Entrevista a Daniel Markovits

La gran mentira que atrapa y 'devora' a EEUU: "La meritocracia es una farsa"

Autor de 'La trampa de la meritocracia: cómo el mito fundacional de EEUU alimenta la desigualdad, desmantela la clase media y devora a la élite'

Foto:  Daniel Markovits, en una imagen de archivo. (Stephanie Anestis)
Daniel Markovits, en una imagen de archivo. (Stephanie Anestis)
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Imagina una maratón. En la línea de salida, algunos corredores tienen deportivas de último modelo, indumentaria especializada para correr, un ayudante que les da bebidas isotónicas, barritas de cereales y 'spray' anticalambres. A su lado, otros portan un chándal y unas zapatillas heredados de su hermano mayor y ni siquiera tienen una mochila en la que llevar una botella de agua. Ambos compiten por lo mismo: cruzar la meta antes que el resto. Eso sí, si el que tiene menos recursos no consigue llegar entre los primeros o no termina la carrera, será retratado como un fracaso personal.

Esa es la idea que Daniel Markovits quiere transmitir con su libro publicado hace unos días: 'La trampa de la meritocracia: cómo el mito fundacional de EEUU alimenta la desigualdad, desmantela la clase media y devora a su élite'. A lo largo de más de 450 páginas, este profesor de la Escuela de Derecho de Yale retrata una sociedad estadounidense en la que se vende la falsa idea de la igualdad de oportunidades. Un sistema en el que cuando el hijo de una familia de clase media no alcanza los estudios, el estatus y los ingresos de sus coetáneos ricos, esta situación es calificada como una derrota individual, puntual, de una persona que no se ha esforzado lo sufiente mientras otros sí. Se trata, en definitiva, de una sociedad hipercompetitiva carente de igualdad de oportunidades que también erosiona el modo de vida de esa élite, aunque de un modo muy distinto.

Portada de 'La trampa de la meritocracia'.
Portada de 'La trampa de la meritocracia'.

"La meritocracia es una farsa", así arranca Markovits su obra, en la que reivindica la importancia de lograr un sistema educativo más abierto a todos, en el que los descendientes de la clase media y trabajadora puedan tener realmente esa igualdad de oportunidades idealizada e inexistente; una educación que permita poner en marcha un ascensor social que hace décadas que dejó de funcionar. "La meritocracia se ha convertido en aquello a lo que buscaba sustituir: la aristocracia", asegura el estadounidense en referencia a unas condiciones actuales que permiten a la élite instaurar una jerarquía social hereditaria generación tras generación.

En el libro, este experto multidisciplinar -Matemáticas, Economía, Filosofía y Derecho- sitúa a la meritocracia como el origen de la creciente desigualdad que vive el país. La frustración que provoca esa ausencia de un ascensor social ha generado, explica Markovits, un pensamiento de tintes oscuros, dominados por el resentimiento y que lleva a los estadounidenses a aferrarse al "nativismo y al populismo" que hoy encarna Donald Trump. El autor no cree que la derecha ni la izquierda actual tengan una teoría acertada sobre por qué hay cada vez más brecha entre la élite y la clase trabajadora.

PREGUNTA.- En 'La trampa de la meritocracia' retrata un país sin ascensor social en el que la desigualdad se abre camino. Dice que la causa principal es que los trabajadores de la élite se quedan cada vez con más parte del pastel a repartir.

RESPUESTA.- El incremento de la desigualdad está causado mayormente no por el conflicto entre capital y trabajo, no porque los dueños estén quedándose los ingresos de los trabajadores. Es un conflicto dentro del trabajo, entre la élite laboral y la clase media laboral. Los trabajadores 'superordinados' -de la élite- quitan ingresos a los trabajadores ordinarios. La principal reivindicación del libro es que esa es la causa dominante del incremento de la desigualdad. La segunda, es que este modelo de meritocracia en la educación y en el trabajo es la causa de la concentración de los ingresos en las élites y que la meritocracia se ha convertido no en una forma de igualdad de oportunidades, sino en un método para transmitir privilegios generación tras generación, es decir, una nueva forma de aristocracia basada ahora en la escuela y el trabajo en lugar de en tener tierras.

Daniel Markovits. (Stephanie Anestis)
Daniel Markovits. (Stephanie Anestis)

P.- ¿Pero funcionó alguna vez esa meritocracia?

R.- En sus primeros años, desde finales de la II Guerra Mundial hasta los años 70 en el caso de EEUU, la meritocracia ayudó a romper un orden anterior basado en la élite aristocrática hereditaria, porque este sistema anterior no tenía ni el gusto ni el talento para preparar a sus descendientes, algo que sí tenía este nuevo sistema. El nuevo orden, creado por la meritocracia, sabe entrenar a los hijos tan bien de la misma forma que sabe hacer el resto de cosas. Ahora, el mecanismo que en un momento rompió con las élites ahora protege a las élites.

La meritocracia funciona de forma diferente según si la persona está en la élite o fuera de ella. Si está fuera de la élite, la meritocracia crea una competición en la que no tienen acceso a los beneficios que les da una educación tremendamente cara y, por tanto, tienen muy difícil ganar esta competición. Para ellos, funciona como una forma de exclusión, haciendo la movilidad social mucho más lenta que en otros países, bloqueando las oportunidades para la mayoría de la gente, y caracterizando esa exclusión como un fracaso individual. Es decir, la meritocracia crea barreras estructurales y entonces las moraliza como fracasos individuales. Así es como funciona para la mayor parte de la gente.

P.- Todo lo contrario que para las élites....

R.- Claro. Dentro de las élites, la meritocracia trabaja creando una competición extremadamente intensa y absorbente tanto en la escuela como en el trabajo. Esto hace que la gente, para mantenerse en la élite, se utilice a sí misma de manera alienada como herramientas que van a usar, entrenar y explotar para obtener habilidades y, entonces, obtener ingresos que consoliden su estatus.

En definitiva, la meritocracia daña a la clase media, a la clase trabajadora y a los ricos, aunque sea de forma muy diferente.

La meritocracia daña a la clase media, a la clase trabajadora y a los ricos, aunque sea de forma muy diferente

P.- ¿Cómo ha llegado hasta aquí la primera potencia mundial?

R.- A través de dos mecanismos que se bloquean a sí mismos. Primero, desde las guarderías hasta las universidades, cada vez más la educación se concentra en una estrecha élite compuesta por los hijos de los padres ricos. La brecha entre la educación que reciben los niños de la élite y la que reciben los niños de clase media ha ido creciendo. En segundo lugar, el mercado laboral ha sido transformado para favorecer precisamente las habilidades que se enseñan en la educación de élite.

Estos dos mecanismos, en la escuela y el trabajo, se alimentan el uno al otro de forma que cuando el mercado laboral paga enormes ingresos a los trabajadores 'superordinados', estos invierten enormes cantidades en entrenar a sus hijos y cuando estas nuevas generaciones salen al mercado laboral, los innovadores transforman las tecnologías de producción para favorecer precisamente las habilidades que tienen los trabajadores de élite. Funciona como una bola de nieve en la que la desigualdad se cimenta sobre sí misma, y crece y crece.

P.- La frustración que deriva de esto tendrá consecuencias políticas.

R.- Totalmente. Esta desigualdad ha llevado a Donald Trump. En la práctica la desigualdad meritocrática lo que hace es producir una exclusión estructural que mantiene a la clase media fuera de la riqueza y el estatus y luego explica la exclusión como un fracaso individual de los trabajadores de clase media y lo que esto hace es crear una psicología oscura que hace que la gente excluida no se explique las estructuras que le excluye. En lugar de eso, estas personas desarrollan una desconfianza populista del sistema y una desconfianza nativista del otro. La desigualdad meritocrática produce característicamente estas fuerzas políticas oscuras.

Funciona como una bola de nieve en la que la desigualdad se cimenta sobre sí misma, y crece y crece

P.- Trump lleva tres años en el poder, ¿qué tal le ha sentado su llegada a la meritocracia?

R.- Trump refleja el descontento con la meritocracia y, de hecho, está atacando a las élites. Pero no lo hace desde una posición para promover la igualdad o la dignidad, sino de forma enfadada y malévola. La preocupación es que el efecto de sus políticas sea la destrucción de las instituciones, que a su vez son las instituciones de las que la sociedad depende para alcanzar un contexto más igualitario y justo. Él ataca a las élites y a los inmigrantes, a las élites y a la gente de color.

Tanto en cuanto los inmigrantes normalmente no son ricos, también se ven excluidos de las oportunidades por la concentración de la educación en las élites. Además, el incremento de la desigualdad, por distintas razones, ha inflamado el sentimiento antiinmigración. Por un lado, políticamente, produciendo hostilidad hacia los inmigrantes, además de que trabajen económica y sociológicamente lastrándoles. Todo aquel que no tiene la riqueza y los ingresos para pagar por su formación laboral está en desventaja por un sistema en el que la educación laboral es una parte esencial y una ventaja social. Los inmigrantes están en desventaja, la gente pobre de aquí está en desventaja... Todos ellos están en desventaja.

Markovits realizando un posado. (S. Anestis)
Markovits realizando un posado. (S. Anestis)

P.- ¿Y qué efecto tiene esta meritocracia en el sistema capitalista?

R- No creo que el tipo de meritocracia hipercompetitiva que tiene EEUU sea una esencia del capitalismo. Un sistema como el alemán, muy capitalista, no tiene distancias tan grandes entre el rico y el resto, ni en la escuela ni en el trabajo. Tienen un sistema público más grande, pero también su escuela es mucho más igualitaria y tienen pocas escuelas privadas... en la práctica no hay universidades privadas. Los términos se gestionan de forma más igualitaria. No es menos capitalista. Es un error poner en la ecuación a EEUU y al capitalismo.

P.- Entonces, ¿la educación es la salida para frenar esta ‘bola de nieve’?

R.- El sistema educativo de EEUU, extremadamente hierático, es una gran parte del problema. La diferencia entre lo que se invierte en los niños ricos y lo que se invierte en los de clase media es enorme. Además, hay mucha jerarquía en el trabajo en EEUU, de modo que las compañías estadounidenses están muy estratificadas en cuanto a lo que cobran la élite y los demás. La diferencia, por ejemplo, entre lo que cobra el gran abogado y lo que cobra un abogado raso de un bufete es gigantesca. Ambos son problemas y se retroalimentan.

No es solo la universidad. EEUU es uno de los tres países de la OCDE en los que las escuelas públicas, no ya las universidades, gastan más en niños ricos que en niños pobres. El sistema está corrompido a favor de los ricos. El sistema privado lo está incluso más. La mayoría de las escuelas privadas gastan hasta seis veces más por persona al año que las escuelas públicas de clase media. Incluso las guarderías están corrompidas a favor de los ricos y gastan mucho más. Todo el sistema educativo, desde que naces hasta que te haces adulto, está manipulado para favorecer a los ricos.

P.- La sociedad pedirá un cambio...

R.- Está llegando. La ciudad de Nueva York, por ejemplo, está ahora en plena controversia por sus escuelas y una comisión que está revisando el sistema ha recomendado abolir sus escuelas de élite. A nivel nacional, un sondeo reciente indica que tres quintos de los votantes republicanos creen que las universidades son malas para el país. Este descontento con la educación, en especial con la educación de élite, está creciendo y habrá presión política para hacer algo al respecto.

Todo el sistema educativo, desde que naces hasta que te haces adulto, está manipulado para favorecer a los ricos


P.- ¿La solución pasa por más dinero público para la educación?

R.- En el ámbito educativo, una gran parte de la solución pasa por abrir la educación a más gente. La educación de élite tiene ahora mismo tal concentración de recursos que en las escuelas y universidades, las instituciones de élite podrían duplicar el número de estudiantes a los que enseñan sin irse a la quiebra. Parte de esto consiste en repartir los recursos de forma más equitativa. Las dos cosas serían buenas. Sería bueno invertir más recursos y sería bueno repartir mejor los recursos.

Sí que tiene un sistema educativo para todos, la educación ha ido mejorando, pero lo más importante es la brecha entre ricos y pobres en esto. Una de las razones más relevantes es que las escuelas, incluidas las públicas, son financiadas localmente en EEUU, lo que implica que las partes más ricas del país financian a las escuelas de forma más generosa y colaborativa.

P.- Pero viendo que la meritocracia es uno de los cimientos de EEUU y la importancia del sistema educativo en este orden...

R.- Es importante distinguir entre la educación llamada de 'excelencia' y la educación superior. La de 'excelencia' es la idea de que la educación debe servir para dar a la gente conocimientos y habilidades que les hagan buenos en las cosas que hacen. La educación superior enseña a la gente a ser mejor que otras personas. Durante mucho tiempo, el énfasis en la educación de EEUU estaba en la educación de 'excelencia', una educación amplia que le dé a todos los estadounidenses las habilidades que necesitan para funcionar de forma efectiva en la sociedad. Pero en los últimos años, EEUU ha puesto el énfasis en la educación superior, que se centra en dar un mejor entrenamiento a una élite y eso es una mala idea.

P.- Habrá algún país en el que EEUU se pueda fijar para mejorar el sistema educativo, ¿no?

R.- No creo que tuviera éxito copiando el modelo de cualquier otro país. El sistema alemán tiene muchas ventajas, pero ellos no tienen muchos centros privados y EEUU sí, así que sería muy complicado que pudiera seguir esta línea. En lugar de esto, EEUU tiene que encontrar la fórmula para fomentar o solicitar a los centros privados que sean menos excluyentes. Y hay fórmulas en el ámbito fiscal.

P.- Echando un ojo a Trump y a los posibles candidatos demócratas para las presidenciales de 2020: Bernie Sanders, Elizabeth Warren... ¿ve algo esperanzador en este ámbito?

R.- Muchos de los demócratas están hablando ahora de grandes programas sobre financiación para hacer la universidad más accesibles a la clase media. Unos estudios ‘gratuitos para todos’ en las universidades públicas sería una idea excelente. No hay duda de que hay políticos, particularmente en la izquierda, que están empezando a centrarse en este tipo de temas.

Es una larga batalla. La desigualdad como la que tiene EEUU ahora mismo está poderosamente arraigada y requerirá del trabajo de varias generaciones. Las dos soluciones son, por un lado, abrir dramáticamente el sistema educativo a mucha más gente, especialmente la educación de élite, para reducir la diferencia que hay entre ricos y el resto. La segunda, sería tener una política de mercado laboral que favoreciera a los trabajos de clase media con cualificación media, a nivel fiscal y regulatorio. Hay muchas formas de lograrlo, pero esas son las dos claves.

Tiene que encontrar la forma de fomentar o pedir a los centros privados que sean menos excluyentes. Hay fórmulas en el ámbito fiscal

P.- ¿Ayudaría entonces que los congresistas y senadores fueran menos élite y más de esa clase media que sufre la exclusión?

R.- Claro que ayudaría a promover la igualdad si el sistema político fuera más abierto a las voces de fuera de la élite. Sería bueno. Nuestro sistema, especialmente la forma en la que funciona nuestro sistema de partidos y en la que funciona la financiación de las campañas y las candidaturas para nuestras elecciones, hace muy difícil que eso pase.

P.- No es solo la educación...

R.- Hay muchos ámbitos del sistema estadounidense actual que favorecen a las élites. No solo la educación. Recolectar dinero para las campañas, las regulaciones de los negocios y los discursos políticos... Hay muchas, muchas formas en las que el sistema político, económico y social favorecen a quienes están ahora en la élite por encima de todo el mundo.

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