500 personas, el 91% opinaba que la policía debía tener permiso para acceder a datos genéticos privados en investigaciones de delitos violentos. Solamente el 46% lo veía apropiado para delitos no violentos como robos o posesión de drogas. Desde entonces, el ADN genealógico ha empezado a usarse en otro tipo de casos, como la localización de tres mujeres que abandonaron a sus bebés recién nacidos cuando eran muy jóvenes. O casos activos. En abril de 2019, cuando GEDmatch permitió acceso a su base de datos al FBI para buscar a un individuo que había atacado a una mujer mayor y robado una iglesia en Utah, los usuarios empezaron a protestar. ¿Era este un delito lo suficientemente violento, o difícil de resolver, para justificar el uso de esta tecnología? ¿Dónde está el límite?

"La inmensa mayoría de los usuarios cuyos perfiles están en estas bases de datos, o que los han subido voluntariamente a webs como GEDmatch, son personas que buscan a padres biológicos, a primos lejanos, que quieren reconstruir su árbol genealógico y conocer sus ancestros. Nadie era consciente de que sus datos se podían usar para identificar sospechosos en casos criminales, y es imprescindible dar al usuario al menos la posibilidad de decidir si quiere o no que se usen así", argumenta Alex Alben, profesor de derecho experto en privacidad y tecnología de UCLA. "Además, incluso aunque una persona quiera dar permiso a la policía para acceder a sus datos genéticos, esos datos no le pertenecen solamente a esa persona, sino a sus antepasados y familiares cercanos y lejanos".

Privacidad genética

La polémica fue tan grande que GEDmatch ha cambiado sus términos de uso y privacidad. Ahora, los usuarios tienen que aprobar específicamente una cláusula en la que ellos deciden si quieren compartir sus datos con las fuerzas del orden. De los 1,2 millones de perfiles que forman parte de GEDmatch, de momento solo 40.000 han aceptado esta cláusula. Por el contrario, los usuarios de FamilyTreeDNA aceptan por defecto al registrarse que la compañía permita la búsqueda de sospechosos de crímenes violentos, y de momento solamente un 1,6% ha optado, específicamente, por mantener sus perfiles privados.

"Se me ocurren varias situaciones problemáticas con estas bases de datos", considera Alben, "Por ejemplo, ¿qué ocurre si estas compañías cierran o son adquiridas por otra? ¿O qué pasa si, como ya permite la reconstrucción fenotípica, se utiliza la información genética para elaborar retratos robots del posible asesino, y se combinan estos retratos con la tecnología de reconocimiento facial?". La policía puede empezar por utilizar este proceso para identificar asesinos en serie y violadores peligrosos, pero ¿y si el siguiente paso es aplicarlo en delitos no violentos?

Las compañías arguyen que, si hubiera una orden judicial, se verían obligadas a permitir a la policía cribar sus bases de datos. Las mismas compañías, sin embargo, protegen sus datos en Europa de manera mucho más estricta. "En EEUU, se parte de la base de que los datos se pueden usar, y solo tras litigación y sentencias del Supremo se van poniendo límites", añade este experto en leyes.

Un 30% de casos sin resolver

Pero Hampikian se lamenta de los nuevos términos de privacidad de GEDmatch. Como abogado defensor y líder del proyecto Innocence, que se ocupa de personas encarceladas injustamente, no tiene el mismo acceso que la policía a las webs privadas. “Estamos trabajando en varios casos en los que este sistema de ADN genealógico tiene un potencial increíble para localizar a los verdaderos autores de los crímenes; pero sin acceso a las bases de datos, ese trabajo es imposible”.

Él propone una base de datos nacional de ADN con el perfil de cada individuo que nace en el país. “El Gobierno ya tiene nuestra información biométrica, y ya coge muestras de sangre de cada bebé que nace. ¿Por qué no del ADN también? Se trata de encontrar un equilibrio entre la privacidad y una sociedad más segura, con menos impunidad y con más justicia”.

En EEUU, hay más de un 30% de casos sin resolver, miles de asesinos 'jubilados' que quizás ahora miren por detrás de su hombro con renovada paranoia

La policía y Parabon Nanolabs —que cobra entre 1.500 y 3.500 dólares por caso— siguen inmersos en la resolución de casos antiguos, intentando avanzar lo máximo antes de que, como es probable, el acceso a esta fuente de datos sea limitada. La posibilidad de encontrar a un asesino o un violador que ha conseguido burlarles durante décadas resulta demasiado tentadora.

Según Murder Accountability Project, una organización que almacena y analiza datos del FBI de todo el país, en EEUU hay más de un 30% de casos sin resolver, centenares de miles de posibles asesinos sueltos. Asesinos 'jubilados', largamente huidos y nunca sospechosos, que quizás ahora miren por detrás de su hombro con renovada paranoia, o guarden celosamente sus cepillos del pelo y tazas de café. Sus crímenes 'perfectos' pueden dejar de serlo en cualquier momento porque, en algún lugar del país, algún primo lejano escupió en un tubito de plástico.

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